khbaker K.H Baker

¿Qué harías si la razón de tu lujuria te incita a cruzar la línea entre el bien y el mal sin darte opción a elegir? No siempre la lascivia acaba en romance, a veces, simplemente se vuelve tan sumamente adictiva que te atrapa y te obliga a cometer actos moralmente cuestionables.


Erotik Nur für über 18-Jährige.

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Prólogo

Tenía un nudo en la garganta del que intentaba deshacerse mediante gritos de furia que había estado conteniendo durante todo el día. Su corazón bombeaba con fuerza, repartiendo la sangre con más rapidez de la habitual por todo su cuerpo, dándole un peculiar tono rojizo, especialmente a sus mejillas. Sus manos eran presa de los espasmos involuntarios y, como remedio a esos insufribles temblores que no podía controlar, optó por apretarlas con fuerza.

Su mandíbula perfilada se marcaba con cada puñetazo, con cada intento de contener las lágrimas que amenazaban con correr incesantes por su rostro. Aurora cerró los ojos con fuerza, inhaló y exhaló tres veces en menos de cinco segundos antes de volver a abrirlos y golpear nuevamente el saco de boxeo con todas sus fuerzas. Las manos comenzaban a dolerle, ni siquiera aquellos acolchados guantes habían podido proteger sus puños de aquellas firmes acometidas al saco, pero eso no hizo que desistiese en su sesión diaria de ejercicio.

Exhaló una vez más, dio un par de saltos en el sitio como si aquello fuese a despojarle del estrés acumulado a lo largo del día, entonces volvió a cargar contra aquel objeto inanimado que se balanceaba ante sus golpes.

Un grito de rabia resonó en aquellas cuatro paredes que, día tras día, eran testigo mudo de su descarga de rabia contra el mundo que la trataba de una manera tan injusta, un mundo que no estaba preparado para verla en todo su esplendor. Necesitaba olvidarse de todo lo que le rodeaba, deseaba con todas sus fuerzas que el alcohol nublase su mente, anhelaba que el amargo sabor de una resaca volviera a privarla de pensamientos.

Aurora se quitó los guantes de boxeo, sus manos enrojecidas comenzaban a mostrar los efectos de su descarga. Se frotó las muñecas y estiró el cuello antes de coger la toalla de mano que estaba colgada de una de las esquinas del cuadrilátero, y secarse el sudor de la frente y del cuello con ella. Después, caminó hacia los vestuarios sintiendo como, a cada paso que daba, su cuerpo se cansaba más y más.

A aquellas horas el gimnasio estaba totalmente desierto, no era habitual ver a nadie allí casi a media noche, pero esa era una de las ventajas de los gimnasios abiertos veinticuatro horas, no había nadie que la molestase con comentarios que le agriasen el carácter más de lo que ya lo estaba; bastante tenía con aguantar ese tipo de comentarios en el trabajo.

Una ducha rápida borró las marcas del cansancio, era reconfortante sentir la calidez del agua deslizarse por sus curvas, pero sus jadeos a causa del esfuerzo ya no resonaban entre aquellas cuatros paredes y el silencio ensordecedor comenzaba a alterarla más de lo que la relajaba.

El vaho inundó el vestuario y sus huellas mojadas marcaron el camino desde la ducha hasta el espejo, donde su reflejo distorsionado por la humedad le miraba fijamente. Aurora se veía diferente pero, ¿cómo podía seguir pretendiendo ser la misma si todo en su vida había cambiado?

Guardó la ropa de deporte en la bolsa que, posteriormente, dejaría en el maletero del coche, después se enfundó en un vestido azul eléctrico y se puso unos zapatos de tacón a juego. Posteriormente, se puso unas gotas de perfume en las muñecas y en el cuello como último toque, antes de salir del gimnasio para disfrutar de otra noche de desenfreno.



►◄



La música resonaba con fuerza haciendo temblar los altavoces a ambos lados del escenario, donde un grupo compuesto por músicos novatos amenizaban la velada. El local poseía una decoración a base de luces violeta que combinaban perfectamente con otros haces de luz rosáceos, fruto de las lámparas de lava colocadas a ambos lados de la barra.

Como cada noche, el local estaba abarrotado y Aurora se abrió paso hasta la barra contoneando su cuerpo al son de la melodía que estaba sonando en aquellos momentos, era la única manera de que le abriesen paso, aunque aquello significase que los hombres tratasen de llevarla a la pista de baile para restregar sus cuerpos contra el de ella, sin embargo, su vista se clavaba en un objetivo claro y su semblante serio, advertía que no era una mujer que desease escuchar tonterías ni tratar con hombres babosos que tan solo iban a lo que iban.

Desde una de las esquinas del local, justo al lado opuesto al que ella se encontraba, estaba aquel hombre. Hacía tiempo que Aurora no le veía y no sabía realmente qué era lo que quería de ella, pero ni siquiera se molestó en preguntarle, cada vez que estaban cerca acababan discutiendo y su día ya había sido suficientemente complicado como para acabarlo con discusiones que le importaban menos que nada.

Isaac, el camarero del local, llamó su atención cuando le sirvió la primera copa de la noche, la cual terminó en apenas dos minutos, necesitaba que la embriaguez la envolviese cuanto antes para dejar así de prestarle atención a aquel hombre que perturbaba su vida con su mera presencia. Sin embargo, por más que trataba de resistirse, Aurora no podía dejar de mirarle.

Las copas siguieron corriendo a medida que avanzaba la noche, el alcohol apenas le hacía efecto y eso era algo que detestaba pues, antes de conocerle no era capaz de aguantar ni siquiera tres copas seguidas, por lo que eso significaba que comenzaba a desarrollar una tolerancia al alcohol que no derivaría en nada bueno y todo aquello era por culpa de aquel hombre, Alaric, la razón por la que había comenzado a asistir al gimnasio para descargar toda aquella furia que recorría su cuerpo.

Alaric seguía observándola desde la lejanía con las piernas cruzadas y las manos entrelazadas sobre su regazo, las cuales separaba tan solo para coger su copa y beber de ella. Aurora intentó poner a otro hombre en su punto de mirar, fijar el nuevo objetivo con el cual se divertiría tan solo aquella noche, quería que se diese cuenta de que ella no le quería cerca, sin embargo, no importaba lo que ella quisiese, Aurora se había convertido en el pasatiempo preferido de Alaric y lo sabía desde el día en el que tuvo la desgracia de conocerle...

12. Oktober 2020 11:04:19 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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