laframboise Jesus Alberto Laframboise

MUERTE es un cuento corto de la miniserie MAD WORLD que contara con 6 cuentos


Fantasy Alles öffentlich. © Jesus Lafuente

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Kurzgeschichte
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MAD WORLD 1

Muerte, aquel duro momento que nada te prepara para afrontar, un duro prefacio a una vida, sin ese ser que complemento tu existencia alguna vez. Estar parado frente a esa caja de madera, ver el rostro del occiso y no saber qué es lo que le sigue.

Ahí es donde Darila entendió que todo aquello que amaba en aquel decadente mundo se iría y la dejaría sola, entendió que nadie era eterno. Ahí es donde ella pensó; que tal vez existía un mundo donde podrían vivir para siempre.

En ese distópico lugar donde el oxígeno era escaso y todos eran obligados a usar máscaras con respiradores, era raro encontrarse a otras personas, pues todos eran nómadas preparados para pasar por cualquier tipo de ambiente, donde su único amigo que los seguiría hasta el final de los días era su propia mascara, aquella vital herramienta para su supervivencia, algo que se les otorga desde el momento en el que nacen.

Darila había empezado una búsqueda en la solo ella sabía dónde empezar. De pequeña su padre, antes de quedar huérfana, le había dado un libro en el que decía que más allá del horizonte, atravesando los mares de arena, las frías montañas y las ciudades oxidadas encontraría el verdadero secreto hacia un mundo donde todo aquello que imaginara sería posible, incluso revivir a los muertos y vivir por toda la eternidad.

En aquellas inhóspitas tierras nadie estaba a salvo, siempre había un peligro constante. No solo durante la noche se peligraba, sino durante el día, encontrarse a algún otro nómada era lo que nadie deseaba. Una bestia podía ser más inofensiva que otra persona, ya que nunca se sabe qué tipo de arma o intensión tenga. Todos luchaban por sobrevivir, por obtener lo que deseaban y más al ver una mujer joven sola a su alrededor.

Durante sus largos viajes escribía en un viejo diario que había encontrado en una ciudad oxidada mientras pasaba por ahí, sus hojas estaban manchadas por haberse mojado y en su pasta llevaba las iniciales de lo que podía ser un apellido.

Mientras caminaba por un viejo camino de hormigón, con el sol en lo más alto del cielo, no evitaba divagar imaginando como había sido el mundo antes de la gran catástrofe. Los prados llenos de flores, unos bellos campos con un sinfín de animales y los bosques poblados por cientos de pinos.

– Como quisiera que todo volviera a ser como antes – Dijo al aire, siguió por el camino comiendo solo trozos de carne seca de un raro animal que había cazado hace un par de noches.

Los días eran desolados, donde la mejor amiga de aquellos que viajan era la misma soledad, por los caminos había pequeños refugios, pero no todos eran seguros, Darila había escuchado sobre uno que se encontraba cerca de ella, necesitaba provisiones y más información de cómo llegar a el desierto.

Las plantas casi no crecían por aquel lugar en donde se encontraba, el agua estaba contaminada y sin la máscara solo podría respirar una clase de combinación de humos y muerte, antes del anochecer comenzó a oírse una especie de ruido a lo lejos, sabía que estaba cada vez más cerca.

A cada paso que daba una sensación de peligro recorría su cuerpo, no sabía si ese refugio la recibiría bien o todo había sido una trampa de algún campamento de salvajes, escondió su cuchillo entre sus ropas y se preparó para lo que le esperaba.

– Si esto resulta ser un engaño, creo que aquellas viejas historias del mundo antiguo eran ciertas y la sociedad está llena de escorias – Pensó con un tono a repudio hacia aquella humanidad podrida.

Al entrar a ese lugar las miradas eran abrumadoras, el ambiente olía a hostilidad, algo había pasado. Había muertos, sucedió algún tipo de saqueo antes de que darila llegara. En el centro de ese destruido refugio había un pequeño círculo lleno de flores, algo que nunca en su vida se había imaginado presenciar, había antorchas prendidas y la imagen de personas.

Era lamentable el ambiente, mientras las gente recordaba a sus muertos algún tipo de monstruo había atacado a aquellas personas, ancianos, mujeres y niños. No había rastro por ningún lugar de algún hombre, cosa que se podía decir que atacaron a las personas mientras estaban desprotegidas.

Todo eso era algo que nunca había imaginado, la tristeza y el grito agonizante de algunas personas, hicieron que no pudiera evitar el llanto y en ese lugar saco aquel dibujo de su padre que llevaba en su diario, el único hombre que le enseño todo lo que necesitaba para sobrevivir diciendo –en qué clase de mundo me has dejado sola padre. Era lo único que poseía para recordarlo, tomándolo con fuerza, solo al recordar que aquella humanidad que alguna vez existió en las personas había desaparecido ya.

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2. November 2017 21:28:39 0 Bericht Einbetten 0
Das Ende

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