La Generación Del Dolor (2018) Follow einer Story

danubiodecampos1 Danubio De Campos

Después de casi dos años (por las interrupciones) he podido terminar esta, mi primera novela . Le seguiremos los pasos a Maribor Dragutinovic un escritor yugoslavo carente de éxito y como el, junto a algunos amigos que consigue en el camino, se verán envueltos en una situación mucho más grande que ellos y que, les hará conocer la fragilidad del ser humano y por que no tambien, su capacidad para demostrar inhumanidad. Una novela sobre politica, lucha, sufrimiento, amor, marginación y crueldad, entre muchas otras cosas. A veces creo que, un subtitulo perfecto para esta mini novela sería: "la historia de aquellos a los que la sociedad olvidó" espero la disfruten tanto como a mi me gustó escribirla este libro se escribió entre Noviembre del 2016 y Junio del 2018 Danubio De Campos 2019®


Action Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#novela #danubio-de-campos #la-generacion-del-dolor
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Radio K.A.O.S.

Afuera llueve una vez más y casi puedo sentir el diluvio caer sobre mí mientras intento cerrar mis ojos aunque fuera un miserable momento. Me levanto a la ventana y observo las nubes y la sombra de la luna que pasa, las calles están húmedas, el reloj no avanza y nada pareciera presagiar que el sol reinará mañana.

Antes hubiese sido de mí hacia ella, pero ahora tan solo queda mi reflejo en el espejo y su retrato en la fría chimenea. A veces pareciera que se hubiese perdido, ya que desde el día aquel no he sido capaz de salir al mundo exterior. Solo me queda su enagua que aún conserva su aroma. Duermo con ella a mi lado, como pretendiendo que ella aún está conmigo pero la triste realidad es que ella, solo vive en mí.

Este mundo solo abriga la seguridad de la muerte que llegará inexorable, a tocar nuestras puertas el día que el creador determinó para nosotros pero también estar uno al lado del otro había sido mi seguridad cada noche, nuestras cabezas en la almohada en un abrazo que a ratos parecía eterno. Pero sin embargo mis manos están frías, mis pies azulados y mis ojos rojos de no poder dar crédito a lo sucedido.

Hay una licorería cruzando la calle, ya no recuerdo cuándo fue la última vez que bebí pero tenía mucho frío y al ver que la misma estaba abierta tomé mi saco, un paraguas, me coloque unos zapatos y bajé.

Parecía estar siempre fuera de mí, como si en ningún momento me hubiese dado cuenta de nada de lo que hacía y estaba demasiado cansado como para que me importara. Tenía algo de dinero en el bolsillo que al parecer sonaba mucho, pues varios inquilinos de la posada donde vivía se quejaron. Mientras abría la puerta sufrí un gran sobresalto, pues el anciano Rondin, el posadero, me descubrió saliendo:

- ¿Qué haces saliendo a esta hora Maribor?. Te enfermarás – dijo con tono paternal

- No importa – repuse en un tono menos seco de lo que creía haberlo dicho – volveré en unos minutos

- ¿te dejo la llave? Quiero ir a dormir ya

- Muy bien

- Deja apagado cuando salgas

Yo me aprestaba a salir cuando de pronto dijo:

- ¿Qué comprarás?

- Ginebra ¿porque?

- Ten algo de dinero, te espero y tomamos un trago.

Salí y compre rápidamente el ginebra y volví. La lluvia arreciaba particularmente fuerte y apenas intercambié un pequeño saludo con el dependiente.

Al llegar me dirigí directo a la cocina, el viejo me esperaba con dos vasos cortos en la mesa. Había llegado hacía poco y no había hablado mucho con este señor, realmente había llegado allí por la económica tarifa mensual, dado que no tenía mucho dinero.

- Y tu noviecita, con la que llegaste ¿Qué pasó con ella?

- Se marchó – dije tomando un sorbo de ginebra

- Tranquilo chico – dijo dándome una palmada en la espalda – sé que es difícil, pero siempre se olvida

- Es que realmente… no puedo reconocer el error que pude cometer

- No tienes dinero, es simple y debes saber… todo termina en algún momento

- Realmente… - dije desganado – no era la respuesta que esperaba

- ¿Era por esto que no podías dormir?

- No, solo tenía mucho frío

- Ya veo.

Pude percatarme que me miraba de una manera extraña

- ¿Qué sucedió? – dije mirándolo fijo

- ¿Por qué te llamas Maribor? ¿No eres de aquí?

- Por la ciudad donde nací. Mi padre se llamaba así, y mi abuelo y el padre de mi abuelo también. Nací en la orilla del río Drava, en un bote… mis padres estaban pescando y bueno… solo sucedió

- Entonces… ¿eres yugoslavo?

- Si – dije – ahora, si me disculpa… iré a dormir

- Muy bien, trata de descansar chico

Subí sonriendo de la gracia que me provocaba que nadie pudiese pronunciar mi nombre de una manera correcta.

Al cerrar la puerta de la habitación fui abofeteado por un penetrante hedor a vainilla que realmente me desagradaba y mareaba. Yo vivía en la última habitación de la posada en el segundo piso de la misma, en una buhardilla prácticamente y realmente parecía un refugiado de guerra, si analizaba mi estilo de vida de una manera cuidadosa y, pensándolo bien, esta pudiese haber sido la razón para que ella me dejara.

Les contaré: yo la conocí hace un par de años cuando era estudiante de la Universidad de Maribor, en mi país natal. Yo estudiaba literatura, ella arquitectura y bueno, nos enamoramos y entonces nos mudamos a esta ciudad, ella buscaba aventuras y nuevos horizontes lejos de casa y por lo demás se había involucrado en un proyecto para erguir un nuevo edificio aquí, siempre tuve la fe puesta en sus habilidades pero sin embargo fui yo el que fue decayendo casi al mismo empezar.

Saliendo de la universidad recibí una oferta de la misma para ejercer como académico pero, sin embargo, dadas las condiciones de mi novia, decidí emigrar junto con ella y rechazar el trabajo. Había escrito mi primer libro ya en el tercer año y lo publique en la editorial interna de la universidad y como era de suponerse, no fue muy leído por nadie ya que jamás salió de ese campus.

No era viejo, pero entré en crisis casi al mismo momento de pisar la ciudad. No tenía ideas, se me había acabado el dinero y no encontraba un lugar donde trabajar. En ese espíritu llegamos a vivir a la posada. Nuestros problemas se multiplicaron ahí donde la falta absoluta de vida sexual y el hecho de que no quisiera darme algo de dinero me trastornaba. No se equivoquen, yo la amaba, pero simplemente las cosas se comenzaron a hacer muy difíciles y, por lo demás, no creía ser lo que ella necesitaba y así, sin decir más, se marchó y para ser franco, a pesar de mi tristeza, fue un gran peso que me quite de encima.

A veces quiero morir realmente y es que vivo rodeado de pobres diablos y me cuento entre ellos, creo. La mayoría sin empleo y unos malditos pendencieros, es decir, se pelean y discuten incluso por la comida. No me disgusta que uno quiera comer más que otro pero no soporto ver que se lancen jarros de porcelana por la cabeza por algo tan banal como una pieza de pavo frito.

No solía salir de mi habitación, durante esos días me convertí en un asiduo fanático de la ginebra y no fueron pocas las noches en que me emborraché ya que, además, no había nadie que me recriminara y estando solo, realmente no había mucho más que hacer salvo ver algo de televisión y escuchar un par de vinilos mientras extraía la cama del armario y la armaba. La misma, estaba llena de resortes salidos y siendo así, debía empujarlos hacia la parte inferior del colchón de esponja y cubrirlos con la improvisada sabana que tenía y, como no disponía, por lo menos ahora de un cobertor, pasaba un frío de los mil demonios en las noches.

Pensaba en lo fácil que era romper un corazón con un par de palabras, pero también me sorprendía como había pasado del absoluto desgarro a una indiferencia tan fría en solo un par de días.

Hace un par de días he adquirido la costumbre de mirar por la única ventana de la habitación, la que para mí buena suerte da a la avenida y ahí, veo a las gentes pasar. A eso del medio día bajo las escaleras y voy a almorzar a la cafetería de enfrente, la comida es terrible, pero al menos es lo suficientemente económica como para que el dinero me dure aunque fuese un poco más.

Me siento como un viejo, es decir, no tengo nada más que hacer que mirar por la ventana y ver televisión. Trabajaría, pero no creo ser capaz de hacer nada excepto para lo único que me considero bueno: escribir.

No hay ideas ni historias que contar a mí alrededor, todo ya parece haberse dicho y eso es una vergüenza. Mientras yo, con mi máquina de escribir ya he desperdiciado cientos de hojas tratando de unir ideas de manera decente. pero, con el llanto de los niños y el entusiasmo por el partido de la liga de fútbol nacional del resto de la comunidad, era imposible concentrarse. La habitación no obstante ser relativamente pequeña tenía una cocina, en ella solo había un refrigerador que estaba incluido, no porque yo lo hubiese comprado. Abrirlo era una carcajada asegurada por día ya que no había nada dentro, ni siquiera leche agria o las llaves de la habitación, lo único en el interior era la mitad de un limón y que, para colmo de males, estaba seco.

Esa noche miraba las estrellas y sacaba la cabeza por la ventana como para oír el silencio sepulcral que solo un gato rompía. No sabía si esto era producto de mi mala suerte o había caído demasiado bajo. Miré el reloj y este apuntaba las 00:34 hrs. Y ya desnudo o más bien semidesnudo, me dispuse a intentar dormir. Pero, cuando ya estaba cayendo en el sueño tan deseado tocaron la puerta violentamente, yo di un salto involuntario cayendo de la cama, a lo que grité:

- ¿Quién carajo molesta a esta hora? Quiero dormir

- Tranquilo – dijo la voz desde el otro lado de la puerta – es una carta que llegó para ti

- ¿y no podía esperar otro momento para entregarla?

- Acaba de llegar – dijo la voz

Luego de esto una carta se deslizó por debajo de la puerta y, para mi sorpresa, era una carta de mi amigo Drago, un antiguo compañero de andanzas en la universidad. No tenía idea de cómo me había encontrado pero ciertamente era un agrado saber de él. En ella me invitaba a visitarlo y me daba una dirección. Con veinte grados bajo cero observo el reloj de la estación y el calendario que marca el primer día del cuarto mes de 1984, era mi cumpleaños y no podía evitar pensar que sería de ella ahora y si quizá, al menos por un momento hubiese recordado mi nombre.

En el vagón todas las vidas se entrecruzan, millones de destinos encontrados día a día y de palabras valiosas que se pierden en la vorágine de un solo segundo, historias que se desvanecen mientras las luces del túnel se suceden.

Si el mundo acabase hoy, no me importaría y supongo que no tengo nada más que decir. A veces medito del porque he dirigido mis pasos hasta aquí y no soy capaz de responderme. Me aterra saber que me observan porque cada mañana al verme al espejo me veía lánguido y cansado, no sé de qué.

Al salir a la superficie ya había anochecido, los tejados brillaban con el resplandor de la nieve y muy pocas almas se dejaban ver por las calles. Piel y alma de ciudad indiscutida a cada uno de mis pasos, al alzar la mirada no puedo ver un solo árbol cubierto por la nieve, ni aun una flor, sino tan solo casas que se disponían una al lado de la otra, no me detuve a contemplar la maravilla arquitectónica pues estaba a punto de congelarme, el viento frío calaba los huesos.

Al llegar al 354 de la calle Hafnafjordur me sorprendí al ver dos torres hermanas que se erguían una al lado de la otra, estaban rodeadas por extensos segmentos de césped ya quemado dadas las inclemencias del clima. Entrar al lugar fue más fácil de lo que parecía, el vestíbulo estaba decorado solo por un par de estatuas labradas y un sofá de dos cuerpos. El ascensor arribo al piso diez y abrió sus puertas, parecía haber llegado al paraíso o bien, a una institución mental. el pasillo era blanco, asimismo las puertas y el corredor parecía no tener fin. No se escuchaba sonido alguno, casi podía oír mi sangre fluir y lo único que rompía la solemne quietud era el sonido de mis botas en el piso de cerámica.

Al llegar a la puerta me sentía extrañamente aterrado como si una parte de mi quisiera escapar del lugar dada la atmósfera de creciente angustia en mi interior.

Golpee la puerta tembloroso y con la convicción casi segura de que esta no era exactamente una buena idea. Abrieron la puerta y en efecto, era Drago quien estaba frente a mí, pero para extrañeza, estaba casi irreconocible del chico fortachón y hábil que pululaba por las aulas de aquella universidad Yugoslava hasta unos años atrás. Ahora estaba delgado, casi esquelético, su tez pálida y su pelo descuidado, caminaba algo encorvado y sinceramente fue inesperado verlo en ese estado, pero como era evidente, hice hasta lo imposible por disimular esa sorpresa.

Fui convidado a sentarme en el improvisado living que yacía lleno de vasos rotos en la mesa de centro, latas de cerveza en el piso mientras un penetrante hedor a humo de cigarro dominaba el lugar a sus anchas.

Nos sentamos un rato, sin saber que decir el uno al otro, solo nos observábamos con una expresión que delataba incomodidad y velado forzamiento. Después de un rato, inicie la plática con un conocido cliché:

- Hola Drago – me detuve buscando algo que decir -¿Cómo te ha tratado la vida hombre? Hace mucho no nos veíamos

- Si – dijo el secamente

- Y bueno… aquí me tienes

- Así que no has triunfado – dijo

- Para mí lamento así es, pero aun no me quejo – dije – al menos… no demasiado

- ¿quieres una cerveza?

- Muy bien

Fue una conversación muy extraña que transcurrió entre aburridos monosílabos, discos de Styx y una que otra cerveza de pésima calidad, pero que al menos servía para sentirse un poco más relajado.

De pronto pude observar que el chico buscaba algo entre sus cajones, yo no quise preguntar nada, no deseaba ser indecoroso, pero, de pronto dejó algo en la mesa y dijo:

- Tengo esto para ti, estoy seguro que te gustará

Yo mire con extrañeza

- ¿Estampillas de Roy Lichtenstein? – Pregunte extrañado

- ¡No imbécil! – dijo el – es LSD

- Ya veo, ya veo - dije

- Vamos… ¿quieres o eres tan cobarde como lo eras antaño? – dijo desafiante

Yo pensaba, estaba completamente consciente de lo que las drogas podrían eventualmente provocarme pero realmente no creía tener mucho que perder esta vez, de todos modos estaba solo y quizá… sin un solo amigo.

Lo tomé y me senté en el diván, el me dejo solo y se marchó a su habitación. Cualquiera hubiese pensado que hubiese querido robarme, pero realmente no traía nada de valor conmigo, nunca.

Cerré los ojos y pude ver un universo de colores alternos y, en el fondo de ese universo una fotografía que yacía borrosa, podía escuchar el sonido de pájaros trinar a la vez que me sentía caer. De pronto pude ver el universo y al planeta tierra. Pero, mágicamente todas las cosas conocidas comenzaron a converger en una sola y todo el universo se unió en torno a un solo ser. Pude entender que no estamos solos, no me refiero a otras inteligencias o seres, sino a la materia misma, que todos nacemos del mismo lugar y somos uno mismo con el universo completo.

Pude escuchar respirar los árboles, oír hablar a los ríos y rugir a los volcanes mientras todos los colores de la escena se escurrían y se transformaban de verdes en azules oscuros para luego tornarse de un salmón verdoso, mientras, en la esquina superior derecha del firmamento se encontraba un reloj dorado, sin números, solo el minutero y el segundero avanzaba, muestra de que el tiempo no se detiene y es efímero y por tanto no es valioso ocuparse de él, sino de cuan iluminadas sean nuestras visiones de nuestro tiempo y nuestra realidad.

En esto estaba cuando de súbito comencé a flotar, pero luego toda la visión se condenso en mi ojo y comenzó a retraerse y explotó en una llamarada de fuego de la cual nació una Dragona, volaba fuerte y alto mientras batía sus alas y destruía a sus adversarios de manera cruel y sádica. en su semblante se intuía satisfacción. al posarse frente a mi, el horror congelo mi sangre. Extrañamente solo puso su ala sobre mí la cual no me quemó, me sentía morir y sudaba profusamente, al menos en este cuerpo de carácter espiritual, pues mi cuerpo físico sufría una horrible taquicardia y se retorcía en el diván, cuan gusano atrapado entre paredes de sal. Sentí la voz de una mujer y solo en ese instante pude abrir mis ojos, me sentía algo perdido, algo acabado, algo ciego y no podía realmente hablar, aun no había acabado de ordenar mis pensamientos.

Me levante trastabillando, y casi arrastrándome por el mullido piso alfombrado del lugar llegué a la terraza. Al observar la vastedad del cielo nocturno y las luces que todo lo iluminaban me sentí particularmente aliviado y suspire a la vez que trataba de calmar mi corazón que parecía querer salirse a la vez que mis niveles de sudoración aumentaban considerablemente cada vez.

Todos las cosas escurrían mientras, en la piscina una imagen de la dragona fluía con el agua y yo sin pensarlo, me lancé al vacío, diez pisos, para mi suerte, precipitándome en el lugar correcto. El dolor del impacto fue mínimo creo en gran medida por lo adormecido que se encontraba mi cuerpo en aquel momento. Comencé a vociferar palabras y pude percatarme de que muchos me observaban y, a pesar de que estaba consciente de ello, mi mente no podía conectarse con mi cuerpo provocando que actuara casi involuntariamente, no era yo quien estaba casi ahogándose en esa piscina, no podía reconocerme.

Observe tres hombres que se acercaban a mí con unas sábanas en sus manos y que, a pesar de mis múltiples gritos y negativas, me llevaron fuera de la piscina

Me sentaron en el borde, yo me paré y me fui, convencido de que esta no había sido una buena experiencia y, que lo pensaría mucho antes de volver.

Mis ojos rojos me quemaban y mi cuerpo estaba hecho agua, parecía que me desvanecería en cualquier minuto. Mis pies se movían involuntariamente, mis pensamientos no estaban conmigo ahora, mi vista no estaba conmigo ahora, mi tacto no estaba conmigo ahora. Solo las ansias de que todo acabara en un momento para poder descansar en paz.

Llegue a casa más demorado de lo que era habitual en mí, no recuerdo si era de día o de noche, solo sé que estaba empapado, goteando y que mi lengua yacía seca. Subí a la recamara y me encontré con un raro anuncio adherido a la puerta. Era un anuncio de desahucio. Yo me quede largo rato observándolo y analizando sus colores y las formas de las letras, como si no entendiera absolutamente nada. Dada mi carestía de dinero no había podido pagar ya varios meses y bueno, era la razón más sensata del porqué del cartel. Tenía una semana para marcharme y dejar todo como se me había sido dado, es decir, como un maldito basural.

Había pensado en quejarme con el posadero, pero cuando lo pensaba bien sabía que no había nada que decir en este momento, pues esta vez sí era completa y absolutamente culpable. Al entrar a la habitación me desnude como solía hacerlo mientras me observaba en el espejo con mucha curiosidad, como si nunca me hubiese visto en algún metal pulido, y al verme solo dije:

- ¿Quién soy ahora?

Supongo que no era tan fácil responder esa pregunta, cuando más dudas que certezas inundaban mi vida. Miraba mis manos pero no las observaba. ya recostado en la improvisada cama de esponja. Me largue a reír, no porque no tuviera razones para llorar sino más bien porque pensaba que después de todo lo que había hecho para llegar donde me encontraba hoy, estaba viviendo al borde de la maldita indigencia sin tener que comer ni como pagar un lugar donde vivir y como mi vida parecía no ir a ningún lado. La historia de mi vida podía ser indudablemente la historia más banal del mundo ahora y no sabía cuánto había aportado yo a esa visión de vida.

Recuerdo de mi madre, severa mujer con los pies más que puestos en la tierra, nunca fue fácil decir que no para mí, la obediencia era una constante a la que me había acostumbrado desde la primera juventud, pero que sin embargo mientras más horas cumplía en la faz de esta tierra, mas crecían mis ansias de rebelión, y comencé primero tímidamente a ir contra la corriente, como siempre debí haber hecho. Al terminar la universidad recuerdo haber llegado a casa con el cartón entre mis manos, yo me acerque a ella y le sonreí. Ella puso su mano sobre mi hombro y solo dijo:

- Me haz decepcionado una vez más, no quiero que regreses jamás

No dije nada, solo bese su mejilla y marché… a veces la recuerdo y no puedo evitar pensar en donde se encontraran ellas ahora, pero curiosamente no las extrañaba, solo había aprendido que las cosas eran mucho más duras de lo que siempre aparentaron. La moneda de la vida se había detenido y estaba detenida de canto encima de la mesa y dependía de mí solamente a qué lado cayera, pero bien lo sabía, solo tendría una oportunidad.

Hacía mucho frío, al ver el reloj este apuntaba las cuatro de la madrugada y volví a reír, observe el techo cubierto de papel tapiz celeste descascarado y dije:

- ¿y ahora qué?

Realmente había llegado a un punto de mi vida, en que no sabía que sucedería luego, había esperado veinte años de mi vida a que esta comenzara, pero ahora que realmente estaba despierto y por de pie por mis medios, no me permitiría hundirme un poco más aun de lo que estaba.

Me sentía solo y si bien podía estarlo creo que todo necesitamos un apoyo, aun fuera moral o solo alguien que esté ahí cuando le necesites.

Había conseguido una entrevista para trabajar en una emisora de radio como conductor de un espacio musical, se me hacía raro porque me querrían a mi conduciendo un programa radial pero ese no era momento para preguntar sino de actuar, era hora para tomar otro trago de vodka e intentar volver a dormir por primera vez desde hacía mucho, realmente no se desde hacía cuanto no dormía.

Esa mañana me levante con un semblante horrible y una sensación de letargo pocas veces vista en un hombre de mi edad, me vestí con mis mejores ropas planchadas con la mano y una corbata roja que había encontrado debajo de la cama. El hombre en el espejo se veía horripilante así que decidí cambiarme e ir solo con una vestimenta más común.

El día despuntó conmigo sentado en la cama y preparándome para llegar. Salí con la convicción de que se me haría muy difícil volver a la posada sin que me echaran por la fuerza o bien recibir un ultimátum.

Me aleje lentamente por la nieve como un niño: despreocupado y temeroso. Despreocupado y temeroso del mundo a la vez, por un lado de lo que no comprendía y por otro de lo que llegara a ser después de esta mañana.

Llegue a la emisora y me senté en el banquillo de madera, parecía mas un banquillo para acusados que una emisora de radio el nombre de la emisora era Radio KAOS 88.3 FM. De pronto entró un hombre de voz profunda que hizo un par de preguntas que respondí algo tímido, se podía notar el temblor de mi voz aunque no el miedo que era predominante en un momento como este, finalmente dijo:

- te daremos una oportunidad, vuelve hoy a eso de las 10 de la noche

Yo di las gracias y me marche corriendo al bar, un trago haría desparecer todos esos complejos de una vez y al quinto trago mi voz ya se parecía entrecortar un poco y en ocasiones podía volverse algo traposa

- ¿Qué voy hacer ahora? – decía nervioso

- ¿Qué vas a hacer? – dijo el cantinero

- Necesito conducir un programa radial y si no lo hago bien… muera probablemente

- No hay nada que un trago no ayude – dijo el cantinero

Tomé el trago de poco en poco, mi ojo latía. Salí del lugar, por alguna extraña razón no me sentía seguro ahí y es que ver a una pareja discutiendo y a un tipo inyectándose heroína frente a una multitud no era muy común que dijéramos y me intimidaba hasta cierto punto. Afuera el sol se había despedido y todos volvían a sus casas, la ciudad era un verdadero pueblo fantasma donde nadie parecía habitar y donde las almas parecían morir luego de las nueve de la noche.

El reloj marcaba las nueve y media cuando comencé a dirigir mis pasos hacia la radio, era un edificio de unos tres pisos que tenia en su parte superior el nombre de la estación brillando con luces de neón verde y sobre el techo una antena gigante. Al acercarme lo suficiente podía oír el sonido de las ondas radiales que cruzaban el infinito firmamento.

Al entrar me encontré con un vestíbulo vacío, el silencio solo era interrumpido por una débil música que parecía venir del segundo piso, yo tuve la intención de vocear algún saludo pero pronto caí en la cuenta de que aquello no era necesariamente una buena idea.

El vestíbulo estaba lleno de cuadros pintados al óleo y esculturas de madera rustica, el piso estaba lleno de alfombras de diferente color, era difícil distinguirlos en la oscuridad. Tome algo de aire y comencé a subir por la rechinante escalera, muy lentamente con mucho sigilo, una vez arriba me encontré ante un pasillo con seis puertas todas estaban cerradas excepto la del fondo. Ya todo este asunto de la radio me estaba comenzando a intimidar de una forma casi erótica por momentos, porque:¿que sucedía si me encontraba con un asesino o algo peor? Me asome tímidamente: primero la cabeza, luego el resto del cuerpo y solo vi al tipo que me había entrevistado en la tarde tirado en un diván escuchando música muy tranquilamente, como esperando algo, yo me asome y dije:

- buenas noches. Mi nombre es Maribor

- siéntate Maribor – dijo el tipo

- ¿a que he venido aquí?

- A conocer tu nueva estación de trabajo

- Es muy oscuro todo aquí ¿no cree?

- Deberás acostumbrarte, hace falta un locutor para el horario de trasnoche

- Ya veo

Me mostró la cabina de transmisión, la misma no tenia aislante y solo era una mesa con un micrófono y un teléfono. Tenía un indicador que mostraba cuando estábamos al aire y cuando podías hablar con libertad

- debo presentarte a alguien – dijo el hombre – fue al baño y ya vuelve

Yo me quede esperando, sin hablar, en el vestíbulo, el tipo me había dicho que en cuanto estuviese todo listo bajaría y eso sucedió al cabo de unos quince minutos. Bajo con un hombre de altura media que desde la escalera ya venia saludándome con su mano, la plática transcurrió entre presentaciones y cortos discursos que a ratos se hacían tediosos , me mantenía atento y tan solo asentía cuando me preguntaban si estaba entendiendo lo que me estaban diciendo.

Subí a servirme un pequeño café y a revisar los discos que eran en su mayoría de música que me agradaba bastante, lo único que me ponía nervioso era el hecho de tener que hablar con los radioescuchas durante el lapso que durara el programa, yo no era un hablador por naturaleza así pues debería sacar lo mejor de mi personalidad para sacar este asunto adelante.

Me senté un momento a contemplar la noche desde la ventana en un altillo, pude ver la noche ser salpicada por la luz de la luna. Me quede pensando en mi vida y porque no, también en ella, aun no la había podido olvidar del todo, solo el licor era magia y olvido para mi.

Ellos me miraban y cuchicheaban entre si mientras una alegre canción dominaba el ambiente

- ¿Qué opinas de todo esto? – pregunto uno de los hombres

- Que puedo decir – dije algo compungido – me siento halagado y a la vez nervioso. Me toma por sorpresa. Este es mi primer empleo formal desde… bueno, es el único empleo que he tenido. Pero estoy seguro de que las cosas se darán bien.

Baje las escaleras, mañana a las diez de la noche se comenzaba a escribir mi destino. Caminaba sin rumbo fijo, después de todo estaba desahuciado de la habitación, no había apuro en llegar. La nieve comenzaba a arreciar y mi traje al fin servia de algo, al irme, la música seguía sonando.

Me dirigí hacia la parada del trolebús y esperé, unos cinco minutos. El trolebús se detuvo sin ningún pasajero en su interior, pague los cinco francos y me senté, aun pensante y con mucho frío.

Al llegar a casa cerré mis ojos y no puse mi atención en nada más que no fuese lo que estaba por venir, algo me decía que mañana seria el día en que las cosas cambiarían y después de todo ¿Qué tenia que perder? Absolutamente nada y en ese espíritu deseche la enagua de mi novia, era momento para levantarse y comenzar de nuevo, porque después de todo, ella no me recordaba y ¿Por qué habría yo de sufrir por ella?

Saque la botella de whiskey que tenía debajo de la cama y brinde a su memoria, un trago largo que me quemo la tráquea. Hice una mueca y caí rendido en la cama, ya sin el nervio de su recuerdo y sin la profunda herida de la culpa que me hacía sangrar de tanto en tanto.

Cerraba mis ojos y trataba de conciliar el sueño, como quien trata de buscar una aguja en un pajar, y como tal se me hacía casi imposible, vueltas y vueltas en la cama tratando de buscar algo de calor ya no tangible como antaño, pero caí al sueño antes de darme siquiera cuenta. Desperté a las cinco de la madrugada mi radio reloj se había auto programado y me despertaba la alegre música de la radio. Sentado en el piso de la habitación, semidesnudo reflexione que hacer, las voces en mi cabeza daban un sin fin de recomendaciones pero sin embargo no podía tomar ninguna de ellas. Decidí comenzar a empacar mis maletas para largarme del lugar, no sin antes limpiar la habitación y, sin advertirlo, estaba fregando el piso y las paredes mientras una voz dentro de mi decía que no merecía estar haciendo nada de lo que hacía.

“Esto es Radio KAOS 88.3 FM “resonaba, era la voz de uno de los chicos que había conocido ayer, me preguntaba qué harían a las seis de la mañana en la estación y, para mi sorpresa, estaban promocionando mi programa “Hoy a las 23 horas Maribor Dragutinovic conduce Radio K.A.O.S el nuevo programa de trasnoche de tu Radio, Radio KAOS 88.3 FM en el dial.”

No me gusto como sonaba cuando decían hoy, tenía sentimientos encontrados, por un lado una extrema emoción y por otro, un miedo casi incontenible, tenia deseos de escapar de mi destino, pero esta vez estaba de manos atadas.

SonabaMünchenerFreiheit mientras sacaba las maletas empolvadas desde la repisa de la habitación, tenían telas de araña por encima que opacaban sus colores, con un paño las sacudí y mostraron su color: rojo y negro respectivamente. Las deje encima de la cama de esponja y reuní mis efectos personales mas importantes junto a mi ropa la cual trate de acomodar en una de las maletas, pero la misma se abrió, supongo que debía doblar la ropa y no intentar colocarla a presión. lo hice con mas calma y cerré la maleta. En la segunda introduje los vinilos que guardaba como un tesoro debajo de mi cama, estaban junto a mis botellas de cervezas y licores por eso es que las portadas de los discos tenían algo del hedor fuerte propio de la cerveza, pero no era nada que no se pudiese remediar con algo de aire.

Eran las ocho y me vi con las maletas en la puerta, baje con cuidado y deposite mis llaves en el frutero del comedor de la posada, no quise despedirme de nadie, las despedidas hacían florecer toda mi melancolía y no me servía de nada pensar que no tenía ningún lugar para pasar la noche, solo tome un sorbo de Whiskey y Salí afuera, a la civilización una vez más y es que hoy era tiempo de un cambio y de mi visita mensual al Psiquiatra. Tenía la dirección en la mano, no conocía el lugar ya que a pesar de todo seguía siendo un extraño en la ciudad, además planeaba llegar a eso de las diez y media de la noche a la estación. La dirección rezaba “ calleNys 254 ” desde luego eso no me sonaba a nada, así pues comencé a caminar a la parada de autobuses, nevaba esa mañana como venía haciendo hasta hace algunos días. En la parada de autobús reina la soledad, solo un hombre espera temblando de frío, yo me preguntaba si el sabría algo sobre la dirección. Me acerque y lo aborde con amabilidad

- buenos días – dije con una voz suave - ¿sabe dónde podría encontrar esta dirección?

El hombre me observo algo descolocado

- ¿estás seguro que quieres ir allí?

- por supuesto – dije - ¿Por qué habría de no querer?

- Es un lugar algo peligroso

- Bueno, eso no importa – dije

- Está bien. Debe tomar el autobús número veintitrés

El hombre se fue en el autobús inmediatamente posterior, el veintidós. Me senté pensando en tantas cosas, como si pensar me hiciera olvidar al lugar donde iba a parar. Sabía que era complicado, pero debía enfrentarlo.

Subí al autobús en silencio y sentado comencé, quizás por primera vez, a observar la ciudad: grandilocuentes edificios y casas antiguas que a veces parecían del siglo pasado se conjugaban en un hermoso mosaico de colores y olores maravillosos. Sin embargo, mientras más avanzábamos el panorama empeoraba y no solo la vista sino también el hecho de que no veía una sola alma por las calles, solo la soledad y el silencio. Al bajar observe por un momento el lugar y un sentimiento de desarraigo e inseguridad hizo presa de mí. Estaba en la dirección correcta, de pronto se dejaron oír unos disparos y la sirena de un auto, yo me lancé al piso y comencé a arrastrarme por la acera a la vez que ponía mi atención en los números de las casas. Hasta que por fin llegue, me llamo la atención el hecho de que la consulta parecía una casa abandonada, tenía un símbolo anarquista en la puerta e inscripciones en un idioma que no alcanzaba a comprender, pero sobre la puerta un letrero que rezaba “Martin Sliemy, Psiquiatra” abrí la puerta y entré: he ahí el doctor. Me miró en silencio, yo estaba más que molesto por este bochorno que me había hecho pasar.

Una vez sentado nos miramos en silencio, eran ya las tres de la tarde según el reloj de la pared, ninguno de los dos parecía saber cómo iniciar la consulta, pero esta vez decidí que fuera el quien hablara primero

- bueno Maribor… ¿Cómo has estado?

- Primero quiero saber porque me atiende aquí, ¿no sabe lo peligroso que es? ¿No sabe que por poco muero tratando de encontrar la dirección? ¿No lo sabe? ¿No lo sabe?

- Es cosa de presupuesto, aquí es mucho más económico el arriendo de una consulta

- Ya veo – dije secamente – escucho voces

- ¿voces? – pregunto el doctor extrañado

- Si, voces, es decir, como mis pensamientos o a veces voces que me dicen que hacer y qué no hacer

- ¿Qué has hecho al respecto?

- Tomar medicinas, varias para la psicosis y otros síntomas asociados y bueno, es la primera vez que nos vemos y este entorno no me ha hecho mucho bien

- Ya veo

La plática transcurrió más silenciosa que de lo que debiera conmigo presentándole mis demonios, él ni siquiera noto las maletas que llevaba y yo no estaba de humor para explicarle el porqué.

Salí de la consulta con el nervio tomado, es decir, no había sacado nada más que un tipo me dijera que no debo tomar alcohol y me recetara ciertas medicinas que ya estaba tomando y que no me habían hecho efecto.

Estaba indignado, este tipo parecía no entender en lo absoluto mi problema y es que la única que conocía de ello era Lisa, ni siquiera mis padres supieron alguna vez de mis psicosis hace tanto acaecidas, solo la mujer con la que pretendía terminar mi existencia, sin embargo nada ocurrió, era como una consecución de sueños que jamás lograron concretarse y que me habían llevado a un estado de paranoia jamás antes concebida.

La realidad parecía desdibujarse a brochazos gordos desde que había decidido casi por voluntad propia abandonarme al alcohol y la desesperanza junto con mi intención de que todo fuese marcha adelante, pero estaba indignado, lo repito nuevamente y es que estaba tan indignado como nadie podría estarlo; indignado conmigo mismo, indignado con mi vida e indignado con Lisa por abandonarme. Toda esa melancolía se había convertido en una rabia sorda que habitaba en un espacio pequeño dentro de mi corazón y que había dejado salir justo a tiempo.

Comencé a caminar rumbo al parque, Las voces me decían que debía terminar con todo esto de una buena vez, pero aún tenía bastante por lo que vivir.

Eran las seis de la tarde cuando pase por afuera de la posada nuevamente, me quede observándola y recordando los planes que teníamos como pareja joven: formar una familia, tener hijos, establecernos… eran recuerdos dolorosos pero que no podía evitar, de pronto escuche la voz del posadero, el señor Rondin hablar detrás de mí:

- ¿aun vives de tus recuerdos? –dijo

- A usted que puede importarle – dije secamente – ya se deshizo de mí, puede hacer lo que desee

- Si, supongo que no soy quien para interferir con tu vida, solo quería entregarte esta carta – dijo extendiéndome un sobre que tenía una estampilla de Suiza en ella – creo que es de tu novia

- ¿Qué querrá de mí ahora?

- Eso deberás descubrirlo por ti mismo, ahora si me disculpas me retiro

Mire la carta un momento mientras en el fondo de la ciudad se escuchaba un niño llorar. Comencé a caminar un par de calles hasta llegar a la vieja cafetería que solía frecuentar, me senté y pedí un café con una rebanada de pastel de queso. Observe el sobre como pensando si abrirlo o no, por un lado me había estado preguntando quésería de ella y, por otro, quería olvidarme de todo lo que me la recordara así pues decidí no abrir la carta, solo la deseche en el basurero.

Eran las ocho de la noche cuando Salí de la cafetería. Me había entretenido resolviendo crucigramas de viejos periódicos toda la tarde. La ciudad comenzaba a vivir en un espectáculo de luces de neón que parecía enceguecerme, todos parecían salir de sus madrigueras y abrirse paso a través de la noche a la diversión y es que era una noche de viernes que se aprestaba ardua y trabajada.

Llegue al parque con mis maletas y me senté en uno de los bancos y comencé a esperar: observando las luces de la antena de la estación de radio, dando media vuelta viendo la ciudad brillar o solo mirando mis pies

Había una licorería al lado de la farmacia, en cualquier otra ocasión hubiese ido directo a comprar ginebra pero no podía perder mi compostura ahora, estaba rendido a mi destino y lo que este me quisiera dar, nada podría ir tan mal como parecía, cuando mi reloj canto las diez de la noche yo me levante, camine a la estación de radio y subí las escaleras solo para encontrarme con los mismos dos tipos de siempre. Los salude con mi mano sin decir nada

Maribor, te estábamos esperando – dijeron los dos a coro

Yo entre a la cabina y los salude con el mayor entusiasmo posible, ellos respondieron con el mismo entusiasmo

- ¿deberé recibir llamadas hoy? – pregunte

- Por supuesto – dijo uno de los tipos – esa es la base fundamental de nuestra radio, la cercanía con nuestros escuchas, así pues, tú no puedes faltar a esa regla

Mire como decepcionado “esto es Radio KAOS 88.7 FM y son las 22:30 PM” dijo uno de los chicos antes de que comenzara a sonar la siguiente canción. Silbaba mientras observaba los discos pegados en la pared, era una combinación del no saber cómo me comportaría con la emoción de un nuevo reto. La noche estaba tibia y la ciudad vibraba, algo dentro de mi decía que esta seria una noche para recordar.

17. Juli 2018 22:39:59 1 Bericht Einbetten 1
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Sara García Sara García
¡Hola! Soy Sara, embajadora de Inkspired. Estoy revisando tu historia para poder verificarla, pero antes deberías de corregir algunos errores. Procura utilizar separaciones entre párrafos de ser necesario y también en los diálogos para facilitar la lectura. También revisa los signos de puntuación y tildes. Los diálogos se emplean de esta manera: —Quiero verte mañana —dije impaciente—. ¿Crees que podrías hacerme un hueco en tu agenda? También puedes buscar en Internet el correcto uso de los guiones y signos de puntuación en los diálogos, ya que es un poco complicado cogerle el truco al principio. Cualquier duda que tengas puedes comunicármela sin problema, si corriges los errores me dejas un comentario y me pasaré para verificarte la historia. ¡Un saludo!
19. August 2019 15:33:03
~

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