alexzaa99 ALEJANDRA DELGADO

Temática: Piratas Pareja: Principal SuKai – secundaria SooBaek Advertencia: historia paralela de “Baby Don’t Cry” de la SERIE DE ONE SHOTS (BaekSoo/SooBaek)


Fan-Fiction Bands/Sänger Nur für über 18-Jährige.

#JonngIn #junmyeon #sukai #kai #suho #exo
Kurzgeschichte
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Capitulo Único

La presentación en sociedad era una de las ocasiones más importantes para cualquier príncipe o princesa de cualquier reino por lo que siempre se realizaba una gran fiesta donde se invitaba a los reinos aledaños, no solo para que conocieran a los nuevos debutantes, también para mostrar sus riquezas y poderío a los demás y así hacer dos cosas, crear fuertes alianzas y mantener lejos a sus enemigos o por lo menos hacerlos pensar dos veces antes de tratar de siquiera pensar en levantarse en contra.

Aquella fiesta era en honor al príncipe Kim JongIn, el hijo más pequeño del rey Kim Taeon, su más grande tesoro y planeaba sacarle el mayor provecho por lo que todos los reinos fueron invitados a presentación del príncipe, el cual apenas estaba por cumplir los 17 años, los cuales había pasado prácticamente enclaustrado en el castillo de su padre siempre al ojo vigilante de su nana, la cual no lo dejaba ni un momento, mucho menos cuando tenía que tomar sus clases las cuales según su padre eran más que necesarias, para poder convertirse en el perfecto esposo de un rey.

Y aun que para el rey Taeon no era más que el inicio de una beneficiosa transacción aquella fiesta, para el príncipe JongIn era la oportunidad de conocer más gente, lejos de aquella prisión que era en realidad el castillo donde vivía, el soñaba con poder conocer todo lo que había más allá de aquellos muros, de poder visitar todos esos países que sus libros describían y sobre todo poder encontrar el amor como las novelas románticas que a sus manos llegaban y a pesar de soñar en todo aquello, él sabía que en cierta forma no era más que un sueño, pues desde que tuvo uso de razón sabía que su destino era poder ayudar a una alianza que fortaleciera el reino de su padre para poder dar mejores cosas a su pueblo.

Su belleza tan exótica era la razón del por qué se había convertido en un gran tesoro, su hermosa piel morena, sus carnosos labios y su dulce mirad y más, todos los reinos habían escuchado historias de la belleza del príncipe y de sus grandes virtudes, por lo que cuando las invitaciones fueron enviadas todos los reinos aceptaron ir al festejo, incluso aquellas que solo se les había enviado la invitación por puro protocolo.

La gente comenzó a llegar desde muy temprano aquel día de fiesta, gente del norte, del sur, el este y del oeste, de todas partes, nobles y reyes de todos los reinos, todos con sus mejores galas y portando con orgullo sus estandartes, recibidos con bombos y platillos, sobre todo aquellos que tenían algún hijo que podría ser un buen partido, aquello más que una fiesta parecía una pasarela de poder, una que el rey Taeon estaba disfrutando demasiado a pesar de no ser el festejado.

En su habitación estaba el príncipe JongIn esperando que llegara su turno de bajar, estaba algo nervioso y emocionado por poder bajar, tal vez su padre lo dejaría bailar alguna pieza con algún joven y no se tendría que quedar quieto en su asiento junto al trono sin moverse como una estatua que era parte de la decoración, era la actividad que más hacia cuando no estaba en sus habitaciones o tomando clases de modales, de cómo hablar correctamente, aunque parecía que jamás lo haría, de la perfecta manera de comer, de la manera perfecta de ser de un príncipe en general, para poder conseguir a un buen marido y se preguntaba si buscaban un esposo o una decoración más para su castillo, porque a veces parecía que era eso, por desgracia no tenía un ejemplo materno para poderse guiar por ahí ya que su madre había muerto poco después de que el nació.

El sonido de la celebración se escuchaba hasta las torres donde se encontraban sus aposentos y donde estaba viéndose una vez más en el espejo evaluando si estaba listo para bajar, en eso su puerta se abrió y era su paje anunciando que su padre el rey lo esperaba en el salón. Con los nervios en el borde tomo aire y parándose lo más derecho que era posible comenzó a caminar de la forma que había sido enseñado, de manera grácil como si flotara, con las manos cruzadas al frente sobre su vientre y sin mirar a nada más que al camino que lo llevaba al gran salón.

Cuando llego a las puertas de la entrada se detuvo un momento volvió a tomar un respiro y cuando escucho que lo nombraron entro al salón donde una gran multitud esperaba por él, con pasos firmes y una suave sonrisa camino por el pasillo directo donde se encontraba su padre esperando por él, al llegar donde estaba tomo asiento con gracia con las manos cruzadas sobre su regazo y la espalda recta mientras la música volvía a sonar, al momento de ver el salón se había sorprendido de ver tanta gente, pero claro que no lo había demostrado, el sorprenderse no era digno de un príncipe, o eso decían sus tutores y eso era algo difícil, siendo que casi todo le sorprendía.

JongIn podía ver bailar a todos frente a él mientras y los veía con algo de anhelo en su mirada puesto que eran de las pocas cosas que de verdad amaba, poder bailar era de las pocas cosas que lo hacían sentir bien de verdad y esperaba que ese día siendo especial su padre lo dejara poder bailar aunque sea una pieza con alguno de los presentes, claro no era tonto, esa fiesta no era para festejar su cumpleaños, era para poder conseguir una alianza con el como el premio que se llevaría el afortunado escogido por su padre, lo cual lo hacía pensar con cuál de todos los ahí presentes su padre cerraría el trato, solo esperaba que su futuro marido fuera bueno con él.

Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta que la música de pronto se detuvo al igual que todos los que estaban bailando y las conversaciones cesaron haciendo un silencio absoluto, en ese momento su mirada se dirigió hacia la puerta de entrada del gran salón donde un hombre como el que jamás había visto estaba entrando. El hombre que caminaba a paso firme como si fuera el dueño de todo el universo avanzaba por el medio del salón hacia donde estaba el trono, era de una magnifica complexión, sus ojos estaban delineados de manera que los hacia ser más vistosos, el oro parecía que recubría cada parte visible de su piel y lo hacía lucir muy bien, su piel descubierta que exhibía con orgullo se veía decorada con hermosas imágenes y colores, jamás había visto a alguien vestir de esa manera, lo cual le robo toda su atención.

-Buenas noches Rey Taeon - saludo aquel hombre con una voz profunda que hizo latir con fuerza el corazón del príncipe JongIn – Agradezco la invitación a esta celebración, aunque debo decir que fue una gran sorpresa puesto que nuestras formas de ver las cosas son completamente distintas, pero ahora que veo el motivo de esta invitación estoy agradecido por haberla recibido– dijo viendo directamente JongIn al cual de inmediato se le iluminaron las mejillas de rojo

-Es una ocasión muy importante para nosotros, por supuesto que invitaría a todos los reinos para que festejaran junto con nosotros – respondió el rey Taeon –Aunque, a decir verdad no esperaba que aceptaras JunMyeon – dijo omitiendo el título de rey puesto que no lo consideraba como tal ya que creía que era más un salvaje que un rey en sí.

-Pero aquí me tienes Taeon – respondió con una sonrisa en su rostro al ver la mueca que hizo el contrario al escucharlo llamarlo de esa manera –Y como veo que nos trataremos con más familiaridad, espero que la relación entre nuestros reinos sea mejor y para iniciar estas buenas relaciones espero que el festejado me regale su primer baile - dijo sin dejar de ver a JongIn mientras estiraba su mano hacia él.

JongIn se movió en automático posando su mano sobre la del hombre frente a él como si estuviera hipnotizado y una fuerza externa lo manejara en ese momento si siquiera esperar la repuesta de su padre o pedir su permiso para poder aceptar aquello, JunMyeon no dejo que el rey Taeon pudiera decir nada puesto que de inmediato tomo la suave y morena mano del príncipe dando un beso en su dorso antes de llevarlo a la pista de baile.

La mano de JunMyeon de inmediato se posó en su cintura atrayéndolo hacia el mientras que la música comenzaba a sonar y de manera suave comenzó a moverse al ritmo de la música con JongIn en sus brazos que seguía en aquel trance, completamente sumergido en esos ojos tan obscuros, apenas consiente de su alrededor, ambos se movían con gracia por la pista haciendo que todos los presentes no pudieran quitarles la vista de encima.

Una, dos, tres piezas, no sabía cuántas había bailado con aquel maravilloso hombre que lo veía como si fuera la cosa más maravillosa del mundo y de pronto el paisaje cambio, ya no estaban en el gran salón, si no en los jardines del palacio, los que habían sido adornados para aquella celebración, los mismos que pensó que jamás llegaría a pisar puesto que dudaba que en algún momento se pudiera alejar del lado de su padre y ahora estaba ahí con ese hermoso hombre que no lo había soltado ni un solo momento desde que llego.

De pronto salió de su trance y volteo a ver hacia todos lados como buscando la entra de nuevo, no quería ser regañado por haber salido sin permiso y con un hombre que apenas hacia unas horas había visto por primera vez, su mirada era la de un cervatillo asustado buscando una salida de aquella situación, de pronto su mirada se dirigió hacia donde se empezaban a congregar varios hombres y se empezaban a acomodar alrededor como formando una valla, pensando que eran guardias reales comenzó a caminar hacia ellos creyendo que su padre los había enviado para que regresara a su lado, pero se paró en seco cuando se percató que no eran soldados de su padre, eran hombres que a simple vista podrían parecer bandidos, por lo que con temor retrocedió buscando un escondite, esperando no haber llamado la atención de aquellos hombres.

-Tranquilo Dulzura, nadie te hará daño, yo siempre te mantendré a salvo – hablo aquel hombre con el que había estado bailando momentos antes, pero el estar lejos de los muros del palacio lo hacían sentir demasiado expuesto y vulnerable.

-Yo….Yo lo lamento señor, solo necesito volver al palacio – la voz de JongIn era suave y con algo de temor, no solo por estar fuera, también por lo que sabía que le esperaba cuando su padre se enterara de que había sido tan insensato de haber salido sin sus escoltas y toda la comitiva que siempre lo acompañaba.

Luego de hacer una reverencia al hombre dio media vuelta para poder salir de ahí pero una mano lo detuvo sosteniéndolo del brazo tomándolo por sorpresa haciendo que volteara a ver al hombre con asombro y algo de miedo ­–Espera dulzura, te dije que no te va a pasar nada malo- aquel temor que pudo ver en sus ojos hizo que el corazón de JunMyeon se estrujara, el jamás lo dañaría -Pero deja que me presente correctamente, ya que tu padre no lo hizo – dijo soltando su brazo y con la esperanza que aquello calmara un poco más al chico –Soy el rey JunMyeon, del reino vecino al oeste –

Los ojos de JongIn se abrieron muy grandes al escuchar aquello, la verdad no había escuchado mucho cuando se acercó a su padre y a él y como jamás escucho la palabra Rey, pensó que solo era un noble más, además que en cuanto lo vio quedo tan hipnotizado que no había prestado atención a casi nada –Su majestad, mil disculpas, que descortesía de mi parte no volverá a pasar - dijo volviendo a hacer una reverencia –Yo…mmm – algo nervioso esperando no haber ofendido al rey solo se irguió con las manos cruzadas sobre su vientre con la mirada baja quedándose callado tal como le habían instruido su padre y todos sus tutores, puesto que no sabía si podía seguir hablando frente al hombre frente a él y no quería agravar más las cosas.

Cuando JunMyeon vio aquella actitud le molesto tanto que sin querer soltó un gruñido bajo y amenazante, lo que hizo que el joven príncipe se encogiera un poco en su lugar pero sin moverse un centímetro y al ver esa reacción, solo un pensamiento lleno la mente de JunMyeon, todos los que habían sometido a esa hermosa criatura hasta el punto de convertirlo en alguien que se sentía un objeto, pagarían con sangre y lágrimas de la manera más dolorosa posible pues ese hermoso joven no era un objeto, era un dios que debía ser cuidado, adorado y al cual de ese momento en a delante ofrecería cada una de sus oraciones.

-Dulzura no tienes por qué quedarte callado si deseas decir algo, conmigo siempre podrás expresar tu opinión siempre que lo desees – dijo abrazándolo de manera protectora mientras tomaba su mentón y lo alzaba para que lo viera a los ojos –Y jamás vuelvas a bajar la mirada Dulzura – le dijo sonriendo pasando con suavidad su pulgar por su labio inferior haciendo que el corazón del joven príncipe latiera con fuerza y sus morenas mejillas se tiñeran de rojo haciendo sonreír aún más al rey

JongIn no sabía cómo debía reaccionar, jamás se había visto en una situación similar, ni siquiera había sido una opción que el en algún momento pudiera dar su opinión, se sintió por un momento perdido sus ojos vagaban en todas direcciones, sin querer ver los profundos ojos del rey que aún lo sujetaba pues temía volver a caer en aquel trance en el que estaba y necesitaba pensar con claridad.

-Yo…. Creo que debería volver al baile… - dijo tan bajo que si no hubiera estado tan cerca, tal vez no lo hubiera escuchado y aun que sus palabras decían que debía irse su cuerpo no se movió ni un centímetro ni hizo el amago de hacer que lo soltara el rey.

-No Dulzura, tu no volverás ahí a ese lugar, a menos que lo hagas de mi brazo, no quiero que ninguno de esos cuervos crea que tiene siquiera una oportunidad de poder tenerte, porque ahora me perteneces a mí, eres mi dulce novio – declaro con convicción el audaz rey JunMyeon, mientras acariciaba su mejilla con delicadeza como si acariciara una frágil figura de porcelana que pudiera romperla pero en su mirada se podía ver la determinación que tenía un hombre que sabía lo que quería exactamente en la vida.

-¿No… Novio?- pregunto aturdido por sus palabras, ¿cuándo había pasado eso?, su padre ¿estaba de acuerdo? Y lo más importante Por qué su corazón latía tan fuerte y se sentía tan feliz por esas palabras como si fuera lo más correcto de la vida.

JunMyeon al ver las dudas en sus ojos sonrió y lo acaricio de nuevo –No te preocupes Dulzura, todo estará bien, ahora vamos a volver para que todos vean que me perteneces a solo a mí, y quiero que cuando entremos no bajes la mirada, jamás lo vuelvas a hacer mi amor – sin esperar respuesta comenzó a caminar hacia el salón de nuevo manteniendo al príncipe de su brazo.

Cuando entraron al gran salón todos los que estaban ahí reunidos voltearon hacia ellos, JunMyeon entro su típica manera de caminar como si el universo le perteneciera por completo al lugar llevando consigo al hermoso príncipe de piel morena de su brazo el cual llevaba la frente en alto, tal como se lo había pedido y aun así en su mirada se podía ver un poco de inseguridad y temor a lo que podría pasar de ese momento en adelante.

El resto de la fiesta el rey JunMyeon no dejo que nadie se le acercara a su novio y solo el bailo con el sin importarle que la tradición dictara que por ser el festejado y a demás fuera su presentación en la sociedad, tuviera que bailar con todos los jóvenes casaderos para elegir a los mejores candidatos, él ya había decidido que le pertenecía y nada ni nadie lo haría cambiar de opinión.

Al terminar el baile, el joven príncipe JongIn ya se había olvidado para que había sido aquel festejo, además que el rey JunMyeon había dejado claro que nadie que no fuera él se podía acercar al príncipe debutante acción que tenía al rey Taeon que se lo llevaban los mil demonios puesto que eso evitaba que pudiera llevar a cabo una puja para saber quién era el mayor apostador y quien podía ofrecer más por la mano de su hijo, pero no cualquiera haría un movimiento contra el rey JunMyeon, puesto que era bien sabido que su reino era el de los más fuertes y estar en contra de él significaba una guerra segura.

Así término aquella velada, entre deliciosos platillos, música y risas, sobre todo para JunMyeon y JongIn que a pesar de que no había sido planeado lo disfrutaron al máximo.

-Esto no es una despedida Dulzura, pronto volveré a tener una charla con tu padre y entonces te llevare conmigo y pondré el mundo a tus pies – se despidió el rey JunMyeon al término de la celebración, besando la mano del joven moreno el cual tenía las mejillas completamente rojas, lo cual hizo sonreír al rey y antes de soltar su mano coloco una sortija en ella como promesa de su amor –Mantenla siempre contigo, así como yo te llevare en mi alma tatuado Dulzura-

JongIn no pensaba que fuera posible que en solo una noche él supiera que ese hombre era el dueño de su corazón y lo esperaría el tiempo que fuera necesario. Desde la puerta podía ver al rey JunMyeon salir en sus monturas junto con su comitiva, una horda de hombres que a cualquiera podían causar temor con solo una mirada, mientras los veía irse su mano acariciaba inconscientemente el anillo que ahora llevaba consigo mientras una sonrisa se dibujaba en sus carnosos labios un suspiro se escapaba de los mismos, sintiendo como su pecho se sentía cálido.

-Sera mejor que lo olvides JongIn, ese hombre no es digno de ti, es un salvaje – la voz de su padre sonó con repulsión a sus espaldas haciendo que saltara del susto y tapara el anillo temiendo que se lo fuera a quitar.

-Padre… él es un rey – dijo con suavidad bajando la mirada y tomando la posición sumisa que ya había abandonado, pero sabía que debía mantener con su padre –Su reino es fuerte… tal vez…-

-¡He dicho que no, ese hombre es un salvaje no un rey!- gruño el rey Taeon haciendo callar a su hijo que no pudo terminar lo que estaba por decir y haciendo que temblara como una hoja –Y mañana a primera hora saldrás al monasterio de nuestro señor de la misericordia, ahí podrás rezar para que el señor perdone todos tus pecados y en espera de tu esposo, me encargare de buscar la mejor opción para ti- termino diciendo sin dar ninguna otra oportunidad, como siempre su palabra era la ley y como tal se tenía que tomar.

El joven príncipe solo atino a asentir con la cabeza deseando en silencio poder volver a ver al rey JunMyeon antes de que quedara enclaustrado, sintiendo que su corazón se rompería si no lo volviera a ver, pero su padre ya había tomado una decisión y ahora el futuro que él había visto llena de cosas buenas, solo tenía días grises por delante.

Los días en el monasterio eran siempre iguales, levantarse al alba, la misa al medio día y rezar cada día pidiendo ser un buen hijo, lo único que lo mantenía un poco cuerdo eran los paseos en la playa todos los días los cuales le ayudaban a despejarse y en los que deseaba en secreto poder tener noticias de su novio, pero aún no había tenido noticias de él, estaba perdiendo la esperanza, creyendo que jamás sabría nada de él, hasta una noche cuando un criado que no conocía entro a sus aposentos.

-Su Alteza, tengo noticias de su novio – dijo haciendo una reverencia y ofreciéndole una carta que tenía el sello real de JunMyeon, un pequeño conejo con gotas de lluvia sobre él, al ver aquello JongIn sonrió como hacía días no lo había hecho y tomo la carta sin perder el tiempo la abrió para poder leerla.

“Dulzura:

Supe de tu traslado al monasterio el mismo día que llegaste al mismo, y te aseguro que eso no evitara que estemos juntos cuando llegue el momento, porque mi corazón te pertenece como sé que el tuyo me pertenece a mí.

Minho, la persona que te entrego esta carta es uno de mis hombres, te servirá bien y fielmente y si es necesario daría la vida por ti sin dudarlo, por medio de su intervención podremos estar en contacto Dulzura, puedes confiar en él.

Por ahora solo nos queda esperar pero cuando llegue el momento nada impedirá que valla por ti y te reclame como debe de ser, por el momento espero recibir noticias tuyas.

Tuyo por siempre

JM.”

Cuando termino de leer la carta sintió su corazón latir con fuerza, su rey, su novio, si lo amaba tanto como el y sin perder el tiempo escribió una respuesta donde le hacía saber que sus sentimientos eran correspondidos y que como él, también deseaba que pronto estuvieran juntos, cuando la termino se la entregó al joven sirviente para que pudiera llegar a su destino a salvo.

Un par de meses pasaron de ese modo, cartas iban y venían entre ellos haciendo crecer sus sentimientos, todo parecía que ahora estaba tomando su lugar, pronto podría estar junto con el amor de su vida, pero que equivocado estaba el joven príncipe, la vida daría un giro que no esperaba, pues una tarde cuando paseaba por el jardín del monasterio estando feliz después de haber recibido la última carta de su novio vio a su padre que se acercaba a él, por lo que rápidamente y con discreción oculto el anillo, el cual le había dado JunMyeon y que ahora llevaba colgado en una fina cadena de oro que también le había llegado en una de sus cartas.

-Hijo mío, veo que estas feliz y deberías de estarlo, pues el rey Do te está considerando como futuro esposo – dijo el rey Taeon con una gran sonrisa de satisfacción, muy al contrario aquella noticia le había caído como balde de agua helada al príncipe el cual lucho por mantener su sonrisa en los labios con todas sus fuerzas.

-¿Esta seguro padre?- pregunto con la voz titubeante, si eso era verdad, entonces tenía graves problemas.

-Claro que lo estoy y tú saldrás inmediatamente para su reino, te quedaras ahí el tiempo necesario para que decida casarse contigo y está en tus manos que él te tome por esposo haciendo que nuestros reinos se fusionen y se vuelvan más fuertes, el futuro de nuestro reino esta en tus manos, por lo que espero que cumplas con tu deber como debe de ser- sentencio al final dando media vuelta sin dejar que siquiera pudiera decir algo.

En aquel momento su corazón se derrumbó, pues ahora tenía un deber que cumplir y no podría más seguir soñando con el amor que había anhelado toda su joven vida, después de limpiarse una lagrima traicionera que se le había escapado tomo aire y camino a sus aposentos para poder ver que se empacara todo lo necesario para su estadía, tal vez sin retorno.

Con el corazón roto escribió lo que sería su última carta al hombre que amaba pero que ya no podría ver más, en ella se despedía de él diciendo que tenía que cumplir con sus obligación con su pueblo y esperando que lo entendiera, terminando con unas palabas donde aseguraba que lo amaría por siempre y que deseaba que el encontrara la felicidad pronto.

En el camino al reino del rey Do recordó aquella tarde cuando lo encontró en la playa cercana donde acostumbraba dar sus paseos luego de que él hubiera tenido un desafortunado naufragio, el accidente había sido tan sonado por lo terrible que había sido que el como todos se preguntaba cómo había sobrevivido si nadie lo había hecho y también se preguntaba aun si él había imaginado al joven pelirrojo que se alejaba nadando con rapidez.

Con esos pensamientos llego hasta el castillo el cual los saludo esa mañana con un clima hermoso y el sonido de las olas rompiendo cerca de ahí y tal vez era lo único que le robo una pequeña sonrisa pues se había acostumbrado a sus paseos por la playa y al parecer aquí también podría tenerlo, claro si el rey lo permitía, tendría que preguntar, si es que se atrevía. Cuando llego fue llevado a los que serían sus aposentos para poderse instalar y esperar a ser llamado a la cena para saludar al rey.

Al llegar a sus aposentos descanso y se preparó y para cuando llego la hora, bajo junto con su pequeño sequito hasta el salón del comedor donde encontró al rey Do, esperándolo, al entrar hizo una reverencia como saludo al monarca, pero cuando levanto el rostro se sorprendió de que un joven como de su edad de cabellera roja estuviera ahí también, pero no dejo que eso lo notaran y se mantuvo sereno caminando hacia su lugar luego de que el rey se lo mostrara, la cena fue amena, no era un bacanal como los que tenía su padre, más bien era algo más íntima, si no fuera que no estaban ellos dos solos, pensaría que era parte del cortejo del rey, pero para ser justos francamente lo dudaba.

Un par de semanas habían pasado desde que llego al castillo Do y durante su estancia había estado todo el tiempo que podía donde estaba el rey, siempre haciendo su mayor esfuerzo para pasar desapercibido, tal como se le había enseñado, solo daba su opinión si se le era requerida, manteniendo la apariencia del perfecto esposo, esperando ser del agrado del rey, aunque últimamente lo dudaba ya que el joven pelirrojo de igual manera que el pasaba incluso más tiempo que el con el rey y a pesar de que no hablaba era bastante ruidoso y además su comportamiento si lo viera su padre, diría que era más bien un salvaje, pero cada cosa que hacia parecía que agradaba al rey, pues siempre lo veía sonriendo cuando estaba con él, cosa que no hacia cuando él estaba cerca.

Una de las mañanas que salió a dar su acostumbrado paseo por la playa llego uno de los sirvientes del palacio solicitando su presencia en el salón del trono, aquello le extraño mucho pues sentía que algo iba a pasar, una parte de él deseaba que fuera por que el rey lo había rechazado, pero otra parte esperaba que fuera lo contrario, se encamino de inmediato hacia el salón entrando después de ser anunciado y todo el consejo estaba reunido ahí lo cual lo puso nervioso.

-Su alteza, bienvenido, tenemos grandes noticias para usted y para su padre – le dijo uno de los ministros, un hombre mayor, tal vez unos 40 años, con una sonrisa que le dio un poco de escalofrió, pero se mantuvo sereno todo el tiempo esperando cuales eran aquellas maravillosas noticias que le tenían –Su majestad el rey Do ha aceptado tomarlo como esposo, ¿no es eso maravilloso? –

Maravilloso… no, no lo era.

Esa noticia fue como un balde de agua helada y casi cae al suelo, rogando que aquello fuera un error, pero se mantuvo en su sitio y con una sonrisa lo mejor que podía en ese momento hablo –Me siento muy honrado de tan gran honor señor – aunque no le hacía feliz eso, si lo hacía que por lo menos podría cumplir con su deber para su pueblo y ahora estarían mucho mejor –Me temo que la noticia me tomo por sorpresa y me siento muy abrumado por lo que pido permiso de poderme retirar a mis aposentos – dijo al final haciendo una reverencia y saliendo de ahí lo más rápido que pudo sin causar revuelo, antes de desmayarse o algo peor, tenía que calmarse y tratar de digerir la noticia.

Cuando llego a sus aposentos no pudo evitar soltar unas lágrimas de impotencia por que no podía hacer nada para evitar su destino y aun que le doliera el alma y su corazón se rompiera más de lo que ya estaba, acataría la decisión que se tomó, le consolaba un poco el saber que el rey Do era un hombre bueno y no sufriría ningún maltrato.

Los días después de que su compromiso se anunciaran pudo ver por los pasillos al joven pelirrojo que paseaba, pero ya no tenía el brillo que había tenido cuando llego al castillo, parecía como si algo dentro de él se hubiera roto y él lo comprendía bien pues algo también se le había roto a él y creía que no tenía cura, ojala pudiera hacer algo para que ninguno de los dos estuviera en esa situación, pues el pelirrojo era un buen chico y en cierto sentido deseaba ser un poco como el, sentirse libre de hacer lo que quisiera, pero no lo podía hacer, tenía un deber y lo iba a cumplir.

Los preparativos para su boda tenían a todo el reino en movimiento, parecía que todos estaban felices por esa unión, todos menos el y posiblemente alguien más.

Una mañana había amanecido algo nublado, tenía un mal presentimiento y este se hizo mayo cuando vio a Minho acercarse a él con una carta donde el rey JunMyeon le hacía saber que iría por el costara lo que costara, el de inmediato trato de mandar un mensaje para que no lo hiciera, porque él tenía un deber que cumplir y lo que menos quería es que alguien sufriera por su culpa, pero antes que pudiera siquiera intercambiar alguna palabra con el sirviente, él ya había desaparecido.

La noche llego y la tormenta se encontraba más cerca y amenazaba con tragarse todo a su alrededor, las alarmas sonaron pues se habían visto un navío con velas negras surcando las aguas cercanas al reino por lo que todos estaban ahora en pie de guerra, en se momento el junto con su sequito fue llevado a un refugio para su seguridad, el rey Do también llego y luego de verlo busco a alguien más, él sabía bien a quien, pero no se encontraba por ningún lado, por lo que vio como volvió a salir de nuevo, sabía que si se quedaba ahí algo muy malo iba a pasar por lo que en un descuido salió del refugio en busca del rey Do.

Cuando lo vio después de buscarlo por casi todos lados, corrió hacia el -Su majestad, por favor debe de ponerse a salvo, esto es mi culpa, él está viniendo por mí – comenzó a decir con preocupación – Pero sabe que es imposible, mi deber es casarme con usted, por el bien de mi pueblo - eso lo dijo con convicción pero había tristeza en su voz.

-Y ¿Qué me dices de tu corazón?, ¿Qué es lo que te dice? – pregunto el rey Do de manera amable.

-Yo… Yo… - su vista se dirigió a uno de los ventanales donde se podía ver el barco con velas negras, en sus ojos se reflejaba un gran anhelo y en su pecho pudo sentir aquel calor que solo una persona podía lograr en él y entonces KyungSoo lo comprendió.

-Te libero de tu deber, para que sigas a tu corazón –dijo KyungSoo con una sonrisa amable para después besar el dorso de su mano a lo cual JongIn le regalo una sonrisa.

Y de pronto todo paso muy rápido, el rey había sido blanco de un atentado, él se quedó como estatua sin saber qué hacer, solo pudo ver como el joven pelirrojo, BaekHyun lo había llamado, estaba abrazando al rey KyungSoo mientras lloraba desconsolado, la escena hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas y el grito agónico lo hizo voltear a ver al ministro que le había dado la noticia de su boda siendo atravesado por la espalda del rey JunMyeon, el ministro estaba tirado en el suelo con un arco en la mano, había aprovechado aquello para matar al rey Do y culpar al rey “Salvaje” de ese acto, pero sus planes fueron truncados.

La escena que se llevó a cabo frente a sus ojos fue algo increíble, la declaración de amor más profunda que el haya escuchado jamás, todo aquello fue mágico, no tenía palabras para describirlo, aunque su padre, tutores y todos sus conocidos decían que la magia no existía, lo que había pasado no tenía otra explicación.

-Un regalo del dios de los mares, es su forma de bendecir su amor y su bondad, tu liberaste a mi amado de su deber para que siguiera a su corazón- dijo JunMyeon respondiendo a la pregunta de porque BaekHyun había recuperado su voz y luego volviendo a ver rey Do continuo- Y por tu gran amor el cual llego al sacrificio por el ser amado- señalo hacia afuera donde se podía ver todo en calma, el cielo y el mar, el horizonte estaba clareando y se podía ver como poco a poco un arcoíris se podía divisar – Eso es por salvar al hijo del mar, el hace un pacto contigo, siempre tendrás buena pesca y buen viento para navegar.

El rey KyungSoo estaba sorprendido de las palabras del rey JunMyeon -¿Cómo es que sabes eso?- pregunto viendo el horizonte aun con BaekHyun en sus brazos.

-A veces los salvajes sabemos cosas que los que se dicen civilizados no comprenden, pues no ven más allá de sus narices, así que sería bueno que abrieras más tu mente Do, ahora tu mundo ha cambiado ahora se ha expandido- luego de aquellas palabras tomo la mano del príncipe JongIn y salió de ahí con él

Ambos salieron de ahí tomados de la mano, la mañana era tan hermosa y tranquila, ahora todo parecía que estaba en su lugar tal como debía de ser.

-Te dije que vendría por ti Dulzura, ahora nada ni nadie nos podrá separar – dijo JunMyeon sonriendo con su novio en sus brazos ya estando en su embarcación rumbo a su reino, a su hogar- Ahora estaremos juntos como siempre ha debido de ser y el mundo estará a tus pies, siendo mi rey, mi dios y te adorare como tal-

Esas palabras hicieron sonreír a JongIn haciendo que su pecho se sintiera cálido y se abrazó con fuerza al hombre que no solo tenía su corazón, también lo había liberado de una prisión que no sabía que estaba hasta que lo conoció.

FIN…

22. Januar 2021 23:39:56 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

ALEJANDRA DELGADO Soy la chica que siempre tiene los audífonos puestos, el celular en la mano y a un coreano en la mente... bueno a 8 y un chino XD

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