pablorhyal Pablo Rhyal

Seis piratas se baten en duelos constantes para controlar Komock, un archipiélago al oeste de Fallen. Un error causado por la avaricia desencadenará una serie de sucesos catastróficos.


Fantasy Dunkle Fantasie Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

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Prólogo

Nos tocó vivir una época complicada, aquellos barcos estaban continuamente en movimiento y con las velas siempre izadas.

—¡Hombre a la deriva!

Fue lo último que escuché antes de sentir una soga rodeando mi pecho. Me desperté a los dos días, acostado en una hamaca en la bodega de un barco mercante. Hacía frío, a pesar de estar en el este donde siempre hace un calor que sofoca el cuerpo y todavía más la mente. Era una bodega tétrica, caían goteras que provenían de cubierta de las diversas olas que golpeaban los laterales y se colaban al interior del barco haciendo que el agua se filtrara por los tablones, directos a mi cara. Me faltaban las botas y también la camisa, en aquel momento supuse que se me habrían perdido en algún momento mientras vagaba inconsciente en aquellas aguas a la deriva.

Cuando estaba buscando mis vestiduras, a pesar de lo sabido, escuché unos pesados pasos de botas mojadas bajar por la escalinata que daba acceso a cubierta. Cuando me giré un hombre de quizá veinticinco veranos se disponía a darme un plato de un estofado que echando un rápido vistazo, deduje que estaría asqueroso. Tenía hambre, así que no tardaría en comérmelo.

—Tu desayuno—me dijo aquel hombre con una bordería.

Era alto y delgado y tenía una salvaje melena que le caía por los hombros, llena de suciedad y humedad de pasar horas en la parte exterior del barco. Tras casi cuatro arcadas me acabé la mitad del plato y lo dejé a un lado.

Salí por el mismo lugar que mi camarero improvisado. Cuando pise el último escalón el sol me pegó una bofetada de calor mañanero. Cuando mis ojos consiguieron habituarse a la claridad, mis oídos escucharon el vocerío de los marineros alquitranando las tablas, rebajando la madera con cepillos y martillos o reparando los desperfectos de las regalas

—¡Eh, naufrago!

Cuando oí aquella voz grave que me gritaba a mis espaldas y me giré, reconocí perfectamente que aquel hombre se trataba del capitán del mercante.

—¡Sube aquí!—me dijo tras soltar un grito que hizo girarse a más de un marinero atareado.

Busqué la escalera de subida al puente y me encaminé a cumplir los designios del hombre al mando. A falta de mis botas las estaba pasando putas, aquellas escaleras estaban sin lijar y a pesar de que estaban húmedas, había diversas astillas salientes que se me habían clavado en las plantas de los pies. Cuando conseguí llegar, tras quitarme un puñado de ellas, el capitán me miró altivo. Era un hombre menudo y con una cara de facciones fuertes. Tenía unos pómulos muy marcados y los ojos hundidos en una cara bronceada por el sol. Poseía una barba canosa y larga que le llegaba casi a la altura del pecho. Su ropa era bastante cara para lo que su profesión podría reportarle.

—Llevas durmiendo dos días, chico. ¿Quieres un marinero como mayordomo?

Por la forma en que lo dijo, era obvio que estaba ocupando un catre que no me pertenecía.

—Lo siento y gracias por sacarme de las aguas—le dije con la mayor sinceridad que podría producir con mis palabras.

—Si hay un hombre a la deriva lo rescato, muchacho. ¿Quien eres, que te ha pasado?—

Dar una respuesta sincera en ese momento era firmar mi sentencia de muerte, ser colgado de palo de mesana y seguidamente ser arrojado al mar. Traté de pensar en una historia creíble y que no tuviera fugas.

—Soy Kenway Drake, mi barco fue saqueado y hundido por piratas—tragué ante la mentira en ese instante—Éramos simples transportistas en nómina de Astrid Wallace.

—Malditos hideputas, asolan los mares y destrozan las tierras que tocan—dijo el hombre agarrando con fuerza el timón—Lo siento por ti, muchacho, te dejaremos en Drache, estamos a dos días si el viento nos favorece.

Sentí alivio, pero Drache no era realmente un puerto que fuese santo de mi devoción. Era un mar de mercenarios y putas. Un puerto de paso donde nadie se quedaba por placer. Quienes allí dormían eran los operarios del puerto y los empleados del regidor del lugar.

—Por cierto, soy Alfred Hawthorn. Bienvenido a mi navío—dijo el capitán, mirando el horizonte.

Mi nueva vida, estaba a punto de comenzar.

El viaje por mar fue tranquilo, el viento acompañó el movimiento de las velas y no se produjo ninguna avería en los aparejos, cosa digna de admirar debido a la edad del barco. Le dejé el catre al hombre que le pertenecía y me busqué un sitio entre las cajas apiladas de la bodega, tapado en las frías noches con un saco que aunque no me proporcionaba mucho calor, si ampara un poco el frío.

—¡Tierra a la vista. Drache a proa!—dijo el vigía en la cofa

Salté como una rana de mi catre improvisado y corrí directo a las escaleras que daban acceso a la cubierta. El sol de la mañana estaba cubierto por una niebla que lo difuminaba. La claridad que el sol producía en la bruma me dificultaba la visión pero tras acercarnos por fin la vi, Drache. Un puerto más grande que la propia encrucijada de casas y edificios que tenía detrás. Sabía que su economía se basaba únicamente en lo que los barcos transportaban y vendían allí.

—¡Kenway!—me gritó el capitán desde el puente—¡Ayuda a los demás con las maniobras!

No era especialmente ducho en las maniobras de atraque, aunque sí sabía hacerlas. Cuando por fin el barco tocó con babor en los maderos del muelle, nos dispusimos a salir del navío. Hawthorn me dejó una camisa vieja que perteneció al cocinero, el cual había muerto de un infarto hacía relativamente poco, lo cual me daba mal presentimiento. Por desgracia iba sin botas, pues quitárselas a un marinero de un barco en el cual había recibido buen trato no era de buen gusto, incluso para mí. Descalzo y con la camisa de un muerto, crucé la pasarela que unía el barco con el puerto. No tenía una misera moneda para poder costearme una comida decente o algo de ropa nueva.

Drache tenía una aroma especial a pescado podrido, condimentado con algas secas, el armonioso aroma de sobacos sudorosos de marineros que podían contarse con los dedos de una mano, las veces que se habían aseado en sus vidas y putas usadas. Sus mercados eran pequeños pero concurridos, lo cual era de agradecer para hacerme con alguna que otra manzana de la cesta poco vigilada de algún frutero. Las putas se agolpaban en las esquinas ataviadas con un corsé que hacían que sus exuberantes pechos desviasen la vista del más atento en sus quehaceres a las semejantes montañas pálidas. Otras, ni tan siquiera se molestaban en llevarlo. Pude reconocer un par de calles, ya que no era la primera vez que caminaba por los adoquines desgastados de aquella ciudad. Tenía un par de conocidos que podrían echarme un cabo en temas económicos pero no estaba en posición de meterme en deudas. Tenía una labor y era volver a navegar.

Aún me duele la cabeza y tengo pesadillas por lo que ocurrió aquella noche lluviosa. Los restallidos de los cañones, escupiendo balas de hierro negro y destrozando los maderos del único medio que te mantenía con vida, hacían que te sangrasen los oídos. El cielo se cubría de nubes de humo de madera ardiendo y pólvora quemada. Siempre maldeciré el día que John Terch me había arrebatado mi vida, desprendido de todo lo que amaba y lo que hacía que mi existencia cobrara sentido. Mi tripulación y mi barco hundidos en las aguas del angosto mar.

Deambulé durante días por las calles, esperando un barco que buscase marineros a cambio de un mísero sueldo. Mercantes, pesqueros e incluso barcos de exploración que no iban conmigo. Conseguí hacerme con la bolsita de monedas de una mujer que la había dejado favorablemente a la vista, un pequeño golpe, que disimulé tosiendo, con el que la hice caer y la cogí. Un botín insignificante pero apto para continuar y poder comer algo.



10. November 2022 19:20:26 1 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Fortsetzung folgt… Neues Kapitel Alle 30 Tage.

Über den Autor

Pablo Rhyal Llevo muchísimos años escribiendo sin publicar nada, ahora, que por fin me he decidido a hacerlo quiero compartir con todo el mundo mi pasión por la escritura.

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N. Cousin. M. N. Cousin. M.
Me ha encantado como narras en primera persona, me he sentido en los pies del pirata (más por la parte de las astillas). Espero sigas la historia, aunque esperar 30 días será largo, saludos!
November 21, 2022, 22:03
~

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