california_dream Sandra Rojas

La recién fundada B.S.A.A. no está atravesando por un buen momento después del pánico de Terragrigia: problemas financieros, sobornos, traiciones... Y a todo ello hay que añadirle una nueva amenaza que planea destruir la organización desde sus cimientos. Chris y Jill, como fundadores, se verán obligados a pedir ayuda para solventar esta situación.


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Prólogo

La F.B.C. había recibido un golpe muy duro. Morgan Lansdale lo sabía. Había subestimado a O’Brian, a la B.S.A.A., y sobre a esos metomentodo de Chris Redfield y Jill Valentine. ¿Cómo podía haberlos olvidado? Esos dos se habían encargado solitos de derribar a toda una corporación Umbrella que pretendía resurgir de sus cenizas. Debería haber hecho caso a las recomendaciones de Sherawat. Le advirtió una y otra vez que la B.S.A.A. se estaba acercando cada vez más, y que Redfield y Valentine podían suponer un gran problema.

Y así fue… La verdad sobre Terragrigia salió a la luz. La B.S.A.A. consiguió una grabación que Jack Norman tenía sobre el encuentro que tuvieron poco antes del pánico de Terragrigia. Lansdale había conseguido la mercancía gracias a un vendedor norteamericano un tanto extraño, pero que le había asegurado que una sola dosis del T-Abyss sería capaz de destruir una ciudad entera.

Y eso fue lo que ocurrió exactamente. Veltro, la organización terrorista a la que Lansdale había vendido el T-Abyss, desató el caos y la destrucción en Terragrigia utilizando tres barcos cruceros y aviones tripulados. El mundo, todos sus habitantes, necesitaban un toque de atención. La F.B.C. se estaba haciendo fuerte, pero no lo suficiente, y ese incidente era perfecto para ganar poder y confianza.

Y de nuevo la B.S.A.A., la maldita organización que hasta hace unos días dirigía O’Brian. Habían ganado, pero Lansdale leía en los periódicos que la organización estaba sin rumbo. No podía evitar sonreír. Aún tenía un as en la manga. Tarde o temprano llegaría el momento. Estaba en prisión preventiva hasta que se celebrara el juicio dentro de unos días.

Morgan contemplaba el techo pensativo tumbado en su litera. Su compañero de celda leía un libro. Allí no se escuchaba ni una mosca. A decir verdad, la prisión estatal de Queens no estaba tan mal. Se había ganado el respeto de los más veteranos. Todos sabían quién era y lo que había hecho. Muchos pensaban como él. Un guarda se detuvo delante de la celda. Lansdale dejó de mirar el techo y arqueó una ceja sorprendido. ¿A qué venía ese capullo?

-Lansdale, tiene llamada –anunció el policía abriendo la puerta de la celda. Morgan tardó unos segundos en moverse. ¿Ya? ¿Tan pronto? Sonrío ampliamente. Esto era como un partido de tenis: el primer set lo había perdido. ¿Qué pasaría en el segundo?

Dio un salto y puso sin problemas los pies en el suelo. Sin dejar de sonreír salió por la puerta saludando a algunos presos que le aclamaban. El policía cerró la verja y Lansdale y él caminaron por el Bloque C siendo atentamente observados por los prisioneros.

-Está loco… Pero casi lo consigue… -murmuró un preso agarrado a los barrotes de la celda que estaba pegada al pasillo que llevaba hacia el área de visitas. Sí, Lansdale también sabía que le había faltado muy poco para salirse con la suya.

El guarda abrió la verja que separaba el módulo C del resto de la prisión y Lansdale avanzó por el pasillo lentamente, sin prisa. Sabía que su venganza llegaría tarde o temprano. No había mucho movimiento por la prisión. Lansdale no tenía ni idea de qué hora era. La verdad era que desde que había entrado allí había perdido por completo la noción del tiempo.

Pensó sin darse cuenta en Veltro, en cómo había tirado de contactos para que la organización terrorista se fuera a pique junto a Terragrigia. Nadie, absolutamente nadie, debía saber de ese complot. Pero como dicen, las mentiras tienen las patas muy cortas. Sin embargo, la contaminación de los barcos sirvió para darle un aviso a Norman, y hacerle ver que él, Lansdale, era el que tenía el control absoluto de todo.

La sala de visitas estaba bastante vacía. Había algunos presos charlando con su familia en un vis a vis, y otros lo hacían por teléfono. El guarda lo dirigió hacia una mesa de madera que estaba en el fondo. El teléfono estaba descolgado. Morgan se sentó en una de las sillas y se llevó el auricular al oído.

-Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis aquí –pronunció con total claridad para que la persona que estaba al otro lado supiera que era él. Como gran amante de La Divina Comedia, no podía obviar la naturaleza de una contraseña tan significativa.

-Le veo de buen humor, Morgan… -respondió una voz femenina al otro lado -. Parece que le tratan bien…

-No está nada mal… -afirmó el aludido asintiendo levemente con la cabeza -. Aunque es difícil controlar las circunstancias desde una celda de quince metros cuadrados… ¿Cómo van los preparativos?

-Todo en orden… -eso le hizo sonreír. No había nada como notar que todo estaba bajo control -. En los próximos días tendrá noticias… Ya lo verá…

-Eso espero… No me decepcione.

-No lo haré.

Y dicho eso, la comunicación se cortó. Lansdale dejó el auricular en su sitio con una amplia sonrisa. El show debía continuar.

28. Januar 2021 17:36:14 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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