1566617928 Francisco Rivera

Vivir con pleniud de satisfacciones como mujer, empero, ¿Por qué no serlo como hombre? Con imaginarlo, quizá no baste...


Kurzgeschichten Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#sermujer #SerHombre #"Envidias
Kurzgeschichte
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Sin Envidias Nuestras de Cada Día

Hay cierta ocasión en que una joven mujer se encuentra frente a su espejo de toda la vida.

Es día domingo, sereno y con clima estable; su escenario de lugar y circunstancias se apega a un momento sin ruidos de por medio dentro de su recámara, lugar donde ha nacido tras un parto feliz y sin contratiempos de pasados veinte abriles.

Sin distractores necios, opuestos a sus cavilaciones de mujer, puede decirse que hila ideas en medio del dormitorio, ese espacio casero donde hace cuitas mientras transcurre un paso de tiempo benevolente y entrañable que la ha visto crecer desde niña: criatura frágil e inocente que ahora despunta en lozanía de golpe visual y sentimientos de deseo femenino por algún día ser conquista sin violencias letales de por medio.

Esa tarde, una duda pasa a ocupar sus pensamientos, por ejemplo, descubre quién puede ser ese afortunado prometedor y dueño de amores, cuidados compartidos y compañía de vida.


No encontrando respuesta concisa ante una galería de prospectos, se presenta una segunda duda, que ya ocupa la serenidad de sus joviales pensamientos; y entonces, sobreviene un "algo" inexplicado en ella: cómo hacer frente a un estado de maternidad prometedora –idea que visualiza como "ya estando en momento dado de abultado vientre".

Y, ahora, no obstante, mueve la cabeza para desaprender esa mala preocupación futura y proyecta otra imagen confiando en su naturaleza para engendrar progenie a como Dios manda.

Acabado de pensar lo anterior, una tercera duda la asalta, al imaginar la manera en que ha de conferir cuidados formales a un estado de mujer casadera.

Ya se imagina, por consiguiente, recibir y brindar seguridad y cuidado de beneficios económicos no sólo para su esposo, sino también para sí misma.

Pero aún imagina más de lo no calculado; por consiguiente, con la progenie multiplicada a un máximo de dos bendiciones gemelas dentro del hogar, pues esa medida de cuatro y número par le promete gozar de igualdad entre el padre y el vástago hombre y el propio de ella.

Idealiza a la primogénita que da sentido de familia compacta y a su hermana lo que reporta equidad de géneros, oportunidades y derechos habidos y por haber en esas dos mujercitas.

Entonces, descansa de lo antes resuelto; se tiende en la mullida cama y con la vista hacia el techo, dibuja un futuro prometedor desde su sola condición de ser la mujer que es, pues le resulta posible lidiar con las etiquetas o roles que le otorgara una sociedad abstracta -"esa", la que sus padres siempre le mencionan pero que ella nunca visualiza en cualquier rostro conocido dentro de la fracción de sociedad a la que pertenece.


Así, ser novia, esposa y madre; consorte, compañera, amante, querida, primer frente y ama de casa grande, es algo que no le han enseñado en familia; tampoco en la escuela y mucho menos en sus inmediatos círculos generacionales.

No obstante tiene un llamado generacional dentro del día que vive y entonces da paso a un desvanecimiento de imágenes idílicas y con ello, sobrevienen otras preocupaciones diversas a su estado virginal en resguardo.

Ese instante de soledad aparente, sin interrupciones familiares de ninguna índole la hace incorporar, de súbito, dónde se encuentra para colocarse frente a su tocador y alcanzar el cepillo de cerdas finas.

Inicia su ritual del cepillado del cabello; con inaudito esmero, alisa sus hermosos cabellos negros, cual guedejas de noches cerradas y, sin musitar estrellas rutilantes en firmamento terso, hace cumplir en cada alaciado del cabello, establecimiento de pases caprichosos de aires nocturnales, a como sólo suele apreciarse en cada mes de octubre, pero que, por el tiempo estacional que transcurre, adapta a su circunstancia de moza de firmeza corporal lo que engalana el resalte de los dones más perfectos que la diosa Venus le regala tras lenta transformación en su naturaleza humana; sendo alambique de goteo supremo en sus bien plantados veinte años cumplidos.


Esta moza, en tal estar prueba así un estar de mujer que ahora se pregunta si debe inaginar ser un hombre en lugar de ser lo que de manera innegable es.

Así, interrogando con presteza a su mudo reflejo de tocador, escucha razones del corazón y sinrazones abstractas que sólo a chicas de su condición femenina suelen atribuirse en momentos semejantes por los que ella atraviesa.

Interrogando a su sino de fémina, ofrece propias gesticulaciones harto repetidas en momentos de incerteza, lo que da tono de apariencia risueña a su semblante juvenil.

Antes de animarse a pronunciar dos ideas en contrasentido bien afincado, esplende en su mente y nobleza de corazón, una inquietante verdad a que somete su género y naturaleza de ser ella, nadie más que su fiel estampa.


Tal interrogante aleinta cada día para cuestionarse ser a un mismo tiempo: mujer soltera, sin tacha y con una duda rencorosa para su solo estar a como está acostumbrada a estar, años antes de ser lo que ahora es:

— ¿Cómo ha de ser el novio que me pretende? —, se pregunta con una hermosa mirada de gacela.

Más de inmediato inquiere:

— ¡Y, más en momentos como estos, en los que atravieso accesos de cólera y envidia ajena por ser mujer y no hombre! —, dice así, en explosivo primer momento de desesperanza.

En seguida, retoca sus cabellos en ambas sienes; coloca con delicadeza el espejo entre su entrepierna y vuelve a las andadas:

— ¿Acaso creo entender tal deseo de no ser lo que soy? —, agrega con un súbito sopor en todo el cuerpo.

Luego, sin poder evitarlo, llega otra verdad evidente: atraviesa la imagen de cuando desúnta en ella el inicio del ciclo menstrual, sin poder reprimir su significado como proceso natural.


Enseguida, y ante los punzantes cólicos manifestados, le recuerdan que ella está más viva y despierta a la vida desde entonces, que antes de llegar a ese estado.

Mira de nuevo esa superficie ovalada; ante su fiel reflejo, da un grito controlado hecho voz presencial y aplomada, justo cuando mira su zapatera de distintos modelos, colores, y una “taconería” que va desde lo bajo hasta lo más alto que todo pie de mujer puede soportar, en aras de la moda casual de los días en que transcurre su flor de mujer.

A partir de un insospechado momento, una extraña soberbia de atuendos y de su numerosa colección de aditamentos personales, restan falsos ánimos con los que encubre las diversas maneras de engalanar las extremidades inferiores del cuerpo.

Resalta en la susodicha, de modo indubitable, un eterno de inconformidad por llegar a rebasar nuevos dispendios, por ejemplo, ajustar su presencia a un color discreto o encendido, para siempre llevar con gracia contundente sus juegos con bolsos de correa o de mano, nunca indeseados, nunca olvidados; siempre portados para realce de su égida femenina desde la cual avasalla a sus amistades mujeres más cercanas y coloca un veto de imagen ante la vista de sus "novios de lista", sin que por eso deje de lucir una talla menor para dispendiar su fisonomía de manera abierta, generosa y contundente a la vista de hombres necios que… sabéis dónde concluyen esos versos..


En otro instante de feliz apariencia, enciende su móvil y mantiene un charlo particular con su "otro medio corazón imaginado", al que, sin embargo, dedica razonamientos tales que desafían el sentido común masculino, por ejemplo:

— ¿Estás seguro de entenderme, que hubiera deseado no ser yo, y en cambio, yo ser tú? —, para luego “repetirle a él”, una pregunta con respuesta adivinada:

— ¿Por qué nosotras debemos usar tacones, y ustedes, por lo general, prescindir de ellos? —, interroga y suelta una risa en medio de la imaginación de “ver taconear” a su pretendiente –continuado en imaginario- pero con miles de pretendientes virtuales que materialmente derrapan por ella sobre el pavimento-

Inmolados en esa referencia, y para congraciarse a sus costillas, ofrece sus zapatillas de aguja pronunciada, como el arco que se aprieta en la estrechura de la horma y el despunte de esas prendas que en ella, son lo divino exaltado ante desorbitados ojos varones, pero en ellos, en cambio, esa burda falta de equilibrio, desprovisto de la gracia que sólo dicha mujer posee en ese sentido agraciado y pulcro en sus propios pasos de sinuosidad eléctrica, suave y efectista del escenario, los conmina a desfilar en "pasarela cerebral", por donde uno a uno se desplaza de manera grotesca.

Así, al final de su algazara, entrega un beso en mejilla áspera pero no en los labios, -los de ella, aún intocados- pese a ser generadores de ósculos que encienden rabietas aviesas en las chicas que ya se la “cargan” y guardan para otro mejor momento, cuando los varones sólo tuenen ojos para ella...

Luego, recuperándose de todo esto, nace otra pregunta asociada a su esencia de mujer:

— ¿Y, si los cólicos los padeciéramos juntos, al mismo momento y con la misma intensidad y frecuencia?

— ¿Qué bueno sería, no? —, e inmediatamente repite para sí, que en tal condición, ese padecer esté sujeto al invariable Antes-Durante-Después de cada período en, al menos, mientras mantenga etapas fértiles, pues ese asunto de alejada menopausia -como la de sus tías- que representa un asunto acumulado de dudas al respecto, por ejemplo: ¿Por infrecuentes excesos de amor o todo lo contrario?

Ante esa evidencia, cierra los ojos y musita, de modo inaudible, al mismo tiempo que se persigna dejando escapar un:

— ¡Por ahora… ni estarlo y mucho menos, padecerlo…! —, se dice, temerosa, pero no al punto del pavor, gracias a la edad y su factor mismo.


En ésta chica se encuentran dos relaciones de semejanza: por una parte, alienta un microcosmos-mujer y por otra, un cosmos-femenino, reflejo del universo entero concebido como un gran organismo.

Sin saberlo a ciencia cierta, en su sino bullen épocas y culturas diversas; también, un alma mundana; una corriente mágica que apareja lo micro y lo macro en concepción de igualdad de elementos y un sentido inexorable del orden diferenciado en escalas de reflejo de circunstancias determinadas.

Pondera, pues, otra apreciación incuestionable: ser un organismo humano viviente, actuante y pensante.

Tras esa magia se desdobla en ella cada noche, una base antropomórfica, donde cada parte de su cuerpo es destino, reto y conjunción de lo que ella es entre sueños de estados de vigilia, bajo los cuales continúa depredando amistades conocidas.

Además, siempre se encuentra regida por la disposición de los astros y, a manera opuesta o inversa, sus concepciones mágicas actúan sobre su microcosmos, siempre en disposición para influir en su propio macrocosmos, donde atrae a la varonía que se "muere" por ella al intentar llegar a intimar de una vez por todas..


Algo en ella lleva a desaprobar el mundo conocido y al trocar su alma advertida en cada sueño recurrente, siempre encuentra el modo de romper la forma del ser vivo ideal que ella se ha forjado; asumiendo para sí, ser quién no es.

Pero hay un día en que sus detractores no convienen con ella, al no considerarla el hombre que desea ser; acaso, una varona que posee una imagen del cosmos; que cuenta con una versión semejante pero no igual a la creación del hombre; es decir, de sólo ser una mala y parcializada imagen sin semejanza del varón que ansá ser.

Por entonces, en sus viajes astrales visita a ciertos seguidores de la cábala y a los astrólogos, quienes suponen que su existencia compleja en términos de relaciones de correspondencia entre ella y los astros, determinan que las partes de su cuerpo sugieren la existencia de corrientes simpáticas y empáticas entre ciertas figuras geométricas, como también entre ciertos tipos de cristales y piedras preciosas compatibles con sus particulares humores corporales.

Pero élla sobre todo, se atiene a un número áureo, regido por la mística de los guarismos: una auténtica esencia de la realidad que determina principios divinos y ordenadores de todo lo existente.


En tal sentido, es tachada de mística numérica o numeral que no invalida los múltiples descubrimientos hechos respecto de las propiedades que cada una de ésas cifras tienen en sí mismas, pues de manera ferviente concibe que siempre actúan como puertas hacia percepciones de comprensión profunda de la realidad que se encuentra ante su vista, siempre en asociaciones necesarias para conducirse ante una comunión con la divinidad; con lo hecho dentro de una matemática de ciencia reveladora de secretos ocultos del cosmos y, a su vez, bastante cercana e inherente al lenguaje de Dios.

Por tanto, esta amiga de personalidades esotéricas se encuentra fuertemente influida en esa relación de tipos de triángulos poliedros regulares y sus elementos, así como de una relación entre otros tipos de triángulos y la propia constitución del cosmos, regido este por determinadas proporciones.

No es de extrañar que ésta chica no resulte entendida por mentes comunes de varones, pues conviniendo además con sus más cercanos parientes –pitagóricos irredentos- ella y los números constituyen una verdadera realidad, la cual se aprehende por medio de la razón, no por los sentidos.

Ante tales conjeturas, ahora ella anda por ahí, adivinando suertes frívolas a otras mujeres que pierden lo que ella aesora al contarte esta historia de la que no es hombre, sin necesidad de recurrir a cirugias y soportando cruentas crujías a cuestas… por los muertos varones que carga en su haber irresuelto.

27. September 2021 22:16:33 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Über den Autor

Francisco Rivera Escritor activo en varios géneros que desea dar a conocer su producción y llegar a público masivo monetizando en debida oportunidad sus creaciones propias, con apoyo de Inkspired.com/es

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