kae_ghost Kae Ghost

Cuando Marina despierta en el centro de una casa de tres pisos abandonada, su primer instinto no es averiguar cómo llegó allí, sino realizar una exhaustiva búsqueda para encontrar cómo salir, pero cuando se dé cuenta de que no está sola quizás sea demasiado tarde para remediarlo. "El juego no hizo más que comenzar, tus más profundos anhelos me pertenecen desde el primer momento en que te vi."


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#horror #347 #entrenamientoinkspirado
Kurzgeschichte
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Juego Macabro; capítulo único.

El sonido de una música tenue llegó a sus oídos. Melancólica y lastimera, con ejes de ira y maldad; como una danza macabra anunciando un mensaje que Marina no entendió.

Se trataba de una pieza de violín, que zumbaba en las paredes desgastadas por los años, azotando las ventanas vacías.

Abrió los ojos en obediencia, la música la estaba llamando, despertando su consciencia del eterno sueño en la ignorancia.

Cuando despertó, el techo de madera, lúgubre y con tablones rotos amenazó con aplastarla. Fue un crujido ruidoso que inundó su cuerpo de miedo.

Tembló ante la posibilidad imaginativa de una muerte desafortunada, tan patética como la sensación que se instaló en su pecho al darse cuenta de que estaba sola.

No se preguntó donde estaba, porque claro como el agua, no era su casa. Ni tampoco su cama, solo una superficie dura y fría repleta de pequeños escombros que podrían acariciarle directamente las costillas si no se movía pronto.

Se levantó del suelo a duras penas, su cuerpo pesaba como si un centenar de esos escombros le hubieran caído encima mientras dormía.

El panorama era desolador.

Lo que creía que era una casa se hallaba inmerso en una penumbra inquietante.

Era de noche.

El suelo era inhabitable, caminar suponía ir esquivando trozos de madera y rocas filosas. Pateó uno de los escombros con ganas, liberando una frustración que no sabía que poseía. El eco estrepitoso del cascote liberó una bandada de murciélagos por los que tuvo que apretar los dientes para evitar soltar un grito ridículo.

—Tengo que salir de aquí.

El crujido de las tablas de madera sonaba bajo sus pies. El pasillo era tan largo que la luz de la luna entrometiéndose por los cristales rotos de las ventanas no llegaba a iluminar el final del camino.

Rebuscó en sus pantalones, pero su teléfono no estaba ahí. Chasqueó la lengua bajo la negrura. Las únicas zonas con luz eran las ventanas y se atrevió a acercarse a una de ellas. Su rostro empalideció ante la inmensidad del bosque que rodeaba la casa. Una casa en el medio de la nada.

Se enredó los dedos en el cabello y se quitó algunos mechones que se adherían a su frente sudorosa.

Y entonces corrió. Corrió sin importar cuantas piedras y trozos de roble se cruzaron en su camino, ni cuantos murciélagos alzaron el vuelo con el traqueteo apresurado de sus pasos.

Cuando llegó al final del extenso pasillo, giró a la izquierda; y aunque la oscuridad no le permitía ver el final, estaba casi segura que era igual o más largo que el anterior. No obstante, un cuerpo chocó de lleno contra el suyo y creyó ver las estrellas aún cuando a su alrededor solamente había paredes.

—¡Mierda, Marina! Que susto acabas de darme.

—¿Leo? —respondió Marina con el corazón en un puño. Se permitió exhalar la respiración que había estado conteniendo casi desde que se despertó—.¿Tú también estás aquí?

Leónidas se sobaba la cabeza con el dorso de la mano. Asintió.

—Desperté hace un par de horas en el piso de arriba. Creo que encima de ese hay otro piso más. No fui capaz de encontrar la salida.

—¿Has investigado todos los pisos? —Marina preguntó inquieta. Si ni siquiera Leo había podido encontrar la salida y llevaba horas dando vueltas, ¿Qué le esperaba a ella?

—Es imposible investigar todo.

Leónidas hizo una exhaustiva explicación de las partes que había podido investigar, y otras tantas que no fue capaz de pisar. La casa constaba de tres pisos y ellos se hallaban en el primero. Cuatro pasillos largos repletos de puertas que comunicaban la escalera central hacia la segunda planta. Arriba, la arquitectura repetía la misma técnica.

—Oh... Y algo más. ¿Sabes? Cuando estuve en el segundo piso, alguien estuvo corriendo detrás de mí. —Hizo una pausa para observar hacia atrás y Marina se removió incómoda. Una ventisca helada en forma de escalofrío le acarició la espalda por debajo de la remera—. Creí que había sido mi imaginación, pero ahora que te encuentro aquí, la idea no parece tan descabellada...

—Bueno, no creo que quedarnos aquí ayude en algo.

Tal y como Leo había dicho, a mitad del pasillo, una prominente escalera se cernía elegantemente sobre la superficie amaderada. La madera crujiendo bajo sus pasos no hacía más que poner a Marina nerviosa. Un paso en falso y la caída les descolocaría unos cuantos huesos. Las piedras aglomeradas al final de la escalera tampoco colaboraban con la seguridad.

En ese instante, pasos apresurados cruzaron a una velocidad inhumana por la parte superior. Fue tan ligero, que la vista de Marina solo pudo identificar una sombra sin forma que se perdía en la inmensidad de la oscuridad tan rápido como había aparecido.

Se aferró a la escalera tan fuerte que los nudillos de sus manos empalidecieron. Y el grito vergonzoso que antes se había esforzado por evitar escapó de sus labios sin permiso.

—No, te, rías.

—¡Vamos a seguirlo!

—¡Espera Leo!

Si las películas de terror le habían enseñado algo, era que la persona que se separaba del grupo, no regresaba meneando la cola como un cachorro antes del paseo matutino.

Se le heló la sangre y el color natural de su piel se descompuso cuando oyó el grito desgarrador que provino de la segunda planta. Se le erizó la piel y sus piernas flaquearon con el terror de quien descubre un cadáver por primera vez.

—¡Leo! —volvió a aclamar esta vez más fuerte, concluyendo en que tendría que subir si quería salvar a su mejor amigo de quién sabe qué—. Vamos. Muévete. ¡Cuerpo inútil!

—¡Marina! ¡Ven aquí!

Como por arte de magia su cuerpo respondió. Se sintió paralizada por el miedo e inútil al mismo tiempo, sabiendo que si Leo estuviese muerto, habría sido su culpa únicamente. Su voz fue como una música dulce que contrarrestaba la danza macabra que marcaba el violín procedente del último piso.

Marina terminó por fin de subir las escaleras. Su flujo sanguíneo pareció volver a la normalidad con cautela, como si aún estuviera alerta de cualquier cosa que Leónidas quisiera mostrarle.

La luz en sus ojos se apagó cuando vio las lágrimas en el rostro de su compañero. Su interior se revolvió incapaz de dar un paso más.

Leo estaba cubierto de sangre. Borbotones de sangre que teñían de rojo el esmoquin que llevaba puesto. Tenía sus propios dedos marcados en la cara, como si hubiera estado intentando quitar las lágrimas con sus manos manchadas.

Marina estaba paralizada, sin poder vocalizar palabra alguna.

Cuando se dio cuenta de que Leo no la estaba viendo a ella, temió. Temió tan solo girar la cabeza y encontrarse con algo que claramente no deseaba ver. Se sentía desfallecer con cada paso que daba hacia adelante de forma inconsciente. Ya no tenía otra cosa que sus propios instintos ante la pesadilla en la que estaban metidos sin principio ni final.

¿Cuándo había empezado?

¿Cuándo la situación se había vuelto tan grotesca? Marina solo podía recordar la calidez de su cama antes de despertar.

Oh. Eso era. Tenía que ser eso. Era solamente una muy mala pesadilla. ¿Cierto? ¿Solo era una pesadilla? No. Se sentía demasiado real para tratarse de una pesadilla. Podía sentir el nauseabundo olor afierrado de la sangre que formaba aquel inmenso charco bajo los pies de Leo.

Las lágrimas de Leo también eran reales.

Se atrevió entonces a girar la cabeza; y deseó nunca haberlo hecho. Se contuvo de soltar un grito atiborrado de desesperación.

En el suelo había un cadáver y a Marina se le revolvieron las entrañas. Quería lanzarse a llorar. Trozos de piel habían sido desgarradas completamente y por lo que pudo ver por encima de la sangre acumulada, las manos del cadáver no contaban con ni una sola uña. Había hebras de hilo negro uniendo la delgada piel de sus labios hinchados, y los extremos de su boca se habían desgarrado probablemente de tirar con ellas. El cuello doblaba de forma antinatural hacia el lado izquierdo; estaba roto. Como si al asesino no le hubiera bastado la horripilante tortura a la que le había sometido.

Los ojos del cadáver perturbaban a Marina más que la carne desgarrada y sus vísceras desparramadas; estaban abiertos, acechando incesantes en su dirección. Un sentimiento de culpa invadió todo su cuerpo y cayó de rodillas sobre la viscosidad de aquel líquido rojizo.

Su ropa se empapó con la sangre de su hermana.

—Oh dios, Gin... —bramó con la voz quebrada y un nudo del tamaño de una bola maciza a la altura de su estómago—. Por favor no...

Las manos se le llenaron de sangre y sus lágrimas abandonaron sus cuencas oculares deslizándose por su rostro hasta despedirse de su barbilla y mezclarse con el líquido carmín del suelo.

—¡Tenemos que salir de aquí, Marina! —reaccionó Leo—. No estamos solos. ¡Tenemos que salir antes de que nos toque a nosotros!

—¡N-no puedo dejarla aquí!

—¡Gin está muerta!

Si. Definitivamente estaba muerta. El asesino de su hermana había dejado en claro que la había matado. Muy en claro.

Un asesino narcisista y despiadado.

Un asesino que estaba junto a ellos en aquella casa.

Marina se secó las lágrimas con el dorso de su mano, pero enseguida fueron reemplazadas por unas nuevas. Realizó un esfuerzo sobrehumano para ponerse de pie, y a pesar de que la sangre le había adherido la ropa a la piel, no se sintió sucia.

Quizás porque era de su hermana; quizás porque la escena le parecía familiar.

—Marina... —insistió Leo, pero Marina no contestó.

—Hay que subir. La salida está arriba.

—¿Cómo lo sabes?

—No lo sé.

Aunque las escaleras al último piso estaban hechas añicos, se las arreglaron con los escombros para encontrar una manera con la que subir. Con cada piso, la casa parecía más segura y menos desolada. Resultaba de lo más extraño que los cimientos estuvieran hechos pedazos mientras los pisos superiores iban conservando la estructura. Como si la mansión se fuera destruyendo desde abajo hacia arriba.

Marina asoció la situación de la mansión con la consciencia humana.

—¿Realmente crees que la salida se encuentra aquí?

—Por supuesto, yo la construí.

El pasillo volvió a quedar en completo silencio. Leónidas observaba el rostro imperturbable de Marina y de repente tuvo un mal presentimiento. Fue como una vocecilla que le dijo que estaba en el lugar equivocado en el momento correcto.

Marina había dejado de llorar.

La música se detuvo.

—Tenemos que llegar a la última escalera y ya habremos- ¿Leo?

El cuerpo de Marina tembló. Leo no estaba cuando se giró.

—¡Leo! —llamó más alto, pero no obtuvo respuesta. Algo en su interior se agitó tormentoso—. ¡Leo! ¡¿Dónde estás?!

Corrió de nuevo. Su corazón latía desbocado ante la idea de que algo pudiera pasarle. No a él. No a su mejor amigo. No a ella.

No quería seguir llorando más pérdidas. No quería seguir presa de las mismas cadenas. No quería que su pasado la atase a los cimientos de una casa que poco a poco se venía abajo junto con sus sentimientos. No quería seguir sintiéndose culpable.

"¿Lo haces por ellos o por ti misma?"

Cuando creía que sus pasos no la estaban llevando a ningún lado, se encontró de lleno con la enorme escalera que esperaba encontrar.

Un golpe. Otro golpe. Otro. Y otro.

Algo estaba cayendo por las escaleras. El golpeteo era seco como si se estuviera deslizando una pelota de Volley por los escalones de mármol.

En la oscuridad que envolvía el barandal y la luz de la luna que se colaba por la ventana, hicieron de aquel acto grotesco, una noche infernal inolvidable. Mientras cabellos anaranjados caían escalón por escalón, Marina supo que jamás le volvería a ver.

Porque ni siquiera se permitió observar la cabeza inerte que bajaba la escalera violentamente sentenciando de por vida su soledad imponente.

—Marina...

Escuchó venir desde el último piso.

—Te he estado esperando.

Marina subió y un hermoso cielo nocturno cubierto de puntos brillantes le recibió encantado. Finas capas de césped llenaban la terraza de vida y la frescura húmeda del viento le azotó en la cara, dejando entrever una horrible cicatriz que se había propuesto a acompañarla de por vida.

—¿Por qué, Kae? —preguntó Marina sintiendo el despecho en los ojos oscuros de la chica que la esperaba en el borde del alambrado—. ¿Por qué me haces esto...?

—Porque me dejaste morir.

Marina se derrumbó entre lágrimas sobre la dureza del hormigón.

Kae sonrió.

16. Januar 2021 23:20:49 10 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

Kae Ghost Encerrada en la rutina con viajes ocasionales a mi propio mundo de fantasía. En ocasiones me encuentro debajo de las camas dibujando bocetos ridículos y escribiendo garabatos sin sentido. Las cadenas de la desesperación son bastante pesadas, pero Zeref me enseñó a convertirlas en caricias. Isaac Foster me confió su guadaña pero creo que le encontré un propósito más útil. Si te pasas por mi perfil y lees mis historias, te recomiendo traer un botiquín de primeros auxilios.

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Isabella Sambuceti Isabella Sambuceti
¡Excelente cuento! Me encantó de principio a fin y no es algo que lea todos los días.
January 18, 2021, 04:54

  • Kae Ghost Kae Ghost
    ¡Gracias por darnos la oportunidad! Es muy gratificante saber que cumplió con tus expectativas. January 18, 2021, 04:57
Gin Les Gin Les
Solo quiero decir que... soy tu fan. El Thriller no es algo que me apasione leer, pero sin duda me atrapaste. ¡Me encantó tu historia!
January 17, 2021, 21:31

  • Kae Ghost Kae Ghost
    ¡Me alegra muchísimo haberlo conseguido! ¡Muchas gracias! January 18, 2021, 04:56
Leónidas G. Leónidas G.
WOW Excelente!!! Escribes genialísimo 👏👏👏👏 gracias por estar como personaje, por más destino haya macabro, sin embargo, con esmoquin xD Felicidades !!!
January 17, 2021, 03:13

  • Kae Ghost Kae Ghost
    ¡Me alegra muchísimo que la lectura haya sido de tu agrado! Gracias a ti. January 17, 2021, 03:52
Marina Andrea Marina Andrea
Guauu! Realmente tienes un gran don para escribir Thriller 👏👏. Me transportaste al escenario con los personajes. Me encantó
January 17, 2021, 01:55

  • Kae Ghost Kae Ghost
    Me enorgullece enormemente que haya cumplido con tus expectativas. ¡Muchas gracias! January 17, 2021, 02:11
Jancev Jancev
Me permito aplaudir una obra espectacular de Thriller y que sé que fue escrita en poco tiempo. ¡Me encantó de principio a fin!
January 17, 2021, 01:39

  • Kae Ghost Kae Ghost
    ¡Es realmente un honor recibir un comentario tuyo! Me hace muy feliz saber que cumplió tus expectativas. ¡Muchas gracias! January 17, 2021, 02:05
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