Tu piel Follow einer Story

alexdivaro Alex Divaro

Es el cumpleaños de Vanessa y quiere como regalo que su dominante novio Alex le permita cambiar de roles. ¿Cuánto podrá él soportar ser sumiso? Este relato forma parte de la novela Razones para odiar a Bruno Ballester de Fanny Ramírez y Alex Divaro. Obra registrada. Todos los derechos de autor reservados.


Erotik Nur für über 18-Jährige.

#erótica #erótico #romance #dominación #sumisión #sumiso
Kurzgeschichte
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Tu piel

Vanessa entró a la biblioteca con ese sutil contoneo, con el que siempre se manejaba cuando buscaba seducirlo. Él lo notó de inmediato y pretendió ignorar la situación. Optó por permanecer con una actitud impasible para dificultarle la tarea. Recibió el beso que ella le propinó en la mejilla sin inmutarse, fingiéndose muy ocupado. 

—Mañana es mi cumpleaños. 

—Lo sé, preciosa, lo sé. 

—¿No vas a preguntarme qué quiero de regalo? 

—Ya tengo tu regalo —contestó Alex con tranquilidad. 

—Mmm, de acuerdo —dijo Vanessa en tono pensativo, apoyándose contra el escritorio para interrogarle de nuevo—: ¿No vas a preguntarme qué quiero?

—Como sigas molestándome mientras trabajo te voy a dar unos azotes —respondió él fingiendo animosidad—.  A ver, dime de una buena vez qué quieres de regalo —agregó quitándose las gafas. 

—Quiero ser tú. Por una noche. 

—¿Ser yo? —preguntó confundido. 

—Sí, tú, un cambio de roles. 

—No —contestó a secas.

—Es mi cumpleaños, compláceme. Solo di que sí.

—Ser yo te quedaría grande, Piel. 

—Por favor —rogó Vanessa con un tono de voz meloso. 

—No sé. En serio, no sé —explicó dubitativo, pues sentía que lo que le pedía Vanessa era algo que no se le daría nada bien—. Si tanto lo quieres, podría hacer el intento, pero no podría prometerte nada. Necesito que entiendas eso muy bien. 

—De acuerdo, con eso me conformo.

—Espero que estés a la altura —dijo con malicia para provocarla—. Insisto, haré el intento.  

Ella brincó de felicidad, mientras que él se colocaba las gafas con un impostado semblante serio, para seguir trabajando. Al verla alejarse sonrió. No podía negarlo, le gustaba verla dichosa, aunque la idea no le hiciera para nada gracia. Hacía un par de días había mencionado algo al respecto en tono de juego, pensó que era solo eso, una broma. No conseguía entender sus pretensiones, antes no le había dado señales de querer ser switch. ¿Qué la animaba a adquirir una conducta trasgresora, cuando ella era sumisa por naturaleza? Tal vez la única manera de descubrirlo sería permitiéndole explorar lo que le pedía. Alex entendía que no era algo atípico el sentir curiosidad por la otra cara de la moneda, solo que en su caso esta era nula. No se le antojaba para nada, solo por ella haría el intento al menos un rato. La miró a lo lejos en la estancia y se preguntó que estaría tramando su linda insolente.

Tras la cena, en donde se produjo la entrega del regalo dispuesto con anterioridad, Vanessa estaba pletórica. La felicidad y el vino le dieron el valor necesario para ordenarle a Alex ir a su piso y no al de él como usualmente solían hacer. Este la miró de soslayo sin mediar palabra, limitándose a conducir. Fingió que la ansiedad no hacía estragos en su cuerpo, cuando notó que ella se subía la falda, dejando a la vista aquella carne trémula, dueña de sus ensoñaciones. 

Piel comenzó a tocarse de manera impudorosa, logrando que la excitación se instalara sin obstáculos en Alex. Sentía que le picaban las manos. Anhelaba tocarla. Tuvo que respirar hondo para seguir conduciendo, no aparcar en alguna calle, rebelarse a todo aquello y follársela sin reparos. Se instó a guardar la compostura y aceleró el auto disimulando que tenía la polla hinchada en los pantalones.

No obstante, al bajar del coche y caminar hacia ella para abrirle la puerta, no hizo ademan de acomodarse la erección. «Toma Vanessa, aquí esta lo tuyo» pensó. Ella lo noto de inmediato, lo manoseó apretándolo y le buscó la boca de forma posesiva. 

«¿Ya empezamos? ¿Así se siente ella conmigo cuando la beso y la toco sin que me importe nada?» pensó Alex. 

—Estas siendo descuidada, estás en un ángulo visible para tus vecinas cotillas. 

—No me digas lo que tengo que hacer, hoy te callas y haces lo que yo diga. 

Aquellas palabras lo enfadaron. Quería darle unos buenos azotes por impertinente, para después follarla sin que pudiera correrse hasta que pidiera perdón por ser tan grosera. Se contuvo de nuevo, asintió domeñándose a sus deseos. Vanessa lo tomó de la mano guiándolo al interior del edificio. Sintió como le bailaba el pulso en la yugular, odiaba aquella situación, se preguntó cuánto tiempo lograría complacerla.  

Al entrar al piso se dio cuenta de que las cosas estaban posicionadas de manera diferente. Había una especie de almohadón largo y grueso de color negro en compañía de otros más pequeños, contrastando sobre el suelo de parqué reluciente. 

—Quítate los zapatos y ponte de rodillas —ordenó Piel dándole la espalda. 

Fue inevitable para él comenzar a elaborar una lista de todos los errores que estaba cometiendo al intentar ser dominante. Enmudeció de nuevo decidido a dejarla jugar esa noche, después de todo, no se cumplía veinticinco años todos los días. Sonrió con alevosía al pensar en que al día siguiente se deleitaría en darle una lección. Hizo lo que le pidió, si iba a hacer aquello lo haría con honor, pretendió auténtica sumisión y se arrodilló sentándose sobre los talones. Colocó las manos en los muslos muy comedido, muy entrenado. Bajó el rostro ocultando las ganas de reír.

—¿De qué te ríes? —preguntó Vanessa con altivez. Alex negó con la cabeza intentando guardar la compostura—. Te hice una pregunta y debes responderla. —Quería decirle que se reía de lo que le daba la gana, pero de nuevo se reprimió. 

—Me reía de mi propia inutilidad como sumiso. 

Caminó hacia él con un contoneo fatídico, elegante, estudiado para seducir, aunque en realidad estaba nerviosísima y se moría de miedo. Lo tomó por la barbilla, le rasco con las uñas el mentón, para después alzarle el rostro. Le quitó las gafas con cuidado, pareció estudiarlo, escudriñarlo con detenimiento. Acto seguido lo sorprendió estampándole un vigoroso bofetón. Alex se llevó la mano a la cara enfurecido, estuvo a punto de levantarse y someterla. Sin embargo, comprendió que lo estaba probando, Vanessa ponderaba su grado de sumisión. Recordó que le había prometido en la cena permanecer lo más que pudiese en el roll, por lo que recobró la postura, sin imaginarse que ella volvería a abofetearle en la otra mejilla. Gruñó furioso, tuvo que morderse los labios para no insultarla, ponerse de pie y azotarla hasta hacerla gritar. 

Él nunca la trató así, lo suyo era pura dominación. Ella en cambio estaba entrando en otra categoría, incluso incumpliendo las reglas que habían acordado. Respiró profundo, serenándose una vez más. Vanessa se irguió dándole la espalda, estaba complacida de haber visto como crepitaba la rabia en aquellos ojos oscuros que tanto le gustaban. Comenzó a desvestirse exhibicionista con exquisita lentitud. Su vestido cayó al suelo haciendo un charquito de tela a sus pies. Alex la estudió, se veía preciosa. Llevaba un sujetador de encaje negro, acompañado por un diminuto tanga que apenas le cubría el coño y un par de medias a medio muslo sin liguero. Le pareció que estaba perfecta, tan mojada que el olor de su coño impregnaba toda la estancia. Dio un paso hacia atrás, enterrando la mano en el cabello de él, jalándolo fuerte, hundiéndole la cara entre sus nalgas.

«Esto no va a ser tan malo» pensó Alex excitado. 

—Lame —ordenó Vanessa intentando sonar autoritaria y él fue obediente—. Quítame la ropa interior —exigió segundos después.

No especificó como quería que se la quitara y Alex pensó que era muy principiante. Aprovechando esto, se dio permiso para tomarse ciertas licencias. Pasó la lengua por todo el glúteo desnudo, hasta llegar al borde de aquél tanga. Mordió la efímera tela y algo de su piel. Moviendo la cabeza hacia abajo comenzó a deslizarla para que cayera al suelo. Un gemido se desprendió de los labios femeninos, le gustaba que la mordiera. Poco a poco fue bajando la diminuta prenda hasta que ésta cayó entre sus tobillos. Él la deslizó fuera de estos con las manos y ascendió acariciándole las piernas. Palpó el sexo empapado y hundió dos dedos de forma pausada para no lastimarla. Luego con premeditación, repitió el movimiento de golpe. Era un pésimo sumiso. 

Vanessa jadeó excitada, abriendo las piernas para darle espacio. Alex comenzó a mover los dedos con rapidez. Brusco le mordió los glúteos de nuevo, para después sacar los dedos y enterrar la lengua en el resquicio de su sexo. Mientras se deleitaba lamiéndola, pensó en que tenía un muy buen coño, de esos de labios suntuosos y llenos. Le provocaba pasarle la lengua todo el día, escupirle la saliva más espesa para después cogerle en vilo y enterrarle de golpe la polla sin miramientos.  

Sin previo aviso Vanessa se separó de él, se veía molesta. Alex no pudo evitar reír con bríos sin remedio. Le daba igual las ganas de ella de que fuera sumiso, no podía evitar dominarle hasta estando en el suelo de rodillas. La reacción de ella fue empujarlo por los hombros con fuerza, haciéndole caer sentado. La risa se le disipó de golpe, cuando sintió como le pisaba los testículos con su reluciente stiletto negro de tacón de aguja. 

—Cuidado con lo que haces, Piel —dijo entre dientes. 

—Si me descuido te portas mal. Tal vez va siendo hora de que alguien te dé una lección —dijo aplicando más presión sobre la polla, provocándole dolor, cuestión que terminó excitándolo un poco. 

Vanessa caminó bordeando el cuerpo masculino que yacía sobre el almohadón de cuero. Colocó un pie a cada lado de su rostro, quería ser contemplada. Así que él se dedicó a disfrutar de la visión de las espigadas piernas, de los mullidos muslos exquisitos, del coño glorioso que comenzó a vislumbrase mejor conforme se agachaba. Apoyó las rodillas en el suelo y por instinto él manoseó la tersura de la piel de las caderas. 

—Cómeme—pidió demandante.

No hacía falta tanta efusividad. Alex apoyó las manos en los muslos femeninos y alzó el rostro, para hundir la boca en aquellos perniciosos pliegues húmedos de buena gana. Le encantaba comerle el coño. Aquella posición se le hizo muy cómoda. Le gustó la asfixia erótica a la que le conducía los indelicados movimientos de ella, que se restregaba con fuerza contra su boca.

Pasó la lengua por toda la extensión de aquella piel trigueña. Degustó el néctar que manaba con fluidez a causa de la excitación, la escuchó jadear muerta de placer. Le fascinó sentirla así, enloquecida al punto de moverse sobre su boca sin importarle si este respiraba o no. Por ratos hacía presión levantándola con las manos en busca de aire, para después ahogarse de nuevo voluntariamente en el calor que desprendían aquellos tersos muslos. 

—Sí, sí muérdeme Alex, muérdeme. 

Él pasó la punta de la lengua reiteradas veces por el clítoris que tintineaba al chocar con sus dientes a causa del pequeño piercing. Succionó ávido, sin reparos en pro de conducirla al borde del placer.  Cuanto más pronunciados eran los jadeos de ella, mayor era el ímpetu de sus caricias orales. Sin procesarlo demasiado, la nalgueó haciéndola aumentar el ritmo de sus caderas que se refregaban sin cesar sobre su boca. 

Mordió los suntuosos labios haciéndola gritar. Hundió la lengua repetidas veces saboreándola, entre tanto la apretaba contra sí. Se le hacía insoportable la forma en que la polla le palpitaba dolorosamente en los pantalones. El calor era incendiario y se sentía rebosante de humedad al punto de mojar la tela. Necesitaba estar dentro de ella, por eso se apresuraba fúrico en hacerla acabar pronto. La desesperación le corría por las venas enloqueciéndolo. Nalgueó con más fuerza haciéndola subir y bajar clavándose su lengua codiciosa.

—Ay joder, me corro, me corro —gritó dichosa la frase favorita de Alex quedándose quieta. No esperaba que él siguiera succionándola con fuerza, apretándola contra su rostro para no dejarle escapatoria—. Suéltame, suéltame —dijo desesperada sin que él le prestara atención. Con alevosía siguió con aquella caricia, pues sabía que a Vanessa le resultaba insoportable la sobreestimulación tras el orgasmo—. Para, por favor —rogó entre jadeos hasta que él satisfecho ante su suplica la soltó. 

Alex hizo fuerza, quitándosela de encima tumbándola contra el suelo de parqué. Se abrió el cinturón dedicándole una mirada refulgente. Le abrió las piernas y cuando estaba a punto de cernirse entre ellas, Vanessa le clavó las palmas de las manos en el pecho impidiéndole avanzar. 

—Te estas portando mal, Alex, dijiste que lo intentarías.  

—Me importa un carajo —gritó bronco apartándole las manos, adentrándose entre sus piernas. La alzó por las caderas y justo cuando estaba por penetrarla, Vanessa se tapó el sexo con ambas manos—. ¡No me saques de quicio, coño! —dijo rebelde.

—Ni se te ocurra, Alex —espetó molesta. 

—¿O qué? Te encanta que folle así, siempre me ruegas para que lo haga. 

—Hoy no lo estoy haciendo, ¡suéltame ya! 

Alex se acercó a ella para besarla y ésta le esquivó el rostro enfurecida al ver que no cedía. Le fascinaba la personalidad sexual dominante de él, no obstante, ese día era distinto. Era una cuestión de probarse a sí misma que ella también podía estar al mando. Cerró los ojos cuando sintió cómo le pasaba la lengua por la comisura de los labios, era un maldito provocador. Le encantaba. 

—¡Joder! —exclamó fúrico echándose a un lado sobre los cojines, al ver que ella no se amilanaba. Respiró para retomar la compostura e intentar doblegarse a los deseos de Vanessa, tal como le dijo que intentaría. 

—Buen chico —dijo entornando una ceja en un gesto enigmático y seductor, poniéndose de pie—. No, no, no te puedes tocar —agregó cuando lo vio llevarse la mano a la polla en pro de darse alivio. 

Alex sentía la tensión en el miembro, el glande hinchado y palpitante ante la espera. Aunque por norma disfrutaba de retrasarle el placer a Vanessa con sus jueguecitos perversos, él en cambio no era de negarse nunca el placer. Por eso siempre llevaba el control, era demasiado impaciente. No le gustó la otra cara de la moneda, de hecho, la odió. 

Miró a Vanessa caminar por la estancia exhibiéndose. Disfrutó de observar los jugosos pechos apenas contenidos por la diminuta prenda de ropa interior, las medias altas contorneándole los muslos y el sexo expuesto, perfecto y exquisito a la vista. 

—De pie, te quiero en la silla —ordenó señalándole donde debía tomar asiento. Muy comedido y en apariencia dócil, Alex obedeció—. Ábrete la camisa —agregó mordiéndose los labios, deseosa. 

Los ojos de Vanessa bailaron por cada centímetro de piel que fue quedando a la vista. Le gustaba el tono de los pectorales, del abdomen plano y de los brazos fuertes de Alex. En realidad, le gustaba todo de él, en especial como la miraba con hambre, como si ella fuese la mujer más ardiente del mundo. La atmosfera del lugar parecía cargarse del insondable erotismo entre ambos. Él deseoso, empalmado al punto de dolor; ella satisfecha con los muslos mojados prueba del desbordante placer experimentado segundos antes. 

Caminó hasta una mesa cercana donde reposaba un paquete de cigarrillos y un mechero. Se llevó uno a los labios con parsimonia, encendiéndolo. Le dio una estudiada calada honda, emulando los ademanes sensuales de una vedette de cabaret. Se acercó a él, arrastró las uñas por la línea de la mandíbula perfectamente afeitada hasta alcanzar el lóbulo de la oreja. Pasó los dedos por el cabello oscuro que jaló para hacerlo alzar el rostro para mirarle directo a los ojos. 

—Hoy eres mi putito, Alex. Si supieras lo apetecible que te ves con la mandíbula tensa por la rabia… Te estás imaginando todo lo que me vas a hacer mañana en venganza ¿verdad? —Él asintió, aunque técnicamente no se estaría vengando. Lo que hacían estaba acordado, sin embargo, no quiso corregirla. Prefirió que se imaginara las represalias que recibiría, pues algo le decía que de seguro pensar en eso la excitaba—. Ojalá amanezca rápido entonces, pero mientras, te jodes —agregó llevándose el cigarrillo a los labios. 

Se sentó a horcajadas encima de él, indicándole que debía colocar las manos a los costados sin tocarla en lo absoluto. Alex cerró los ojos al sentir el sexo húmedo y ardiente de Vanessa rozándose con el suyo. Aquel calor le escocia la piel, le invadía avasallante los sentidos, produciéndole un deseo incandescente. Se instó a guardar la calma, a mantener el poco raciocinio que le quedaba. Ella lo torturaba ominosamente al moverse sinuosa sobre su miembro endurecido, sin permitir la penetración. Lo asediaba lasciva disfrutando del semblante aniquilado de su hombre. 

—Eres mío esta noche —reiteró.

Se bajó las copas del sujetador y le ofreció los pechos, pero cuando él abrió la boca dispuesto, ella se echó hacia atrás provocadora.  Alex gruñó como un animal en celo necesitado del contacto. 

—Debiste atarme —dijo molesto tomándola por las caderas, pronunciando el contacto entre ambos. 

Sin miramientos hizo las maniobras necesarias para levantarla un poco y dirigir su erección al interior mullido de Vanessa; quien jadeó escandalosa ante la penetración dura y salvaje a la que se vio sometida. Le tomó de los brazos para evitar sus débiles pataletas, estaba tan excitada que sentirlo tan necesitado la hizo dejarlo despojarla de todo control ganado. Alex se zambulló en el glorioso escote, llevándose a la boca con desesperó los pezones color caramelo. Succionó despiadado hasta hacerla gritar.

—Alex… —dijo ella su nombre en una débil protesta. 

—Muévete, Piel —ordenó él jalándole el cabello. 

Vanessa se movió en una ondulación pronunciada, acelerada, subiendo y bajando sobre el miembro endurecido. Disfrutó del semblante lúbrico en el rostro masculino que no paraba de succionarle con total alevosía los pechos. Podía sentir el agarre furioso de Alex en sus glúteos, manejándola, obligándola a permanecer sobre él; moviéndose rauda para conseguir más satisfacción. El placer la atacó de pronto, con un vigor inesperado, se corría encima de él ante la fuerza de su agarre. 

—Córrete, preciosa —dijo él con dulzura—. Feliz cumpleaños. 

Vanessa se mordió los labios para después abrirlos, prorrumpiendo los más denso jadeos, dejando salir toda la sonoridad de su orgasmo. El estremecimiento del clímax la impactó recorriéndole todo el cuerpo. Se dejó caer sobre los hombros de él, exhausta, sintiéndose como anestesiada, lánguida ante el éxtasis. 

—Eres un pésimo sumiso, Alex.

—Te encanta que lo sea. 

Era cierto. Le fascinaba lo mal sumiso que era, pero eso era algo que no admitiría y menos en su primer intento de llevar el control.  

—Esto aún no termina —dijo apretando deliberadamente las paredes de su coño para excitarlo. 

Se quitó las manos masculinas de las caderas y se puso de pie. Miró el cigarrillo que se le calló con el forcejeo, en el suelo, consumiéndose. Se agachó sensual a recogerlo, enseñándole su glorioso trasero. Se lo llevó a los labios y encendió uno nuevo dejando la colilla en un cenicero cercano. Lo tomó de la mano y lo condujo al cojín en el suelo. 

Tomando una calada honda del cigarrillo se llevó el miembro a la boca, Alex sintió un ligero escozor en la piel, que se acentuó cuando ella exhaló el humo sobre su glande palpitante. 

—Compraste cigarrillos mentolados —dijo él jadeante, apreciando el detalle ante la sensación que lo eclipsaba por la unión de la tibieza del humo y el frio del mentol.  

Vanessa sonrió mientras recorría con los labios entreabiertos toda la extensión de la polla de ese hombre que era su perdición. Succionó con avidez, masturbándolo con una mano al mismo tiempo que su lengua hacía movimientos zigzagueantes; bañándolo con profusa saliva. Él movió la pelvis en su búsqueda, le acarició el cabello conduciendo la profundidad de la felación. 

—Joder sí, así Piel… sigue 

Ella lo sacó de su boca e inhaló de nuevo del cigarrillo, dándole una vez más aquella caricia húmeda llena de humo que lo volvía irracional. Le gustó escucharlo rogar. Lo miró con lujuria mientras succionaba con malicia, quería volverlo loco. Alex disfrutaba de la vista: los pechos turgentes de pezones enhiestos, la mirada pervertida y ladina de ella que lo aprisionaba entre sus voluptuosos labios, empujándolo al más anhelado arrebato súbito de placer. 

—Sí, estoy cerca, Piel. 

Dichas estas palabras, Vanessa se detuvo llenándolo de desconcierto. Se puso de pie y siguió fumando como si nada. Él se irguió molestó sobre sus codos.

—Vuelve aquí y métetelo en la boca. 

—No, tócate —dijo pisándole el pecho hasta hacer que su espalda callera de nuevo sobre el cojín—. Quiero verte. 

Alex apretó el ceño. Le dedicó esa mirada trasgresora que buscaba transmitirle que, cuando el trato estuviese caducado, él se la follaría de formas inimaginables. Ella comenzó a caminar a su alrededor contoneándose divina, sabedora de lo que su cuerpo en esas condiciones de casi desnudez le provocaba. Fumó el cigarrillo con templanza con un rictus maligno en el rostro. Disfrutó exacerbar aquella tortura a la que lo sometía. Se deleitó no tanto por aquel intento de dominación, sino porque tal como él pensó, le excitaba imaginar lo que enloquecido le haría al día siguiente. 

Él por su parte tenía esa mirada de desesperación que parecía gritar: no puedo, no aguanto más, que a ella le despertaba las más pérfidas intenciones. Se llevó la mano al miembro erecto, derrotado y se acarició buscando alivio. Se concentró en el rostro precioso de expresión lubrica de Vanessa, en sus piernas, en sus pechos abundantes que sobresalían sobre el sujetador a medio quitar. Una bellísima visión que se movía al compás de sus ansias por la habitación. Estaba a punto, sí, se excitó de sobremanera al imaginarla atada con las piernas abiertas para recibirlo. 

—Avísame cuando estés por correrte —exigió Vanessa demandante. 

—Jódete —dijo desobediente con la voz entrecortada, pues sentía como el placer le tensionaba el vientre bajo, por lo que ella supo que estaba muy cerca. 

Vanessa se rió maliciosa, le encantó verlo así, sabía que el pobre por más que intentara no estaba en su elemento. Se arrodilló detrás de él, dio otra calada al cigarrillo y exhaló despacio para sentarse en su rostro de nuevo, obligándolo a saborear la ambrosía que brotaba tibia de su sexo. Cerró los ojos sintiendo las vibraciones de la respiración tibia y los gemidos ahogados de Alex. Los abrió justo a tiempo para ver cómo se asperjaba el semen tibio creando un hermoso patrón de gotas perladas sobre el abdomen masculino.

Vanessa se levantó y se acostó a su lado, posando la mano sobre el pecho para sentir el latido desaforado del corazón de Alex. Le pasó el dedo pulgar sobre los labios para limpiar el exceso de humedad que ella misma había depositado sobre ellos. Lo besó con dulzura y le recriminó su pésimo intento de sumisión, aun así, le agradeció por su regalo de cumpleaños. Él era muy atento a sus necesidades siempre, no podía molestarse porque al cambiar los roles no fuese de la misma manera. Sobre todo, porque sería hipócrita no admitir que había disfrutado muchísimo de su rebeldía.  

Este relato forma parte de la novela Razones para odiar a Bruno Ballester de Fanny Ramírez y Alex Divaro. Disponible en amazon https://www.amazon.com/dp/B07MQHSJ12/ref=cm_sw_r_tw_dp_U_x_7RPrCb7T91NJJ

Nuestro protagonista Bruno es un escritor y nuestra protagonista Camila lee su libro “Tu piel”. 

Si les ha gustado el relato, no olviden darnos su amor con un comentario o reseña y recomendarlo a otros lectores. 

Para más noticias sobre el libro, pueden seguirnos en Instagram: @fanny_ramirez_lago y @alexdivaro. 

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4. September 2018 23:56:46 18 Bericht Einbetten 92
Das Ende

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Daniela Rod Daniela Rod
Me encantó el relato 😂😂 Creo que siendo Camila también me hubiera escandalizado horrores.
25. Dezember 2018 23:57:56
Kika DZ Kika DZ
Definitivamente me gusto esa caracteristicas tan descriptiva que tienes para esas escena me dejan extaciada envidio a vanessa😀 eres un excelente escritor exitos y bendiciones abrazos desde 🇨🇴
25. Oktober 2018 09:26:43
Cecilia Visconti Cecilia Visconti
😍 me encantó el relato. ojala salga pronto RPOABB... Besotes.
2. Oktober 2018 15:19:43
Lourdes Lourdes
como siempre, es.pec.ta.cu.lar!
15. September 2018 14:31:09
Zuri Mendoza Zuri Mendoza
❤❤❤
10. September 2018 02:51:01
Vanessa Simmons Vanessa Simmons
Aquí vine a leerlo otra vez. Sigue fascinándome un montón tu increíble habilidad para describir esas escenas. Como comparto nombre con la protagonista del relato, debo admitir que me da un poco de risa boba (?) pero me encantó. Y saber que voy a tener el libro en mis manos un día estos... ❤❤❤ Gracias por compartirlo! Y ahora voy a dejar una reseña que se lo merece!
6. September 2018 21:26:28

  • Alex Divaro Alex Divaro
    Vane, muchas gracias por este lindo comentario. Te juro que me hace el día. Un abrazo. 7. September 2018 13:39:38
Ainat CS. Ainat CS.
Genial... I love you Bruno ❤️ jejejeje
6. September 2018 21:16:11
Andrea Villafuerte Andrea Villafuerte
Hay me encanto 😍😍😍😍
6. September 2018 01:09:21
patricia gonzalez patricia gonzalez
Me encanto este relato
5. September 2018 12:22:12
Gaby Canul Gaby Canul
😍 recordar es volver a vivir
4. September 2018 22:02:06
Brescia Borjas Irias Brescia Borjas Irias
Me encanto volver a leerlos.
4. September 2018 21:54:26
VG Vicky Gama
👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻
4. September 2018 21:51:37
Vicky D'Emyl Vicky D'Emyl
Wow! Fuego puro. Un muy buen relato.
4. September 2018 21:51:32
~