El bosque de Amelia © Follow einer Story

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Jay Gale


En medio del bosque, entre los árboles se encuentra una pequeña casa destruida y dentro de ella una niña que tiene miedo. Un día, los espíritus del bosque la guían hasta una carretera que será tan solo el primer paso de su historia.


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CAPÍTULO UNO

El viento era más fuerte que otras veces, incluso rompía algunos vidrios que antes habían permanecido sanos en una vieja casa en medio de todo el descontrol. Era una casucha de madera con una gran parte del techo caído y las paredes hechas pedazos, al parecer los años se habían encargado de destrozar todo lo que se suponía que eran muebles dentro del edificio.

En una vieja cama, con un colchón destrozado sin relleno se encontraba una niña cubierta con una vieja manta morada y sucia que le quedaba pequeña para cubrirla frotándose con sus manos y cubriéndose lo más que podía con las mismas mientras temblaba notoriamente bajo sus andrajosas ropas. Parecía no moverse hace mucho tiempo pues parte de sus pies empezaban a verse azules y a llenarse de escarcha, al igual que sus manos. Aunque no fuera muy audible a una simple escucha, ella decía algo más allá de simples quejidos o aire contenido en sus pulmones que se escapaba antes de que muriera.

Sin nada que pudiera hacerla quedarse ahí sufriendo, se puso de pie y con la manta cubriéndole los hombros y algo de la espalda. Camino por la casa pegada a la pared de la izquierda de los que antes habían sido pasillos trastabillando, con sus piernas flaqueando a cada ráfaga que lograba penetrar en la casa sin dificultad y la golpeaba. Después de aquel arduo camino desde la cama llegó hasta la sala principal y se sentó en un sofá sin resortes que tenía simplemente los almohadones tirados y rasgados.

En la sala principal era donde los saqueos y el viento salvaje habían logrado penetrar más y dejar un destrozo más notorio que en otros lugares. Los muebles estaban gastados, destrozados e incluso rayados con palabras ininteligibles al igual que las paredes. La chimenea tenía una gran mancha negra que recorría hasta poco más de un metro en la pared y dentro de ella se encontraba una zarigüeya completamente destripada, pero no era la primera vez que esa niña veía algo así.

La pequeña se retorció sobre el sofá e intentó volver a conciliar el sueño. Buscaba distraerse del frío que estaba pasando con pensamientos rebuscados, intentaba convencerse de que todo estaba en su mente y que el frío no estaba congelándola poco a poco. Se sostuvo de la manta cuando un fuerte viento arremetió contra su cuerpo.

Algo logró alertarla y por primera vez en mucho tiempo se movía repentinamente causándole un mareo increíble. Probablemente el ruido fuera un animal o fuera simplemente una madera que se había caído y tumbado otras cosas. Pero el ruido no había sido tan pesado como para que fueran maderas. La niña no logró calmarse con la idea de que fueran maderas y débilmente se puso de pie.

― ¿Papá? ―dijo en lo que fue un susurro que se disipo inmediatamente. En esa palabra ya había consumido toda su energía y sus cuerdas vocales parecían haberse terminado de romper en ese momento y después de eso no dijo más.

Recorrió la casa por el exterior tres veces, incluso se aventuró a ver más allá de la nieve que era un velo en su campo de visión, pero no logró visualizar nada que el fuera conocido. Y en parte le alegró que nadie estuviera alrededor, pero la inundó una tristeza ácida al ver que nadie había logrado llegar hasta allí para ayudarla.

Cuando logró pisar el suelo de la casa un ardor le recorrió los pies e hizo que se cayera, sus dedos estaban morados y la planta de sus pies rojo quemado. Se sentó en el suelo e intentó calmar el dolor que sentía en esos momentos frotando sus congelados pies con sus congeladas manos profiriendo quejidos débiles e intentando llorar.

Se arrojó de espaldas en el suelo admirando las astilladas maderas del techo con su manta aferrada a sus hombros y con sus pies tocando el principio de la nieve en la casa. Había logrado recuperar un poco la energía en ese pequeño subidón de adrenalina, pero entonces todo su peso cayó sobre ella como toneladas de tristeza y se volvió a acurrucar en el suelo mientras se repetía a sí misma palabras que no emitían sonido alguno. Suspiró y volvió la vista hacia el exterior admirando la nieve y se logró percatar de unas pisadas que se movían hacia la casa muy cerca de las huellas que ella había dejado. Siguió el rastro con sus ojos descubriendo que efectivamente algo había dejado nieve en el camino y había entrado a la casa. Su corazón se aceleró repentinamente.

Entonces un bramido se escuchó detrás de ella, un ciervo se encontraba detrás de ella observándola atentamente. La niña se volvió con un suspiro de asombro al ver a un animal tan grande a su comparación, pero le extraño la apariencia del mamífero ante ella: tenía los ojos oscuros rojizos y su cuerpo era enteramente azulado transparente. La nieve que caía dentro de la casa atravesaba el cuerpo del animal y caía en el suelo.

Se movió un poco y agachó su cabeza esperando que la niña lo acariciara, ésta se puso de pie y se movió lentamente hacia el animal con su brazo extendido hacia delante y con el otro aferrando la manta a su estómago mientras la arrugaba con sus dedos. Estaba cerca de poder tocarlo teniendo la curiosidad de si iba a sentir un pelaje suave de animal o su mano no iba a sentir nada y sería solo una ilusión del reflejo de la luz.

Podía sentir un aire caliente en su mano cuando se acercaba más al hocico del ciervo. Se acercó un poco más para poder estirarse más lejos. Apoyó su pie en la madera y una parte de la misma cedió hacia delante haciendo que la niña trastabillara y enterrara su mano en el rojizo ojo izquierdo del animal.

En cuanto logró apartarse cayendo al suelo, el animal comenzó a gritar más fuerte y más enojado que antes dando saltos y asustando a la niña. Entonces comenzó a caminar lentamente hacia ella mientras sus ojos rojizos perdían el color y su azulado cuerpo perdía la figura y se iba transformando en algo grisáceo bastante luminoso que terminó cuando por la puerta contraria aparecía otro ser luminoso con la misma figura: un oso. Ambos caminaron en cuatro patas un trecho y entonces se alzaron ferozmente sobre la niña rugiendo.

La niña algo aterrada comenzó a retroceder aun en el suelo, sus manos ya habían comenzado a sentir la nieve. Incluso parecía que cualquier atisbo de tristeza o cansancio había abandonado su cuerpo de un momento al otro y ahora se encontraba llena de euforia e intriga.

Entonces ambos osos cayeron pesadamente en el suelo, removieron la nieve con sus garras y rugieron más fuerte que antes. Comenzaron a correr hacia la pequeña.

No tuvo tiempo de procesar que sucedía, pero ésta última comenzó a correr en dirección opuesta a los osos adentrándose a los lindes del bosque. El ritmo de su corazón era acelerado, sentía el palpitar del mismo en sus oídos. Su ropa se enganchaba con las ramas de los árboles muertos y su manta en más de una ocasión estuvo a punto de ser olvidada. Todavía podía escuchar los rugidos de los osos muy lejos.

Se detuvo un momento al sentir que sus pies dejaban de sentir el cosquilleo de la nieve y entonces volvió la vista hacia el suelo duro que estaba pisando: una carretera. 

3. März 2018 14:38:46 0 Bericht Einbetten 0
Fortsetzung folgt…

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