Kurzgeschichte
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Una larga excursión

Un hombre sencillo camina a través de la selva, una excursión medianamente frecuente para el, un escape de su rutina que despeja su mente. Saca de su bolsillo una hoja de papel, la desdobla, dibuja, anota, marca un árbol y vuelve a guardar su pequeño mapa improvisado, hecho y rehecho en cada una de sus modestas aventuras. Alrededor del mediodía, llega de nuevo al final del camino, es la tercera vez que se adentra tanto, pero ahora decide expandir su mapa, se adentra en la espesura frente a el, justo como deseaba al inicio de su viaje.

Camina por la selva mientras se hace mas espesa, se detiene cada vez mas seguido para marcar su ruta en el mapa, un pequeño hormigueo pasa por la punta de sus dedos cuando anota un nuevo punto de referencia para su regreso. Sigue con esa nueva rutina, auto impuesta, hasta que el reloj en su muñeca marca las cuatro de la tarde, coloca su morral en el suelo para acampar y desandar su camino en la mañana.

Despierta de súbito junto a los primeros rayos de sol que atraviesan la densa capa de árboles, trazando lineas de luz entre los remanentes de la noche anterior, que dan brillo a la fina capa de sudor que lo cubre. Todavía siente la pesadilla fresca en su memoria, pero no puede acceder a ella, mientras recoge todo para partir, revisa una última vez no haber dejado su cuchillo, su brújula, su reloj o su mapa y vuelve a caminar, embriagado con la idea de que podría encontrarse en una zona inexplorada. Al andar de regreso se siente extrañamente incómodo, como si su cuerpo no quisiera abandonar el lugar. Finalmente revisa su reloj, son poco mas de las once de la mañana, lleva mas de cuatro horas caminando, pero según su mapa solo ha avanzado la mitad de lo que debería, la frase de uno de sus amigos pasa fugaz por su cabeza «Allí todo, hasta el tiempo parece tener mente propia» pero descarta la idea, tiene muchos años con ese reloj, quizás por fin esta fallando; luego de tomar agua continua su camino.

Con el calor del medio día se siente ahogado dentro de la espesura, aun siguiendo las marcas que hizo en los árboles siente que no avanza, siente que esta a punto de perder los nervios a cada paso que da sobre el espeso manto de hojas muertas y tierra, tiene la impresión de que este palpita bajo sus botas, como si fuera una gran alfombra de insectos vivos que caminan en su contra, al llegar las tres de la tarde su ánimo se une a ellos, justo frente a él hay un gran claro cubierto de pasto, tan pulcro que el charco negro en el centro parece gritar por sí mismo que no debería estar ahí, al igual que el hombre en el linde del claro. Sintiéndose derrotado y; mas que nada; abatido, decide montar campamento justo donde esta parado.

Vuelve a amanecer, no esta seguro de si fue su creciente sed lo que lo despertó, o si fue el estrés de no saber donde demonios se encontraba, aunque decide que fue lo primero al notar su falta de agua, había vaciado su cantimplora durante la noche. Es el primer hombre, o al memos eso espera, en pisar el perfecto pasto verde; se dirige al charco negro en su centro que, con la humedad con que refleja el sol, parece llamarlo. A escasos centímetros de sumergir el envase se detiene e introduce una rama seca; entra con facilidad, pero parece demasiado viscoso para ser solo agua, un punto medio entre la miel y el aceite. Retira la rama, una gran gota entre marrón y roja se desprende de la superficie cubierta de fango y maldice en voz alta por no tener nada con qué purificar el agua.

Luego de calmarse, casi al punto de la resignación, decide abandonar el lugar, si va a morir prefiere que sea en el intento de salvarse. Desmonta el campamento a trompicones, para adentrarse en un camino desconocido, ya que perdió toda confianza en su tan adorado mapa. Después de andar entre caminando y trotando, sintiéndose asfixiado por la humedad, la sed y el calor, a su conjunto de males se agrega una desesperación moderada, al ver, entre los arboles frente a el, un claro con pasto verde brillante y un charco negro en su centro.

Su corazón golpea fuerte contra su pecho, al igual que sus rodillas el suelo, justo en el lado opuesto al lugar donde desmontó su campamento dos horas antes.

Llora, escasas lágrimas de miedo se deslizan limpiando su mugriento rostro, mientras gimotea ahogado en impotencia. No recuerda quedarse dormido, solo lo nota cuando el sol del medio día lo despierta, su garganta arde como si hubiera bebido arena, su vista esta borrosa y sus pensamientos divagan inconexos entre recuerdos suyos que parecen de vidas pasadas, hasta que, como si fuera una revelación apoteósica, su mente y vista se centran en la mancha negra en medio de la mancha verde.

Trata de erguirse para caminar, pero todos sus intentos fallan, decide gatear, aunque siente mas bien que se arrastra como un animal herido; en algún momento del camino se aferra a la misma rama que hundió en el charco, pequeñas manchas verdes parecen brotar de ella; llega al charco, aun en cuatro patas, baja la cabeza y bebe.

El sabor a tierra y metal lo golpea desde dentro, pero no le importa, aún si su garganta le arde al pasar algunos granos de arena, sigue bebiendo, hasta que sus brazos flaquean. Su cabeza se hunde por completo, y el lo acepta como un baño refrescante, como si fuera un chiste del que se reirá en el futuro al recordar su travesía, afinca los brazos para salir y seguir bebiendo, pero falla, se esfuerza con toda la fuerza que el pánico es capas de darle a su cuerpo, y falla de nuevo, su cabeza parece sellada dentro de la tierra, le empieza a faltar el aire, grita sumergido, pero ni siquiera siente las burbujas pasar por su piel, forcejea todo lo que puede, aunque es en vano. “Eres mio” le dice su propia voz en su mente mientras pierde la conciencia.

Despierta de súbito junto a los primeros rayos de sol que atraviesan la densa capa de árboles, trazando lineas de luz entre los remanentes de la noche anterior, que dan brillo a la fina capa de sudor que lo cubre. Todavía siente la pesadilla fresca en su memoria, pero no puede acceder a ella, mientras recoge todo para partir, revisa una última vez no haber dejado su cuchillo, su brújula o su mapa y vuelve a caminar, embriagado con la idea de encontrarse en una zona inexplorada.

28. Juni 2022 03:48:32 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

Joxh Savir Enero de 1998 ¿Te gusta lo que lees? Si es así, házmelo saber

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