nimeriaescondida Nimeria Escondida

"Nunca cojas la mano de un extraño". Aylén Garza olvidó esa frase. La olvidó en el momento exacto en el que conoció al misterioso y jodídamente sexy chico que afirmaba ser un demonio. El problema es que Aylén no cree en demonios ni en nada sobrenatural. Lo que ves y puedes demostrar es lo que hay. Sin embargo, la vida le va a ir demostrando que hay mucho más de lo que se ve a simple vista. Y es que, ese chico no es el único que la vigilaba desde las sombras. Cuando el cielo y el infierno vienen a por ti es mejor que escojas un bando antes de que ambos te devasten.


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Capítulo 1

Estaba harta de tantos gritos. No lo soportaba más. Todos los días la misma historia con el mismo final. No podía seguir así. Ya no.

Necesitaba salir de esa casa para siempre. De esa vida. Pero para ello necesitaba ahorrar. Había empezado a trabajar de camarera en un bar cerca del barrio. No estaba mal. El sueldo era mediocre y los clientes a veces podían ser algo inaguantables, pero estaba acostumbrada a lidiar con ese tipo de gente.

Un año trabajando ahí y podría marcharme de ese estúpido y podrido barrio. Luego ya vería qué hacía. Lo importante era salir.

Suspiré. Estaba cansada. Agotada. Daría lo que fuese por poder irme ya mismo. Por olvidar todo y empezar de cero.

—Yo puedo cumplir todos tus deseos.

Esa voz me sacó de mis pensamientos como si hubiese estado presente en ellos.

Me giré y vi a un hombre de unos cuarenta años. Era corpulento, aunque tapaba todos sus músculos con un traje que seguramente costase más que todo mi armario.

Lo miré atentamente. Tenía barba de un par de días.

—Ven conmigo—me ofreció mirando con sus negros ojos hacia una limusina aparcada a pocos metros de nosotros.

No lo pude evitar. Levanté mi mano y le crucé la cara con la mayor fuerza que pude.

¿Quién se creía que era?

Sabía que eso era algo habitual en el barrio, pero ella no pensaba hacerlo. Saldría de allí a su manera.

Entonces, sentí cómo su fuerte mano me cogía del cuello y me levantaba varios centímetros del suelo. La respiración comenzaba a dificultarse. Traté de que me soltase pataleando y agarrando con mis manos la suya. Pero no conseguía nada.

Tenía una fuerza que casi parecía descomunal. Eso, o yo eran bastante debilucha. Y teniendo en cuenta mi delgado cuerpo y que nunca había pisado un gimnasio, podía ser lo segundo.

El aire dejaba de llegar a mis pulmones y la visión se me nublaba cuando vi cómo la puerta de la limusina se abría y un joven salía de ella. No logré verlo bien. Todo estaba borroso.

—¡Suéltala!

La voz era autoritaria y el hombre acató la orden al momento. Me recordó a cuando un amo le dice algo a su perro y este obedece sin dudarlo.

Instintivamente me llevé las manos a la garganta y comencé a toser encorvándome hacia adelante.

—¿Estás bien?—me preguntó retirándome un par de mechones pelirrojos de la cara.

—¡No! ¿Qué coño le pasa a ese?—chillé como pude mientras seguía tosiendo.

—Perdona su modales. Digamos que es algo...

—Gilipollas—interrumpí yo.

—Bueno, yo iba a decir temperamental—respondió entre risas.

Entonces levanté la vista para mirarle.Era alto, de un 1,80 aproximadamente. Tenía los ojos claros. De color azul celeste. Y su mirada era entre seria y curiosa.

Parpadeé un par de veces tratando de que no se notase que su atractivo no me había impresionado.

—Siento lo ocurrido. Soy Jayden—se presentó pasando su mano entre sus rubios cabellos.

Traté de descifrar su mirada. Sus facciones eran juveniles. Tendría unos 25 años o así, pero su mirada era intensa e infundía respeto. Y eso le hacía parecer mucho más mayor.

Su cuerpo estaba claramente musculado, pero no era corpulento como el otro tipo. Era marcado, pero flexible. Y, al igual que el otro tipo, vestía un traje caro.

—Aylén—respondí algo seca—. Y no estoy interesada en tus asuntos de proxenetas—aclaré.

No quería malentendidos. Agradecía que hubiese intervenido con el loco ese, pero no lograría nada de mí. En el barrio tenía a cientos de chicas dispuestas a ello, pero yo no era una de esas.

Él comenzó a reírse y por primera vez su rostro se dulcificó.

—¿Tengo pintas de proxeneta?

No parecía enfadado, ni ofendido. Más bien curioso.

Volví a repasarlo. Era cierto que su ropa era más cara que la de los tipos esos. Quizá no lo era, pero bueno, sería algo de ese estilo.

—¿Qué más puedes ser ofreciéndome el paraíso?

Volvió a reírse. No entendía cuál era la gracia, pero él parecía estar pasando un buen rato.

—Bueno, en ningún momento he dicho la palabra paraíso.

—Da igual.

—Pero no, no soy un proxeneta, soy un demonio.

Suspiré. ¿Demonio? Debía reconocer que era una forma original de referirse a lo que hacía. Casi parecía que hasta le daba algo de glamour.

—Proxeneta, narcotraficante, demonio... llámalo como quieras, no estoy interesada.

El chico abrió la boca para decirme algo, pero enseguida pareció cambiar de idea.

—Señor, tenemos que irnos ya—mencionó el loco de antes.

—Cierto—Se giró hacia mí—. Ya nos veremos.

Y más que una forma de despedirse, me pareció una promesa.

15. August 2020 09:02:17 3 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Post!
Antonio Mamani Antonio Mamani
muy interesante
January 25, 2021, 16:39
Malissa CS Malissa CS
Wow me encanta!!!! Que buen inicio
August 17, 2020, 10:37

~

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