Los ojos del silencio y otras historias Follow einer Story

jackievivianv Jacky Vargas

".... Con el canto de los gallos comienza la vida en Palos Altos..."Este es el pueblo ficticio ubicado en la imaginación del lector; donde se desarrollan algunas de las historias de este libro.Vemos el resultado de una fascinante compilación de relatos escritos por el autor, sobre temas muy diversos. Seguramente se verán cubiertos los diferentes gustos de quienes buscan una lectura amena, una lectura cautivadora e historias que lleven a la reflexión.Tomar en cuenta que la reflexión y el juicio son aspectos muy personales, y que la opinión recae en la escala de valores que cada quién ha desarrollado; y el lector puede notar, que en ninguna historia hay un lado bueno y otro malo, uno correcto y otro equivocado.Así pues, sea el lector el juez que dictamine y juzgue cada caso.


Kurzgeschichten Alles öffentlich. © Aldo R. Rodríguez

#aldorodriguez
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La cuenta

Muy de mañana salió la anciana de su cabaña; tendría
más de 80 años pero también las fuerzas suficientes
para acarrear el agua que todos los días necesitaba.
Sin embargo, aquella fue la última vez que lo hizo. La
noche anterior, el cielo se había llenado de nubes y
llovía a altas horas de la madrugada; por ello la tierra
estaba mojada como propiciando algún tropiezo.
La cañada era peligrosa y la vieja sabía cuidarse, no
fue hasta que llegó al pozo cuando cayó al fondo; la
lluvia había aflojado las piedras y el cubo pesaba
demasiado.
Nadie en el pueblo lloró ni echó de menos a la mujer
que todos los días salía temprano de su cabaña.
Yo me fui del pueblo unas horas después y no regresé
hasta que pasaron muchos años, volví convertido en
médico y desde el primer día los clientes me sobraban;
entre ellos, mi tío Federico.
– No me dirá que no tengo mano santa, ni sangre
le salió.-
– No, de éso sí que tienes mucho chamaco.
¿Quién me hubiera dicho que el muchacho
aquél que tantas corretizas me hizo darle por
las travesuras que hacía, sea ahora todo un
señor doctor?.-
– Muchas gracias tío, aunque aun necesito más
equipo y a alguien que me ayude.-
– Mira muchacho por éso no te apures. Fíjate
bien, solamente ve al banco donde trabaja Don
Nacho y allí seguro te hacen un préstamo.-
El dinero que necesitaba era una cantidad bastante alta,
y llegué pensar que allí no me la iban a poder
proporcionar.
– Usted tiene excelentes referencias doctor, su
préstamo está autorizado.-
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Jamás me había hecho tan feliz escuchar una voz como
la de Don Nacho autorizando mi préstamo, tanto que
no lo escuché cuando me indicó la tasa de interés de la
deuda.
– ¿Se lo lleva en efectivo o desea realizar una
transferencia?.-
Decidí dejarlos depositados en la cuenta que abrí en
ese momento, y así poder esperar una semana más
cuando estuviera listo para viajar a la capital.
– Muchas gracias Don Nacho.-
En la ciudad pude comprar el equipo que tanto
necesitaba, aproveché para hablar con los padres de mi
novia y pedir su mano. Nos casamos medio año
después en el pueblo.
– Di la verdad mi amor; ¿No lo haces tan sólo
por tener una enfermera gratis a tu servicio?.-
Entre besos y abrazos le respondí mirándola a los ojos.
– No.... para matar dos pájaros de un tiro y
compartir contigo el resto de mi vida teniendo a
mi lado a quien más quiero y confío.-
Así fue como regresé al pueblo con el mejor equipo
médico disponible y, lo mejor de todo; con la mujer
con la que codo a codo comencé a formar una familia
feliz.
Nos casamos en la iglesia el primer domingo de
agosto, siendo nuestro regalo de bodas atender nuestro
primer parto allí, en nuestra clínica; la que teníamos
poco tiempo de instalar.
– El próximo será el nuestro.-
Le dije mientas ella se dedicaba a limpiar el diminuto y
suave cuerpecito del recién nacido.
– Sabes, me siento como si acabara de ser madre;
en los momentos que ayudaba a esa pobre
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mujer a dar a luz, su respiración entrecortada,
el sudor de su frente, el dolor de los esfuerzos
casi hasta el límite; y finalmente aquella
cabecita que apareció, aquella boquita lanzando
su primer grito de vida... ¡Los sentí tan míos
como si fuera yo su madre!.-
Nos casamos muy enamorados el uno del otro y así
permanecimos por años y años, que fueron el paraíso
al lado de ella y de nuestros hijos; los cuales fueron
llegando con el tiempo uno detrás del otro. El primero
es arquitecto y el segundo doctor igual que su padre.
Jamás en muchos años había asistido a algún funeral ni
al cementerio del pueblo, ya fuera por encontrarme
lejos comprando en la ciudad lo que se necesitaba en la
clínica o por encontrarme trabajando en la consulta de
mis pacientes.
Lo cierto es que en tantos años jamás había ido al
cementerio, hasta que falleció mi tío Federico. Con esa
tos crónica que poco a poco le fue mermando los
pulmones, de por sí ya maltrechos por el asma y el
cigarrillo.
Días antes de morir lo visité y entre ataques de tos y
asma me pidió que tomara asiento en una silla al lado
de su cama.
– Hijo... gracias por tratar de arregl... gracias por
tratar de arreglarme.... pero ya lo que me hice
con tanto fumar.... ya no tiene.... ya no tiene
compostura.-
– Tranquilo tío, no se agite; poco a poco vamos a
ir sanando sus pulmones, no se apure.-
– No... no, ya lo sé que hoy.... o mañana... sepa
cuándo.... ¡ Me voy a morir por un carajo!....
pero no me voy.... no me puedo.... no me puedo
ir sin decir... sin contarte … lo que no te pu...
pude contar antes..... Hijo.... yo fui... y-yo fui.-
Mi tío estaba muy grave y no quise que se esforzara
más, así que le pedí que durmiera y le indiqué mi
esposa le administrara algo para descansar.
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– No... no hagas éso muchacho... ¡Por una
chingad.. !... Una chin.... lo tengo qué decir,
por... por favor. Lo necesito... lo necesito para
poder... poder descansar en paz... escúchame
por … por favor... ¡Carajo!.-
Fueron inútiles sus palabras, salí de la habitación
dejándolo allí porque, además de su médico, era su
familiar y no quería verlo morir.
– Ven, tienes que verlo y aceptarlo; tu tío se
muere, está agonizando.- Mi esposa era mi
único sostén.
– ¡Y no puedo hacer nada por él!.- Siempre me
refugiaba en su abrazo cuando me sentía
impotente ante algo.
– Has hecho todo lo posible, Dios dispone lo
demás.-
Y fue así como mi tío murió sin decirme su última
confesión; miento si digo que no sentía
remordimientos por no haberlo escuchado.
– Polvo eres y al polvo volverás.-
Escuchaba las palabras del padre; mientras que en mi
cabeza revoloteaban las preguntas, sobre lo que quiso
contarme mi tío antes de morir.
Cuando comenzó a descender el ataúd, tuve que volver
mi mirada hacia otro lado. No quería verlo así cuando
antes lo vi tan sano; tan sonriente como siempre, como
todos los días que lo conocí.
Mi mirada se posó una tumba que destellaba a lo lejos;
era una tumba con lápida.
En un cementerio de pueblo donde las tumbas no pasan
de ser un montículo de tierra y estar adornadas con una
cruz de madera; que en su mayoría no pasan de ser un
par de palos pequeños unidos por un alambre; una
tumba con lápida, bien cuidada y limpia, siempre llama
la atención.
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Varios días después, en mi camino de regreso, al volver
de haber visitado a una niña enferma, recordé la tumba
aquella y decidí averiguar de quién era.
El sol se estaba ocultando así que me dí prisa en buscar
la lápida, pero al llegar ante ésta y buscar algún
nombre no pude encontrar nada. No había nada escrito
en ella.
– ¡Ni se moleste en buscar el nombre doctor, no
lo tiene!, Nadie supo jamás cómo se llamaba la
viejecita que se ahogó en el pozo.-
Era el viejo velador del panteón; un hombre de brazos
fuertes y espalda ancha que bien pudo haber trabajado
labrando la tierra, pero que desde niño no conocía otro
oficio mas que cuidar de los difuntos.
– ¿Y quién mandó ponerle lápida?.- Pregunté sin
dejar de buscar algún indicio.
– ¡Ah, es de mármol!, ¡Una piedra mucho muy
cara!; Eso me dijo Don Federico cuando me
mandó colocarla en ese lugar.-
Abrí los ojos sorprendido al enterarme de que había
sido mi tío quien ordenó colocar esa lápida en la tumba
de una desconocida.
Vagamente comencé a recordar a la viejecita; sí, de
pronto la recordé muy bien porque ella falleció el día
que me fui del pueblo.
¿Era ésto lo que quiso decirme mi tío antes de morir?,
¿Que mandó colocar una lápida en la tumba de una
desconocida?; ¿O tal vez quería contarme que esa
mujer tenía algún lazo con él o con la familia?.
Semanas después recibí la visita de un hombre en mi
consultorio, se presentó ante mí como el licenciado
Moncada y parecía conocerme muy bien; aunque para
mí era un completo desconocido.
– Quisiera hablar con usted sobre la herencia que
dejó su difunto tío, Don Federico.-
Mi tío me había nombrado heredero universal del total
de sus bienes antes de morir.
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– ¿Pero mi tío poseía alguna propiedad?.-
– No; dejó dos cuentas bancarias a su nombre;
todo en efectivo; nunca compró bonos, bienes
raíces ni realizó ningún otro tipo de inversión
¿Desea tomar posesión de ambas cuentas
bancarias en este momento?.-
Era increíble, mi tío siempre vivió en un pueblo como
éste trabajando su tierra como todo hombre de campo,
mientras que en el banco su dinero se incrementaba
poco a poco con los intereses. Supuse que fue él quien
dispuso que me otorgaran sin ningún problema el
préstamo que necesitaba... sí, sin duda alguna había
sido él. Estoy seguro.
– Una cosa más, Don Federico dejó una carta
para usted. Sus instrucciones fueron que la
leyera antes de tomar posesión de la herencia.-
Era una carta extensa, por eso supe que mi tío no la
había escrito de su puño y letra.
– ¿Hay alguien en el pueblo que se dedique a
redactar cartas para los demás?.-
– ¿Un escribano?. No; solamente el cura de la
iglesia, él ayuda a la gente a redactar sus cartas
cuando se lo solicitan.-
Sí, la carta estaba fechada el día 23 del mes anterior, el
mismo día que falleció mi tío.
“Sobrino:
Sé que estarás sorprendido de que te haya
dejado una herencia antes de morir, así
como también te asombrarás de saber que
teniendo yo una gran cantidad de dinero a
mi disposición, no me dedicara a
disfrutarlo conformándome a vivir con lo
estrictamente necesario; cuando conozcas
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mis motivos lo comprenderás.
El día que te fuiste a estudiar a la capital,
una mujer murió ahogada en el pozo del
pueblo.
Esa mujer había llegado hacía cinco años y
aún nadie conocía nada sobre ella. Pero el
día que llegó al pueblo, yo estaba presente;
a todos nos extrañó que llegó vestida de
negro y al día siguiente su vestido estaba
en el aparador de la tienda de Don
Melchor.
Una mujer de su edad que vende su ropa lo
hace por necesidad, pero ella no parecía
tener ninguna.
Comenzaron entonces las habladurías entre
la gente; algunos juraban haberla visto a
media noche enterrando un gato negro e
invocando a los demonios, Otros
aseguraban que la anciana no era mas que
una pobre mujer que tiempos pasados
había sido muy rica, pero que por alguna u
otra razón cayó en desgracia y su fortuna
desapareció.
La versión a la que me atengo es a la que
me contó el chofer del autobús que la trajo
hasta aquí.
Decía el buen hombre que la vieja venía
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huyendo de alguien u algo; que en muchas
ocasiones le tocó a él transportarla en su
camión de pasajeros de una ciudad a otra.
Los días siguientes observé que la mujer
visitaba con frecuencia la terminal del
autobús; preguntando por un hombre alto,
calvo y con una cicatriz en forma de “Y”
en el antebrazo derecho.
Después averigüé que ese hombre era su
marido.
Lleno de curiosidad intenté trabar amistad
con ella, todos los días pasaba en mi caballo
por la cabaña que rentó allá por la cañada;
la saludé en muchas ocasiones sin que se
diera por aludida ni respondiera a mi
saludo.
Hasta que una mañana la vi cargando un
enorme lote de leña, apenas podía la pobre
mujer con él. Le ofrecí mi ayuda y me
sorprendió que aceptara.
Así fue como comenzó una amistad entre
esa anciana y yo; a pesar de que nunca
quiso decirme su nombre ni de dónde
venía, sí me contó que había viajado
mucho.
Había andado errante de ciudad en ciudad,
de pueblo en pueblo durante los últimos
años; sus hijos la fueron abandonado en
diferentes sitios de su peregrinación sin que
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volviera a saber de ellos.
De su marido jamas aceptó decirme algo,
tan sólo que si alguna vez lo veía por el
pueblo, corriera a decírselo; el motivo
nunca se lo pregunté ni me lo dijo.
Confieso que entre ella y yo hubo mucho
más que una mera amistad, pero ella era
una mujer muy extraña que parecía estar
siempre con miedo de algo u alguien y
parecía que necesitaba algo de
comprensión; y yo nunca fui un hombre
casado así que tanto ella como yo eramos
libres de hacer lo que nos viniera en gana.
Así estuvimos juntos durante unos años sin
que nadie lo supiera, hasta que un día
llegaron dos fulanos al pueblo; uno negro y
fuerte como caballo, aunque el otro parecía
ser, a pesar de su edad, aún más fuerte
que el negro. Además era muy alto como
pino y en su cabeza quedaba muy poco
cabello.
Me pudieron haber pasado desapercibidos si
no fuera por la cicatriz que tenía el calvo
en su antebrazo derecho, una
protuberancia rojiza y deforme que parecía
ser una "Y" de lejos. Era el marido de la
anciana.
Preguntaban por ella en todo el pueblo, yo
mientras tanto corrí a la cañada para
avisarle a la anciana.
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Ella primero me miró a los ojos fijamente,
como si quisiera encontrar en ellos algún
rasgo de mentira. Después, al no haber
encontrado en mi mirada ningún indicio de
que la estuviera engañando; rompió a llorar
desconsoladamente.
Nunca le dije que yo estuviera enamorado
de ella, pero sí que le tenía mucho cariño;
por éso la tomé de las manos y le dije
mirándola a los ojos que no la dejaría sola,
que esos hombres jamás la encontrarían; y
salí de la cabaña.
Me escondí entre los arbustos del camino
que llevaba a la entrada del pueblo, y me
puse a esperar. Al poco rato vi pasar a los
dos hombres, el negro fumaba mientras
que el calvo iba hablando para sí mismo
entre dientes.
Y así, mirando sus espaldas vacié toda la
carga de mi pistola en aquellos dos
hombres; los maté.
El negro traía sólo unos cuantos billetes, el
otro traía los bolsillos vacíos; nadie dijo
nada, no hubo nadie que los fuera a
reclamar; sabrá Dios lo que habrá sido de
los cuerpos, estuvieron dos días tirados a
un lado del camino y después alguien se los
llevó.
La mujer jamás mostró dolor por la
muerte de su marido, supongo que nunca
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fue feliz con él.
No, creo que no. Su agradecimiento para
conmigo; lo mostró dándome algo que
había guardado durante todos esos años,
que vivió huyendo; era un viejo y arrugado
recorte de periódico, le he pedido al cura
que lo agregue a la carta.”
En la carta de mi tío estaba anexado, con un poco de
engrudo, un pedazo de papel ya muy amarillento y
desgastado; era una nota de la sección policíaca.
“Detienen a chofer acusado de fraude a importante
empresa”
Ayer a las once de la mañana fue detenido el
chofer del camión urbano número 111 por los
agentes judiciales de la patrulla 028.
El sujeto fue detenido acusado de haber
cometido, hace poco más de dos años, varios
ilícitos en complicidad con un antiguo gerente de
la compañía de refrescos Rivamiel.
El actual gerente de la compañía declaró que
algunos meses atrás se realizaron varias
auditorías, las cuales dejaron al descubierto un
gran número de desfalcos que el anterior gerente
cometió con la ayuda de diferentes cómplices,
entre ellos el chofer detenido; al cuál se le
comprobó su participación en un fraude cuyo
monto fue de más de veinte millones de pesos.
Por su parte el ex-gerente de la empresa
Rivamiel ya se encuentra tras las rejas, ha
confesado su culpabilidad en todos los cargos
que se le imputan y en días posteriores se darán
a conocer los nombres de sus demás cómplices.
En tanto, dio inicio el juicio por abuso de
confianza y fraude en contra del chofer
aprehendido, el cual al momento de su detención
negó tener relación alguna con el antiguo
gerente; no obstante, la empresa Rivamiel
asegura contar con las pruebas suficientes para
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demostrarlo, las cuales quedaron a disposición
del ministerio público para ser entregadas al juez
supremo de lo penal, ….”
Abajo se podía ver una fotografía, que ya con el
tiempo resultaba borrosa, pero era posible apreciar a
dos policías llevando detenido a un hombre esposado;
el hombre era muy alto y calvo sin lugar a dudas.
“Momentos en los que agentes de la justicia
detienen a chofer urbano acusado de fraude”
Pude leer al pie de la imagen; después de este recorte
de periódico continuaba la carta.
“Así fue como supe que el hombre a quien
asesiné en el camino al pueblo, estuvo preso
acusado de fraude.
Entonces quise saber por qué había estado
huyendo la anciana de su marido, porque
supuse que ella lo abandonó después de su
detención. Al preguntárselo no me
respondió.
Pasaron los días sin que la mujer
respondiera a mi pregunta, era lógico para
mí, que al quedar en la cárcel, ella buscara
a su marido para ayudarlo y apoyarlo; o
tal vez hizo bien en abandonarlo; no lo sé.
¿Pero entonces por qué vivió los años
siguientes huyendo de ese hombre?, ¿Qué
era por lo que tenía que temer, llevándola
a venir a refugiarse en un pueblo tan
escondido como éste?. Tampoco obtuve la
respuesta para estas dos preguntas, y
estaba claro que aquella anciana jamás me
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las iba responder.
Un día me fijé en su falda raída, en su
cabaña llena de basura y en su cama hecha
de trapos que ella misma había ido
recogiendo a lo largo del tiempo que
llevaba viviendo en el pueblo; llegué a la
conclusión de que aquella mujer vivía de
milagro; no trabajaba ni parecía tener a
alguien que la ayudara a mantenerse.
Pero aquella viejecilla, aunque de manera
muy precaria, vivía tranquila al día;
aparentemente sin tener con qué.
Comencé a maliciar y una sospecha llegó a
mi cerebro: Aquella vieja tenía dinero
escondido, tal vez no mucho pero el
suficiente para vivir sin preocupaciones.
No tenía manera de comprobarlo y tal vez,
eran figuraciones mías.
Para sacarme la idea de la cabeza, un día
hice el comentario de que la vida sería más
fácil y llevadera si cada persona naciera
con el dinero suficiente para vivir. Jamás
debí haber hecho ese comentario, la
anciana se volvió de inmediato hacia mí y
me miró muy fijamente, tenía una mirada
que te daba escalofríos, parecía poder ver a
través de ti y conocer tus pensamientos; y
luego, con voz fuerte y severa me dijo:
– El dinero trae consigo su propio
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precio, tendrá para nosotros mucho
valor pero a la hora de pagar
siempre se cobra de más; el dinero
nunca es buen compañero; nunca
hace un favor sin arrebatarte algo a
cambio.... el dinero, mas cuando viene
sólo sin que lo llames; es el demonio
mismo. ¡ Nunca lo olvides !.-
Eran ciertas mis sospechas, aquella vieja
tenía dinero; sus palabras me lo
confirmaron.
¿Pero dónde lo tenía escondido?, Busqué
por toda la casa aprovechando una ocasión
en la que salió por agua al pozo, nunca
quiso que la acompañara, así que dejó la
cabaña sola y entré. No encontré nada, a
pesar de haber contado con tiempo de
sobra; la anciana se entretuvo en su
camino recogiendo hierbas y hojas de
árboles con las que se preparaba té.
Nada, esa vieja no tenía nada escondido
dentro de su cabaña miserable.
Así que me olvidé de mis sospechas y el
tiempo siguió su marcha; hasta el día fatal
que quise jugarle una broma a la anciana:
Le eché piedras en el cubo del pozo.
Siempre se había negado a que yo le
ayudara a sacar el agua, alegando que aún
se conservaba lo suficientemente fuerte
para acarrearla por ella misma.
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Como te podrás imaginar, aquella mañana
no pudo sacar el cubo del pozo, se apoyó
más de lo debido sobre las piedras, que con
la lluvia de la noche anterior habían
quedado flojas; y cayó.
Nadie supo nada, yo siempre había cuidado
que nuestra relación se mantuviera en
secreto, por decisión de ella misma que así
me lo recomendó.
Tampoco hubo alguien que se quisiera hacer
cargo de su cadáver, el cura y yo tomamos
la responsabilidad de enterrarla como se
debe.
La cabaña quedó abandonada por más de
tres años, un día decidí ir a echarle un
vistazo; quería ver el lugar donde había
pasado tantos momentos con ella, recordar
su mirada que me daba escalofríos y su
figura encorvada de la que nunca supe ni
su nombre ni de dónde vino.
Quiso la casualidad que al entrar a la
cabaña, una viga cayó al suelo; me acerqué
y junto a ella encontré un bulto enorme, al
revisarlo me encontré con una gran
cantidad de billetes, algunos de un valor
muy alto; aunque la mayoría estaban
bastante arrugados y sucios, estaban unidos
por tiras de papel indicando el valor de
cada grupo. Feliz junté todo el dinero
dispuesto a llevármelo hasta el pueblo; era
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rico, inmensamente rico y no había nadie
que me lo pudiera quitar mas que la vieja,
y ella estaba muerta.
Así lo hubiera hecho si no fuera porque de
pronto me percaté de algo: En el pueblo
me preguntarían que de dónde saqué tanto
dinero y no sabría qué responder.
Decidí entonces llevarlo a la ciudad y
dejarlo depositado en un banco; en el
pueblo quedó solo una pequeña cantidad;
así nadie sospecharía de nada y podría
disfrutar del dinero como mejor me
pareciera.
Pude haber sido muy feliz con todo ese
dinero, si no fuera porque el recuerdo de
aquella mujer se volvió más presente
conforme iba pasando el tiempo.
Comencé primero por verla entre sueños
de vez en cuando, con su mirada clavada
en la mía mientras me decía:
– “… nunca hace un favor sin
arrebatarte algo a cambio....”.-
Tiempo después los sueños se hicieron más
frecuentes y horribles, parecía tenerla
parada frente a mí recordándome que el
dinero siempre trae su precio consigo, que
era el demonio mismo cuando llegaba sin
que nadie lo llamara.
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Llegó un momento en que aún estando bien
despierto, me parecía escuchar su voz
diciéndome al oído, que muy pronto aquel
dinero me arrebataría algo a cambio de su
valor; estuve a punto de volverme loco.
Por éso es que nunca disfruté de su dinero,
me limité a colocar una lápida de mármol
sobre su tumba y jamás, jamás; te lo puedo
asegurar, viví ni un minuto de mi vida
gracias a un sólo centavo de esa fortuna.
Esto es todo lo que quería confesarte; sé
que tú lo emplearás de manera correcta y
vivirás feliz al lado de tu familia por todos
los años de tu vida.
Toma todo este dinero, pero nunca olvides
el precio que aquella anciana y yo tuvimos
qué pagar.
Un abrazo por siempre
Tu tío Federico
Abajo estaba la última firma que hizo mi tío en vida.
Han pasado muchos años desde que murió mi tío
Federico; mi esposa y yo seguimos viviendo en el
pueblo; retirados ambos de la profesión de atender
pacientes y practicar la medicina, todo ésto por
supuesto, gracias a la herencia que me dejó mi
pariente.
A veces reflexiono sobre la carta que pidió redactar
antes de morir, pienso en aquella anciana mujer que
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durante muchos años se la pasó huyendo, viviendo en
la más absoluta pobreza ocultando el dinero que ahora
disfruto; y en mi tío que vivió sus últimos días entre la
angustia y el remordimiento, apagándose poco a poco
su vida pero sin tocar, ni con el pensamiento, aquel
dinero.
Rezo por él y su descanso; pero realmente, hasta el día
de hoy, no he llegado a comprender la actitud
supersticiosa de la anciana, así como tampoco el
porqué de vivir con su dinero escondido en el techo de
la cabaña.
Muchas veces me he preguntado para quién o para qué
lo guardaba.
Creo que nunca lo sabré, mañana iré a pasar unas
vacaciones en la capital; mi hijo menor nos ha invitado
a conocer a nuestro nuevo nieto, mi mujer se pondrá
feliz.
– Y si algún día debo pagar el precio de la
fortuna que ahora tengo; sea hoy, mañana o en
cualesquier tiempo; esperaré siempre dispuesto
a saldar la deuda de esa cuenta.-
SABIA VIRTUD
Temprano pero bien despierto, Francisco Javier tocó a
la puerta; era joven y dispuesto a venderlo todo a quien
le abriera.
– Si en ésta no vendo, me dejo crecer la barba.-
Siendo lampiño de nacimiento no tenía modo de
perder.
En barrios como éste la vida empieza a las tres;
bicicletas y camiones cargan desde periódicos hasta
frutas y verduras; así que para cuando sale el sol ya la
gente camina por las calles.
– De seguro saldrá una señora, y por ningún lado
se ve el letrero de “Este hogar es católico”;
O.K., a ver que tal nos va.-
Tres toquidos; uno fuerte, otro quedo y un remate
decidido.
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– “¡ Muy buenos días señora, venimos realizando
una … !”.-
La señora que abrió tenía los ojos enrojecidos.
– Diga...-
– ¡Muy buenos días tenga usted señora!, Venimos
realizando una encuesta por parte de la
compañía de accesorios plásticos Rudexsa, la
cual nos permite medir el índice de penetración
en el mercado de nuestros productos; solamente
ocuparé diez minutos de su tiempo desviando
su amable y fina atención a que conteste este
breve cuestionario cuyas respuestas serán
confidenciales y útiles para la empresa que
represento. ¿Me permite pasar?.-
– No, hoy no compro nada.-
– Le repito que sólo serán diez minutos los que se
lleve en responder este pequeño cuestionario,
en compensación a su amabilidad y atención le
obsequiaremos un útil y práctico aparato
doméstico, que le ayudará en las labores de la
cocina; si me permite mostrarle...-
– Por favor no, hoy no puedo....-
– Por aquí... aquí está. Allí lo tiene, un invaluable
aparato; con él podrá cortar, rebanar y hasta
rallar con gran rapidez todo lo ...-
– Mi esposo falleció hace tres días.-
Francisco Javier puso de vuelta el aparato en su
mochila y volvió a mirar a la mujer.
– Discúlpeme por favor pero hoy no.-
– Siento mucho haberla molestado - “Esto no lo
vimos en el entrenamiento” pensó – si pudiera
hacer algo por usted...-
– Nada, gracias.-
– ¿Puedo regalarle este aparato? .- “ Y ahora a
ver cómo lo pago” se preguntó.
– ¿Cómo dice?.-
Bonito papel, había llegado a vender y salió regalando.
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– Le regalo este aparato para que le ayude en la
cocina.-
La mujer lo miró perpleja; no aparentaba los treinta y
cinco años que tenía aunque con los ojos enrojecidos y
lo pálida que estaba, aparentaba más.
– Enserio, se lo regalo; le será muy útil, ya lo
verá.-
– Muy amable joven.-
– Francisco Javier, así me llamo; permítase un
momento para mí, sí aquí está, tome, es un
recetario.-
– ¿Y por qué?.-
– ¿Perdón?.-
– ¿Por qué me lo regala?.-
– Bueno...- “¿Cortesía de la casa?” - Usted ha
sido muy amable en darnos un poco de su
tiempo y queremos compensarle sus molestias
de esta manera.- “¿Pero qué ésto no iba después
del cuestionario?”
La puerta de la casa se abrió por completo y salió la
mujer; Francisco Javier comprobó que sí,
efectivamente estaba de luto.
– ¿Y para qué sirve?.-
– Con este aparato podrá usted rebanar, cortar y
rallar más fácil, más rápido y con mayor
comodidad verduras, queso, chile y hasta
galletas y hielo.-
– ¿Hielo?.-
– Para raspados, cócteles o nieve; si me permite
un momento el recetario... le mostraré... aquí lo
tiene, “Nieve de frutas”; con el disco número
cinco usted podrá preparar nieve ya sea de
mango, manzana, plátano, etc; pero no sólo es
ese el uso que se le puede dar, pues si usa el
disco cuatro podrá hacer raspados para sus
niños...-
– Aún no los teníamos...- Y la sonrisa que se
había asomado a los labios de la mujer, se borró
de nuevo por completo.
– Lo siento - “Otra de ésas y que ya mejor me
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den de latigazos por menso” -
– ¡Ah pero mire – Continuó - el disco tres es
excelente para hacer papas!, Usted... ¡Cómo me
gustaría hacerle una demostración!.-
– No tengo papas joven.-
– ¡Ah pero yo sí y aquí las traigo!.-
La mujer se echó a reír.
– Entonces pase y hágame la demostración.-
Media hora duró Francisco Javier acompañando a la
mujer; le enseñó a preparar ensaladas, salsas, raspados
y nieve.
– Si usted desea aún más delgadas sus papas, use
el disco uno; ahora que si las quiere cortar en
cuadritos utilice el número tres que como le
dije hace un momento, es excelente para éso.-
– ¿Y este disco para qué es?.-
– Se me olvidaba, qué bueno que me lo recordó
señora; con éste podrá preparar polvo de
galletas.-
– ¿Polvo de galletas y éso como para qué?.-
– En el recetario lo podemos ver, aquí está... en la
receta cuarenta y siete, usted puede cubrir sus
pasteles con polvo de galletas María y
además...-
Francisco Javier había logrado, aunque fuera sólo por
un momento, que la mujer dejara a un lado su pena y
sonriera con las ocurrencias y la gracia del muchacho.
– Y como puede ver, este aparato es muy útil en
las labores de cocina.-
Ahora que todo el discurso había terminado; se borró
su sonrisa, se humedecieron sus ojos, la tristeza
regresó y comenzó a recordar su pena.
– ¿Ve aquella foto?, Ese era él; cuando se la
tomaron aún no se dejaba la barba.-
– Qué interesante en verdad.- Respondió
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Francisco Javier acariciándose sus mejillas
lampiñas
– ¿Qué sería?, Sí, hace quince días me dijo que
en cuanto naciera su hijo se la cortaría. Pero ya
ve... no se la tuvo qué cortar... tampoco se pudo
esperar a que naciera el bebé.-
– Ya veo.-
Francisco Javier comenzó a desear irse lo más pronto
de allí, no era muy bueno para escuchar cosas tristes ni
nada que no supiera manejar.
– A Juan Armando le hubiera encantado conocer
al bebé, pero... por lo que veo; a Dios no.-
– ¿A Dios no qué?.-
– Usted sabe, le pedíamos que nos concediera un
niño fuerte y sano, y él me lo concederá a mí...
pero a mi Juan Armando no.-
– Tal vez Dios tuvo mejores planes para él.-
– Tal vez... - Silencio - ….. ¡Por qué Dios me
deja sola!.-
– Este …. - “Maldición, lo que me faltaba; va a
llorar” - ¿Sola?, ¿Sola y con un niño en el
vientre?, En realidad no soy creyente, soy ateo
pero si de algo le sirve mi opinión; yo diría que
usted ha quedado más que acompañada.-
– ¿Lo dice por mi bebé?.-
– O el reflejo de su marido que ha quedado con
usted; en un niño queda viva el alma de su
padre, no es tan sólo el nombre.
Cuando crezca y lo mire, verá que su esposo
quedó en él.
Que ambos quedaron juntos unidos en uno
sólo. En uno sólo unidos para siempre, y para
siempre junto a usted.-
-“¡Ahí nomas!, ¡De aquí al Nobel vía Pulitzer
y el Príncipe de Asturias!”- Pensó
La mujer sonreía con lágrimas en los ojos, Francisco
Javier lo había logrado.
49
– ¿Cuánto le debo por el aparato?.-
Con la frente muy en alto y caminando muy contento,
sale Francisco Javier de una casa para dirigirse a la
siguiente.
Alma niña en cuerpo joven, para un oficio de adulto;
tal es el secreto de personas que como Francisco
Javier, venden sin perder - Ni por momentos – la
tranquila y sabia mentalidad de un niño; regalando a
quienes compran un segundo para pensar, que al fin de
cuentas ¿De qué otra forma se puede actuar?, si el niño
que todos llevamos dentro nunca jamás se va a callar.
Tres toquidos; uno fuerte, otro quedo y un remate
decidido.
– ¡Muy buenos y gratos días tenga usted!.-
ENTREVISTA A
ROSINA
Lucía muy demacrada y vieja; al principio pensé que a
los veinte minutos me daría por terminada la
entrevista, así que me preparé para hacerle el mayor
número de preguntas en el menor tiempo posible.
– Buenos días.- Le dije
Ella sólo asintió con la cabeza.
– ¿Podemos comenzar?.-
Noté que se puso más cómoda en su silla, entendí éso
como un sí y puse en marcha la grabadora de mi
smartphone.
– ¿Cuál es su nombre completo?.-
– Rosina, llámeme así nomas.-
51
Se veía muy tranquila y relajada, comencé a sentir
simpatía por ella.
– ¿A cuántos años la condenaron?.-
– A muchos.-
Lo dijo en un suspiro. No obstante, no hubo rastros de
amargura o resignación en su voz; parecía haber hecho
un comentario sin importancia.
– ¿Qué la llevó a hacer lo que hizo?.-
Sin pedirlo, tomó uno de mis cigarrillos y lo encendió;
sólo entonces volteó a mirarme como preguntando: “-
¿Puedo?.-”
– El miedo.-
– ¿El miedo?, ¿Miedo a qué?.-
– No lo sé, pero yo tuve mucho miedo cuando
agarré a la niña y me la llevé. Luego tuve más
miedo cuando llegaron los agentes y me
hicieron preguntas. Fue hasta que cuando por
fin la encontraron; que quién sabe por qué o
cómo, pero el miedo se me quitó.-
– ¿Su marido la visita en prisión?.-
– Se divorció de mí unos meses después de lo
que pasó.-
– Tengo entendido que usted en su primera
declaración, dijo que lo había hecho por el
miedo que le tenía, para no tener problemas en
su relación.
¿Podría ser ése el motivo que la llevó a hacer lo
que hizo?.-
Rosina se tomó mucho tiempo en contestar, estuve
tentada a detener la grabación varias veces.
– Cuando perdí a mi primer hijo estando
embarazada de él; se puso furioso, me lo echó
en cara y estuvo a punto de dejarme. Tiempo
después quedé embarazada nuevamente y se
puso loco de contento...... y otra vez lo perdí...
53
esta vez no se lo dije.-
– ¿Éso la orilló a robarse a la niña?. ¿Para hacerla
pasar por hija suya?.-
– Supongo que sí.-
– ¿Cuál fue la reacción de su marido al
enterarse?.-
Sonrió, era la única vez que la vi sonreír en todo el
tiempo de la entrevista.
– Ya lo vio usted, se divorció de mí.-
– ¿Alguna vez sintió remordimientos?.-
Se me quedó mirando por un momento y otra vez con
lentitud me respondió:
– No me he puesto a pensarlo. Cuando comenzó
todo no tuve tiempo de analizar lo que me
pasaba. Saqué a la niña de su cuna sin pensarlo
mucho, le inyecté dos ampolletas para que no
llorara y la eché al carrito de la ropa sucia.
Después llegaron los agentes a verme y me
interrogaron sobre mis compañeras. Me
pidieron que señalara a cuál de ellas la
consideraba sospechosa de robarse a la bebé y
me negué; porque soy muchas cosas pero
desleal y rajada nunca.
Después me dí cuenta que ya la niña se me
había asfixiado entre las ropas y... luego ya
entonces... no supe.-
Por un momento pareció que iba llorar, pero no fue así;
se detuvo un instante y continuó.
– Luego vino lo de mi declaración, desde allí
para adelante todo pasó demasiado rápido. No,
creo que no he tenido tiempo de sentirme
arrepentida.-
– ¿Conoció usted a la madre de la niña?.-
– La vi algunas veces; muy guapa y muy joven.
Creo que yo le llevo por muchos años.-
– Tenía dieciocho años. ¿Alguna vez se imaginó
lo que sintió al perder a su primer bebé?.-
55
Me dí cuenta que me estaba emocionando, como
entrevistadora debo de llevar a cabo mi trabajo de
manera profesional e imparcial; pero me afectaban mis
propios sentimientos de ser madre y éso me
involucraba demasiado en el tema.
– “Ella perdió a los suyos también”.- Recapacité
en mi mente
– No me extrañaría en nada si tuvo más hijos; los
jóvenes de ahora son muy especiales, olvidan
muy pronto. No son tan fuertes como nosotros
los de antes pero sí luego luego se acomodan a
todo.-
Fue aquí cuando me di cuenta que Rosina al momento
de ser detenida, no era la enfermera frágil y débil que
nos había pintado la prensa y la radio.
Seguía mostrándose tranquila y relajada a pesar de
llevar siete años en prisión.
– ¿Otra pregunta?.-
– ¿Eh?.- Notó mi distracción.
– Que si tiene otra pregunta.-
Me miraba muy fijo, tal vez con la misma mirada de
cuando decidió robarse una bebé de su cuna.
– Si, sólo una más; ¿Cómo pensaba hacerla pasar
por hija suya sin que nadie se diera cuenta?.-
La pila de mi smartphone llegó a su fin; tomó otro de
mis cigarrillos, lo encendió y esperó en silencio
mientras lo conectaba a la corriente eléctrica, para
responder a mi pregunta.
– Primero que nada déjeme decirle que yo nunca
supe de quién era la niña. ¿Cómo lo iba a saber
si la acababan de traer?. Le digo que yo lo
único que quería era que mi marido no se diera
cuenta de que había tenido otro aborto.-
Apagó el cigarrillo arrojándolo al suelo; luego se
arrepintió, me pidió otro, lo encendió y prosiguió.
57
– Le tenía mucho miedo, mi marido siempre se
ponía muy violento cuando se enojaba y yo no
quería que se diera cuenta de nada. Cuando
aquel día me dejaron sola en el área de
neonatología; del puro miedo decidí tomar al
primer bebé y salir de allí en cuanto se acabara
el turno.-
– Pero ya lo tenía todo planeado, ¿O no?.-
– No, se me presentó la oportunidad y la
aproveché. Si lo hubiera planeado desde antes
no me hubieran agarrado tan pronto; nadie
además de mí pudo haber sido y lo de ponerle
dos ampolletas fue en un descuido de mi parte.
Si le digo que todo lo hice por el miedo que le
tenía al que era entonces mi marido.-
– ¿Qué pensó al momento de darse cuenta de que
la niña estaba muerta?.-
– Nada. No se me ocurría nada, no daba con la
razón de por qué se me había muerto. Ya me
habían interrogado los agentes y me habían
dejado muy nerviosa; lo único que se me
ocurrió fue arrojarla por el ducto de la ropa
sucia.-
– ¿Ha recibido ayuda psiquiátrica en la prisión?.-
Volvió a mirarme fijamente, le dio una última calada al
cigarrillo y lo dejó caer al suelo.
– Aún sigo en terapia, al principio me habían
dicho que me trasladarían al hospital
neurosiquiátrico, pero el doctor que me evaluó
no lo consideró necesario.-
– ¿Qué hará cuando termine su condena?.
Miró hacia una de las esquinas de la habitación, al fin
me sentí aliviada por el descanso de su mirada sobre
mí; siempre tan intimidante y tan fija. Por otra parte,
tuve la pequeña sensación de que por fin le había
tocado un punto sensible.
– ¿Puede repetirme la pregunta por favor?.-
59
Rosina no había perdido la serenidad, seguía tan
despierta como al principio. Cuando volvió su mirada
hacia otro lado, lo había hecho para estornudar.
– Salud. Le preguntaba si sabe lo que hará al salir
de la prisión.-
Tuve que someterme de nuevo a su mirada, y ahora la
sentía aún más pesada.
– No lo sé, supongo que irme a vivir con mi
hermana y mi madre. Creo que como enfermera
ya no podré trabajar; pero aquí nos han dado
talleres de oficios. Ya encontraré algo con lo
que las pueda ayudar.-
– ¿Su señora madre la ha venido a visitar?.-
– Hace poco comenzó a hacerlo. Cuando pasó
todo y me encarcelaron, vino sólo para decirme
lo que hice y lo mucho que la había lastimado
por éso. Pero al final de todo, ella es mi madre
y yo su hija. Desde hace tres meses ha
comenzado a venir cada semana.
Ninguna de las dos habla de lo que pasó,
solamente platicamos de mis hermanos, mis
sobrinos, mi papá.... -
Hizo una pequeña pausa, esta vez sí tuve la certeza de
haber dado en un punto sensible. Se repuso
nuevamente y continuó.
– Como le decía; de mi papá, de los vecinos, en
fin, ya sabe; de lo que se platica entre una
madre y su hija.-
– ¿Se piensa casar otra vez?.-
Creo que no esperaba una pregunta de ese tipo; su
mirada mostró sorpresa, luego duda y al final regresó a
ser la de antes; fija y pesada.
– Tampoco lo sé; no lo tengo contemplado. Para
serle franca no lo he pensado y por el momento
no me interesa.-
61
Aunque no dejaba de mirarme fijo, se veía mas
relajada y tranquila que cuando comenzó con la
entrevista.
– Muchas gracias, creo que con éso sería todo.
Sólo me queda por hacerle una pregunta más.-
Tomó dos cigarrillos más, se los guardó en su bolsillo
del uniforme y me miró esperando la pregunta.
– ¿Realmente se siente rehabilitada?, ¿Considera
haber pagado por su delito?.-
Se puso de pie y se fue caminando lentamente hacia la
puerta, antes de llegar a ésta un guardia apareció y la
abrió; la esposaron de nuevo y se la llevaron.
Nunca respondió a mi pregunta y la entrevista no llegó
a publicarse.
– A nadie le interesa ahora lo que pasó hace
tantos años.- Me dijo el jefe de redacción.
– Pues hay dos mujeres recibiendo terapia; una
presa y otra libre. ¿Cree que a ellas ya no les
importa?.-
Rosina salió de prisión a los tres años de la entrevista;
debo decir que al salir tenía la misma mirada que tanto
me intimidó cuando la conocí.
Tal y como lo dijo, se fue a vivir con su hermana y su
madre; un doctor le ofreció trabajo de enfermera en su
consultorio particular pero ella lo rechazó.
– Gracias, pero el psiquiatra que me atiende me
recomendó no volver a trabajar como
enfermera.-
También supe que volvió a casarse. La boda fue con un
antiguo ex-compañero de la clínica donde trabajó antes
de su condena.
De la mujer a la que Rosina le robó su bebé, me enteré
que terminó su terapia y tuvo otros tres hijos; aún sufre
63
depresión y tiene ataques de llanto con frecuencia, pero
no se le ha considerado necesario otro tratamiento.
Un día domingo en la calle, dos mujeres esperan la luz
verde en el paso peatonal; una de ellas es Rosina, la
otra; la mujer que perdió a su bebé.
Rosina mira a la mujer y su mirada se dirige al carrito
donde dormita un niño de pocos meses.
– ¡Qué lindo está!, ¿Cuánto tiene?.-
– Gracias, va a cumplir seis meses.-
– Está divino.-
Rosina nunca volvió a embarazarse, pero cuando su
hermana falleció en un accidente de trabajo; dejó una
niña de tres años, de la cual la ex-presidiaria y su
marido se hicieron cargo.
– Gracias, ¡Qué bonita está su niña!.-
– Oh muchas gracias, se llama Vianney.-
Y ambas mujeres se despiden muy cordiales, contentas
tanto la una como la otra de haberse encontrado en su
camino a alguien tan amable.
Sus cicatrices están latentes pero la Vida que siempre
es más fuerte, arrastra en su corriente con la memoria y
en el proceso de limpia renueva con sonrisas la alegría
y el deseo de vivir cada día.
Y con todo olvidado y perdonado; dos mujeres, sus
hijos y yo, seguimos nuestra vida en paz.
65
LAS OSCURAS
GOLONDRINAS
Aprendí a ser lo que quería ser cuando con la rabia de
los perros se echó sobre mí, cuando me golpeó
cobardemente por la espalda y de sorpresa. Cuando me
rompió todas mis cosas gritando a más no poder y
entre la euforia de la droga quiso matarme a patadas
otra vez.
A mí; que desde hacía muchos años era golpeada a su
antojo y capricho, y yo – María de los Ángeles.- como
esposa sumisa y abnegada me consideraba un ejemplo
a seguir.
Cristiana protestante desde chica, era sufrida por parte
de madre; cargaba la cruz de mis pecados porque para
mi iglesia no existía el divorcio, ni otras palabras como
ésa que ofendían a Dios.
Los vecinos no decían nada como si no supieran lo que
pasaba, porque nadie se atrevía a meterse donde no les
importaba; y dicho sea de paso de cualesquier forma
tenían una excusa:
– Es que así es como ellos se quieren el uno al
otro.-
– Ni modo, ¿Qué se le puede hacer?.-
Hasta que llegó ese día, mi “Macho” acabó ladrando,
después de haberme golpeado hasta el cansancio, que
uno de tantos días me iba a matar, o como era todo un
“hombre”; me mataría primero a mi hija. Entonces me
supo lo amargo de mi sangre, encontré un poquito de
vergüenza adentro de mí y GRITÉ.
Porque con los golpes aprendí a quedarme callada, a
disimular y a no decir nada, a bajar la vista cuando me
encontraba con miradas extrañas, y a mentir con los
demás tanto como conmigo misma acerca de mis
moretones, mis heridas y mis lágrimas... era esposa
abnegada y como tal, el mejor ejemplo a seguir.
– ¡ YA NUNCA MÁS !.-
67
¡Y clavé las uñas en mi “Macho”!, ¡Y mordí la mano
que me golpeaba!, ¡Y ladré más fuerte que ese
“hombre”!, ¡Y me obligué a mirar de frente y con odio
a los ojos de aquel “valiente”!..... y me juré a mí
misma que ya nunca más me dejaría pisotear.
Le juré a mi hija que jamás volveríamos a pasar por lo
mismo, que aquel feroz “Macho” que salió corriendo,
gritando amenazas de matarnos a ambas; y no sólo a
nosotras sino a toda mi familia... ya nunca más
regresaría.
Quemamos todo lo que quedó de él, olvidamos su
presencia y tiramos sus recuerdos; cambiada dejé la
iglesia y aprendí a ser lo que siempre había querido y
no había podido ser.
Se tomaron fotos de mis lesiones, se enviaron
citatorios a varios lugares, se publicaron edictos por
varios días; se abrió un expediente en el juzgado en
turno, se rindieron declaraciones y se anotó mi
nombre en la lista de mujeres golpeadas.
Mi “Macho” todavía ladró un poco pero ya sin tantas
ganas de morder.
Por fin soplaron los vientos del respeto y de la
confianza adentro de mí, y si antes nunca tuve el valor
de reírme de mi “Macho”, ahora lo hice y en su cara.
– Hasta quince años puede alcanzar.- Le dije
complacida a mi hija y volví a empezar.
De ahora en adelante lo haría sola, pero con ayuda de
mi Norma; lucharíamos ambas y muy pronto todo
quedaría atrás; donde debiera quedarse por siempre
tirada la basura del pasado.
Aún era joven, aún podía colocarme a trabajar en
cualesquier parte; mi Norma aún no cumplía los
diecisiete y me quería ayudar, pero no, yo la tengo que
poner a estudiar.
Poco a poquito, todo era cuestión de esperar; y qué
mejor que ahora sin trabas que teníamos tiempo de
sobra, para ponernos a andar.
69
– ¿Y si vuelve, qué vamos a hacer?.-
– Ya nunca va a volver, y si vuelve apenas pone
un pie por aquí y se lo llevan.-
Las noches serían un tanto más frías pero tranquilas,
me debía tanto a mí misma y a mi hija, que tan sólo el
pensar, que durante muchos años mantuve callada a la
mujer libre, fuerte y auto suficiente que vivía dentro de
mí; me impulsaba a seguir luchando y a no rendirme ni
un instante más. En muchos otros errores volvería a
caer, pero en ninguno de ellos estaría otro “Macho”.
El comenzar de nuevo no sería fácil, jamás ha sido
fácil comenzar una nueva vida; y mucho menos ya casi
llegando a la mitad de la mía, mas sin embargo mi hija
y yo por fin éramos dichosas, aunque con demasiado
tiempo de retraso.
Por éso no vi con enfado que me empezara a platicar,
cada vez con más frecuencia, de un tal Omar. Ni
tampoco fruncí el ceño cuando con los ojos llorosos,
mejillas sonrojadas y risa nerviosa me contó con
emoción que el muchacho por fin se decidió.
– Señora... ¡Qué bonito está el día!, ¿Verdad?.-
– Sí, bastante soleado.-
– ¡Y deje usted lo soleado, lo limpio que se ve el
cielo!.-
– Es cierto, no me había dado cuenta.-
– Señora..... éste....-
Muchos riñones, sudor y pena son las cosa que
necesitó el muchacho para solicitar el permiso de
poder ser el novio de mi hija.
Como asunto delicado que no puede ser tratado a la
ligera, le pedí informes precisos y detallados sobre
oficios, vicios y beneficios.
Y después de una larga plática les dí mi aprobación.
Mi vida iba por buen camino; yo era feliz, Norma feliz
y cada una casi tanto o más que la otra.
Ella, más risueña que nunca todas las mañanas me
despertaba -Jamás pude madrugar tanto como ella.- y
me hacía de almorzar antes de irse a su escuela.
71
Por la tarde me tenía la comida lista y – Aunque cada
vez menos.- con las mejillas sonrojadas y nerviosa me
pedía permiso de salir a platicar con Omar un ratito.
Me daba gusto verla feliz pero no quería mal
acostumbrarla; me hacía la dura un rato alegando que
así nunca llegaría a ser enfermera, si seguía perdiendo
el tiempo con él en las tardes, en lugar de ponerse a
estudiar.
Al final siempre me dejaba convencer, y la veía salir
corriendo en busca de aquel, que ya estaba detrás de la
puerta esperando por ella.
– Híjole comadre, ¿Y cómo se aguanta a seguir
viviendo sola?.-
– Pues como usted lo puede ver, comadrita.-
A media cuadra le extrañaba que vivía sola, o como
más claramente lo dijo mi comadre: “-Sin un
hombre.-”.
Aún era joven y tenía amigos con los que salía a dar la
vuelta, dos o tres veces al mes, pero no había algo ni
nada que fuera en serio. Jamás perdería la libertad que
acababa de conseguir para Norma y para mí, por unos
pantalones bien planchados, unas botas boleadas y un
ramo de buenas intenciones. ¡No!; De éso ya había
tenido suficiente.
Cuatro o cinco salidas en plan de amigos, dependiendo
de lo bien que me cayera el galán pretendiente; y
“Adiós que te vaya bien, muchas gracias, te
agradezco”.
A Norma le gustaba cuando iban por mí a la casa,
decía que bien podía salir a tirar las ansias y el estrés;
que no se trataba tan sólo de trabajar, dormir y comer
sino también de divertirse. La verdad era que le
encantaba tener más tiempo para estar a solas con
Omar.
– Mamá... ¿A que no sabes qué me dijo Omar?.-
¡Santo cielo!, Mi hija, la única que tenía; andaba
alocando sus neuronas con ideas de casorio. Toda
madre pone el grito en el cielo cuando oye algo así,
pero por increíble que parezca: Yo no.
73
Norma acababa de cumplir los diecinueve y mi yerno
los veintiuno, cierto, ambos muy chamacos y muy
verdes pero rebosantes de cariño. Por éso les puse un
año de plazo para que se arreglaran las cosas como
deben de ser; porque el que corre se tropieza y sería
una lástima que a los dos se les viniera abajo el castillo
de ilusiones que habían construido.
– ¡Ay mamá!, ¿Qué va a ser de ti cuando me
vaya?.-
– ¡Anda pós pobre!, ¡Si nomas le estoy rogando a
Dios que te vayas!.-
– Es cierto comadre, ¿Qué va a hacer ahora que
se vaya Normita?.-
– Supongo que lo mismo de siempre, ¿No?.-
¿Por qué todos le preguntan éso a la mamá de la
novia?, Cualquiera pensaría que las madres se secan y
se quedan tiradas, como hojas en el otoño, cuando las
hijas se casan.
– ¡Quién la viera comadre, su hija casándose y
usted tan tranquila!.-
¿Acaso el día que se case Norma me debo meter al
cajón, y con ayuda de los vecinos, que me tiren al hoyo
y enterrarme dos metros bajo tierra?, ¿O vendrá
solamente alguien a darme el tiro de gracia?. No veo
yo, por qué deba preocuparme por el qué pasará y el
qué haré cuando ella ya no esté en la casa.
Definitivamente o tal vez serán diferentes muchas
cosas pero nada a lo que no me pueda acostumbrar.
– La casa dejará de tener tanto ruido y verá todos
los días ese cuarto que está de más.-
Mi comadre como siempre sembró su cizaña y durante
todo el año no dejó de cultivarla con tanto esmero que
al volver yo sola de la boda de mi hija; me encontré
con las luces apagadas y sin nadie que me estuviera
esperando, mas que el recibo del agua.
No había cena porque nadie la había preparado, ni tuve
a quien reclamar que por qué no compró el pan; la
semilla de mi comadre comenzó a rendir fruto.
75
Me quedé sola, y tal como me lo habían dicho, sin
nada qué hacer mas que irme acostumbrando a vivir
así. Y así lo hice porque lo hecho, hecho está y las
cosas no tienen marcha atrás; y menos ahora que mi
Norma comenzó su nueva vida de señora felizmente
casada.
Hasta que de nuevo regresó mi comadre a romperme
los nervios con sus gritos de mal agüero.
– ¡De segurito no lo sabe!, ¡Ay comadre, fíjese
que no me lo va a creer pero a su “Macho” ya
lo soltaron!.-
– ¿Ya?.-
– ¡Sí, y por allí me dijeron que salió llorando!,
¡Hágame usted el favor!.-
– ¿Llorando?.-
Los siguientes seis meses me fueron muy borrosos,
pasaron tan rápido; no hay nada u alguien que me los
recuerde así que no sé dónde ni cómo los pasé; lo
único que puedo decir, es que hoy me desperté en un
cuarto que no es el mío y a mi lado está el bulto de
alguien que ronca como animal enjaulado.
Había vuelto con mi “Macho”.
Con lágrimas borró mis malos recuerdos cuando
implorando y suplicando se presentó ante mí.
Me pidió volver a empezar, chillando nuevas
promesas; juró quererme mucho, mucho más que
cuando se lo llevaron preso.
– ¡ YA NUNCA MÁS !.- Le grité antes y volví a
hacerlo una vez más.
– ¡No sabes lo que es vivir sólo sin ti!.-
Y acepté, porque yo sí sabía lo que es vivir sola pero
no sé vivir así.
Tengo tantos miedos, y a todos los confundo con amor;
que éso era lo que antes me unía a mi “Macho” y me
daba fuerzas hoy. Porque es preferible vivir con
alguien que a la menor provocación discute por horas y
horas diciendo frases sin sentido que le permitan ganar
una pelea, o que al perder esa pelea corra a encerrarse
en su cuarto por horas enteras. Como las rabietas
77
atrasadas de un niño achacoso.
La casa en que vivo es la de él, no es más grande ni
mejor que la que yo tenía; pero puedo así escaparme de
Norma y de mí.
Sólo una vez he ido a visitarla; mi yerno resultó ser un
buen marido, y mi hija vive feliz y tranquila.
– Oye mamá, ¿Y por qué?.-
¿Por qué?, Quién sabe. Yo no sé por qué sigo viviendo
con él, por qué sigo formando parte de la lista de
mujeres golpeadas, ni por qué me siento orgullosa de
éso.
No sé por qué me quedo mirando por la ventana todo
el día y me entretengo soplando al polvo que flota
entre los rayos de luz. Tampoco sé por qué tengo
miedo de vivir sola y me apresuro a buscar su
compañía, cubriendo hasta rebosar de mentiras el gran
vacío en que me encuentro, pues sigo estando sola...
mucho más sola que antes.
– Porque soy María de los Ángeles, esposa
sumisa y abnegada; que vive como las
golondrinas, volviendo una y otra vez a su
balcón.-
2. Februar 2018 13:19:57 0 Bericht Einbetten 0
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