aragonz-escritora 𝓐𝓻𝓪 𝓖𝓸𝓷𝔃

¿Alguna vez sentiste que estabas viviendo la vida de otra persona? ¿Jamás te cuestionaste tus decisiones? ¿Nunca quisiste tener un presente diferente? Yo sí. Tengo todo lo que una persona pudiera aspirar: un trabajo, una familia estable, una casa bonita y, sin embargo, este vacío que pesa en mi alma no desaparece. ¿Qué harías si encuentras al hombre de tu vida cuando ya has unido tu existencia a otro? ¿Y si los amores del pasado regresaran? Déjame decirte que lo he vivido y es una jodida mierda. Si quieres saber cómo superé el caos sin desfallecer en el camino, te invito a leer mi historia. Soy A. y seré tu guía en esta montaña rusa de emociones.


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Querido Valentín.

Querido diario:

Odio a todos.

Sí, así como lo lees. Odio a todos los que me rodean. Quizás esto sea consecuencia de mi propia manera de ser. De mi modo paciente de soportar la mierda de vida que tengo; tan consecuente y permisiva que, de pronto, me encuentro ahogada en esa burbuja de espacio personal que necesito.

Hubo un momento en que no fue así. Yo fui una mujer feliz y libre pero, con pesar, debo decir que escogí el camino más «cómodo», por decirlo de alguna manera.

Y me quedo aquí, detenida en un instante de recuerdos y solo su rostro se hace presente, con su bella sonrisa de dientes grandes, blancos y parejos. Una sonrisa perfecta de esas que venden pastas dentales, sólo que él me vendía la felicidad y yo se la compré sin dudar. ¡Dios! ¿Por qué lo recuerdo ahora? Esto no está bien, esto no me hace bien. Y aunque intente evitarlo, las ideas tontas se forman en mi cabeza, tales como: si él me viera con estas fachas, seguramente pasaría de largo.

Agito la cabeza porque sé que ya nada queda de esa chica aventurera, soñadora y risueña que alguna vez fui y que él se encargó de destruir. La pequeña campanita, que pululaba a su alrededor, se apagó al descubrir que Peter Pan no cogería un trabajo de oficina. Él no aceptaría perder ocho horas de aventuras diarias, tampoco se quitaría los tejanos desgastados para enfundarse en un traje y usar corbata. Estoy segura que no se adaptaría a una vida monótona donde la cena y el sentarse a realizar tareas escolares te privarían de una reunión con amigos en algún bar de moda.

Y todo eso, sin contar nuestro final…

Prefiero centrarme en ideas tontas antes de sucumbir ante el dolor. ¿Seguirá conduciendo su moto? ¿Vestirá su chaqueta de cuero negro y calzará sus botas de punta aguda? ¿Usará el mismo perfume?

A veces lo veo entre sueños y quiero decirle que venga a por mí, que me saque de este infierno y me recuerde cómo era volar pero después mi super yo me susurra que mañana Carla tiene una presentación de ciencias y Cleo debe llevar galletas para su proyecto de inclusión así que, mientras mi marido duerme y ronca espatarrado, me levanto y me encierro en la cocina a trabajar.

A la vez que bato los huevos, me pregunto si le gustaría verme de nuevo; si pensó en mí, alguna vez, durante todos estos años. Muerdo mis labios e intento contener las lágrimas de rabia que amenazan con caer.

¿Cuándo fue el momento exacto en que me perdí a mí misma? ¿Por qué acepté esto? ¿Por qué continúo con una vida que solo aporta días grises y repetitivos?

¡Ay, querido diario! Alguna vez tuve la valentía de escapar, olvidarme de todos y mirarme al espejo sin sentir vergüenza pero después tuve que volver, aceptar que nada podía cambiar y me aferré a la idea de que era mejor para todos. ¡Ja! ¿Cómo puedo mentirme tanto? En ese «todos» no me incluyo porque yo no cuento.

¿Triste? Sí, lo es.

¿Desesperanzador? Obviamente.

¿Cruel? Bueno, no para mi familia.

Yo creo que los amo. Y digo «creo» porque hace tanto que mi corazón está apagado, marchito, en automático, que ni siquiera recuerdo lo que es sentir. ¡Quisiera hacerlo! Pero no puedo, no me nace.

Existen momentos en que desearía poder hablar con alguien pero no encuentro con quién o, tal vez, pienso que me gritarán: ¡Deja de ser tan dramática que lo tienes todo!

Ahora mismo arrugo la nariz al leer lo que escribo y es que viene a mí un recuerdo que me jodió la vida. Hace un tiempo atrás, mis «amigas» armaron un grupo de WhatsApp y comenzaron a alardear de todo lo que habían logrado en sus profesiones y yo me quedé callada pues, ¿qué iba a decir? ¿Que mi mayor logro fue aprender a desarrollar habilidades múltiples? Porque esas las tenía. Podía cocinar con una mano mientras que, con la otra, sostenía a mi bebé que gritaba por la teta. No puedo obviar que, al mismo tiempo, debía mover el carro donde mi hija mayor se iba durmiendo, poco a poco, luego de ensuciar todo el piso que me había costado horrores limpiar hacía menos de dos horas.

Y si eso no fuera suficiente, sería apasionante contar que mi marido decidió «sorprenderme» con sus dedos ―que entraron en mi vagina aún seca y lo único que hizo fue lastimarme―, entonces, fingí que me gustaba para que terminara esa tortura lo más pronto posible. Claro que el muy canalla no se dio cuenta de ello pues estaba más preocupado en preguntarme «¿Ya te la puedo meter?» ―por favor, nota mi descontento―. Y ante mi «sí» enojado, me empaló de golpe, se movió tres veces y finalizó con un bufido justo cuando comenzaba el segundo tiempo de la semifinal de la Champions League.

¡Just in time, baby!

Bueno, al menos, me centraría en ver esos culos futboleros, que retendría en mis retinas, para hacerme una paja cuando él se durmiera. ¿Te parece una tremenda mierda, diario? Pues bueno, deja que siga contando mi vida y sabrás lo que es ser una mujer adulta, responsable y frustrada.

¿Sabes? Me frustra esto de hablar con un diario, entonces, creo que sería bonito ponerte un nombre. Bautizarte a mi antojo porque… porque eres parte de mí y solo de mí.

Sí, lo he pensado y creo que tengo el nombre perfecto para tí: Valentín. ¿Te gusta? A mí me mola demasiado. Valentín es un nombre muy varonil, seguro y libre. Así que…

¡Bienvenido a mi vida, Valentín!

También pensé en lo que me gustaría contarte y, probablemente, lo mejor sería relatar mis mejores experiencias sexuales. No sé, quizás hacerlas en forma de relatos o cuentos. Una tontería pero es lo que quiero. Además, necesito mostrarte que alguna vez fui libre y grité mis orgasmos.

Me parece una buena idea. Veremos qué sale de esto. Así pues, mañana ―o cuando tenga tiempo― escribiré mi primer relato. ¡Qué nervios!

Creo que comenzaré por mi primera vez porque, aunque no lo creas, fue más tragicómica que placentera. Pero es un buen recuerdo.

Mi querido Valentín ―¡me encanta este nombre!―, me despido de tí ahora mismo. Estoy escuchando que gritan mi nombre y no puedo continuar encerrada en el cuarto de baño por mucho tiempo más.

Sí, escribo desde el teléfono, sentada en el frío suelo y con la cabeza gacha que me tortura el cuello. ¡Bienvenido a mi vida, Valentín!

Besos enormes.

A.

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Nesly Carrasquilla Nesly Carrasquilla
Eso Valentín, arrasando con todo 💞
June 29, 2022, 02:11
RA Rusari Arias
Super feliz de tener a Valentín por aquí 🤩 Una historia que promete ❣️
June 29, 2022, 01:43
~

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