París a través de tus Ojos Follow einer Story

gingerale Allie Fray

Historia para el concurso "Love is in the Air" de la comunidad de Romance y Cuento. Adaline viviría la historia más grande de amor que siempre soñó en París, pero el momento en que terminaría sería demasiado corto.


Romantik Junge Erwachsene Romantik Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#romance #amor #concurso #paris #soyromance
Kurzgeschichte
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Una taza de café, un libro, y una bufanda perdida

"Yo me maté en esa curva (dije señalando su sonrisa)" - Julio Cortázar, me quedé mirando esa frase en el libro que estaba leyendo mientras pasaba mis dedos sobre la página. Por alguna extraña razón causó que le dara una profunda retrospectiva a mi vida amorosa, no había sido una vida amorosa aburrida, como cualquier otra había tenido sus altos y bajos, y tanto buenos como malos recuerdos. En algunas ocasiones creía haberme enamorado, pero ahora que esta frase de uno de los mejores escritores del mundo estaba en mis manos, me percataba de que nunca me había sentido realmente de ese manera por nadie. Me refiero a que, describir la sonrisa de alguien como algo que puede volverte loco, al punto de compararlo con chocarse en un auto en una curva, atentar contra tu vida por pensar en una sonrisa, era algo que definitivamente no había experimentado.

No me consideraba lo que se dice una romántica empedernida, a pesar de que llevaba alrededor de tres años viviendo en la ciudad del amor, París, qué ironía. Pero no me molestaba, después de que casi todas mis amigas se casaran a penas terminaron la universidad, yo decidí viajar por el mundo y hacer lo que se me daba mejor, escribir. Trabajaba a distancia para una editora como crítica de libros, y hoy me había topado con este tesoro de Julio Cortázar. Todo el amor que necesitaba en mi vida lo tenía en mis libros y en un pequeño perro pomeranian que me esperaba en mi departamento. 

"Su cuenta Srta...", venía casi todos los días a este café, pero el mesero siempre parecía tener dificultad pronunciando mi nombre.

"Adaline", le dije sonriendo mientras cerraba mi libro para tomar la cuenta. Era un chico joven que parecía ponerse nervioso cerca de mí, pero como todas las veces no sentía que su sonrisa fuera una razón para matarme. Supongo que hubo un tiempo en el que esperaba encontrar algo así, pero hubo un momento en el que simplemente dejé de buscarlo. Me sentía saturada por la idea del amor, pero sentía que no era la idea adecuada, la saturación del amor hollywoodense era algo con lo que bombardeaban a mi generación desde que nacíamos y sabía que ese no era el amor real, el ideal que encontrabas una vez en la vida, no era eso. Lo sabía porque había crecido con unos padres que se amaron mucho, de hecho la frase de la sonrisa les quedaría perfecta a ellos, pero no importaba qué intentara sentir o con quien, nunca llegaría realmente a comprender lo que se sentía eso, ya tenía 25 años y hasta ahora no lo había hecho una sola vez.

Salí de mis pensamientos, pagué la cuenta del café y tomé mi bicicleta. París en otoño era más hermosa de lo que usualmente es, y al igual que ese amor loco, era algo que nadie podía comprender hasta haberlo vivido en persona. Me gustaba sentir la brisa del viento en mi rostro mientras iba en bicicleta por la ciudad, era el clima perfecto, ni muy frío ni muy caliente, y podía oler el río Sena mientras cruzaba el puente Alejandro III.  

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Después de haber terminado con algunos escritos pendientes para mi trabajo, el cielo ya se había oscurecido. La noche estaba inusualmente fría, por lo que me preparé una taza de té caliente y me senté a contemplar el paisaje desde la ventana de mi departamento, con Chimuelo, mi perro, acurrucado a un costado mío. Su nombre era gracioso para varias personas, pero era un pomeranian pequeño, negro y juguetón y me recordaba a un personaje de una de mis películas favoritas. El cielo no tenía una sola nube esa noche, y podía divisar una luna llena espléndida sobre la Torre Eiffel. Me gustaba pensar que noches como esta eran la señal de un cambio, siempre había sentido una conexión inexplicable hacia la luna, y sentía que esta noche me decía que estaba por vivir un nuevo comienzo. 

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Me desperté con el sonido de alguien llamando a mi puerta. La anterior noche me desvelé contemplando aquel cielo estrellado con esa hermosa luna, por lo que todavía seguía en mi cama. En mi edificio no vivían mas que la Sra. Garnier quien arrendaba los distintos departamentos, mi vecina Eloise y uno que otro turista o estudiante de intercambio que venían a París sólo durante un corto tiempo, en mi opinión intentando hallar tal vez eso que les faltaba en su hogar. Entonces me pregunté si tal vez yo había hecho lo mismo, pero saqué rápidamente esa idea de mi cabeza. Todavía estaba en pijama, pero no me importó y fui a abrir la puerta, esperando ver a un adolescente que me preguntaba por direcciones o a Eloise pidiendo un poco de mi leche, siempre se le terminaba. 

"Eloise me debes deber tanta leche que..." 

El momento en que me percaté de quien estaba frente a mí cuando abrí la puerta me quede sin palabras. No era ninguna de las personas que me esperaba, frente a mí estaba no un adolescente, sino un hombre muy apuesto. Sus ojos y cabello eran color caoba, tenía una barba que se le veía muy bien, llevaba puesta una gabardina larga y un libro y una bufanda en su mano. Pero lo que más me llamó la atención fue su sonrisa, una sonrisa perfecta, no era de hollywood, no era de película, simplemente perfecta y natural, forjada por experiencias que me moría por conocer. 

"Ciao, soy Leonardo, he estado viviendo en el departamento del fondo del pasillo un tiempo, y ayer cuando regresaba vi que se te cayó esto."

Regresé a mirar a la bufanda que tenía en su mano, sin duda era mía, me la había quitado en la cafetería y no la había guardado muy bien en mi cartera, por lo que el viento la debió haber tirado mientras venía en mi bicicleta. 

Saliendo de mi asombro respondí, "Hola, soy Adaline. Sí es mía, muchas gracias", le dije sonriéndole, tomé la bufanda pero Leonardo se quedó en la puerta, parecía que quería decir algo pero no sabía como. 

"¿Vas a vivir aquí de ahora en adelante?", le pregunté, esbozó una media sonrisa y me respondió. 

"He vivido aquí algunas semanas, pero mañana en la mañana tomaré mi tren de vuelta a Italia."

Por alguna razón cuando dijo eso, cuando supe que se iría tan pronto, saberlo me entristeció, quería conocerlo más, sólo había estado por unos segundos en mi vida, pero sentía que él era más importante que eso, que sólo unos segundos.

"¿Cómo es que nunca te había visto antes?", le pregunté.

"Tú no a mí, pero yo a ti sí", me respondió mirándome fijamente a los ojos.

"¿A qué te refieres?"

"Te vi el primer día que llegué aquí, a través de tu ventana", mi ventana daba a la calle, "estabas leyendo un libro de Charles Bukowski, con tu perrito descansando en tus piernas." Me reí un poco frente a esta descripción tan detallada. 

"Recuerdas mucho los detalles para ser un chico", y guiñándome un ojo con aquella sonrisa encantadora me dijo. 

"Soy el único en mi clase", mi corazón latía a mil por hora y generalmente no hacía esto, pero por alguna razón se sintió muy bien cuando le pregunté. 

"¿Quisieras ir a tomar café conmigo? Puedo darte tu último tour por París.", miró a un lado pensando en lo que debía responder y finalmente dijo. 

"Odio que sea el último, pero me encantaría que sea contigo", y ahí estaba otra vez, esa sonrisa en la que me mataría.

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"Es increíble que en todo el tiempo que estuve aquí no haya encontrado esta cafetería", me dijo Leonardo, mientras esperábamos sentados en una de las pequeñas mesas de aquel lugar que nos trajeran nuestros cafés.

"Es un lugar especial que sólo un grupo selecto de personas conocemos", le respondí bromeando. Leonardo me miró sonriendo, no parecía observarme, sino sólo contemplarme, como si no pudiera creer lo que estaba viviendo. 

"¿Sucede algo?", le pregunté.

"No, no es nada, sólo que siento que debí haberte hablado hace mucho, pero nunca me atreví a hacerlo".

"¿Y por qué crees que no lo hiciste antes?"

"Para serte sincero, no lo sé, siempre parecías ya tener todo lo que necesitabas. En tus libros y tu pequeño perro." Lo que dijo me dejó pensando mucho, y sabía que responderle, pero no podía decírselo ahora, por suerte nuestros cafés llegaron justo en ese momento.

"Bueno entonces, me decías que mañana regresas a Italia", noté que ese no era el cambio de conversación que Leonardo deseaba, pero decidió dejarlo pasar. 

"Sí, nací y crecí ahí, en Roma, y todavía continúo viviendo en esa ciudad." Italia siempre me había parecido un país cautivador, así que le respondí.

"Debe ser hermoso", Leonardo miró a un lado por un momento, y me fijé que el sol hacía que sus ojos se vean de un color más claro, algo miel, y sólo podía pensar en perderme en ellos. 

"Lo es", me respondió finalmente, "pero nunca había salido de ahí, bueno conozco otras ciudades de Italia, pero no conocía otros países, no conocía el mundo, y quería sentir algo más. Creo que quería vivir, sí sólo vivir, porque sentía que no lo estaba haciendo. De alguna manera, llenar un vacío, un deseo grande de aventura." Pude notar que se había puesto a pensar un poco en voz alta porque se calló de repente, pero todo lo que había dicho me pareció maravilloso, hacía que mi pecho estallara y que quisiera conocer todo de él. 

"Así que, ¿quieres aventuras?", le respondí mirando a la taza de café en mis manos y luego a él, directamente a sus ojos, "ven conmigo y vivirás la aventura más grande que hayas tenido." Me incorporé y le extendí mi mano para que la tomara, Leonardo sólo me miró con esa hermosa y gran sonrisa en su rostro, tomó mi mano y me dijo. 

"No pienso que podría vivirla con nadie más."

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Era un día soleado, con el cielo despejado, como había sido la noche anterior. Así que decidí llevar a Leonardo a uno de mis lugares favoritos. Estaba segura de que ya habría conocido casi todas los lugares que un turista en París debe conocer, pero de todos ellos, éste era mi favorito y me gustaba venir aquí siempre que podía, porque había un lugar que, al menos eso quería creer, sólo yo conocía aquí en los Jardines de Versalles. Leonardo y yo estábamos caminando hacia la gran fuente en el centro cuando decidí decirle. 

"Hace un rato, cuando mencionaste que sólo querías vivir, yo también me he sentido así muchas veces. Bueno, lo hacía antes, cuando me mudé a París el sentimiento se fue durante un tiempo, pero a veces regresa, es como si me faltara encontrar la pieza que me hace falta." 

"¿Y por qué sigues viviendo aquí entonces?", su pregunta me desconcertó un poco. 

"¿Qué quieres decir?" 

"A que si todavía no sientes que hayas encontrado lo que te hace falta para sentirte viva, tal vez debas buscarlo en otro lugar." 

"¿Y por qué tu vas a regresar a Italia entonces?" 

"Buen punto, me atrapaste con eso. Tienes una respuesta astuta para todo", me reí y le respondí. 

"Créeme, no podrías conmigo." En ese momento unos chicos pasaron en bicicleta junto a nosotros a una velocidad muy rápida, causando que me tropiece, pero Leonardo reaccionó rápido y me atrapó en sus brazos antes de que caiga. Pude sentir que era muy fuerte, y tener sus brazos a mi alrededor hacían que deseara que no me soltara nunca, cuando me incorporé continuaba abrazándome mientras nos mirábamos fijamente a los ojos. Empezó a acercarse, pero lo detuve. 

"No, no aquí, hay un lugar muy especial que quiero mostrarte", miró al piso aún abrazándome, pero luego sonrió y me dijo. 

"Debo esperar aún más por ti entonces." 

"Sólo un poco", le respondí guiñándole un ojo, "vamos sígueme."

Continuamos caminando por aquellos hermosos jardines hacia mi lugar secreto, el jardín al que siempre había ido sola porque no creía que nadie más se merecía verlo, nadie lo vería de la misma manera que yo, pero sentía que Leonardo sí. 

"No había escuchado tu nombre hasta hoy en la mañana en tu puerta. ¿Qué significa?" 

"No me sorprende, no es un nombre muy común, de hecho es de origen alemán, me nombraron así por mi abuela materna. Mi mamá la quería mucho y falleció antes de que yo naciera, este collar que llevo le pertenecía a ella, y mi mamá me lo obsequió el día en que me mudé aquí." Saqué el collar que estaba debajo de mi suéter y se lo mostré, era una pequeña cadena de oro con la inicial de mi nombre en él y le dije. "Sé que este collar significa mucho para mi madre, así que no he dejado de utilizarlo ni por un sólo día desde que llegué a París." 

Nos detuvimos mientras Leonardo miraba mi collar respondiéndome.

"Es una historia hermosa, tu madre debe ser muy importante para ti."

"Sí, ambos de hecho, mi padre y mi madre, son lo que más extraño de Boston, y siento que hoy en día muchos pierden o se alejan de sus familias, y yo no quiero hacerlo, son parte de mí", y continuamos caminando. 

"Te entiendo, en Italia las familias son muy grandes, pero en mi caso sólo fuimos mi padre, mi hermana y yo siempre. Mi madre enfermó gravemente después de tener a mi hermana y falleció, y nuestra familia es grande, pero siempre he sentido que la felicidad de nuestro padre depende sólo de nosotros dos, por eso también es que varias veces quise emprender este viaje pero no lo había hecho hasta ahora."

Leonardo no dejaba de sorprenderme. Pensando en lo que acababa de decirme, me percaté que lo había juzgado sin conocerlo tan bien, parecía el chico que tenía todo resuelto en la vida, y que había venido de vacaciones a París como si fuera cualquier otro viaje que hiciera. Pero ahora me daba cuenta que para él significaba más, era como si fuera la primera vez que estuviera creando su propia historia.

"Siento mucho lo de tu madre Leo. No tenía idea."

"No te preocupes, y gracias. Es fácil hablar contigo, aunque sean cosas tristes, al hacerlo me siento bien, me haces feliz. No tienes un nombre común porque una persona como tú no se merece un nombre común Adaline, es hermoso y único, y tú también." Y de pronto me acercó hacia él con uno de sus brazos mientras acomodaba un mechón de mi cabello detrás de mi cabeza. Todo esto era irracional, e ilógico, a penas llevaba conociendo a este chico medio día pero era como si todo mi mundo hubiera estado dando vueltas desde entonces. Además, mañana ya no estaría aquí, debía tomar la decisión más racional, la que no me causaría dolor, pero no quería hacerlo, quería tomar la decisión que me llevara a amar, a amarlo y a tenerlo y a sentir que por al menos durante este corto tiempo, él sería sólo mío. Entonces no lo aparté, me dejé llevar en sus brazos, en sus ojos, en su olor, y en esa hermosa sonrisa que sus labios dibujaban, en esa curva en la que me mataría, la contemplé como nunca antes había contemplado algo en mi vida, y de pronto nos estábamos besando. Era un abrazo fuerte y ansioso, y un beso como nunca lo había recibido, sabía a café y olía a algo embriagante, una colonia que me enloquecía y sólo me hacía desear más de él. Me sostuvo más fuerte por la cintura y yo rodeé mis brazos detrás de su cuello, éramos uno sólo y nunca quería dejarlo ir. 

"Perdimos tanto tiempo", me dijo cuando finalmente nos separamos. 

"Lo sé, me hubiera gustado que me hablaras antes. Ni siquiera sabía que vivías en mi mismo edificio hasta el día de hoy."

"Cómo te dije, parecías ya tener todo lo que necesitabas." Me quedé pensando en lo que me dijo y volteé a mirar a un lado. 

"Ya llegamos, ven, siéntate a mi lado." Habíamos llegado a mi jardín "secreto", de seguro muchos otros parisinos lo conocían, pero como era un lugar de los Jardines de Versalles un poco difícil de encontrar, casi nunca había nadie aquí, y por eso me gustaba creer que era secreto, y de hecho, justo ahora Leo y yo nos encontrábamos completamente solos. Mientras se sentaba a mi lado en la banca lo observé, observé como el viento hacía que se mueva su cabello, como los colores oscuros de su ropa hacían que sus rasgos y ojos caoba se notaran más, como el sol creaba sombras en su rostro que lo perfilaban, como no me quitaba los ojos de encima mientras se movía. Eran sentimientos demasiado fuertes, sentimientos que nunca había tenido antes, pues sólo observándome, sólo con sonreírme hacía que me derrita por dentro. 

"Siempre he sido una persona que ha estado bien. Hice lo que debía, me gradué del colegio, entré a la universidad, me gradué de allí, hice grandes amigos en el camino y siempre he tenido una relación buena con mis padres. Pero sólo era eso, sólo era bien, y yo no quería conformarme con estar bien, por eso vine a París, he estado viviendo algunos años aquí, y parecía que "bien" era todo lo que siempre iba a tener, pero no, hoy me di cuenta que no es así", no sabía si continuar con lo que le estaba diciendo, qué podría creer Leo si a penas nos conocíamos, pero entonces tomó mi quijada con una de sus manos y me hizo mirarlo, pues hasta ahora todo lo que había dicho lo había hecho mirando al frente. 

"Por favor, no te detengas, parece que quieres decir algo muy importante", di un suspiro y continúe, lo que sentía ahora era tan fuerte que no quería dejar que decayera, no quería ser el estereotipo de una joven moderna con miedo al compromiso sólo porque nunca lo había sentido. 

"No es así, porque no estaba bien sólo estar "bien", siempre hubo algo que no tenía, no te tenía a ti Leo". Nos quedamos mirándonos en silencio por un momento después de que terminara de hablar, hasta que Leonardo dijo. 

"Bien, yo nunca me sentí ni siquiera así, seguía por mi vida, pero no viviéndola, porque tampoco te tenía a ti", me abrazó haciendo que pusiera mi cabeza sobre su hombro y continuó hablando, "te vi desde el primer día que llegué aquí, hace casi ya tres meses, y desde ese momento supe que eras lo que siempre me hizo falta. Y desde ahí te observaba algunas veces, los libros que leías, las noches que salías, yéndote de paseo con tu perro, y cada vez que te veía con otro hombre, pedía al cielo que no fuera tu novio. Te veías hermosa haciendo las cosas más simples, y cuando por fin tuve una excusa para hablarte, cuando perdiste tu bufanda, fue el momento más feliz de mi viaje, aunque haya sido muy cerca del final del mismo."

Me sentía tan tonta por haber estado tan cerca de Leonardo todo este tiempo y ni siquiera haberlo notado, supongo que me había acostumbrado tanto a la monotonía de mi vida, que ya no me percataba cuando algo diferente sucedía en ella. Estuve dormida todo este tiempo, pero ahora estaba completamente despierta, perdiéndome en esa sonrisa cada vez que la miraba, en esa curva que me haría encontrar mi destino, y no quería perder más tiempo. 

"Vivamos este día como si nunca fueras a partir, como si nunca nos tengamos que separar", le dije. Entonces volvió a sonreír y nos besamos disfrutando de la eternidad que acabábamos de crear. 

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El día que vivimos Leo y yo fue espléndido. Después de recorrer todos los Jardines de Versalles como dos niños jugando en un bosque, fuimos a vivir París. Estuvimos en lugares que yo ya estaba acostumbrada a ver todos los días, pero con él todo era diferente, parecía estar viendo y viviendo todo por primera vez. El Sagrado Corazón, Notre Dame, la Torre Eiffel, el río Sena, el Arco del Triunfo. Compramos un candado y decidimos colocarlo en el puente de los candados junto a tantas otras promesas de amor que se hacían a diario. Siempre me había parecido interesante ir a ese lugar, me preguntada cuántas de esas promesas continuaron hasta la eternidad y cuántas se oxidaron como muchos candados viejos que se veían allí. Y aunque mi historia con Leonardo sería muy efímera, en ese momento quise creer que nuestra promesa sería hasta la eternidad. Después de comer el mejor crepé de chocolate de mi vida, llegó la hora de nuestra última parada, el puente Alejandro III de vuelta a nuestro edificio, lo cruzaba todos los días, pero sentía que a penas hoy pude apreciar lo maravilloso y hermoso que era. Leonardo y su sonrisa llenaron mi mundo de vida, y no quería dejar de sentirla.

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"Ven a Italia conmigo", estábamos sentados frente a frente en el sillón cerca de la pequeña ventana de mi departamento, conversando mientras comíamos macarrones y Leonardo soltó la propuesta, debo admitir que me tomó por sorpresa. 

Sonreí y le respondí, "Estás loco, tengo toda una vida aquí, no sabría como dejarla a la siguiente mañana."

"No tienes que saberlo, no todo tiene que tener sentido Adaline, nos conocimos hoy y mira todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos sentido", se acercó a mí hasta estar sentado a mi lado y mirándome a los ojos me dijo, "sabes que nunca será suficiente para ti si no nos tenemos en nuestras vidas. Eres el amor que siempre esperé para no sólo estar bien, para no sólo pasar por la vida, sino vivirla, vivirla de verdad." 

Era la mujer más feliz del mundo justo ahora, entonces lo abracé y le dije, "Iré con una condición."

Leo parecía confundido mientras me preguntaba "¿Y cuál sería?"

"Que Chimuelo pueda venir conmigo", sonrió otra vez de esa forma que tanto amaba y me respondió. 

"No me iría sin él. Mi papá y mi hermana los amarán a ambos, como yo te amo a ti", sí, era loco e irracional decir esto con tan sólo un día de conocer a una persona, pero creo que cuando llega quien debe a tu vida, simplemente lo sabes. Así que lo miré a los ojos y le dije.

"Yo también te amo", entonces tomé su rostro con mis manos y lo besé, lo besé como si nada más importara en ese momento, fue como el beso que nos dimos en la mañana pero aún más ansioso y apasionado, y esta vez no teníamos que parar, de hecho no quería que paremos. Me puso sobre él y me abrazó fuerte mientras pasaba mis manos por su cabello. Todas mis sensaciones estaban intensificadas, sentía sus manos recorrer mi cuerpo, sus labios sobre los míos y sobre mi cuello, su olor, nuestras respiraciones aceleradas, el recorrido de mis manos por sus músculos. Sentía que me deseaba tanto como yo a él, y no nos detuvimos, no quería contenerme porque en ese momento supe que aquella curva era en la que quería matarme por el resto de mi vida.

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Me desperté al día siguiente con una llamada a mi celular. Leonardo y yo habíamos dormido en el sillón de mi sala y todavía seguía un poco adormilada y cansada. No quería contestar mi teléfono, estaba tan feliz, y aunque sabría que iría a Italia con Leonardo quería que este momento, sólo de los dos, durara para siempre, pero tuve una corazonada y tomé el teléfono. Era mi padre, contesté en seguida.

"Hola papá, ¿está todo bien?"

"Adaline, hija, ¿cómo estás?", sonaba preocupado.

"Muy bien papá, ¿qué sucede? Suenas muy angustiado."

"Adaline... Es... Es tu madre, está muy enferma", en ese momento todo empezó a suceder en cámara lenta para mí, tenía nauseas y una sensación de presión en mi pecho.

"¿A qué te refieres? Siempre que los llamaba me decían que todo estaba bien, acabé de ver fotos suyas de paseo por el Boston Common."

"Lo sé, lo sé, no queríamos preocuparte, pero a tu madre le dio gripe, creímos que sería como cualquier otra enfermedad pequeña, pero desde ahí no ha estado nada bien y ahora estamos camino al hospital en una ambulancia, no sabemos qué puede ser... Te necesitamos Adaline."

Era como si todo mi mundo se estuviera derrumbando en un instante, pero debía ser fuerte, así que le dije a mi padre. 

"Estoy en camino en el primer vuelo de hoy. Nos vemos papá."

"Aquí te esperaremos cariño", cerré el teléfono y me quedé mirando por la ventana. Leonardo continuaba durmiendo a mi lado, pero no podía verlo, hacerlo me rompería. Sé que no era culpa de nadie, pero estaba furiosa, furiosa con el destino, con el universo, o como sea que quieran llamarle, por haberme hecho sentir viva al fin, pero arrebatármelo todo tan pronto. Lágrimas silenciosas empezaron a rodar por mi rostro cuando Leonardo despertó. Se veía muy feliz, hasta que se dio cuenta de lo que estaba pasando. 

"¿Qué sucede?", me preguntó mientras me limpiaba una lágrima del rostro. 

"No puedo ir contigo a Italia. Me acaba de llamar mi padre diciéndome que mi madre está muy enferma, la están llevando al hospital justo ahora y necesitan que esté en Boston con ellos." No dije nada más y él sólo se quedó mirándome sin saber que responder, vi que las noticias lo afectaron tanto como a mí, primero en estado de shock, congelado, sin saber qué hacer, y luego finalmente me respondió.

"El día que vivimos ayer fue irrepetible y espléndido, no quiero que termine con un mal recuerdo. Quisiera ir contigo..."

"No te pediría que lo hagas", le interrumpí, "tienes que regresar con tu padre, tu también ya has estado mucho tiempo lejos de tu hogar." Tomó mi rostro con una de sus manos y me dijo. 

"Abre tus ojos Adaline", hasta ese punto desde que se despertó, había cerrado mis ojos porque no soportaba mirarlo y pensar en perderlo al mismo tiempo, pero los abrí. Y ahí estaba frente a mí, con la mirada más comprensiva y dulce de todas, manteniendo la calma, siendo mi roca cuando yo no podía ser fuerte. "Tú eres mi hogar", continuó, "por eso te pedí que vinieras a Italia conmigo, porque donde estés tú está mi hogar", entonces miró al piso, se puso más serio y me dijo, "lo que más quiero es acompañarte a ver a tus padres en este momento tan doloroso para ti, pero yo también le hice una promesa a mi padre y debo cumplirla, y que entiendas eso sólo me hace amarte más, y hace que me duela más tener que separarnos tan pronto." Volví a voltear mi rostro y a ver por la ventana, el dolor era muy grande. Pero entonces Leonardo siguió hablando.

"Pero Adaline, no será un adiós, tampoco he olvidado nuestra promesa, y era para siempre, ¿quieres que lo siga siendo?" Lo miré un poco más tranquila y le dije.

"No quiero que nuestro tiempo sea tan corto, siempre serás mi hogar también", Leonardo tomó mi mano y me respondió.

"Nos volveremos a ver, es una promesa, y haré que suceda, sea como sea."

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El estrepitoso ruido de la estación Charles de Gaule me sacó de mi sueño. Desde la mañana después de la llamada de mi padre y la conversación con Leonardo, todo había pasado demasiado rápido, era como si mi cuerpo se hubiera quedado en la Tierra durante ese tiempo pero mi mente no, y ahora el día ya había pasado. El primer vuelo que pude encontrar disponible hacia Boston salía en la noche, por lo que Leo sería el primero en despedirse, lo había ayudado a empacar y ahora sólo estábamos esperando a que su tren llegara. 

"Recuerda nuestra promesa Adaline", dijo y me dio un pequeño beso en mi mano, que después no soltó. 

"Jamás la olvidaré, y jamás te olvidaré a ti Leo", nos abrazamos y pude escuchar el sonido de su tren llegando. 

"Mantenme informado de lo que sucede con tus padres, espero que no sea nada grave, y nunca dejes de ser mi Adaline", nos besamos sin que nos importara dónde nos encontrábamos o quien nos rodeaba, hasta que hicieron la última llamada a su tren, nos separamos y le dije.

"Hasta pronto Leo", me dio un beso en la frente y subió a su tren, pero un segundo antes de que la puerta se cerrara volteó a verme sonriendo, creo que siempre lo supo, que su sonrisa era la que me llenaba de vida, pero cuando ya no la vi ese sufrimiento profundo volvió a apoderarse de mí, y entonces lo comprendí. "Yo me maté en esa curva dije (señalando su sonrisa)" - Julio Cortázar          


13. April 2018 21:58:01 4 Bericht Einbetten 5
Das Ende

Über den Autor

Allie Fray Escritora empedernida desde los 10 años, otras pasiones que tengo son la lectura, la danza árabe y pintar mandalas. Autores favoritos: Carlos Ruiz Zafón, Agatha Cristie, Cassandra Clare, J.K Rowling IG: @fallverses

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Irving Trinidad Irving Trinidad
Alejandra, sensillamente inspirador. Me gustó mucho la frase ""(...) la saturación del amor hollywoodense era algo con lo que bombardeaban a mi generación (...)", todo ese párrafo resume lo que había estado pensando durante tanto tiempo pero no sabía como expresar. Fue grato leerlo. Me gustó también ese cambio dramático del destino a último segundo. A veces me ha pasado y si, se siente como un chiste, como si de pronto la idea de una felicidad fuera desechada. ¿Una prueba?, ¿una espera? Eso nunca lo sabremos. Felicidades, tienes una buena habilidad para escribir. Sigue así.
17. April 2018 10:05:24

  • Allie Fray Allie Fray
    ¡Muchas gracias Irving! El amor de Disney y el amor hollywoodense nos arruinó a todos jaja, pero lo bueno es que nos damos cuenta de esto y podemos cambiar las cosas, te sugiero que mires al couch Matthew Hussey en YouTube, tiene ideas muy buenas justo sobre este tema. Y sí, lo ideal sería que finalmente la protagonista haya encontrado el amor que siempre quiso y que se haya quedado para siempre con él, pero me atrajo esta idea de que por el momento sea un amor de sólo un día. Me inspiré en esta serie de películas: Antes del Amanecer, Antes del Atardecer y Antes del Anochecer que también te recomiendo, saludos (: 17. April 2018 10:40:02
Gaby Dussán Pavía Gaby Dussán Pavía
¡Hola Alejandra! Después de leer tu historia puedo ver lo que dices de la similitud entre las dos, y me parece muy interesante. Me gustó mucho tu historia. ¡Éxitos y suerte!
16. April 2018 15:57:19

  • Allie Fray Allie Fray
    ¡Muchas gracias Gaby! Sí, me gusta esa idea de un amor efímero pero que sigue lleno de sentimientos y pasión, ¡suerte igual! (: 16. April 2018 16:44:46
~