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No importa cómo de negro sea mi futuro, mientras te tenga a mi lado, sé que todo va a salir bien. Por eso removeré el cielo y la tierra para recuperarte, aunque tenga que descender al mismísimo infierno para recuperarte.


Fantasy Dunkle Fantasie Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#hacedordefantasia #HacedorDeFantasía #DNN #fantasía
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Prólogo. Mul, entre montañas y valles.

Todo el mundo sueña con ser protagonista de su propia historia. Todo el mundo tiene esa clase de sueños.

La Leyenda, la meta de todo aventurero y guerrero. Asientos reservados para los más nobles de espíritu, los más limpios de corazón, los más fieros y sobre todo, honorables… Un lugar creado para agradecer a los mortales por sus servicios, la mayoría de las veces mortales, hacia lo divino.

La gloria eterna, allí arriba, entre Valhala y Olympia, en el plano más próximo del firmamento, escoltando este mundo lleno de toda clase de monstruos, tanto bestias y como humanos. O al menos eso es lo que dice la gente, al fin y al cabo, La Leyenda no es más que una leyenda. Una cuestión de fe y sacrificio que no busca ser descrita por ninguna fórmula científica ni nada por el estilo.

¿Pero qué más da? ¿Quién querría dejarse llevar por historias para niños o por vaga labia de aquellos los divinos? Aún hay gente que está demasiado ocupada para pensar en algo así. Aún hay gente que trabaja todos los días en alguna fábrica o navío pesquero, por no hablar de los que se juegan el pellejo en las mazmorras, bajo el burdo objetivo de traer comida a su mesa. Todo lo que exista más allá de eso, son solo fantasías y problemas del futuro.

Algunas personas viven, o más bien conviven con la existencia de los dioses; otros les rezan, veneran y sirven, puede que esperando alguna recompensa, o puede que por amor verdadero; incluso, también hay unos pocos que no los soportan, pero esa no es nuestra historia de hoy. ¿O sí?

Pese a haber dioses en, prácticamente, todos los ámbitos de todas las sociedades: ejércitos, gobiernos, nobleza, en la clase obrera, en Olympia… Lo que nos reúne hoy aquí es una historia de frágiles y simples humanos, en un pueblo perdido entre las montañas y los ríos del Noroeste de Anghra, región comandada por la Autoridad del Amor.

Una historia de errores y maldades. De inocencia y rabia. Una historia de basura humana y de humanos inútiles. Al fin y al cabo, por naturaleza el ser humano es impulsado hacia el egoísmo.

Entre los árboles y las alturas de las Cordilleras de Cahalmuline encontramos la aldea de Mul, una población rural de poco más de doscientos habitantes, cincuenta de ellos menores, cuya economía se basa en el comercio de madera y pescado con las poblaciones vecinas. No son ni mucho menos ricos, pero tampoco pobres. Allí, una persona con el estómago lleno era una persona suficientemente feliz. “Al menos eso tiene consigo” te dirían allí.

Las casas eran de madera y roca, con pequeñas chimeneas y macetas, de flores púrpuras y escarlatas y acículas en vez de hojas, apoyadas en los alféizares de las ventanas de todas y cada una de las casas. La calzada era de tierra y polvo, y pese a estar en una zona elevada de difícil acceso, sorprendía el tamaño del molino de agua que había junto al río.

Otra de las construcciones a destacar de esta pequeña aldea era la figura de madera, erguida en medio de la plaza de tierra, en conmemoración a la diosa Kapera, antigua Autoridad del Amor, quien, cuando aún vivía, dotó a la aldea de Mul de caminos gracias a los cuales la gente podía transportar sus mercancías con más eficacia al resto de poblaciones de las Cordilleras de Cahalmuline, incluida la cuidad más grande de la región, con el mismo nombre.

Alrededor de la ya desgastada figura, un grupo de niños de entre seis y nueve años se divertía jugando al Pekjar, el juego más famoso en esta parte del globo. Pese a sus precarias situaciones, tan solo con un saco de tela lleno de piedrecitas del río y un par de palos con los que delimitar la distancia valían para poder jugar.

Enfrente de ellos, sentado en la pared externa de una cabaña de madera junto con un pajarito encerrado en una pequeña jaula, otro niño de su misma edad los observaba jugar. Tímido, aquel niño trataba de ocultarse tras sus rodillas y su gorrito para que no le viesen; pero tan solo hacían falta un par de cantos de su pajarito, de colores amarillentos y verdosos, para iluminar de nuevo aquel rostro plagado de inseguridades.

No podía evitar el sentirse maravillado por aquel increíble animal. Un animal capaz de volar, tan pequeño y alegre; con esa cola tan peculiar y ese canto que desafiaba todas las normas de lo musicalmente correcto, pero que a la vez sorprendía con su armonía y tono… No había nada en el mundo que mereciese más su atención que aquella pequeña criatura, a criterio personal del joven.

Entre los gritos de los otros niños, un ruido detrás suyo llamó la atención del pequeño niño del pajarito.

La puerta de la cabaña se abrió y un hombre salió de ella. Apenas alcanzamos a verle por encima de las rodillas, pero tan solo con ver su errático caminar, podíamos suponer las condiciones en las que este se encontraba.

- Oye, Myi. ¿Por qué no dejas al pájaro ese? Y, hip, ¿te pasas un rato jugando con niños de tu edad? Hip. Tanto tiempo con el animal te va a volver más pájaro que persona, ¿y qué harás entonces? Haha… -

- No me importa, ojalá ser un pajarito como Yuu, así podríamos volar juntos por todo el mundo… -

- ¿Huh? -

- Papá, dime una cosa… -

- Hip, ¿Qué pasa Myi? Anda, date prisa que tu madre me está esperando dentro, hehehe. Hip. –

- ¿Has vuelto a beber esa cosa verde? –

- ¿E-el qué? ¿Licor de Coboga? Para nada, hip, para nada, hahaha. Qué cosas tienes. –

- … -

- A-anda, no te preocupes por eso hombre… -

- Papá, ¿podrías buscar otra mamá? La vieja me gustaba mucho más que esta… -

- Lo siento hijo, pero esta es la que hay… -

- Pero es que esta no me quiere. –

- Serás bobo, pero, ¿tú has visto sus… Bueno, quizás aún eres demasiado pequeño. Hip. –

- ¿Lo harás? –

- ¿El qué? ¿Cambiar de novia? Jamás, ¿me oyes? No tienes ni idea de lo que cuesta poder comer hoy en día en este pueblucho, para que encima que te mantenemos, te vengas a quejar de todo. ¿No quieres cargar con las herramientas de los leñadores? Está bien. ¿No quieres, hip, relacionarte con el resto de los niños? Bueno, puedo permitirlo. Pero, ¿encima te vas a quejar de lo que yo haga? ¡Eso sí que no! ¿Me oyes? Si en tu asocial cabeza solo entra ese pájaro, pues allá tú, pero que ni se te ocurra quejarte… -

El rostro del niño se llenaba de impotencia ante la testarudez de su padre. Entre todos aquellos berridos de su borracho padre, el pequeño Myi maldecía también su propia falta de iniciativa, la cual le llevaba a bloquearse en los peores momentos, cuando trataba de interactuar con otros seres humanos.

- Da gracias a que no hemos tenido la oportunidad de marcharnos de este maldito pueblucho, si no, te hubiésemos dejado aquí con tu bichejo hasta que, de lo inútil que eres, te murieses de hambre mirando dentro de la jaulita, embobado como siempre. –

El padre de Myi volvió a entrar poco después, cerrando de un portazo la puerta de la vieja cabaña.

- Oh, Yekke, no seas tan duro con el niño, es obvio que no nació bien, y aunque sea un lastre, es tu hijo. –

- Déjalo, ahora lo que más me importa eres tú… -

Se escuchaba procedente del interior de la cabaña. Myi, conforme empezaron los besuqueos y cariñitos procedentes sus padres, decidió coger la jaula, y llevarse de allí su inexpresivo rostro.

- También podría trabajar él. Pero supongo que papá está triste por lo de mamá, es mejor que le dejemos descansar, Yuu. Ven, vamos a buscar otro sitio en el que jugar. -

Un rato más tarde, seguimos con Myi, quien se oculta detrás del molino de agua para jugar con las plantas, mientras escuchaba alegremente el canto de su amigo.

Césped con forma de aloe vera y finos capilares de hojas que hacían de la fantasía dentro de la cabeza de Myi, un contraste de fuerzas entre la dureza del suelo y la suavidad del viento a cien metros sobre el mundo.

Pese al tono de su padre, Myi ya había olvidado por completo aquella acalorada riña. Aquella era su única habilidad: poder evadirse de sus problemas con un poco de diversión y un poco de terapia en forma de Yuu. Cosa que ni su padre, ni su madrastra eran capaces de ver.

El día pasó, Myi jugó y sus padres siguieron con lo que fuese que estuviesen haciendo. Al día siguiente, pasó algo parecido. Al siguiente lo mismo, justo igual que llevaba pasando toda la semana, y que pasará la siguiente.

Esa era la vida de Myi: jugar con Yuu, hablar con Yuu, escuchar a Yuu… En una aldea como Mul, si eras un niño en la situación de Myi, tampoco tenías nada mejor que hacer.

Ni tampoco lo tendrás.

Al menos, dentro de lo malo, Mul, situado en las Cordilleras de Cahalmuline, al noroeste de la región de Anghra, dominio de la Autoridad del Amor; era un lugar en el que los estímulos eran limitados y el lugar era conocido. Un lugar perfecto para la cabeza de nuestro pequeño amigo: suave y repetitivo.

17. Juli 2022 22:45:27 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Lesen Sie das nächste Kapitel 6 de Nevelia del 4211. Parte I. Verano.

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