annadr Anna David Rey

El amor toca tu puerta. Así comienza la nueva vida de Sabrina Garcia, conociendo a su nuevo roomie y fiel amigo, pero la chispa que comparten abrirá nuevas preguntas, sentimientos y problemas. El 122 es el departamento que ellos comparten


Romantik Zeitgenössisch Nur für über 18-Jährige.

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El 122

La doña Astrid me enseñó el edificio donde iba a vivir. Ella no iba a subir mis valijas, tenía angina. Era la excusa más absurda que escuché. Y tampoco le pedí que lo hiciera. Me arrepentí, cuando vi que no había ascensor hacia el cuarto piso, ¡me cago en mi vida! Levanté las valijas, pero el peso del lado derecho hizo que perdiera el equilibrio y me caí. Astrid se cruzó de brazos en la mitad de las escaleras.

- Su angina, claro- dije.

-No hagas ruido.

-¿Dónde está mi compañero? ¿Puede ir a buscarlo?

-No soy un cartero, Sara.

-Soy Sabrina.

La doña rodeo los ojos, protestando contra los latinos y sus berrinches. Me incorporé, intentaría subirlas o golpearía la puerta de algún vecino. Sería capaz. Subí los dos pisos, Astrid ya había llegado. Pero no le importó. Me quedé dando bocanadas de aire, antes de llegar. Yo sabía que este era mi fin. Pronto, un hombre bajó las escaleras. Estaba descalzo y de mal humor. Tomó la valija de mi mano izquierda, subió. Era mi compañero de piso. Lo seguí.

Finalmente entré al número 122. Esperaba encontrarme con esos típicos lugares de paredes verdes y todo un desastre. No. Las paredes tenían un tono salmón, muebles blancos, un enorme televisor y una consola de videojuegos. Un pasillo. El comedor y la cocina estaban conectados. Había un aire acondicionado que ambientada todo el departamento. Era mucho mejor como lo imaginaba.

-Garret-dijo la doña-, ¿le explicas?

-¿En serio, también quiere que saque la basura?

-Mejor no te recuerdo tu problema de Año Nuevo.

-No lo olvidé.

Astrid se fue. Miré al muchacho. Tenía una larga barba debajo de su barbilla y el pelo le llegaba a los hombros de un color rubio oscuro. Sus ojos eran verdes, muy claros. Era robusto y fuerte. Algunos tatuajes tribales sobre sus brazos y manos. Nos miramos. Estaba cansado, sus ojos estaban rojos. Creo que recién se despertó por culpa de Astrid.

-Bueno, soy Garret.

-Sabrina.

Empecé a ponerme nerviosa. Garret me mostró el salón, estaba un poco desordenado desde Año Nuevo, me contó que festejo con sus amigos y su novia. Rompieron una luz del pasillo al destapar un champagne. Me reí, Garret me miró con frialdad. La cocina no la usaba, solo cuando estaba su novia o su mamá. El baño, siempre limpio. Sin bidet, un problema para mi higiene. El siguiente fue mi dormitorio. Las paredes eran blancas, con una ventana hacia la calle. Había un clóset pequeño, una cama simple y una mesita de noche, nada más.

-Acomoda tus cosas y luego hablamos.

-Sí, claro.

El chico salió. Me senté sobre la cama, hizo un ruido de resortes viejos. Eso sería un problema, podría molestar a mi compañero durante la noche, porque me muevo demasiado. Me cuesta dormir. Garret volvió con la otra valija. Me miró.

-¿Dijiste que eres de Argentina?

-Sí, mis abuelos eran españoles pero llegaron en los años treinta- dije, los ojos de Garret se pusieron en blanco-. No te interesa.

-Exacto.

Salió. Me dediqué a ordenar mis zapatos y ropa en el clóset. La primera vez que conocía uno de estos. Había miles de perchas, pocos cajones y unos estantes. Intenté ordenar lo más rápido debido al espacio. Garret llamo a mi puerta. Abrí.

-¿Qué haces?- dijo aburrido.

-Guardando la ropa.

-Tardas mucho.

-Pero...no hay mucho espacio.- intenté explicarme.

Garret me indicó cómo guardar la ropa. Me confundí con la parte de las medias y las tangas. Me sonroje cuando agarró una bombacha de Hello Kitty. Le arranque la prenda de las manos, incómoda que tocará mis cosas. Garret alzó las cejas. Tal vez para él era normal tener compañeros de piso o roomies, pero no soportó que toquen mi ropa. En especial las bombachas y corpiños.

-Te estoy ayudando.

-No, gracias.

Tiré la ropa interior en un cajón, lo cerré rápido. Aunque medio ridículo, Garret vio todos mis conjuntos. Suspiré. No sé porque no conseguí un departamento con una chica. Habré estado muy borracha o confundida con la ruptura de mis papás. No importa. Yo me mudé de país. Por lo menos unos años sin ellos. Yo y New York.

-Quería hablar de los horarios y sobre las visitas.- dijo el muchacho, sentándose en la ruidosa cama.

-Claro. Me acuerdo que trabajas en home office.

-Casi todos los días. Mi mamá viene los domingos a almorzar. Mi novia no tenés que preocuparte, casi no cogemos. Solo salimos.

-¿Ah, bien...?

-Mis amigos vienen a ver los partidos de béisbol. Salimos bastante, es posible que venga borracho los fines de semana. ¡Ah, no fumes acá adentro! O mejor dicho no fumes.

-Bueno, dejé de fumar hace veinte horas.

-Si sabes cocinar que sea comida americana, no quiero comidas raras. Limpieza, viene una chica dos veces a la semana. Dale propina, lo merece.

-Las milanesas son ricas. Todos las adoran.

-Te tocaría pagar el agua y el gas. Yo me encargo de lo demás.

-Está bien.

-Eso es todo.

-¿Seguro?-me burlé. Se cruzó de brazos- Entendí todo. Pero comerás las milanesas y las empanadas tucumanas, eh, no vas a escapar de esas.

-¿Tengo otras opciones?

-Ustedes comen pizza y burritos. Me ofendes.

-Buen punto. Entonces, bienvenida.

-Gracias, Garret.

10. Januar 2022 20:41:22 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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