coffeandlove_07 Claudia Arroyo

[Novela también disponible en Wattpad] El invierno de 1850 fue uno de los más crudos para la joven Claudette. Su madre, víctima de una grave enfermedad se rindió ante la muerte y la Tía Emily accedió a darle cobijo en su casa. Claudette empieza a reconstruir su vida en casa de su tía, pero todos sus propósitos cambian cuando conoce a Julie, la ruda granjera que Tía Emily contrata a cambio de sus servicios. ¿Podrá Claudette sucumbrir al enorme deseo de amar a Julie? ¿O decidirá que el amor no debe reprimirse? Descubre la apasionante historia de amor, escrita de una forma emotiva y enamoráte de la "miel de una mujer".


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La muerte

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El invierno de 1850 fue frío, rápido y crudo. Yo misma tuve que encargarme de cortar leña para la chimenea o lo más seguro habría sido que habríamos muerto de frío. Vivía con mi madre, Rosalie, en una pequeña casa que no llamaba la atención y pasaba más bien desapercibida para todos los que se acercaban.

Cuando uno miraba nuestra casa, sabía inmediatamente que éramos de clase baja y incluso una vez, un hombre fue tan amable de darme dinero.

-Toma, bonita. Para tu madre... - añadió con una cálida sonrisa en contraste del frío invierno.

Recuerdo que permanecí muda, observando los billetes, sabiendo que no los podría aceptar. Pero la tentación fue demasiado fuerte. Pensé que probablemente, aquel hombre no echaría a faltar el dinero ya que un pobre no iba regalando lo último que le quedaba.

-Gracias, señor, es usted muy amable pero mucho me temo que no podré aceptarlo. - respondí, devolviéndole el dinero.

-¿Y eso?

-A mi madre no le gusta la caridad.

No hubo ninguna palabra falsa en esa frase. Mi madre odiaba la caridad, odiaba que sintieran lástima por ella. Verás, justo cuando yo era un bebé mi padre nos abandonó. Nunca me han explicado la razón de su repentina decisión si aparentemente los dos eran felices. Los habitantes del pueblo sintieron una terrible lástima por mi madre y todas aquellas palabras que con tan buena intención le regalaron, le hicieron mucho más daño de lo que uno puede imaginar. La hicieron sentirse impotente, una mala madre y sin capacidad de sacar a su familia adelante. Se sentía sola y incluso su propia madre le dio la espalda.

Por suerte, podríamos decir que yo fui el rayo que iluminó su vida de nuevo. Mi madre se convirtió en mi mejor amiga, una compañera, una persona con la que compartir bonitos momentos. Nunca tuvimos graves discusiones y ella me enseñó a comportarme como una mujer debería. Aunque, también me enseñó a ser libre y a luchar por aquello que yo deseaba.

¿Pero cómo se lucha contra una enfermedad cuando esta te está ganando? Rosalie White iba a morirse y las dos lo sabíamos.

Si mi madre no sobrevivió a la enfermedad fue porque, primero, no teníamos demasiado dinero y por lo tanto los medicamentos no los podíamos conseguir y segundo, porque simplemente la enfermedad fue más fuerte que ella y poco a poco fue matando cada esperanza de vida que tenía.

Lo más terrible de todo esto, fue saber que ya no volvería a ver más a mi madre. Quizás estábamos teniendo una animada charla cuando mi celebro pensaba que nunca más podría hablar con ella y intentaba retener el momento causando que lágrimas de tristeza y dolor brotaran de mis azules ojos.

Cada día empeoraba y mi madre... sabía que la muerte se acercaba cada vez más rápida. Un día me llamó a su habitación y tuvimos una de esas discusiones.

-¿Claudette?

-¿Qué ocurre mamá? - quise saber, preocupada por su salud.

-Mucho me temo decirte que no sobreviré, aunque ambas ya lo sabíamos.

Ante esa frase, no supe que responder, así que permanecí en silencio. Había sido tan directa que quizás me impactó demasiado. Aunque tenía razón, por muy doloroso que fuera admitirlo.

-Yo... Me gustaría decirte que te quiero mucho. Que aunque pronto ya no forme parte de este mundo, estaré vigilándote cada día, los ángeles cuidarán de mi y estaré en un lugar mejor.

-Mamá... - murmuré, con lágrimas en los ojos.

-Déjame terminar, Claudette. La enfermedad me duele mucho, más de lo que puedas imaginar. Cada día es un infierno para mi y no quiero dejarte, pero deseo con todo mi corazón o al menos lo que me queda de él, abandonar este mundo. Te digo esto, porque quiero que recuerdes, que no habrá persona que te quiera más o igual que yo.

-Mamá, por favor... - volví a murmurar, deseando que sus labios se sellaran por el momento.

-Siempre estaré en tu corazón, necesito que recuerdes este día para siempre. Cuando te sientas perdida o sola, aprieta con fuerza este collar que espero que lo lleves puesto siempre. - me dijo mientras se quitaba el collar en forma de corazón que tenía sobre el cuello-. Con esto, me llevarás siempre contigo.

Lágrimas rodaban por mis mejillas y tenía la vista nublosa, pero cogí el collar con facilidad y lo apreté entre mis manos.

-¿Qué haré sin ti? - le pregunté.

Esa pregunta me había atormentado durante demasiado tiempo. Sabía que una vez mi madre ya no estuviera conmigo, me sentiría perdida, sin objetivos, sin una persona que me proteja y me quiera.

-Tía Emily te acojerá en su casa. Yo me he encargado de todo.

Emily White era la hermana de mi madre y aunque no hablaban mucho, mantenían una relación cordial. No parecían hermanas, quizás por la falta de amor entre ellas, pero sabía que Emily se sentiría destrozada por la muerte de su hermana al igual que yo.

Al principio, la idea de irme a vivir a su casa me aterró. La habíamos visitado en contadas veces, puede que dos en toda mi vida y carecía de información sobre ella y su estilo de vida.

-Pero no la conozco...

-Estarás bien, no tengas miedo. Tía Emily se encargará de que encuentres un buen esposo, a tus diecisiete años es fundamental. Su casa es grande y tiene una granja justo al lado. Mi hermana necesita compañía, como bien sabes, su esposo faltó hace ya tres años y estoy segura de que tu presencia la beneficiará.

-Malditas sean todas las enfermedades. - setencié, lanzándome encima de mi madre para abrazarla y retenerla en mis brazos.

Me dijo que no tuviera miedo. Pero la verdad era que estaba aterrada.

***

Mi madre murió una semana después. Estaba cosiendo un vestido y tuve la necesidad de ir a ver como se encontraba mi madre. Podríamos decir que tuve un mal presentimiento. La vi acostada en la cama como siempre estaba, con sus manos sobre su regazo y sus ojos cerrados.

-¿Mamá? ¿Estás durmiendo?

Esto había ocurrido más veces. Cada vez que dormía sentía la necesidad de asegurarme de que verdaderamente estaba durmiendo. Como las demás veces, me acerqué a su cama y la sacudí con suavidad.

Me alarmé al ver que su pecho no subía y bajaba como normalmente lo hacía cuando estaba sumida en el mundo de los sueños.

-¿Mamá? - volví a repetir, con el corazón latiéndome a mil.

Las sacudidas adquirieron más fuerza. Puse mi mano donde su corazón residía y me di cuenta de que no estaba latiendo.

Supe que mi madre estaba muerta.

Un grito salió de mi garganta acompañado de mis lágrimas. Abracé el cuerpo de mi madre, sollozando sin parar y gritando de vez en cuando, soltando todo ese dolor y tristeza que había estado acumulando.

Creo que, en algún lugar pequeño de mi mente, aún pensaba que mi madre estaba durmiendo. Aún pensaba que se despertaría y me preguntaría la razón de aquellos sollozos y terribles gritos.

Recuerdo que un vecino atento entró en mi casa. Derrumbó la puerta y acudió a ver lo sucedido. Me encontró llorando y besando las mejillas de mi madre muerta. No tuve que explicárselo, enseguida lo comprendió.

Quiso separarme de mi madre, diciéndome que todo estaría bien. Tuve ganas de arañarle, de pegarle, de gritarle.

Pero una señorita no hace eso. Una señorita calla.

-¡No me alejes de ella!

Sabía que nunca más la volvería a abrazar, que nunca más escucharía su dulce voz, sus risas. Nunca más vería sus preciosos ojos azules, mirándome con una sonrisa. Eso es lo que más me dolió; saber que esos ojos nunca volverían a abrirse.

Empezaron a llegar más vecinos y finalmente consiguieron entre todos arrancarme del cuerpo de mi madre. Juro que luché, por quedarme unos minutos más junto a ella. Lo que más deseaba era que me dejaran en paz, que me dejaran sola con mi querida madre.

Un hombre que hasta ese momento, nunca había visto me dijo con un tono serio:

-Mejor será que tomes un poco de aire y te alejes de aquí.

-No me pienso ir del lado de mi madre.

Mi respuesta pareció enfurecerle, ya que apretó sus puños con fuerza, mirándome directamente a los ojos. A decir verdad, me intimidó. Su rostro es ahora un recuerdo borroso en mi mente, aunque si lo volviera a ver por la calle lo reconocería sin duda alguna.

-Hágame caso o te sacaremos de esta casa nosotros mismos.

-¿Qué piensan hacerle? - exigí sin que la voz me fallara en ningún momento.

-Nada, ya está muerta.

Aquello me chocó. Una respuesta tan fría, directa y desafortunadamente sincera. Las lágrimas volvieron a mis ojos y me convencí de que no iba a llorar. No quise que todos aquellos hombres y mujeres sintieran más lástima por mi, así que marché.

Agradecí el aire puro, aunque enseguida quise volver a entrar en esa casa de calor sofocante donde reinaba la tristeza y desolación.

Cerré los ojos y recordé a mi madre en la cama, con los ojos cerrados y sin respirar. Estaba verdaderamente hermosa. Daba la sensación de que en su cuerpo nunca había existido una enfermedad y era un tanto morboso que muerto era cuando uno más bello estaba.

Me recojí el vestido y empecé a correr hasta la casa de Rudy, mi mejor amigo. Nos habíamos conocido de pequeños, cuando me robó mi muñeca. Y aún no me la había dado.

Mi madre era la única capaz de calmarme, pero él ocupa el segundo puesto. En esos momentos era cuando más necesitaba cariño y amor familiar, aunque no tenía ninguna familia cerca, consideraba a Rudy como un hermano.

Cuando quedaban unos pocos metros, escuché el curioso sonido de las gallinas y los cerdos que Rudy tenía en su granja.

-¡Claudette! - me gritó con alegría, mientras corría a recibirme.

-Se ha muerto.

Paró en seco, justo cuando iba a darme un abrazo.

-Lo siento mucho, eso es terrible... Pero todos sabíamos que el día llegaría. - me intentó consolar mientras esta vez si me daba el abrazo.

-Lo se... No ha pasado ni una hora y ya siento que no puedo salir adelante.

-Anda, no digas eso. Entra dentro de casa y te prepararé algo. - me ofreció, rompiendo el abrazo con una sonrisa.

-Gracias por el ofrecimiento pero me siento obligada a rechazarlo. Necesito volver y encargarme de asuntos importantes.- respondí, pensando en Tía Emily.

-Como desees.

-Aún así, gracias por el abrazo. Lo necesitaba... - le dije con una triste sonrisa.

Mi amistad con Rudy se remontaba muchos años atrás, pero estaba igual de fuerte como el primer día. De alguna forma... conectamos. Me gusta pensar que de estábamos destinados a encontrarnos. Mi madre siempre pensó que algún día Rudy sería algo más para mi, aunque la idea me repugnaba, me lo planteé alguna vez después de la muerte de mi progenitora para cumplir sus deseos.

Me sentí un poco menos histérica después de aquel abrazo con Rudy, pero aquel día y los siguientes que vinieron, verdaderamente pensé que nunca volvería a ser feliz.

***

Volví a casa, donde me encontré con el primer vecino que vino a ayudarme, sin embargo, no había rastro de mi madre.

-¿Dónde está? - inquirí asustada.

-No te preocupes, Claudette. El cuerpo está en el hospital donde van ha hacer un certificado de muerte de Rosalie White para ver si ha muerto por causas naturales. - me respondió con calma.

-¡Claro que ha muerto por causas naturales! ¿Acaso tiene usted la osadeza de pensar que le he hecho algo indebido y totalmente imperdonable a mi querida madre?

-Por supuesto que no. El certificado de muerte es parte del procedimiento establecido. - me dijo, arreglándose las redondas gafas.

-En ese caso debo disculparme por mi reacción.

-No se preocupe. Pronto se hará el entierro y por ahora, mi consejo es que descanse.

Asentí al saber que tenía razón. No sabía si llegaría a descansar, pero al menos debería de intentarlo.

-Y señorita White...

-¿Qué ocurre? - pregunté rápidamente.

-Mis más sinceras condolencias.

Volví a asentir y mi vecino se fue después de regalarme una pequeña sonrisa. Nada más la puerta se cerró, pateé el sillón y me derrumbé en el suelo. Sin embargo, no lloré. La casa quedó sumida en un profundo silencio que no me atreví a romper.

Eché de menos las risas de mi madre.

Y en ese silencio, comprendí que Rosalie White nunca estaría conmigo por más que llevara su collar. Nunca estaría a mi lado, donde más la necesitaba.

A la mañana siguiente me dispuse a escribirle una carta a Tía Emily, reuniendo el valor para comunicarle de la muerte de mi madre. Sabía que nada más supiera la noticia, vendría alguien a buscarme y mi vida cambiaría para siempre. Aún así, escribí la carta, siguiendo las instrucciones de mamá.

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Nunca me habían enseñado a escribir una carta y estaba nerviosa al ser la primera vez que me comunicaba con mi tía. Aún así, lo escribí como pude, olvidándome de la fecha y la envié ese mismo día.

Recibí su respuesta dos días después y me decía que vendría a recogerme su chofer y que lo tuviera todo listo.

«¿Chofer? Si tiene tanto dinero como para permitirse un chofer, podría habernos prestado un poco de dinero para las medicinas. Y mi madre estaría viva.»

No pude evitar pensar esto cuando vi a Tía Emily. Lo único que sentí fue repugnación hacia ella.

¿Qué clase de hermana era?

Eso era lo que me disponía a averiguar.

Muchas gracias por leer el primer capítulo de lo que espero que sea mi mejor novela. Hazme saber si te ha gustado y ya estoy estoy ansiosa por saber el resultado final.

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20. Januar 2021 16:31:11 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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