Racismo Musical Follow einer Story

lapis Luis Ponce

La lucha por la igualdad de derechos en el mundo de la música


Übernatürliches Alles öffentlich. © Propio

#Blanco o negro
Kurzgeschichte
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RACISMO MUSICAL


El Ragtime, de negra procedencia, antecedente del Jazz que conocemos, comenzó a sonar en los Estados Unidos a fines del siglo XIX, marcando el nacimiento de una corriente musical que influiría en el desarrollo de la neo cultura norteamericana.

A principios del siglo XX, la música fue un camino de intercambio cultural de muchas vías. Una amplia gama de aportes enriquecía el bagaje melódico de los Estados Unidos, llegando inclusive a aceptarse la influencia de melodías judías en el desarrollo del Jazz. Si ahondamos un poco en lo profundo de ese nuevo género musical, encontramos que hay sonidos latinos que también aportaron su ritmo y colorido a la música negra.

En el plano armónico aunque suene a contrasentido, siempre existió una gran diferencia entre “negros” y “blancos”. Era un problema de raíces genéticas que ni la cultura, el dinero o la posición social podían modificar. Unos nacieron con ritmo y otros desafinados. A unos les baila el alma, a otros les está negado ese placer. Es notorio en el cine estadounidense encontrar la obligada escena bailable traída de los cabellos con cualquier argumento, que no sirve sino para remarcar el hecho de que ellos, “los blancos”, nunca aprenderán a bailar. Las estrellas blancas del baile fabricadas por Hollywood no han pasado de ser sino eso, disfraces para tapar una realidad insoslayable.

Pensaba en esto a propósito de una noticia que aparecía en el New York Times sobre un caso de racismo policial en California. La noticia en sí era preocupante, pero tomaba un cariz más alarmante, agravado por mensajes de texto discriminatorios escritos por miembros del cuerpo de policía de San Francisco.

Me olvidaba decirles que soy músico aficionado y que los sábados los dedico a tratar de componer algo de jazz en un antiguo piano Steinway que recibí en herencia de mi abuela materna.

Mientras leía la noticia en el periódico durante mi desayuno sabatino, he sido interrumpido por la campana de la puerta y como llevaba en la mano el diario, al paso lo he dejado sobre el piano para atender el llamado.

La imagen que he recibido ha sido por demás desagradable. Quien tocaba a la puerta (cuándo no, un sábado), era una pareja de Testigos de Jehová, un blanco y un negro, a quienes he despachado con el pretexto de ser satánico. No me han creído, han tratado de debatir mi creencia, pero he logrado ahuyentarlos.

Al volver me he topado con la sorpresa más extraña de mi vida: el teclado era el escenario de la más pura manifestación racista que había visto en mi vida: sobre una larga calle de madera de abeto que era la tabla armónica, se habían formado dos bandos claramente identificables, uno más numeroso, conformado por 52 teclas blancas, que trataban de defenderse usando la barra de un metrónomo, y por el otro una minoría de 36 teclas negras, que a viva voz protestaban, portando en alto una partitura donde estaban escritos sus reclamos. Pedían igualdad de número en el teclado. Reclamaban el hecho de haber sido minoría desde la invención del piano.

No lo podía creer. Era testigo de la primera rebelión en el mundo de las teclas. Todo esto por haber dejado el periódico abierto con una noticia racista sobre el teclado del Steinway.

Ustedes pensarán que estoy exagerando, de ninguna manera.

Empecé a preocuparme cuando vi a dos robustas teclas negras, tratando de ascender hacia la caja del piano con una fotografía de Martin Luther King que habían tomado de una estantería. Me imaginé que su intención era ubicar la pancarta en lo más alto del escenario, pero me preocupaba que ingresen a la caja para tomar las cuerdas como armas agresivas. En un momento hasta justifiqué la actitud, pensando que el tamaño de las negras y su número inferior admitían el armarse. Pero recapacité y traté de llegar al fondo del problema.

¿Era una actitud de protesta de las negras ante la noticia del racismo policial?

¿Eran las letras negras del periódico las que habían incitado a las teclas? Las letras negras conformaban una noticia racista. Desde que fueron impresas en la hoja blanca, ya estaban insufladas de ese espíritu de rebelión contra la injusticia que traía la noticia. Algunos de los términos peyorativos, molestos consigo mismos, deben haber incitado a la rebelión de los semejantes.

¿Por qué las teclas blancas, a pesar de ser mayoría, no se habían unido con el blanco del papel para dominar la situación?

Los cálculos eran simples: si desaparecía el papel ¿dónde podían vivir las letras? Y si lo hacían las teclas blancas ¿dónde se iban a sostener las negras?

Me hacía este análisis socio-político, mientras buscaba una solución pacífica al conflicto.

Después de tranquilizarlas mediante un diapasón que tenía a mano, aproveché para recordarles que la relación que habían llevado, siempre había sido armónica, que era mejor que bajaran el tono para que todos podamos hacer nuestra labor. Nadie tocó la causa del revuelo, se culpaban las unas a las otras y tuve que remontarme a sus antepasados los abuelos “clavicymbalum” y “harpsichordium” que tan bien se llevaron, para que comprendieran que las buenas relaciones mejoran la convivencia musical.

Mientras extendía mi perorata fui retirando al disimulo el periódico causante del problema y paulatinamente cada tecla tomó su lugar. Me parecía que las blancas estaban más estiradas y que las negras se habían achicado, pero cuando empecé con la Sonata Nº 4 de Chopin, todas se tomaron de la mano y danzaron al ritmo que mi oído les imponía.

Todo se solucionó. Regreso la armonía y a buen ritmo transcurrió ese día que resultó muy positivo, filarmónicamente hablando.

¿No sería que en el fondo todo fue un pretexto para demostrar su inconformidad y que lo único que les molestaba a negras y blancas era mi falta de habilidad polifónica?

Sólo Orfeo lo sabrá.

4. Oktober 2017 00:17:51 0 Bericht Einbetten 1
Fortsetzung folgt…

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