El Legado de los César Follow einer Story

elenasiles Elena Siles Bernal

Eros un soldado romano vuelve a roma totalmente cambiado después de la guerra y la realidad a la que estaba acostumbrado ahora se le hace imposible de llevar.


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Capitulo 1

[Se cierra el telón y aparece los actores vestidos de esclavos y romanos. Augusto se encontraba en un palco con su esposa, sentados en tronos. Mientras que el esclavo estaba delante de ellos y debería de ganarse su indulgencia luchando contra un león. (Que es en realidad un actor vestido de león) Debe de ganar 10 peleas para ser un hombre libre.

El soldado y su hermana se encuentran sentados al lado del César, Augusto]

Augusto — ¡Esclavo! Lucha por tu libertad o muere en un vago intento

Esclavo — ¡Lucharé hasta mi muerte!

Augusto — Mira querida mía. Un simple esclavo luchando por lo que cree que sería verdadera libertad, mientras yo siga gobernando ningún esclavo será jamás un hombre libre. Se lo merecen, son escoria. ¿No estás de acuerdo Priscila?

Priscila — Mi querido esposo siempre estoy de acuerdo contigo, lo sabes.

Augusto — ¿Incluso para el tema de los esclavos? Pensé que me habría casado con una liberal

Priscila — Yo siervo a mi pueblo gran César, yo os sirvo a vos.

Augusto — Sin duda elegí bien a mi esposa. ¡Qué empiece el combate!

Soldado — Todo esto me pone los pelos de punta mi querida Atlanta.

Atlanta — Si vos sois mi hermano, Eros, Eros. No debéis de despreciar este acto

Eros — ¿Cómo no rechazarlo? Ponen a un hombre valiente en la rueda con un león y esperan que nos creamos que al terminar sus peleas será libre. Dime Atlanta. ¿Has visto alguno de estos esclavos terminar el ruedo? ¿Has visto a algún esclavo ser libre de nuevo?

Atlanta — ¡Eros! Jamás debes de cuestionar las órdenes del César.

Eros — ¿O qué hermana?

Atlanta — O te matarán, puede que incluso algo peor. Puede que hagan esclavo.

Eros — Ser esclavo no es ser indigno, ser esclavo es verse dominado por un César a quién la libertad y la verdad, son dos conceptos vacíos en su cerebro.

Atlanta — Ser esclavo es peor que ser indigno, ser esclavo supone estar en la última escala de la sociedad. Tú eres un importantísimo comerciante de Roma. Eres primo del césar de ahí tus títulos y tus medallas. Serviste por tu país en la guerra y volviste como un héroe. Deberías de tener asco por este tipo de personas que no han llegado a nada en toda su vida. Dime hermano mío. ¿Por qué sientes compasión por ellos? Nosotros jamás nos juntamos con las personas de su estatus. ¡Eres un soldado de Roma! Eres un héroe. Los hombres como tú son hombres de verdad, lo hombres como ese esclavo son la peor de las enfermedades para nuestro gran Imperio. No deberían ni darles la oportunidad de salvarse. Deberían matarlos y todo aquél que se apiade de ellos deberían de convertirle también en esclavo.

Eros — Yo aprecio la vida humana hermana. Eso no es un espectáculo es un asesinato. Y encima nosotros lo vemos, pagamos por ver morir a una persona en directo. Yo he visto ya demasiadas muertes por razones del Imperio, para hacer grande nuestro Imperio. Pero si regreso a casa no es precisamente para ver más muertes, es para poder olvidarlas.

Atlanta — Aquella guerra me ha traído a un hermano que no reconozco.

Eros — Aquella guerra hermana mía, cambiaría a cualquiera.

Atlanta — Apiadarse de un esclavo significa ser esclavo. ¿Fuiste tú acaso un esclavo?

Eros — ¡Sí! Y estoy orgulloso de ello. Me arrestaron los enemigos en una emboscada y tuve que sufrir muchas cosas que no podrías imaginar. Sufrí todo lo que sufre esa escoria, según tú, en mis propias venas. De hombre libre, de soldado de Roma, pasé a ser todo lo contrario.

Atlanta — ¿Te arrestaron?

Eros — Sí. Y pude escapar por mi perseverancia y luché contra mis enemigos. ¿Sabes por qué ganamos esa guerra? Porque todos mis compañeros sufrieron por lo mismo y la gran mayoría están muertos porque lucharon por seguir siendo libres. Y yo estoy limitado aún por las reglas, las confesiones, la moral y la ideología del Imperio. No se puede ni decir, ni pensar si quiera nada que sea "contra" el Imperio. Pues debes de pensar igual que el César, debes de pensar que matar a una persona y esclavizar a una persona es lo mejor.

Atlanta — Hermano no te reconozco.

Eros — El hermano que conocías, avaricioso, ruin, inhumano... Ese hermano ha muerto. Murió cuando vio a su compañero esclavizado morir en el intento de la huida y murió por cada hombre, por cada vida que arrebataba en nombre del Imperio. Hasta que sufres en tus propias carnes lo que esos hombres tienen que pasar para poder ser libres no les entiendes, es una auténtica lástima que no se comprenda más a esos valientes. Luchan por conseguir lo que yo tengo, lo que cualquier ciudadano de Roma, la libertad. Algo que, aunque no lo sepan jamás podrán alcanzar. Dime Atlanta. ¿De verdad es tan horrible luchar por la libertad?

Atlanta — Esa gente no son valientes, están dominados por nosotros, no pueden ser más de lo que son ahora. Les corresponde el sitio que le corresponde. La muerte.

Eros — Con personas como tú se reviva el odio humano contra el humano.

Atlanta — Los esclavos no son humanos

Eros — ¿Acaso no respiran como nosotros? ¿Acaso no andan, hablan y sienten como nosotros?

Atlanta — Ellos nacieron con una marca de una enfermedad que jamás podrá eliminarse y todo el mundo que a los enfermos jamás hay que acercarse.

Eros — Ellos luchan por lo mismo que lucho yo cada día por Roma. ¿No se merecen que los traten al menos como a iguales? Son tan humanos como nosotros.

Atlanta — Pero al no ser romanos, ellos jamás podrán ser como nosotros.

Eros — Es cierto, pueden que sean más personas que nosotros y nosotros seamos los animales

Atlanta — Ellos deben morir, no hay más que podamos discutir. Tú no eres mi hermano

Eros — En eso tienes razón, ya no soy el hombre que conociste.

[Mientras tanto el esclavo y el león lucharon. Terminó ganando el esclavo por casualidad.

Todo el mundo abucheaba, querían su muerte. Sin embargo, Eros aplaudió]

Eros — ¿Ves hermana? Todavía existen guerreros buenos, todavía existen hombres de verdad

Atlanta — Nos vemos en casa hermano. Tú sigue juntándote con esa escoria que te matarán

Eros — Adiós hermana. Yo me quedaré. Debo realizar una última hazaña

[Atlanta, Augusto y Priscila se marcharon del escenario. Eros se va a hablar con el esclavo para darle la enhorabuena.]

Eros — Hola, me llamo Eros. Sólo quería decirte que has estado genial

Esclavo — Muchas gracias. Mi nombre es Leandro, me puedes llamar Leo.

Eros — Un nombre con mucha fuerza Leo. Oye yo soy un soldado con una buena remuneración. Te tengo que confesar que me preocupas, nadie ha salido vivo jamás del ruedo y mucho menos como un hombre libre. Yo podría compraros y poneros en libertad

Leandro — No. No podría confiar en la palabra de un desconocido, es una gran regla. Además, no me importa morir luchando por mi libertad. Ya no me puedo rebajar más en la escala social así pues me da igual si vivo o muero. Me tratarán igual de mal a pesar de ser a los ojos del César un hombre libre, pero yo ya sabía que no saldría vivo del ruedo. Prefiero luchar como un valiente por mi libertad y morir a servir como esclavo de nuevo.

Eros — Eso es lo que más admiro de ti, vuestra valía

Leandro — Lo perdí todo en la guerra, ya poco me importa.

Eros — Yo también, soy soldado de Roma. ¿Lo sabías?

Leandro —¿Qué perdiste en la guerra soldado?

Eros — Todo. Perdí todo el miedo a lo que piensen los demás y descubrir de verdad mis ideas.

Leandro — ¿Y cuáles son esas "ideas"? ¿O son sentimientos?

Eros — Ambas cosas. Me descubriré tal y como soy al mundo, y sé que me matarán o algo peor, pero me es igual. Ya no tengo miedo a la muerte

Leandro — Confías en mí a pesar de ser un desconocido. ¿Por qué?

Eros — Porque eres la única persona que piensa como yo, y porque no tienes nada contra mí, tienes cosas contra mi gobierno y contra mi país. Pero yo ya no soy como era antes. Ahora defiendo la libertad y la verdad. Defiendo que los sentimientos de una persona, así como sus ideas tienen que ser escuchados así independientemente de que vayan contra el régimen siempre y cuando se haga en forma pacífica.

Leandro — ¿Y cuáles son tus sentimientos hacia la patria soldado?

Eros — La amo, pues he dado toda mi vida a ella, pero al mismo tiempo, la odio por ser tan hipócrita, por ser tan anticuada y sobre todo porque no me deja decir nada de todo lo que quiero decir y sentir. No me deja ser como soy, pues me matarían o algo peor. Pero ahora poco me importa, en el campo de batalla perdí todo lo que me importaba.

Leandro — ¿Quién fue?

Eros — Fue mi compañero, mi hermano, era parte de mí y murió. En el campo de batalla se perdió el hombre que fui y me convertí en quién soy ahora.

Leandro — En cierto modo, si nada de ello hubiera pasado ahora mismo no hablarías conmigo

Eros — Es cierto, lo reconozco. No puedo hacer nada para borrar la clase de persona tan despreciable que fui, pero puedo intentar arreglarlo ahora. No sólo no avergonzándome de nada de lo que sienta, luchar por los derechos de todo ser humano y sobre todo por mi vida.

Leandro — Eres un gran hombre, uno de los pocos que quedan. Tu esposa estará orgullosa de ti

Eros — No me he casado, ni tengo a ninguna mujer a mi lado.

Leandro — Por eso estás contra el régimen. Entiendo. No te dejan vivir como quieres

Eros — Exacto. Te parecerá una auténtica inmundicia, pero es lo que siento. No me gustan las mujeres y yo no debería de avergonzarme por ello, pero según el imperio debería de estar muerto o algo peor, quién sabe.

Leandro — Yo estoy en la misma situación que tú, sólo que encima soy esclavo

Eros — Ser esclavo no es ser peor que yo, a pesar de lo que digan lo demás

Leandro — Iría contigo, pero entonces nos matarían a los dos

Eros — Yo no quiero que muera otro valiente por este gobierno

Leandro — No hay nada que pueda hacer un hombre

Eros — Te prometo Leandro, que no descansaré hasta que seas un hombre libre.

Leandro — No me debes nada.

Eros — Te debo mucho más de lo que crees, por hombres como tú es por lo que sigo luchando

Leandro — Vete, vete antes de que te descubran y te maten

Eros — Jamás olvidaré este encuentro Leandro, regresaré. Voy a intentar liberarte

Leandro — La única manera de que me liberes es que yo gane en el ruedo

Eros — Se me ha ocurrido una idea. ¿A qué hora luchas el jueves?

Leandro — A mediodía, soy el segundo en salir al ruedo.

Eros — Volveré Leandro y te sacaré de aquí.

Leandro — Te matarán, nos matarán.

Eros — Prefiero arriesgarme a vivir acobardado, me lo enseñó un día un gran hombre

Leandro — Ese hombre, soy yo.

Eros — Lo sé.

Leandro — Adiós amigo mío

[Eros y Leandro salen del escenario. Entran en escena Priscila y Atlanta]

Priscila — Mi querida, querida Atlanta. Qué lindo ha sido la pelea de hoy en el ruedo.

Atlanta — Mi amado hermano protegía al esclavo, es completamente incomprensible

Priscila — Los esclavos son lo peor.

Atlanta — Mi hermano desde que se marchó a la guerra ha cambiado por completo. Antes podía llamarle hermano, ahora que ha regresado es como si fuera otra persona. Antes era como nosotras, pero ahora defiende a esa escoria. Algo ha pasado en esa guerra...

Priscila — No te preocupes, haré que te olvides de todo eso. Ven

Atlanta — ¿Y esto está bien? ¿Lo que hay entre nosotras? No quiero ser como esa escoria

Priscila — Nosotras somos ciudadanas de Roma, somos libres para hacer lo que queramos, es cierto que yo estoy casada, pero no me importa. Mi marido hace lo mismo, también con mujeres, además. Nosotras sólo nos damos cariño, un cariño que se nos ha arrebatado durante mucho, mucho tiempo... — (Priscila besa en los labios a Atlanta)— ¿Te gusta?

Atlanta — Sí, tienes razón. Nosotras, nosotras no hacemos nada malo. Odiamos a los insurgentes, a los hombres... Y amamos al dinero, el poder y al placer.

Priscila — Mi querida Atlanta sino tuvieras esos ojos tan increíbles nada de esto sucedería, pero tu mirada me atrae demasiado y con tus labios sello mi soledad...

Atlanta — ¿Y no está prohibido esto? ¿Qué nos harán si se enteran?

Priscila — Nada, no nos pueden hacer nada. Soy la esposa del césar.

Atlanta — Eso me gusta, tienes mucho poder... Eres fuerte y pasional

Priscila — Por supuesto, déjame que te lo demuestre como es debido

Atlanta — No tendré más dudas, soy tuya.

[Llaman a la puerta furiosamente, Atlanta y Priscila se separan de inmediato. Entra en escena el César Augusto con una gran sonrisa.]

Augusto — Mi amada Priscila, tengo una gran noticia para ti.

(Priscila acude al lado de Augusto) — ¿Qué desea mi esposo contarme?

Augusto — Tengo un plan para el espectáculo del ruedo. A partir del próximo día, los esclavos deberán de luchar contra los propios esclavos. El que pierda será lanzado a los leones.

Priscila — Es magnífico. Es perfecto. ¿Cómo no se nos ocurrió antes?

Augusto — Mi amor, es sorprendente, pero he de reconocer que la idea es mía.

Atlanta — ¿Y de quién es tan maravillosa hazaña?

Augusto — De vuestro hermano, dijo que si tenían que luchar contra los leones si ganaban perdíamos leones, pero si peleaban contra ellos no perderíamos nada.

Atlanta — Pero si el adora a los esclavos es un mentiroso

Augusto — Es cierto, dijo que luchar contra leones porque el mismo ha tenido que hacerlo, la guerra le ha cambiado mucho. Pero no le pienso reprochar por ello, él ha visto la muerte de muchos seres nobles. Dijo que no soportaba más muertes, que si luchaban contra ellos al menos perdonábamos al ser tan noble que es el león. Y además el público enloquecerá.

Atlanta — Sabía en el fondo que era cosa de una rabieta, la guerra le ha cambiado, pero sigue siendo mi hermano. Él si odia a la escoria de los esclavos, pero odia más que luchen contra seres mayores que ellos como son los leones. ¡He recuperado a mi hermano!

Augusto — Estoy tan contento de que quien gane el ruedo será un hombre libre por completo.

Priscila — Esposo mío. ¿Vas a perdonar a la escoria?

Augusto — A la vista del pueblo querida. Según Eros, mi gran amigo, si no ven jamás a un hombre libre, el pueblo empezará a preguntar cosas y puedo tener incluso revueltas. Por lo visto toda familia ha tenido o tiene a un familiar como esclavo.

Priscila — ¿Revueltas? Pues sofócalas. El pueblo no es enemigo para el ejército de Roma

Augusto — Por supuesto que no querida, pero los enemigos del exterior tendrían una oportunidad perfecta para atacarnos. Roma contra la propia Roma, sería un auténtico caos y eso daría la ocasión a los demás pueblos a sublevarse.

Priscila — Entiendo. Tenemos que aparentar unidad, tenemos que seguir siendo tan poderosos como lo somos como Imperio. Si flaqueamos contra nuestro propio pueblo los demás pueblo también se alzarán. Y eso podría hacer que cayera el Imperio de Roma.

Augusto — Eros es un gran soldado, es más, es un gran coronel. Conoce todo el suceso de las guerras. Atlanta comunica a tu hermano que el día antes del ruedo será nombrado coronel y que estará en mi consejo privado. Le daré las tierras y riquezas que siempre se ha merecido ha cambio de su lealtad y de una última misión. Yo quiero que gane el esclavo que gano ante el ruedo el último día. Así el pueblo se creerá que es posible salir libre del ruedo, pero en cuento gane el último combate se echará a los leones como al resto. Y si Eros quiere demostrarme que me es fiel deberá de matar él mismo al esclavo por el comentario que hizo contigo Atlanta, sólo así sabremos si era una equivocación sin importancia o una clara traición al Imperio. Si ha traicionado al Imperio para defender a los esclavos será convertido en esclavo y será sirviente de Roma hasta que sus huesos se partan por el peso de la conciencia por haber traicionado a su familia, su estado social, a su cargo y a su país.

Priscila — Tú sí que sabes gobernar, no sólo un país sino a una mujer también

Augusto — Soy el César, es mi deber gobernar. Atlanta avisa a tu hermano, pero no le digas su misión le será comunicado cuando me sea favorable. Si sabe algo de todo esto te desterraré de Roma y no volverás a ser jamás lo que eres ahora.

Atlanta — Entendido mi inminencia, le seré fiel a este país, a mi pueblo, a Roma

Augusto — Esposa mía, debemos celebrar la gran noticia, acude a mi lecho ahora mismo

Priscila — Soy vuestra esposa César, será todo un honor.

[Augusto y Priscila se marchan de la escena cogidos de la mano]

Atlanta — No permitiré que me quiten a lo único que he amado, no voy a permitir que me echen de Roma. Pero tampoco puedo permitir que el César me arrebate a mi hermano y a mi amante. Dentro de poco, pieza a pieza, planearé mi venganza contra Augusto. Y sé perfectamente que hombre podría ayudarme. Por Roma. ¡Ave César!

[Sale de la escena Atlanta dando grandes pasos y enfadada]

6. September 2018 16:58:47 0 Bericht Einbetten 2
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