Los buenos años Follow einer Story

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Un amor que perdure con el pasar de los años, nunca debe de extinguirse, un homenaje a aquellos que aman con el corazón a pesar de las dificultades.


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#amor #tristeza #realidad #vejez #melancolia #fidelidad
Kurzgeschichte
3
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Los buenos años.

La noche estaba más hermosa que nunca, las estrellas danzaban y brillaban iluminando a aquel lugar de gratos recuerdos vividos. Un camino arenoso rodeado de bellas flores nos hacía la entrada a aquel paraje maravilloso, sus faroles observando a cada visitante y sus bancos reposando a todos lo que quisieran admirar el paisaje.

La senilidad había llegado a nuestra puerta, pero eso no impedía que mi dulce corazón y yo recorriéramos los senderos de un lugar que purificaba nuestras almas y fortalecía nuestro espíritu.

El sonido de los animales nocturnos nos acompañaba a cualquier rincón que fuésemos, pero ella estaba allí sonriente, sujetándome fuerte del brazo para que no me escapara a jugar pelota con aquellos niños en el centro de la hermosa grama.

Como lo hacía cuando joven, era el mejor...

─Antes solíamos correr por este parque tú y yo ¿Lo recuerdas?

Ella me miró con ojos tristes, no sé si imaginaba aquellos momentos de hermosa juventud, o la tristeza que le embargaba el pasar de los años. Apretaba mi mano fuerte pero sin mirarme, solo veía el horizonte, sintiendo la suave brisa del anochecer.

Resoplaba fuerte y levantaba aquel hermoso cabello plateado, mi dulce corazón respiraba profundo y sus ojos parecían sollozar.

─¿Llegaste a tener plena felicidad a mi lado? ─me preguntó, pero seguía sin mirarme, algo la entretenía.

Yo, sonreí por un rato, no tan fuerte porque los años pesan y hacen mella en mi cuerpo cansado. Ciertamente, ya no era el mismo hombre que ella conoció, fuerte, erguido y de rapidez mental.

─No he llegado a ser...Soy feliz aún a tu lado mi dulce corazón.

Ella por fin se volteó a mirar mi rostro, acarició mi cara con sus temblorosas manos, que para mí seguían siendo tan suaves como la primera vez. Sus lágrimas quebrantaban mi alma, nunca me había gustado verla de esa manera y menos en ese momento.

─¿Qué nos pasó amor? ─me preguntó con una voz suave y desgastada, yo sostuve su cara y la vi directamente, hermosa, bella como ángel que alumbra cada amanecer mi despertar.

─El señor tiempo nos alcanzó querida mía, ahora solo nos queda esperar y contar nuestras experiencias a los más jóvenes.

─¿Qué le podemos contar? ¿Cómo no logramos nuestros sueños?¿Cómo nuestro único hijo no nos quiere?¿Cómo cada mañana nos cuesta levantarnos? ¿Si quizá algún día no despertemos nunca?

Suspiré un rato, ya sabía lo que le pasaba a mi amada. Nuestro hijo decidió irse y nunca volver, no fue culpa de ella ni mía, así lo quiso el destino, así lo quiso él, así lo quiso la vida.

─Tú eres una excelente persona, grandiosa madre, buena esposa y fiel amiga, mi dulce corazón.

Mi amada necesitaba motivos para sonreír, yo no había podido cumplir sus expectativas, fui un derrochador de dinero, no pude reunir para comprarle una casa digna, llevarla a pasear todos los días al parque, consentirla como ella se lo merecía. Siempre pasábamos trabajo, luchando para conseguir el sustento a nuestro humilde hogar, no pude cumplir sus mas grandes sueños y eso me partía el alma.

Soy un mal esposo para ella.

Ahora estamos aquí en el ocaso de nuestras vidas, reflexionando de tantas cosas, entiendendo que no fue suficiente lo poco que le di.

─Siempre has estado a mi lado ─me dijo, eso llenó de nuevo mi corazón que se desvanecía por su tristeza─. No he sido una buena compañera, te exigí más de lo que podías darme, fui arrogante y egoísta en los momentos que más necesitabas apoyo. Por eso quizá nuestro hijo nos abandonó.

─No es tu culpa, querida mía, sabes que siempre fui yo quien quería darte de todo sin que tú me lo pidieras.

Mi dulce corazón se reprochaba, no quería que sintiera que ella no fue una gran madre, al contrario. Se esforzaba cada día para que nuestro hijo viviera feliz en medio de tanta pobreza y enfermedad, nuestro hijo había nacido enfermo y duró con nosotros unos diez años maravillosos.

Mi dulce corazón nunca lo superó.

─No nos dejó amada mía ─le respondí─. Él partió hacia el cielo, Dios quiso que se fuera primero que nosotros, hace años que está allá.

Ya no recordaba cuantas veces habíamos tenido esta conversación, su memoria ya no era la misma, y mi paciencia tampoco, siempre la entendía y le repetía las cosas una y otra vez, antes me desesperaba y le gritaba cuando su mente empezaba a dar vueltas, no era su culpa, era la mía.

Ella me miró nuevamente y sonrió con picardía, no sé que habría recordado, pero mi amada me hacía ojitos, hermosa como siempre mi dulce corazón.

─¿Te acuerdas de aquel restaurante? ─me preguntó con su inigualable sonrisa que me enamoraba.

─¡Claro que me acuerdo! ─reí a carcajadas─. El mesero quería cortejarte cuando estabas sola.

─Luego viniste tú.

─Así es y me arrodillé en frente de él y te pedí matrimonio.

Ella seguía riéndose y mi alma cobraba más aire, mi amada estaba de vuelta con su buen humor.

─¿Cuándo fue eso?

─Hace cincuenta años mi dulce corazón ─le respondí.

Me levanté como pude, los dolores atormentan a las almas de los caídos en batalla contra el tiempo. Me arrodillé en frente de ella, le tomé sus delicadas manos y le dije:

─Felices bodas de oro amada mía, ¿Quiere acompañarme esta pieza que el viento toca?

El sonido de la serenata que bailamos en nuestra boda la escuchábamos nuevamente, en nuestra memoria, una danza lenta y suave, mirándonos a los ojos, ella feliz y yo enamorado cada vez más de ese ángel que Dios me había brindado.

25. September 2018 00:26:24 0 Bericht Einbetten 2
Das Ende

Über den Autor

Polo FB Escritor para fantasmas

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