1566617928 Francisco Rivera

Desde sus sinónimos, las vidas de tres personajes fluyen en el curso de magos y brujos; de leyenda negra y aplicaciones de justicias incomprendidas respecto de lo juzgado...


Horror Gothic horror Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#-Maldiciones #-Excomuniones #Imprecaciones
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Anatemas: De Excomuniones, Imprecaciones y Maldiciones...

PRÓLOGO.

En esta historia es necesario comentar a las lectoras y a los lectores respecto a tres personajes desconocidos entre sí, pero con semejantes inclinaciones.

Las vidas de Pero Arroha, Maro Sarriah y Primo Donosterre enlazan excomuniones, imprecaciones y maldiciones dentro de su sinónimo asociado con lo negro y lo oculto.

Sus anatemas se unen al hilo de la trama que tiene en la leyenda oscura lo que a cada cual le atrae lo ignoto y cerrado para cualquier entendimiento de los no iniciados.

Las entregas que se han de hacer de esto esperan dejar manifiesto que no son en cada caso, reglas de excepción de lo que aquí se describa.

Que cada lectora o lector extraiga sus conclusiones parciales en cada caso en tanto que por nuestra parte algo se abone al género y a lo que otros cofrades de ambos sexos han escrito, continúan escribiendo y, sin duda, seguirán haciéndolo en lo porvenir...


ATENCIÓN AMABLE LECTOR:

Cada capítulo tiene secuencia progresiva de acuerdo a lo siguiente:


Capítulo 1 ANATEMAS: Sus excomuniones, en Numeral 1 y continuidad a Capítulo 2 Sus excomuniones con numeral de enlace 4...

Capítulo 1 ANATEMAS: Sus imprecaciones, en Numeral 2 y continuidad a Capítulo 2 Sus imprecaciones con numeral de enlace 5...

Capítulo 1 ANATEMAS: Sus maldiciones, en Numeral 3 y continuidad a Capítulo 2 Sus imprecaciones con numeral de enlace 6...

Y, de esa manera, hasta agotar la temática, sin que establezca por el momento el total de capítulos.


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INICIO: ANATEMAS: SUS EXCOMUNIONES

CAPÍTULO 1 NUMERAL 1

Pero Arroha es un ser que le tiene sin cuidado quiénes practican la magia y la brujería.

Su origen vasco lo lleva a desentrañar su parentela y descubre que todos han sido magos y brujos en determinados momentos de sus existencias anónimas.

En cierta tarde se encuentra más receptivo que otras veces y concluye asociaciones correspondientes gracias a un Tratado de Excomuniones que aborda ambos aspectos.


Así descubre que cada campo de estudio no es indiferente a sus inclinaciones intelectuales.

Con asociaciones y comejenes sabe que cada rama arcana se encuentra extendida por todas partes dentro del mundo contemporáneo.

Departe, comparte y reparte su asociación de ideas ya inmersas en su salsa de orden y caos reinando ambas por cualquier lugar del planeta.

Amplia cavilaciones sin ignorar lo factible de escuchar sobre la existencia de practicantes y devotos; de imitadores y charlatanes como de curiosos y necios que buscan con fruición nociva adentrarse en ambas ramas que es conocimiento insondable no menos accesible donde no suele explicarse el por qué y el para qué hacer qué con esas prácticas, más allá de daños a segundos o a terceras personas.


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Pero A., con sus evidencias purgadas en conciencia propia se encuentra dispuesto a efectuar un cambio esencial en su vida común, incluyendo un boleto de circuito de ida y vuelta para obtener la inmortalidad del cangrejo.

Esa es una ofensa contraria a la costumbre de bobos devotos donde ese simpático crustáceo de horóscopo avanza contra natura hacia adelante y en derechura.

Dibuja rectas impresionantes, exactas y no menos inusitadas y provoca exultante babia contraria sobre toda aquella pavoneada muchedumbre circunspecta que pasa del error al horror y de este a la desfachatez de no captar lo que esconde para el porvenir lo que dicho pequeño ser es desde el momento en que deja de serlo, al convertirse en pasto de gustos sibaríticos de hombres, mujeres, niños y adultos mayores más inclinados a respirar -sobre todo éstos últimos- los aires viciados de invocación a lo oscuro, antes que sólo invocarlos con debido conocimiento, respeto y distancia prudente entre una y otra rama secreta, siempre retraída del sentido común humano.


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Le resulta obvio que tal demostración no natural confunde a muchos locuaces circunspectos desconocidos, con relación a cada tópico de lo recóndito.

Los imagina como adeptos a una o a otra tendencia oscura.

Los recrea en su mente actuando sólo por imitación o influencia desde géneros del asombro del horror.

Los visualiza como aprovechados de los medios escritos o las películas que continúan ofreciendo en sus pantallas de exhibición, signos de pavor bajo facilidades de abonos de suscripción ajustados, en cierta fracción de población civil que gozan de relativa solvencia económica respecto de una gran mayoría que no se encuentra en esos subniveles sociales .

Para él, se trata de ese tipo de personas o de familias que compran una pantalla de última generación para ser colocada dentro de la sala de estar o del espacio propicio de sus hogares.


En ese sentido, existe en su reflexión una previa comodidad del espanto individual llevado a cabo en sesiones de consumo familiar de todo tipo.

Por supuesto, sabe que más de una familia hace bastilla de pavor tomando lo inusual por señal evidente ante toda oscuridad que está por asomarse al mundo y a sus temores no reprimidos de un momento a otro.

En esas conjeturas tempranas se sabe agraciado por un valor circunstancial que le provee cierto Tratado Particular de Excomuniones en ambas materias.

Esto lo predispone a dedicar lecturas hechas de cabo a rabo.

Por consiguiente, se produce en su interior saltos y aportes remotos de un ambivalente conocer oculto que siempre se encuentra vedado, pero que no deja de resultar atractivo a personas no versadas e iniciadas en tales artes sombrías.

Esto ha sido así en los pasados meses del año que corren en ajuste a sus casi treinta calendarios cumplidos en medio de una pandemia inesperada.


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Antes de ese momento de tal hallazgo -Compendio de Excomuniones-, su sentido de lo ignoto se mantiene vivo y en común tranquilidad; no así su sentido de vida, que se encuentra fuera de lo inmediato y varado desde una existencia que creía no era banal.

En ése algo hay mucha vegetación dentro del diario vivir y una acumulada bola de tedio que lo mantiene alejado de asuntos más trascendentes, que sólo respirar y cumplir las funciones básicas de sobrevivencia.

Desde ese encuentro fortuito en la biblioteca pública del Estado, cuando se presenta una mañana insustancial, siente de golpe un ingente escalofrío peculiar que lo recorre de pies a cabeza, nada más al ingresar a una sección de obras de consulta.


Ahí se da a la tarea de dirigir sus pasos hacia un repositorio del conocimiento estacionario; lo auto percibe por la manera inverosímil de conducirse cual autómata hacia el encuentro con un viejo volumen depositado bajo una pila de libros.

Dicha publicación ocupa su lugar inobjetable para equilibrar la falta de una de las cuatro patas de un estanterol atiborrado de volúmenes no menos extraños.

No está de más mencionar que Pero A., escucha una extraña voz de telarañas que ya le susurra al oído una súplica moribunda, no menos cansina, para transformar su peso utilitario en otro sentido: ser mejor aprovechado para su seso expedicionario.


Haciendo caso a esa condición de condena ignorada, no desoye los casi imperceptibles lamentos de amargura estática y coloca en ese lugar improvisado otro ejemplar de ciertas novelas rosas que sustituye con creces a aquel anterior libro.

Ahora, una fuerza inusual obra en contra de su anterior sentido práctico desde el momento en que se presenta ante una bibliotecaria de turno anterior o posterior, que lo atiende con lentitud e indiferencia.

Como haya sido, ya por karma o sin el, le presenta ese ejemplar ante la chica que atiende en el área de depósito y registro de préstamos a domicilio; ella hacer lo propio y sin proferir palabra deja que el volumen salga de ese establecimiento con más prisa que no menor aterrada dilación.


En ese conjunto de sucesos nadie se imagina ni sospecha que en ese atento lector que espera el sello de vencimiento de entrega del volumen, quede sorprendido en cuestión de segundos cuando advierte que dicho sello no aparece por ninguna parte.

Para este verdadero explorador del conocimiento público siempre dispuesto a recorrer a sus anchas las filas de los libros durmientes en sus estantes, resulta una continua búsqueda de más fuentes secundarias.

En otros días subsecuentes emprende otras tantas búsquedas de más fuentes primarias pero sólo consigue fuentes terciarias.


De nueva cuenta lleva a cabo su privado cometido.

Ya mantiene una reserva de comentario ante familiares y amistades cercanas a su núcleo de parentelas secundarias.

También se asegura un cambio de intereses intelectuales, morales y espirituales.

Por último, hace "manos a la obra y seso en obra", modificando de grado su, hasta entonces banal existencia cotidiana.


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Armado ya de ese ejemplar único, a partir de dicho instante descubre lo que cada lector o lectora conoce de cuánto hasta aquí se ha dicho.

En ese proceso de auto lector su propio presente se transforma; ahora ya no vive dentro de la anodina manera en la cual vive.

Un futuro inmediato lo observa: aprehende rudimentos de la vieja escuela de adivinos; se familiariza con sus entidades; éstas le comunican su lenguaje críptico abundante en revelaciones que rebasan el entendimiento simple; finalmente, un ulular de palabras de sortilegio inicia la sucesión de momentos indeterminados al amparo de la pronunciación de sonidos recónditos que perfectamente se filtran en ambos oídos:


"Así va la cosa, porque así es, y habrá de seguir siendo en lo sucesivo...".


En ese entremés de lo recóndito deplora a cada momento su desgaste de avanzar a pausas pero está dispuesto a ajustarse a tal ritmo.

Mediante un recorrido fino a la lectura incluye un grado variable que direcciona desde lo seco a lo sobrio sostenido en sentido estricto donde se representan asociaciones mentales que proyectan fuerzas indescriptibles.

Hace lugar a un sacrificio de horarios indeterminados más allá de cada medianoche, convertido en un filtro de horas de sueño postergado.


Los síntomas de elucubraciones le aportan ciertos apellidos proto típicos de familiares descifrados en aconteceres y nombres de pila.

Lo somete primero a digresiones atadas a farragosas relaciones imprecisas e inocultables de nexos habidos y por haber relacionados con unos tales Donosterres y Sarriahes.

Finalmente, a partir de esas conectividades encubiertas surge en él una fatídica comezón de curiosidades que empieza a ensanchar la manifestación de sus ideas generales más oscuras.


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En un plano consciente trasvasa su propio inconsciente.

Sin desconocer la fama que esas familias atribuyen en su momento, tanto a la magia como a la brujería, sus asociaciones peregrinas constituyen una manera de acertar sin saberse cómo explicarlo a través de asociaciones pareadas.

Por consiguiente, después de abrevar en lo necesario o básico -entre una tarde-noche-, se topa con las excéntricas y no menos ejemplares excomuniones dirigidas a una y a otra manifestación de las tinieblas y per se, de sus manifestantes tenebrosos en esas familias ya identificadas.


Encuentra que ambas están tan vivas como en sus siglos anteriores a la etapa contemporánea.

Su azoro asocia que dentro del momento mismo en que forman parte de una generación de transición entre dos siglos y dos milenios, se traza una rara y grata sorpresa de encuentro que le confirma que esas tendencias proliferan entre las generaciones más inmediatas a la suya.

Esto ocurre sobre todo entre quienes escriben temáticas de fantasía oscura; versándose en errores y pavores y aún realizando descripciones de homilías de horror y galerías de lo impensado.


Lo oscuro resulta marco de referencia puesta en el pasado aunque narrado desde su inmediato presente.

Dentro de tales literaturas de género y subgénero cada ayee de sorpresa mortecina brinda pesadas emociones que hacen trepidar corazones y sudar sienes ante espectros salidos de imaginaciones abonadas en los doctos escritos, del Sr. Alan Poe.

No obstante, también eso ocurre con la no menos adorable Mises Shelley; pero por igual, ante el duro gesto de Míster Lovecraft e incluso desde la extravagante y no menos brillante escritura de Mr. King, entre otras lumbreras reconocidas en todo el mundo.

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Fuera de esas asociaciones de tiempo escrito y descrito, llega a pesquisas insólitas.

Transcurre su marcha común de días de asociación de una no imaginada medida de prevención y distancia social resolutiva.

Fragmenta su vida concreta en relación al lugar donde aún reside y se ciñe a esa medida impuesta ante las condiciones de contagio que experimenta.

Aprovecha para sí dicha circunstancia -no ignorando que ésta es, de suyo, impositiva- y pese a todo se traduce en más maldiciones que de costumbre.

Por tanto, analiza con tiento y no menor circunspección esa gama de elementos para sacar todavía mayor partido al inusual distanciamiento generalizado.


Pronto da en un clavo al aumentar sus lecturas y en asociar y atar más cabos que rabos.

En desear con frenesí un sólo deseo: profundizar ya, en ambas ramas.

Argumenta a su favor que hasta redescubre una manera efectiva para festinar su humor de perras bravas.

Ese pase necesario resulta encomiable y da pábulo a la obsesión de hacer presa en trizas de paciencias y coraje volátil ante aquel anterior tiempo malogrado -el del desperdicio de una vasta molicie en sola salsa de banalidades.


En su inmediato Aquí y en su atorrante Ahora, hace cortes de energía sentimental.

Acaba por postergar su extravío absurdo de vida, anteponiendo un tiempo indefinido que le resulta benéfico para trocar sus anteriores días insustanciales de ser sólo un humano mortal cualquiera.

A partir de ya, él no será el anterior él y su circunstancia...


Se acostumbra a trabajar en paralelo mientras corren momentos en que el Estado establece horarios para desatar incongruencias manidas de Instituciones de Prevención en Salud Humana e incluso padece de necios cortes inesperados de corriente eléctrica en zonas citadinas.

En su caso, y donde se enclava el lugar de residencia popular que por entonces alquila, se condiciona a lo uno y a lo otro.

Ahora, provisto de cientos de velas de iluminación mortecina, evita en lo posible desproveerse de sueños intermitentes;.

Si bien no siempre lo consigue, surge algo más: en medio de la fracción de comunidad con la que comparte, nunca falta quien o quienes están dispuestos al ruido en cualquier momento, siempre imprudente, nunca consecuente, sin que cancele otras preguntas acuciantes, como ésta, por ejemplo:


¿Por qué la excomunión a la magia y a la brujería...?


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En siguiente cuestionamiento, se dice en voz alta si ser vasco es ser mago o brujo; y aún más: se auto interroga lo siguiente:

¿Debo establecer semejanzas de largueza dentro de mis inclinaciones dedicadas a ambas ramas a la vez o debo mejor hacerlo por separado?

Tras el acopio de información subsecuente consulta las veces que cree necesario otras fuentes primarias, secundarias y terciarias y sigue apuntalando un criterio consistente y/o solvente, en relación de una y otra manifestación hacia lo oscurecido sobrenatural.


Se introduce de manera exaltada en un contexto de remota antigüedad donde se cruzan cultos arcaicos y una mezcla de hechicerías tanto prácticas como de ocurrentes procedimientos.

Todo esto le resultan verdades de fascinación pre científica y fundamentos más que suficientes para situarlo ahí, donde la ciencia calla y lo sobrenatural estalla.

Este pulsar acelerado mantiene una landa en la que se detiene dentro del análisis respecto a procesos icónicos que se imponen tanto a magos como a brujos de siglos pasados, siendo tales no pocos casos habidos entre sus familiares lejanos...


Descubre relaciones de correspondencia inversa por parte de enjuiciadores ante sus enjuiciados.

Capta la vaguedad de la excomunión y la dificultad de hacerla entendible a los afectados, tratados como condenados o indiciados que, de una vez por todas, se encuentran fuera de la historia de los seres humanos.

Se les relaciona con lo contra divino tenebroso y lo sobrenatural incomprendidos.


Es un no entendimiento de lo juzgado dirigido sobre magos y brujos asociados ante un resultado de uso y recurso de toda extrema severidad ejercida.

Esto deja una estela de hoguera sobre unos y otros -sin distingo de sexos-.

Pero también campea un falta de ápice de duda y arrepentimiento individual de sus censores, quienes mejor lo reservan para permitir continuar con el curso justiciero llevado a modo donde esa tendencia es siempre contraria sobre aquellos réprobos, lo cual lleva en sí su propia incomprensión y censura no siempre bien fundamentada.


En siguiente momento concluye quedándose con una sensación salobre en relación al hecho de haber entendido un cómo, sin mayor por qué demostrativo, una vez que se ha terminado con las vidas de cada uno de los renegados de la fe impuesta.

Esos dedicados e inmolados resultaron siempre apostasía ante la honra del Ángel Caído o a la Caterva de Demonios Adorados en Apartados Lugares.

De sobra, amigos lectores, imagine cada cual dónde, cómo, por qué y para qué esos iluminados de lo umbroso tenían fines determinados para llevar a cabo sus ceremoniales de culto...

CONTINUARÁ ANATEMAS: SUS EXCOMUNIONES

CAPÍTULO 2 NUMERAL 4...


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INICIO: ANATEMAS: SUS IMPRECACIONES

CAPÍTULO 1 NUMERAL 2


Maro Sarriah es otro estudioso de las percepciones que enmarcan la magia pero no la brujería; él disocia algo dentro de la Leyenda Negra urdida en la misma noche de los tiempos.

Considera sus pesquisas particulares dedicadas en absorta atención a ese Tratado Secreto sobre las Imprecaciones de Magos Mal Afamados.

Desecha por sistema arbitrario el enfoque de simple condena de sus ancestros ante presunciones tibias que establecen que unas y otros son y han sido en el pasado, practicantes de la brujería.


Se convierte en una persona de retraído estudio personal, siempre en reserva para acotar lo que desde hace tiempo piensa de ese arte negro: ser honda fascinación humana que raya siempre en mórbida ruta temeraria.

No obstante algo más se empeña en deslindar de modo contradictorio ya a favor de un antepasado o ya, a favor de otra parentela enjuiciada...

Por consiguiente, se da cuenta que no debe prescindir de lo que creía prescindir...


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Para él, es asunto de mera contrastación y descubrimiento posible de puntos de análisis particulares deber demostrar lo que cada cual vale por sí misma, y de lo que debe ser establecido de manera tajante en relación a sus hipótesis siguientes:


A) La magia es más poderosa que la brujería.

B) La segunda escamotea el poder de la primera.

C) Ambas pueden -y deben- estar separadas en sus respectivos compartimentos.

D) La primera es lo primero, y la segunda lo advenedizo que da lugar a nutrir esa Leyenda Negra derivada de la Noche de los Tiempos, sin que se pueda evitar el hacer más comprensible a los seres humanos del presente siglo y milenio, lo que hasta entonces deviene en un embrollo que pasma ante lo experimentado por los antepasados, quienes fueron simples mortales e interesados y/o no menos curiosos que husmearon más allá de dónde no debían hacerlo.


En su momento de trabajo intelectual no parece haber nada que perturbe su objetivo, o eso es lo que parece ser... o cree que debe parecerlo ser.

Hace gala de mejores imprecaciones y se esfuerza con éxito relativo para obtener una firme aclaración de dudas y sortear lagunas que un cierto Registro Informal sobre Imprecaciones le reporta a su existencia.

Sabe que existen por ejemplo, determinados Centros de Magia esparcidos de manera inverosímil y no en cantidad mínima por cierto.

Esos "espacios peculiares" -desde su perspectiva molesta- brotan como hongos aún dentro de la comunidad donde reside.


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Para su desgracia, coteja que no se está a la zaga en los establecimientos de brujería cuya perniciosa apertura los vuelve sitios preferentes donde se expiden pócimas, amuletos, letanías, lociones y demás chucherías que reportan pingües ganancias a esa competencia desleal establecida.

Su fuerza de emprendimiento inoportuno se acrecienta con la pasmosa evidencia de personajes surgidos en los barrios más alejados de las ciudades o en zonas metropolitanas en las que, con gran despliegue de anuncios publicitarios ostentan autenticidades dudosas.

Ahora ya se desplazan del interior del país a las colonias populares, como es el caso de franquiciantes oriundos de Catemaco, Veracruz.

En fin, cómo sea que lo sea, ante él queda expuesta una verdad -no de Perogrullo-, relacionada con lo que se recomienda para atender amores encornados, intereses testamentarios, casorios abortados o dominaciones carnales en todo lo alto.

Pero no los exime la inquietante incerteza de grado superlativo: ¿Por qué la magia y no la brujería y/o acaso, en viceversa cuestión...?


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Autoanaliza sobre si debe enfocar de modo breve el asunto de la magia y nada, nada, el de la brujería.

Se embebe ante fuentes primarias clasificadas y se apoya con sentido utilitario en las de carácter secundario y terciario.

Con todas juntas espera dejar bien sentado todo aquello que no resulta trascendente en la Leyenda Negra de la Magia como también entre sus respectivos Magos Representados.


Por cuanto concierne a la brujería deja en segundo grado de atención lo hecho por sus Cófrades Brujos en ambos sexos.

Vuelve a contrastar los contextos en cada rama del saber tenebroso y determina que primero la magia y sólo después la brujería.

Más luego, no desconsidera las relaciones establecidas de cultos muy antiguos mezclados con prácticas de hechicerías cerradas.

Incluso llega a concebir que quizá hasta invierta esa proporción de la segunda ante la primera.


Por ahora no queda duda al respecto: para compenetrarse de los procesos sumarios ejercidos en siglos anteriores a su presente, analiza esa Leyenda Negra de Doble Vertiente.

Coteja entonces a exponentes legendarios acusados de brujos o magos soterrados e incorregibles.

Toma nota de juzgadores Anti Magos, como de sentenciadores Anti Brujos y descubre que no necesariamente unos u otros hablan dialectos o idiomas de los aprehendidos; tampoco los enjuiciados hablan ni comprenden las lenguas de sus censores sin dejar de incluirse en esto a las formas dialectales de los castigados.


La contradicción en el anatema de imprecaciones se anida en tal o cual leyenda de aberrante reputación censada.

No deja de resultar fácil para la inmediata comprensión de lo juzgado.

Asociadas con los magos o con los brujos de cada caso no parecen hacer diferencias de grado a la hora de llevarlos a sus muertes desesperadas.


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Abrasados a todos los fuegos de leña verde pese a sus estertores de piedad ahogadas entre lenguas vivas de ardores insufribles, no pierden nunca ser como cualquier ser humano, pero ese sufrimiento indescriptible no deja de resonar en su mente.

Se constituye en hondo desgarro emocional ante la suerte del alma calcinada.

Asciende la imaginación atroz que no alcanza a reproducirse con fidelidad en ilustraciones hechas desde registros de época.


En la literatura referida al caso atisba un eco que llega hasta el presente donde discurre en su día a día la pena de quien se encuentra bajo cárcel y sin debido proceso.

Constata alejada de la realidad por ejemplo, aquella cinta filmada y aprovechada en función de consumo y de recreación de tiempos pasados.

Exhibida en salas de proyección donde se dan cita cinéfilos de edades adolescentes hasta adultas mayores el pasmo se mini-colectiviza.

El divertimento de mero entretenimiento se torna solaz morbo de fanáticos testimoniales en calidad de espectadores de lo escenificado.


Se diluye la verdad o su mentira respecto de cuánto se exhibe en filmes de temporada.

Se convierte en práctica de alquiler o adquisición definitiva de historias de ambos géneros al por mayor, proyectadas en estricta sesión de fines de semana ante aparatos de recepción de imágenes de última generación.

Se asiste al regodeo del hartazgo con filmes de género de horror, sangre, muerte y resucitados del más allá profundo, siempre acechando a la humanidad bajo figuras sobrenaturales o apareciendo donde menos lo imaginan sus consumidores.


Dentro de las modalidades On Streaming casero se cumple el rito del conjuro del personaje de la película: "El Exorcista", en tanto se llevan a cabo sesiones maratónicas atiborradas de palomitas de maíz; totopos con chile; gaseosas y demás menjurjes de otras industrias no menos asesinas que la Santa Inquisición.

Las sutiles imposiciones en tiempo y dinero -para goce y constancia de lo gozado pavoroso- se atiene a las suscripciones anexas con sus ofertas de inscripciones renovadas y a la reiterada invitación corporativa para continuar estremeciendo el espíritu.

Además, sin cancelar la recreación de todo pasado, siempre mal evocado y peor recordado, se ajusta el estereotipo de necias perspectivas que jalan con la fuerza del espanto a millones de consumidores en todo el planeta: ante el horror que vende, el espanto demanda más pavor a lo acostumbrado.


En cada caso, magia y brujería no van de lado, sino en crecimiento de adeptos de todas las edades y en ambos sexos.

En la superstición de lo juzgado la vehemencia de conocer por qué ha sido así y no de otra manera, lleva a concluir de manera parcial lo cavilado a través de este sucesorio mago y brujo que es M. Sarriah,.

Existe un universo interlineal entre magia y brujería en el que considera que lo que siente en su yo interior corresponde a una fuerza no terrena.

Se trata de un flujo que lo atrae y lo sustrae para recorrer en líneas paralelas la amenaza del mundo de ahora subvertido en orden y con caos imperante.


Sabe que se postergan antiguos intereses humanos y sus inclinaciones hacia la senda de los vericuetos oscuros.

Se sobrepone a esto una temeridad adquirida por aniquilar al planeta con la fuerza de núcleos de odio concentrados en atómicas amenazas.

En cada falso mago convertido en tecnócrata de pretendida defensa nacional se simula luchar por gramos de democracia expoliada en todo el globo terráqueo.


Así, se distorsiona el legado de personalidades como Merlín, Michael Nostradamus.

O bien, lo contemplado en el Libro del Apocalipsis, donde se citan retraídos pasajes que sólo los iniciados comprenden en alcance, sentido y extensión reservado de lo profetizado...

Más esto no es así para quienes ni leen ni entienden lo que leen...


CONTINUARÁ ANATEMAS: SUS IMPRECACIONES

CAPÍTULO 2 NUMERAL 5.


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INICIO: ANATEMAS: SUS MALDICIONES

CCAPÍTULO 1 NUMERAL 3


Primo Donosterre por su parte e individual preferencia hace hoy día lo propio e inverso a Maro S., pues enfoca cierto interés intelectual que se desmesura poco a poco ante la propia oscuridad de la magia y de esa línea que bifurca la brujería en los magoi del pasado.

Para favorecer sus sesudas reflexiones atesora un raro Tratado de Maldiciones que en cada oportunidad lee a conciencia y paciencia incierta.

Sabe muy bien que va a ir desmenuzando de modo paulatino y no menos sosegado esa lectura dedicada en cada tarde.

Constituye ya una pasión indómita en la que comparte horas, numerosas horas, dedicadas a tan insólito esfuerzo de lo tenebroso insondable.


Pues bien, él está determinado a teorizar sobre lo inverso.

Considera que la magia es más oscura que la brujería y acomete su empresa para establecer linderos con relación a la primera.

Conserva -con celo manifiesto- no menos celta, un raro Tratado o Vademécum que posee asuntos evidentes que le aportan brillantes digresiones ante la lectura de otras tantas maldiciones que son, desgraciadamente, de dominio público en México y en casi todo el mundo.


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Encuentra referencias e inferencias de ciertas genealogías sostenidas entre sus más remotas parentelas.

Dichos ancestros le provocan sentimientos encontrados como es el caso de un tormentoso antepasado que nació o vivió en Vasconia, siendo tal un Donosterre pero no un Arroah, y mucho menos un Sarriah.

Debido a lo apretado de su agenda inquisitiva decide dejar de seguir esa línea de investigación y por ahora la reserva como primicia para mejor ocasión de su apellido.

Es decir, para cuando la inmejorable oportunidad involucre sus preferencias con lo que le va saliendo paso.

En consecuencia, considera que en dicho sentido hay una comezón por descubrir: ¿Pero, por qué razón esto lo inquieta...?


En él también existe un punto de marras: el surgimiento, acomodo y/o reacomodo de Centros Bruje riles o de Magos de todos los tonos y al por mayor quienes bajo ciertas módicas cuotas alcanzan a cubrir sus emolumentos de sobrevivencia.

Esto es algo que le fastidia y siente que le merma el interés de estudio representado en ese ese afán de interés de lucro: en su perspectiva se trata de un asunto tal en el que un tipo de cultivadores extremos van de lo blanco a lo morado; de lo rosa a lo escarlata o de lo gris a lo negro absoluto.

Lo más sorprendente lo representan algunos hechos, si bien un tanto aislados, detecta ciertos sucesos que se encuentran relacionados e incuestionados.

Así, ata cabos con el interior de las iglesias de toda proporción.

De todo credo religioso e incluso de toda orientación espiritual desde donde contempla otra perspectiva en relación con todo lo que conecta entre lo mundano, la actualidad y su reiteración por la magia y la brujería, mismas que le semejan ser cual incubadoras de foros tendenciales de magos y de brujos.


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Quizá el sino de los tiempos que corren expone el surgimiento de Falsos Profetas.

De Mesías de Corto Plazo o de Arrogantes Castigadores de Bolsillos vaciados en diezmos semanales no menos sustantivos.

Los considera todo un grupo de feligreses encontrados ante una próxima renuncia a la eternidad.

Por supuesto que tal asunto hace tambalear la fe del creyente e incluso hasta de los no creyentes.

Igual ocurre con los ateos irredentos, pero también con los de último momento.


En un esfuerzo de análisis detecta en poco tiempo que quizá hasta los nuevos advenedizos han convertido los centros de fe blanca en reuniones de karaoke.

Se encuentran sumados con un todo donde sin excepción autocrítica hacia adentro.

Se obligan a cancelar sus autocríticas hacia afuera y pasan a convertirse en obligados hacedores de una fidelidad anónima compartida de la misma forma ante prójimos anónimos de reuniones semanales.

Por consiguiente, resultan todos "una misma medida de cuchara sopera" en momentos extáticos en que se muestran volcados a la histeria colectiva y al grito último de la moda quedando bajo creencias de un consiguiente nuevo milenio ya despuntado.


Esa reflexión sobre las conductas de los dictaminadores del pasado parece estar dentro de los propios del presente, ejerciendo la fuerza de sus argumentos de fe en cualquier nación del planeta.

Al igual que en el ayer, quienes resultan ser ignorantes de la lengua de origen respecto de los dictaminadores-censores, recuerdan los momentos del Aquelarre, donde contertulios "brujos", "magos" o "hechiceros" muestran cuánto sienten en carne propia al sólo presenciar aquellas decisiones de sus castigadores.

Es decir, le sugiere ser un puente roto entre idiomas o lenguas inentendibles pasando por una provocación de maldiciones donde se anidan viejos tormentos en pago a negras vidas de esos practicantes inmolados.

Lo que los une es el grado de discriminaciones terminales de que fueron objeto e hicieron época en un intento personal para legar una trasmisión de injusta justicia revestida de impronta divina: blanca e inflexible aunque de verdad le parece más negra y prohibida.


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Los procesos y sus procesadores muestran ser incompetentes ante resoluciones contradictorias y esto la sabe ahora por estar contenidos en el Tratado de Maldiciones del que dispone.

Deja constancia de una historia de contrariedad tenebrosa al interior de la magia y de esa otra línea imprecisa respecto de la brujería.

Siempre turbia, le recuerda que en todo caso participan voluntades humanas; métodos; jueces y jueceo aplicado.

Esto no excluye a magistrados y a la tendencia de su magistratura, ejerciendo celo brutal hacia los castigados.

Reservando para sí mismos toda muestra de docta ignorancia.

Impartiendo férreas aplicaciones bajo adustos semblantes justicieros, bastante y presumiblemente configurados para acabar con las existencias de negros personajes, excepto claro está, con la negrura de lo censurado...


CONTINUARÁ ANATEMAS: SUS MALDICIONES

CAPÍTULO 2 NUMERAL 6.


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5. Mai 2022 15:31:32 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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