alyse Anni A.

Cuando descubre que en la ciudad ha aparecido un hada capaz de conceder deseos, Nira, experimentada ladrona, sabe que tiene que hacerse con ella. Pero parece que el hada tiene sus propios planes, y puede que no esté sola... Basado en una partida de DnD narrado por el maravilloso Horo (ig: clockwork_horologist). Imagen portada por Lucia Hsiang (https://milucia.artstation.com/). Iré actualizando la historia según se jueguen las partidas y pueda pasarlo a limpio todo!


Fantasy Mittelalter Alles öffentlich.

#fantasia #medieval #magia #deseos #hada #rogue #ladrona #dnd
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El robo

El pasillo estaba en silencio. Un pequeño grupo de guardias acababa de desaparecer, subiendo las escaleras que se abrían en un lateral, siguiendo con su ronda. El suelo y las paredes, completamente desnudos, estaban iluminados por grandes lámparas de aceite que colgaban del techo, cada pocos metros. Y al fondo, casi fundida con el muro, se adivinaba una pequeña puerta metálica, del mismo color cobrizo que la piedra. Ese era el objetivo.

Con cuidado de no hacer ningún ruido, Nira empujó la tapa metálica que separaba el conducto del pasillo. El olor de las alcantarillas había sido repugnante y quería pasar allí el menor tiempo posible. Le costó más de lo que esperaba desbloquear el acceso a la sala; la trampilla, un retazo de una antigua construcción, no había sido pensada para ser movida. Sin embargo, acabó por ceder. La joven la apartó con cuidado, dejándola sobre las grandes baldosas, y de un salto subió al suelo del pasillo, silenciosa como un gato.

Observó la sala con precaución. En efecto, la sala parecía vacía, pero su contacto le había informado de la presencia de trampas y sus ojos experimentados no tardaron en detectarlas. Una loseta de un color más apagado unos metros por delante de ella correspondían, casi con toda seguridad, a una losa de presión. Poco antes de la escalera un breve destello le indicó la presencia de un fino hilo, probablemente conectado a alguna alarma, y era posible que el aceite de las lámparas también estuviese pensado como defensa.

Comenzó a avanzar lentamente, eligiendo con cuidado dónde apoyar los pies y tanteando cada pocos metros, desactivando con cuidado las trampas más sencillas. Sentía varias miradas detrás de ella, en el hueco de la trampilla; esperaba que los demás se estuviesen fijando bien en dónde ponía los pies, porque después tendrían que ir ellos. Robar en la casa del alcalde de Xefford no era ninguna tontería, y a pesar de que un mayor grupo implicaba un mayor riesgo, no podía hacerlo sola. Sobre todo si algo salía mal. Pero si todo iba de acuerdo al plan, había botín de sobra para pagarles, y ella podría llevarse lo que había venido a buscar.

Casi había llegado a la puerta cuando escuchó el ruido de unos pasos aproximándose cerca de la escalera. Se detuvo en seco, echando un vistazo sobre su hombro. Un par de cabezas asomaban por la trampilla, esperando su señal para salir, y la miraban con el ceño fruncido. Según la información del contacto, los guardias aún tardarían al menos quince minutos más en volver al pasillo. Inmóvil como una estatua, esperó a que los pasos continuaran acercándose a la escalera más y más hasta dejarla atrás. Los guardias continuaron recorriendo el pasillo lateral, sin asomarse a los escalones, y siguieron de largo. Nira dejó escapar un pequeño suspiro de alivio y sonrió con confianza a los mercenarios. Todo controlado, al menos mientras ella estuviese allí.

Se volvió hacia la puerta y sacó un juego de ganzúas de uno de los múltiples pliegues de sus pantalones. Ah, el alcalde se habría gastado una cantidad considerable en guardias y trampas; pero la cerradura parecía ser tan vieja como la trampilla de la que acababa de salir. Los grabados y decoraciones le daban una apariencia lujosa y cuidada a la puerta; tal vez por eso nadie se había fijado en el estado del mecanismo. Hasta ahora. Nira introdujo las ganzúas y no tardó más de unos segundos en encontrar el punto de presión adecuado, y la cerradura cedió suavemente. Probablemente ninguno de sus acompañantes podría haberlo conseguido antes de que los guardias volvieran al pasillo.

El camino estaba libre. Les hizo un gesto y esperó junto a la puerta a que el variopinto grupo llegase hasta ella, estremeciéndose cada vez que uno pisaba peligrosamente cerca de una de las trampas activas o cuando sus pasos hacían más ruido del necesario. Por fortuna, todos llegaron hasta ella sin problemas. A pesar de su reticencia a incluir a tanta gente, no estaba segura de si habría podido llegar hasta el pasillo sin su ayuda; habían tenido que atravesar todo un laberinto de túneles y salas medio derruidas bajo la ciudad para llegar hasta allí. Le hacían falta. Sobre todo si algo salía mal. Las lámparas de aceite seguían colgando sobre sus cabezas.

Tras un rápido recuento mental, Nira miró al designado líder y asintiendo suavemente con la cabeza, abrió la puerta y pasó al otro lado.

Su contacto, poco más que viejo conocido, realmente, le había hablado del tesoro que el alcalde guardaba en su casa. Todo el mundo sabía que el hombre se lucraba con los impuestos excesivos de la ciudad, y era conocido su gusto por el oro y los objetos exóticos. Nira ya esperaba encontrar importantes cantidades de dinero y joyas en la sala, pero aún así no pudo evitar contener el aliento al entrar en la sala del tesoro.

La sala estaba totalmente abarrotada. Sobre las mesas había pequeños cofres, muchos de los cuales contenían tantas monedas que no podían cerrarse. En un lateral se acumulaban metros y metros de brillantes telas. Algunos rollos habían caído y habían rodado por el suelo, formando improvisadas alfombras en la sala de aspecto cavernoso. Las gemas y alhajas lanzaban destellos desde todos los puntos de la sala, muchos de ellos con escudos y sellos de familias de la ciudad. Incautados, supuso Nira. La joven también vio piezas de armadura por todas partes, algunas en el suelo o sobre las mesas, otras formando conjuntos completos que miraban a los recién llegados con ojos vacíos.

Sin embargo, no parecía haber más trampas, y no le habían advertido que las hubiera. Mientras el grupo entraba en tropel en la sala del tesoro, lanzándose a llenar las bolsas con todo lo que pudieran saquear, Nira recorrió la habitación escrutando con cuidado en busca de su objetivo. Aunque tenía algo en mente, no había por qué contenerse, pensó, guardándose una daga enjoyada y una pulsera dorada entre los pliegues de la ropa. Dio vueltas por la sala sin encontrar nada. Frustrada, calculó el tiempo. Tenían unos diez minutos para salir; tiempo de sobra, en principio. Si encontraba lo que había venido a buscar.

Se fijó en una de las mesas próximas a la puerta. Junto a un espejo de plata y zafiros se elevaba un bulto oculto por un brillante paño de seda blanco. Evitando a los mercenarios, Nira se acercó lentamente y retiró el paño de un movimiento.

Una sencilla lámpara de aceite y cristal se ocultaba debajo. Estaba apagada, y algo parecía moverse en su interior. La joven se agachó frente a la lámpara, intentando distinguirlo, y se encontró con una diminuta cara que le miraba de vuelta. Sonrió.

El hada se ocultó tras las piezas metálicas mientras ella se levantaba y miraba alrededor. Ocupados con el saqueo, nadie le prestaba atención. Levantando la mano, llamó la atención del llamado líder y levantó un dedo, haciéndole una señal. Él asintió.

–-¡Un minuto más y salimos de aquí, chicos! ¡Buen trabajo, pero no la caguéis ahora!

Nira se volvió sobre la lámpara mientras los demás apuraban su limpieza y la colgó de una de las tiras del cinturón. A pesar de su forma de cúpula, era pequeña y no abultaba mucho. Satisfecha, se volvió hacía el resto del tesoro dispuesta a hacerse con su parte cuando una oleada de fuego entró por la puerta.

5. November 2022 17:06:49 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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