Ocultos. El reino de las sombras. Follow einer Story

amberd Amber Dumaj

Érase una vez un continente reinado por tres imperios. Érase una vez una joven destinada a casarse o morir. Érase una vez un frustrado y solitario príncipe. Érase una vez un hombre completamente sin escrúpulos y sin compasión por las personas. Érase una vez una guerra y un ejército que ambicionaba el poder. Ocultos…Un mundo donde la magia es real y nadie es quien dice ser.


Fantasy Alles öffentlich. © Todos los derechos reservados.

#Romance #Juvenil
6
9740 ABRUFE
Im Fortschritt - Neues Kapitel Alle 10 Tage
Lesezeit
AA Teilen

Capítulo 1: Hafsa Gólubev

1 enero, 1460

Ciudad de Davía.

Desierto de los leones.


Debo marcharme. Debo marcharme para siempre.

Suelto un gruñido de desesperación. Me quedo sin pluma y tinta, mis manos tiemblan y mis brazos ya no tienen fuerza. Quiero escribir más, más y más, sobre cualquier otra cosa, pero no tengo toda la energía para hacerlo.

Sin darme cuenta, lágrimas ardientes me resbalan por las mejillas y caen sobre el papel, manchando, borroneando las palabras escritas con tinta negra.

Inspiro, expiro, inspiro, expiro... y pese a que el cuerpo me duele, no me funciona, arde y sangra, encuentro la fuerza para levantarme de la silla y tumbarme boca abajo en la cama.

Deseo dormir.

Olvidar, borrar los recuerdos que me atormentan.

Ser libre. Libre. Libre.

Pero en cuanto cierro los ojos, cansada, se me aparece el rostro Kadir y todo mi mundo se me viene abajo. No soy capaz de olvidar su mirada, ni sus besos ni su aliento sobre mi piel. Y cada vez que lo pienso me siento asqueada, me siento enfurecida, me siento nauseosa. ¿Cómo pudo Inna soportarlo durante tanto tiempo? ¿Hacer lo mismo día tras día, mes tras mes y año tras año? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Acaso si no salgo de este sitio, voy a terminar como ella?

Yo ya no era una niña, pero todavía era demasiado joven, demasiado joven para casarme. Demasiado joven para mantener relaciones íntimas con hombres. Pienso en mi pasado. Pienso en mi presente. Pienso en mi futuro y en mi cuerpo acompañado de gusanos, de huesos y calaveras de muertos. Si me quedaba junto a Kadir, mi vida ya no valdría nada.

Podía soportar las palizas, los insultos, las humillaciones, podía soportar incluso los pesares y castigos. Podía hacerlo, no tenía ninguna duda. Sin embargo, ser utilizada y tirada, tirada y utilizada por Kadir para aliviar sus necesidades, sin amor, sin libertad, como si valiera menos que nada, me era imposible. No podía, no quería hacerlo.

Miro las sábanas y aprieto los dientes recordando las palabras de Kadir:

Piénsalo, había dicho él mientras su mano acariciaba mi cintura. No te faltará nada. Lo único que tienes que hacer es satisfacer mis deseos. Te enseñaré muchas formas de hacerlo…

En tanto pienso en él, con sus manos en mis pechos, sus labios contra los míos. Su boca, sus dientes, su lengua húmeda presionando mi cuello, alimento mi convicción, afianzo, refuerzo mi decisión. Me iría. Me iría para siempre, solo tenía que esperar el momento apropiado. A fin de cuentas, morder sus labios y arañar su rostro para apartarlo de mí, no había sido tan buena idea. Lo único que conseguí fue ganarme otra paliza y ser encerrada dentro de cuatro paredes carcomidas. Suspiro y de pronto vuelvo a escuchar las voces dentro de mi cabeza. Voces desconocidas que me hablaban y competían por hacerse oír:

Entonces no olvides, no perdones. Que sangren, que sufran. ¡Acábalos!

Me tenso, me paralizo, sintiendo que toda la sangre abandonaba mi cuerpo. Mi monstruo interior, una vez más, había hecho acto de aparición y si no hubiese sido por un ruido inesperado, habría continuado así por el resto de la noche: con mil voces y risas sonoras intentando decirme que hacer.

Al oír unas pisadas en el pasillo y el clic de la cerradora, me quedé sin respiración. Pensé en Yerik, en Nahid. En sus palabras, en su crueldad. Sin embargo, cuando la puerta se abrió finalmente, fue Tahira, la que asomo tras ella.

El alivio duro más bien poco.

— Por los dioses. Te ves horrible, Lio. — Su voz suena suave, temerosa.

Me vuelvo hacia ella y parpadeo tratando de aclarar mi mente, tratando de entender lo que estaba sucediendo. Ella finalmente entra, colocando una pequeña lámpara de aceite sobre la mesa y, aunque, la mayor parte del cuarto quedaba a oscuras, la amortiguada luz iluminaba a mi alrededor.

— No tengo mucho tiempo — dice, acercándose cautelosamente. Sus ojos se fijan en los míos y agrega —: solo he venido a traerte algo de comer y comprobar que sigues viva.

Ella adelanta un paso, saca un pedazo de pan de uno de los bolsillos de su falda y me lo ofrece. Debo lucir sorprendida porque me sonríe.

— Está quemado y duro, pero es mejor que nada…

Llevaba casi dos días sin comer absolutamente nada. Estaba hambrienta, muy hambrienta, así que no me importaba si estaba quemado o duro. Le arrebato el pan de las manos y le doy un gran mordisco. La masa grumosa era difícil de masticar.

Tahira me mira a los ojos y luego de arriba abajo, como si estuviera buscando algo; luego dice:

— Voy a avisar que estás bien. Tienes feos moretones, pero a simple vista no veo nada grave —. Sus manos frotan, alisan, ahuecan la falda.

Todo lo que dice y hace me confunde.

— ¿Avisar a quién?

Tahira se ruboriza y sus manos se retuercen juntas. Dejo de comer y por primera vez me doy cuenta de su aspecto desaliñado, el rostro libre de maquillaje y el pelo rubio escapando de su moño. Tahira, la esposa más joven de Yerik, estaba en mi habitación no porque le naciera hacerlo o porque yo fuera importante para ella.

— ¿Yerik te envió?

Tahira se encoge. — Solo para ver cómo te encontrabas.

Mi corazón se detiene y muero un poco mientras la observo. Por supuesto que sí, mi tío tenía que comprobar que la mercancía estuviera en buen estado.

— Tenía prohibido darte comida.

— ¿Entonces por qué…?

Ella me mira con expresión contrita —. Inna te quería. No te habría dejado pasar hambre.

Miro el trozo de pan mordisqueado. Fuera cual fuera la razón, Tahira estaba siendo amable. Y la amabilidad era algo muy diferente a lo que yo estaba acostumbrada.

— Dejaré la lámpara. Y, por favor, termina de comer antes de que alguien venga. — Levanto la mirada. Ella me ofrece una rápida sonrisa y entonces se apresura hacia la puerta. Pero antes de que pueda salir, una mujer ingresa.

Nahid Assad.

Tahira se paraliza, inclina la cabeza, arrastra los pies y murmura disculpas.

— Luego me encargare de ti. Ahora lárgate. — Nahid asiente. Tahira no necesita que se lo repitan dos veces; hace una reverencia y de inmediato se escabulle por el pasillo. Mi temor crece, monstruos enormes en mi mente. Al fin y al cabo, Inna estaba muerta y ya no importaba si Nahid era la segunda esposa de Kadir, ella podía golpearme, herirme y a nadie le importaría.

Ella camina alrededor de la habitación y entonces se detiene frente a la mesa. Mi pulso se dispara y respiro profunda, muy profundamente mientras miro alrededor e intento asimilar lo que está ocurriendo. Ella toma de la mesa la carta que estaba escribiendo. La lee y levanta una ceja perfectamente definida.

— Vaya, vaya. No pensé que quisieras huir —, dice con sarcasmo. Arruga la nariz, sonríe, una sonrisa maliciosa mientras dobla la carta y se la guarda cuidadosamente en el escote del vestido —. A Yerik le gustará ver esto.

Aprieto los labios sin saber muy bien que responder. Sería castigada de mil maneras, de eso no había duda. Pero esa carta no decía nada que ellos no supieran ya, ¿verdad?

Nahid me vuelve a mirar a los ojos y para mi sorpresa no dice nada acerca del trozo de pan que escondo detrás de la espalda. En su lugar asevera:

— ¿Te doy un consejo, pequeña e insignificante gatita? Dentro de dos días te casarás con Kadir y él nunca te dejará ir. Serás suya, así que deja de lloriquear y olvídate de escapar.

Me tenso y mi boca no funciona bien cuando empiezo a hablar.

— No. No me casaré con él, no lo haré…

Nahid suelta una estrepitosa carcajada. Ella no me cree. Yo tampoco me creo.

— No importa lo que tú quieras, lo que digas o hagas. Kadir hizo una oferta por tu mano imposible de rechazar. Tu misma escuchaste.

Ella tiene razón. Escuché la oferta poco antes de quedarme a solas con Kadir. Básicamente toda la familia tendría para comer, vestir y divertirse, para pagar deudas atrasadas, para prestar y tirar dinero por la ventana.

— Además, si haces algo para arruinarlo todo… — Ella se acerca y yo me pongo de pie, alejándome poco a poco —… te destruiré —. Mi espalda choca contra la pared y su mano apresa mi cuello —. Te arrancaré la piel a tiras, te lo juro.

Cállate, quiero decir, pero su mano me aprieta cada vez más fuerte hasta que apenas puedo respirar. Araño su mano, intentando liberarme, pero ella solo intensifica la presión.

— Y cuando acabe contigo, querida, no habrá ningún hombre que vuelva a fijarse en ti — dice Nahid, con la voz resentida, los ojos oscuros y llenos de rabia.

Intento hablar, pero solo produzco un lamentable sonido gutural. Sus uñas se hunden y rasgan mi piel y el dolor explota en una luz blanca frente a mis ojos; me estoy debilitando, dejo de arañarla, siento la cabeza liviana y todo se vuelve borroso…

De pronto, Nahid me suelta con una amenaza y un golpe seco en la mejilla, que me lanza contra el suelo. Respiro con dificultad; mi garganta arde. El dulce aire llena mis pulmones y lo aspiro profundo, bien profundo, con avidez. Me toma un par de segundos retomar el control de mi cuerpo. Cuando levanto la vista, Nahid me está mirando con una expresión horrible: los labios apretados, un brillo duro y frío en los ojos.

— Lo comprendes ¿verdad?

Me estremecí de rabia. De dolor. Pero me quede mirándola fijamente negándome a responder.

— ¿Lo comprendes? — repite, agarrándome por el pelo y tirando de mi hacia arriba. Cierro los ojos, arañando el aire, pateando y dando alaridos.

No importaba si mi llanto atravesaba el cielo y dividía la tierra en dos. Estaba sola. Siempre sola. Nahid aprieta su agarre y jala más fuerte.

— ¡Maldita mocosa! — dice ella, tirando mi cabeza hacia atrás —. No lo volveré a repetir.

Aprieto los dientes y la miro de regreso.

— Te odio.

Su gruñido es muy agudo y desagradable. Profundo y amenazador. Me golpea brutalmente en la cara con el dorso de la mano, haciéndome caer de espaldas. Pero su mano aún se aferraba a mi cabello y estaba tirando de mi tan fuerte que me lastimaba, podía sentir las hebras siendo arrancadas de mi cuero cabelludo.

— ¿Sabes? Kadir estará muy feliz porque hoy más que nunca te enseñaré a ser una persona humilde y agradecida —. Ella hace una leve pausa y entonces con todas sus fuerzas grita —: ¡Yerik!

La imagen de mi tío invade mi mente y luego el recuerdo de todos aquellos días en que a duras penas podía levantarme de la cama.

— ¡Yerik! ¡Yerik!

Eso es todo, pienso nadando en sangre, en ira y devastación. Eso es todo. Ya es suficiente.

Algo dentro de mí se rompe. La oscuridad comienza a invadirlo todo y las voces dentro de mi cabeza estallan en alaridos:

«Ella sólo es sangre, carne y hueso… Mátala.»

Mis labios se curvan en una sonrisa. Mi monstruo interior, obligado a permanecer inmóvil y callado durante una existencia entera, adquiere de pronto una vida formidable. Pero yo, no solo la quiero a ella. Los quiero a todos. Quiero que Nahid, que Yerik y que todo el mundo reconozca las heridas que me han provocado y sean castigados.

Quiero verlos pedir clemencia.

Por eso permito que Nahid llame a gritos a Yerik, que alerte a mis primos y primas, que despierten y vengan a por mí. Unos cuantos segundos después, dos hombres aparecen en el umbral de la puerta.

Mi tío y el único hijo varón que Inna le había dado a su marido, Alim. Mi corazón salta más alto. Él no.

Respiro. El rostro de Nahid se torna más cruel y arrogante cuando los ve. Y es casi embriagador, porque ella no es capaz de ver lo que yo. Un punto luminoso y radiante que se va expandiendo, más y más, liberando un haz de hilos dorados. Cientos de hilos brillantes, conectando de mente a mente con todo lo demás. No, Nahid no se ha dado cuenta de nada, mucho menos, de que el tiempo se ha congelado y de que cuatro pares de ojos me están observando fijamente, sin pestañear.

— Bueno, no se queden allí plantados ayúdenme. — Ella mira fijamente a Yerik —. ¡La mocosa que parió tu hermana quiere escapar de aquí!

Ninguno de ellos mueve ni uno solo de sus músculos.

— ¡Alim!

— Es inútil. Ellos no pueden escucharte — declaro con una voz diferente a la mía, una voz vacía, fría y distante, una voz acompañada con las largas resonancias del gong de un templo.

Nahid, sobresaltada, se vuelve hacia mí de golpe. Sus ojos se ensanchan y su boca se abre con un alarido real. Me libera, caigo al suelo y ella se tambalea hacia atrás contra la pared.

Djinn — murmura, horrorizada.

Mi sonrisa se ensancha.

— No. Yo soy mucho peor.

Me tomo mi tiempo y empiezo a tejer una maraña de pensamientos y deseos. Respiro hondo, como si nunca antes hubiera respirado. Pero las voces están inquietas, impacientes y no me permiten disfrutar de nada. Ellas quieren que hale y rompa los hilos que unen a Yerik y a Alim con la tierra y toda la vida que existe sobre ella.

Lo hago.

Halo y no dejo halar los hilos de Alim y de Yerik hasta que la profunda voz del primero proclama:

— Fuego…

Nahid lo mira extrañada y luego me mira a mí.

— Fuego. — La voz de Alim suena más fuerte, profunda y clara.

Frunzo el ceño, él no debería saber eso. Entonces miro a Yerik y él todavía tiene la mirada fija y desenfocada sobre la lámpara. Sonrío y sin pensarlo dos veces tiro de todos, absolutamente de todos sus hilos. Luego, él agarra la lámpara de aceite y observo a Nahid, tratando de escabullirse sigilosamente. Niego con la cabeza. Me relamo los labios y vuelvo a tirar de los hilos de Alim: vete, vete de aquí y antes de que Nahid pueda huir o siquiera llegar junto a Yerik, Alim parpadea, da media vuelta y sale de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Nahid grita. Me pongo de pie y me vuelvo hacia ella.

— ¡Ayuda! — Ella tiembla y retrocede, alejándose de mí —. ¡Ayuda!

Ladeo la cabeza y me paso los dedos por el pelo. Mi cuero cabelludo arde y sangre gotea por mi rostro…

— Yerik — implora. Pero su marido está paralizado, sosteniendo a duras penas la lámpara de aceite —. Por favor, por favor Yerik.

Gruño y Nahid se vuelve hacia mí.

— Hafsa... Hafsa…

De pronto se lo que es la risa y me río sin parar. Me río de ella. Me río de su desesperación. Me río porque ella no decía nunca mi nombre. Me río. Me río y continúo riéndome hasta que ella dice lo que nunca debió haber dicho:

— … Te lo ruego … hija.

Hija. Tomo aliento. Mi risa neurótica y desgarradora, cesa. Cierro los ojos, las voces quieren que esto termine pronto. Pero mi corazón permanece duro e insensible a todo. Quiero verla sufrir.

— Debiste de haberme dejado ir.

Entonces busco los hilos de Nahid y cuando los encuentro, los rompo, los desgarro y los despedazo sin compasión. Su boca se abre para dejar escapar un largo lamento y sus ojos de serpiente se agrandan. No existe más que temor y horror en ella. Nahid cae de rodillas, totalmente sin fuerzas. Y entonces percibo con deleite y regocijo como pedazos de hilos oscuros se retraen, serpentean, encuentran y envuelven su cuerpo.

Escucho un crujido, un grito y luego nada…

Ella deja de existir. No pierdo tiempo y dirijo mi atención hacia Yerik. Un hombre fornido, con unos pantalones holgados de color azul claro, gastados y atados a la cintura con un cordel blanco. Extiendo mi brazo, tirando de unos cuantos hilos.

Yerik recobra el sentido, justo cuando se escuchan gritos fuera, mucho ruido y voces que amenazan. Arrugo la frente, no quería que todo terminara tan pronto. Pero terminó.

— ¿Qué está pasando? — Yerik grita. Me ve y luego ve a su esposa, tendida en el suelo, sin vida — ¡Nahid! ¡Nahid!

Él se retuerce, las venas de su frente palpitando por el esfuerzo.

— ¡Maldita…! ¿Qué has hecho? ¿Por qué? — aúlla, mientras yo me alejo y me escondo en un rincón —. ¿Por qué no puedo moverme?

Me encojo de hombros. Y posteriormente tiro de cada uno de sus hilos.

— Ahora puedes.

Su ceño se frunce, escupe, maldice y lucha, sin embargo, todo pasa demasiado rápido y la habitación a mi alrededor se desvanece. Lo último que recuerdo es a Yerik dejando caer la pequeña lámpara al suelo, derramando aceite y llamas, a mis primos derribar la puerta tras varias patadas y a la súbita explosión de luz que parecía llenar todo el cuarto, llenar cada rincón y desparramarse por mi mente… luego, no sentí absolutamente nada, ni escuché absolutamente nada.

Era libre.

¡Libre!


17. Dezember 2017 20:46:59 0 Bericht Einbetten 2
Fortsetzung folgt… Neues Kapitel Alle 10 Tage.

Über den Autor

Kommentiere etwas

Post!
Bisher keine Kommentare. Sei der Erste, der etwas sagt!
~