ignarodriguez Ignacia Rodríguez

Una ex novia que está mal de la cabeza, una maldición y su propia naturaleza han convertido la vida de Anna en un verdadero suplicio. Su ya escasa estabilidad emocional se desmorona y, de pronto, el descanso eterno luce mucho más atractivo que lidiar con los pormenores de la vida. Anna ya no confía en nadie, pero Robin no se rendirá hasta, por lo menos, conseguir que esté a salvo de sí misma.


Romantik Nur für über 18-Jährige. © ©Todos los derechos reservados. Obra registrada.

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Lara

No estaba del todo segura, sin embargo, al igual que sus compañeras, sospechaba que las discusiones entre esas dos venían de un quiebre que por lo bajo podía catalogarse de complicado. Se sentía algo tonta por nunca notar que tuvieran algo más que amistad.

—Olivia, ya bájale. Fue un buen saque y si no pudiste responderle no es su culpa —intervino cuando Anna se dio la media vuelta y se encaminó a los camarines con la mandíbula tensa y apretando los puños; estaba segura de que si Olivia decía una palabra más se devolvía a partirle la cara—. No puedes pedirle que se contenga solo porque es práctica.

—¡Solo los usa conmigo!

—¡Porque a las demás nos arrancaría los brazos! —le recordó Lara irritada—. Mira, no sé qué pasó entre ustedes, pero sea lo que sea déjalo fuera de la cancha.

Siguió a Anna hasta el camarín. Apenas entró, la temperatura se le antojó más fría de lo normal, tuvo que abrazarse a sí misma para entrar en calor. Observó a la chica pálida de cabello castaño y ojos grises que caminaba de un lado a otro como bestia enjaulada, con una respiración tan pesada como la de un animal furioso; hasta el aire que se respiraba a su alrededor era denso, llegando al punto de ser asfixiante. Por un momento, a Lara le pareció que los ojos de su compañera se tornaban rojos, cosa que solo podía ser su imaginación jugándole una mala pasada.

Carraspeó para llamar la atención de la chica. Todos sus músculos se tensaron y su corazón dejó de latir un segundo cuando esos ojos se clavaron en ella, hasta le pareció que una ráfaga de aire frío acompañó a esas gemas color carmesí. Negó con la cabeza diciéndose que su imaginación estaba demasiado activa, Anna nada más era aterradora cuando estaba enojada y el ambiente no hacía más que entregarle pistas sensoriales engañosas, se burló de sí misma por sentir ese impulso injustificado de correr por su vida.

—Esto… —balbuceó Lara, olvidando todo lo que había pensado para esa conversación. Es que en serio los ojos claros de Anna parecían tener un tinte rojo, por supuesto que debía ser la luz del atardecer filtrándose por las pequeñas ventanas del camarín, pero no dejaban de provocarle escalofríos considerando el estado furibundo de su compañera.

Ella pareció notar su temor. Anna le dio la espalda, respiró profundo varias veces, se pasó las manos por la cara hasta llegar a su cabello y revolverlo un poco, luego volvió a mirarla, algo más compuesta.

—Perdona, ya vuelvo. Solo dame un minuto —pidió la chica, haciendo una mueca.

—Mira, no sé qué pasó entre ustedes. Solo puedo decir que a ella voy a tratar de mantenerla a raya, y que tú puedes estar tranquila porque sé que no eres quien empieza el drama. Si necesitas despejarte no te hagas problemas, déjalo por hoy, ve a casa y descansa... se te ve más agotada de lo normal.

El cansancio de su compañera no pasaba desapercibido para Lara, y lo que le resultaba preocupante era que Anna no parecía agotada por falta de sueño o exceso de carga académica, lucía más como una mezcla de tristeza y hastío; como si el solo hecho de vivir fuera agotador.

—Sí… vivir cansa demasiado —murmuró Anna tomando sus cosas. Lara se sobresaltó, nunca hablaba con ella fuera de cosas relativas al equipo, iba a indagar cuando su compañera añadió—: Lo dejo hasta aquí por hoy.

Anna se marchó antes de que Lara pudiera decir algo más. El comentario la dejó aún más preocupada, aunque no la conociera más allá de su interacción en el equipo, le parecía una buena persona y no quería saber que pudo evitar una tragedia cuando ya fuera demasiado tarde.

Salió del camarín y continuó con el entrenamiento, aprovechando de consultar entre las más cercanas si tenían contacto con Lange. Al parecer, solo había buenas relaciones y no amistades dentro del equipo. Ahora que lo pensaba, siempre le había parecido una persona más bien solitaria, con la única que la veía interactuar fuera del gimnasio era con Olivia… y era más que evidente que esa relación ya no existía. No pudo hablar con la susodicha porque fue la primera en marcharse apenas terminó el entrenamiento, sin siquiera ayudar con la limpieza (aunque, con el humor que llevaba, era mejor así).

Como era habitual, Lara fue la última en salir del gimnasio. Bruce la esperaba afuera para caminar a casa como siempre, sin embargo, en esta ocasión no escuchaba nada de lo que su novio decía, con suerte se percató del beso que le dio a modo de saludo.

Quizá no era asunto suyo y no debía darle tantas vueltas al asunto, Lange no era su amiga, pero como futura psicóloga no podía dejar pasar esa sensación de alerta que le había provocado.

—¿Qué tienes? ¿De nuevo diagnosticando gente?

—No es diagnosticar gente, es solo que una chica del equipo me dejó preocupada.

Le explicó la situación y él solo arrugó la nariz.

—No te sientas mal por ella. Tengo amigos en común con Olivia y en una junta nos dijo que terminaron porque esa Anna era un monstruo: mal genio, agresiva, controladora, de esas que siempre están metidas en problemas. Según lo que dijo era una tipa muy tóxica.

—No creo que estemos hablando de la misma persona —comentó Lara con extrañeza. En cuanto a toxicidad, si las comparaba, Olivia era la que se llevaba el premio—. Anna es algo arisca y da miedo cuando se le acaba la paciencia, pero fuera de eso nunca tiene problemas con nadie.

—Nunca se sabe cómo es alguien dentro de una relación, tú me enseñaste eso, ¿no?

—Sí, y eso aplica para Olivia también. Obvio que no va a reconocer que hizo algo mal delante de todo el mundo. Les doy el beneficio de la duda a las dos.

—Bueno, sí. Ella es del tipo que siempre quiere quedar bien.

—¿Y Robin? ¿No viene? —preguntó, cambiando de tema. No tenía interés en escuchar más de Olivia, si la soportaba era solo porque sus remates valían oro.

—Anda por ahí. La escuché hablando con una amiga… la chica le decía que alguien había terminado con la novia y que tenía que moverse ahora o algo así —respondió Bruce con molestia.

—No me digas que eres el típico hermano celoso —Lara le dedicó una sonrisa burlona—. Mira que Robin ya está grande, es hasta mayor que tú.

—Son solo 10 miserables e insignificantes minutos de diferencia y no, NO soy un hermano celoso. Es solo que no quiero que termine con algún cualquiera.

—Alguna cualquiera querrás decir —Bruce la miró confundido y ella lo miró incrédula—. ¿Cómo es que no sabes eso de tu gemela?

—¿De qué estás hablando? Robin ha tenido novios, algo raros en mi opinión, pero los ha tenido.

Lara se detuvo y lo tomó del brazo para obligarlo a hacer lo mismo. Tomó aire y lo miró a los ojos, esperando que le confesara que estaba bromeando. Se le desencajó la mandíbula cuando vio que Bruce hablaba en serio. ¡¿Qué tan ingenuo y distraído podía ser?! Se tomó el puente de la nariz, contó hasta diez y luego lo observó decepcionada.

—Amor, respóndeme una sola pregunta: ¿Robin presentó a alguno de esos chicos como su novio?

—Pues… —Se quedó pensativo un minuto—. No…

—Entonces, cariño, ¿puedes decir con toda seguridad que eran sus novios?

—Bueno… Era muy cercana con ellos y siempre hablaban sus cosas en secreto. Y mamá vivía diciéndole que hacía bonita pareja con tal o cual.

—Una cosa es lo que diga tu mamá y otra cosa es lo que diga tu hermana. ¿Nunca te pareció que le molestaban esos comentarios?

—Bueno sí, pero es que… —Entonces algo encajó en su cabeza y miró a su novia totalmente impactado—. ¿Es por eso que mamá le prohibió invitar más amigas a dormir?

—Porque no eran sus «amigas», querido. Te apuesto a que la restricción fue después de que alguna de esas «amigas» pasara la noche en tu casa.

—Entonces… ¿Mi hermana es gay? —preguntó desconcertado.

—¡¿Es que nunca la has visto en un club?!

—Bueno, sí, pero… no sé, ¿las chicas siempre son más flexibles? ¿Les gusta experimentar?

—Mira, te creo que te dé la curiosidad alguna vez; pero de ahí a que en cada fiesta te enganches con una desconocida y se coman hasta el alma, o sea, hombre, es que eso es gritar «¡Soy lesbiana!» a los cuatro vientos.

—¿Y qué hago? —preguntó afligido.

—¿Nada? Sigue siendo tu hermana, trátala igual que siempre.

—Pero, no sé, ¿decirle que la acepto o algo?

—Amor… —Le dedicó una sonrisa condescendiente—. A estas alturas ella debe suponer que ya sabías hace tiempo y que nunca te has hecho problemas, así que mejor te quedas calladito.

Le dio unas palmaditas en la cara y lo tomó de la mano para seguir caminando. Le resultaba curioso que Bruce fuera tan ciego, aunque tampoco le sorprendía, era el tipo de persona que no se daba cuenta de nada si no se lo decías con todas sus letras. A ella misma le había costado un mundo empezar a salir con él porque era incapaz de captar indirectas, al final tuvo que sentarlo y decirle que le gustaba, e incluso así tuvo que especificar a qué clase de «gustar» se refería. Negó con la cabeza y soltó una risita ligera al recordar ese día.

Lo miró, él no le prestaba atención. Bruce miraba hacia la derecha con el ceño fruncido, Lara siguió su mirada y se quedó con la boca abierta al ver a Robin hablando con Olivia. ¿Quién diría que era ella a la que quería? Del odio al amor había un solo paso, ¿eh? No perdía el tiempo, tenía que reconocerlo.

—¿Qué demonios hace con ella?

—Bueno, parece que ya tienes cuñada —bromeó Lara.

—No, es que esta vez sí que estás mal. Robin la detesta en serio, se llevan mal desde siempre, además mi hermana me dijo que cada vez que conocía a alguien Olivia iba detrás de esa persona.

—¿Y ni con eso se te ocurrió pensar que es gay? —preguntó incrédula.

—Es que a Olivia también le he conocido novios —respondió Bruce y avanzó a paso firme en dirección a ellas.

Lara puso los ojos en blanco. Claro, no era el hermano celoso, era el hermano sobreprotector. Iba a esperarlo en su posición, pero al final lo siguió porque… bueno, igual quería escuchar el chisme… es decir, era su deber como capitana del equipo velar por las buenas relaciones y el buen clima interno, tenía que conocer los detalles del drama, ¿no?

—¿Querías hablar conmigo solo por eso? —preguntó Robin, mirando a Olivia con desdén—. No te creo nada. A mí no me engañas poniendo esa cara de santa.

—Te digo la verdad. NO te conviene. En fin, haz lo que quieras. Me vale lo que pase con esa tipa.

Olivia se alejó sin perder oportunidad de darle un golpe con el hombro a Bruce cuando pasó junto a él. Ni siquiera se dignó a mirar a Lara cuando se toparon de frente, seguro que seguía molesta porque no le dio el favor durante el entrenamiento.

Observó desde cierta distancia como Bruce trataba de hablar con su hermana, a Lara solo le había bastado ese pequeño fragmento de la conversación para entenderlo todo y sabía que a su novio no le iba a gustar. Por su parte, no le parecía mala idea darle una mano a Robin, quizás eso le permitiría ver de cerca a Anna y determinar si estaba en riesgo o no. Además, si lo estaba, podían establecer una buena red de apoyo si Robin tenía verdadero interés.

16. Dezember 2020 03:22:31 5 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Post!
Leon G Leon G
Me parece interesante la historia! Pasó al segundo capítulo!
January 12, 2021, 05:07

Lily Estrada Lily Estrada
Conozco unos cuantos idénticos a Bruce jajajaja Muy buen inicio, va a ser interesante leer sobre ellas en un contexto más romántico, además del de Wedding plans
December 16, 2020, 04:43

  • Ignacia Rodríguez Ignacia Rodríguez
    Jajaja yo también. Gracias por el apoyo, espero que el resto de esta historia también sea de tu agrado. ¡Saludos! December 16, 2020, 11:10
~

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