baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Un cadáver con demasiadas heridas llama la atención de las autoridades, con ello, la directora del instituto de medicina legal, Rosario Béringer, toma cartas en el asunto. El examen post mortem lejos de revelar la verdad solo agrega más misterios, desencadenando el horror en persona...


Horror Geistergeschichten Nicht für Kinder unter 13 Jahren.

#paranormal #tortura #asesinato #maldición #horror
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Un cuerpo lastimado

Rosario veía las luces de la ciudad en el horizonte, pese a ser medianoche, el centro aún estaba despierto y vibrante como de costumbre. La carretera, en contraparte, oscura y silenciosa, le recordaba que estaba lejos del confort de su oficina, de los lugares comunes en los cuales se escondía para evitar el contacto humano. Trabajar con muertos, al principio, parecía buena idea, hasta que debió asumir el papel de directora del instituto forense.

Suspiraba ocasionalmente mientras apretaba el café caliente en sus manos, uno doble sin azúcar, luego volvía a dirigir su mirada a la lejanía.

Era claro que no deseaba estar afuera.

No había entablado plática con el oficial que la escoltaba, tampoco con Jaime, su asistente, aunque, para este último, era lo usual, así que optó por permanecer en silencio, hojeando un documento con información preliminar sobre el hallazgo; el ceño fruncido remarcaba en su rostro lo molesto que se encontraba con el caso que estaban por enfrentar.

Cuando el oficial pensó decir algo y así romper el hielo y atajar esa incómoda situación, se observaron las luces las patrullas que custodiaban la escena, en lo que parecía ser un terreno elevado a un lado de la calle. Debieron transitar por un camino rural en lo que llegaban a este.

Rosario bajó primero, colocándose una chaqueta, no era buena soportando el frío, Jaime, por su parte, inició a preparar el equipo necesario para el levantamiento.

—Soy la doctora Béringer, hubo mucha conmoción por lo que encontraron, ¿tan lamentable es?

Rosario se coló en medio de unos oficiales que conversaban, tomándolos por sorpresa.

—Teniente Allard, a sus órdenes —respondió uno de ellos, su tono delataba exaltación—. La llamada la realizó un informante anónimo, hace ya un par horas. Dijo que buscaba un lugar solitario cuando encontró un cadáver...

Antes de que el teniente terminara de narrar lo sucedido, la doctora rompió el cerco de seguridad y, usando guantes y mascarilla, fue hasta el cuerpo que yacía en el suelo, rodeado de sangre coagulada. Teniendo un cuidado excepcional, pisó en el lugar preciso que había sido señalizado para evitar contaminar la escena, doblando las rodillas frente al cuerpo, encendió una lámpara, constatando su estado de putrefacción y las heridas visibles de este, que eran muchas. Sus ojos buscaron en un segundo algo que le ayudara a crear una conjetura preliminar, un boceto apresurado que, si bien al final podría ser descartado, tener una sospecha inicial, aunque errónea, era mejor que ir sin nada.

Era una persona del sexo femenino, su edad rondaba en un margen de los veinticinco a los cuarenta. Complexión delgada, por debajo de lo que sería su peso ideal, por mucho. Su rostro, lleno de cortes, reflejaba una mueca de dolor y angustia. Aun con ello, lo peor era el hueco que había en su abdomen y la falta total de sus órganos internos, cosa que retorció el estómago de la forense.

«Mucho de esto te lo hicieron en vida, ¿verdad? Debes sentirte lastimada en exceso», pensó Rosario antes de retirarse, en su mirada se acunaba una oscuridad abrumadora, se encontraba irritada sobremanera.

Jaime tomó el lugar de la doctora de inmediato, dando comienzo la primera fase, recolectando en ello, todo lo que pudiera ser una prueba. Sangre, cabellos, trozos de tela, e incluso guijarros e insectos. Era imprescindible llevar consigo todo lo que les ayudara a arrojar luces al asunto, debido, sobre todo, al tiempo que llevaba a la intemperie, asumieron que eran, mínimo tres días.

—¿Lograron identificarla? —preguntó la doctora a Allard.

—Aún estamos en ello, mandamos fotografías al departamento de desaparecidos y no mucho más, cuando ustedes tomen las huellas podremos cotejarlas —respondió leyendo las anotaciones que había hecho en una libreta.

—Llevaremos el cuerpo al instituto, sospecho que la muchacha sufrió un secuestro, sus muñecas y tobillos carecen de piel.

—Pensamos lo mismo al verla en ese estado —agregó Allard.

—Sabe, teniente, muchas de sus heridas fueron hechas cuando ella aún estaba viva...

—Ese maldito parecía divertirse haciéndole daño...

—Que interesante, ¿asume que el malhechor era un hombre?

—Bueno, es lo usual...

Rosario se acercó al teniente y, con un lápiz en la mano, trazó una línea imaginaria a la altura del rostro de este.

—¿Sabe cómo se podría calcular si el corte que hice en su cara fue hecho desde arriba o desde abajo?

—No —dijo luego de unos segundos reflexionando—, la verdad, no se me ocurre como.

—Por la forma de la herida misma; verá, cuando se hace un corte, la piel se abre, como es de esperarse, pero, dependiendo de la dirección del filo, esta genera un borde irregular, conociendo el patrón que se genera, podría decir si fue desde arriba o desde abajo.

—¿Eso tiene que ver con el sexo del perpetrador?

—Los cortes en el rostro de la víctima fueron cometidos por alguien un par de centímetros por debajo del metro setenta. Además, ella era hermosa, muchas veces hemos visto este tipo de ataques en odios personales o de origen pasional. Aunque todo el daño en el abdomen supera por mucho cualquier hipótesis —suspiró— al menos no en este lugar.

—Terminé, tomé buenas fotografías. Podemos levantar el cuerpo —dijo Jaime desde la escena.

Con la ayuda de los oficiales, colocaron el cuerpo en una bolsa forense y luego en la camioneta que lo transportaría. Antes de marcharse, Jaime fotografió la mancha de sangre y líquidos corporales donde antes yacía el cadáver. Un dato a tomar en cuenta: la sangre era mucha y parecía fresca.

Eran cerca de la una y media de la madrugada, el cielo nublado anunciaba lluvia de forma inminente.

—De haber tardado unas horas más, mucha evidencia se habrí borrado con la lluvia, vaya suerte —dijo Rosario a Allard una vez subida al auto.

—Aprovecharemos lo que queda para buscar pruebas en los alrededores, le informaremos cualquier cosa que ayude a resolver esto —agregó el teniente.

—Cuento con ello, teniente, buen trabajo...

Allard encontró en la voz de la doctora, algo que lo reconfortó, quizás, la confianza de que aquella menuda y casi inexpresiva mujer resolviera el acto tan cruel que ahí había ocurrido.

De regreso a la carretera, Rosario, quien no había dejado de pensar en el estado del cuerpo, intentaba realizar un mapa de los cortes. Revisando una y otra vez las fotografías de Jaime, hizo un bosquejo sencillo de una figura humana, en la cual, fue señalando la localización de cada herida, según como fue hecha, con un margen de error mínimo, según su experiencia.

«Tus últimas horas de vida fueron las peores sin duda alguna, ¿no es así, Susan?», pensó. Era el nombre que había escuchado al cadáver susurrar mientras lo inspeccionaba.


→──✦──←


El cuerpo fue llevado de forma directa a la sala de necropsias, Rosario no pretendía perder tiempo, Susan debía estar esperando revelar lo sucedido. La doctora fue a su oficina, luego de lavarse las manos y el rostro, fue a su escritorio, necesitaba el cuaderno negro que se encontraba al final del cajón, se leía en su tapa escrito con una pluma de tinta blanca, la palabra "confesiones".

«Las cosas siempre regresan a este punto, maldición...», caviló con el cuaderno en sus manos. Hojeando sus páginas, parecía repasar lo que podrían ser los capítulos de algunos relatos; información personal escrita a mano, con titulates como Esteban, Guadalupe y Maria, que figuraban en los encabezados. Antes de entrar a la sala, donde Jaime la esperaba. No sin antes anotar a Susan en una página en blanco.

—¿Tienes algo para mí? —dijo nada más entrar, tomó a Jaime por sorpresa.

—Creo que sí, mientras intentaba tomar la carta dental, me parece ver algo en su garganta, pero no logro alcanzarlo.

—Tienes unas manos enormes, hazte a un lado...

Tomando las pinzas de Jaime, se acercó al cuerpo, intentando, al mismo tiempo, escuchar cualquier nuevo susurro que Susan intentara transmitirle. Levantando un poco el mentón de la joven, introdujo la herramienta cromada hasta el interior de su garganta, alcanzando un objeto metálico que fue colocado en una bandeja, estaba cubierto de coágulos, fue necesario retirarlos con cuidado, perder evidencia era impensable.

—Es una camándula, es un objeto religioso para rezar —dijo Rosario.

—¿Qué hacía algo así en su garganta?

La pregunta de Jaime obtuvo como respuesta un frío silencio, luego de un rato, Rosario suspiró.

—La gente busca refugio en su fe, quizás pensó que así estaría protegida de alguien o de algo...

—¡Joder! ¿No estaremos metidos en algo sumamente macabro, verdad?

—Es una posibilidad —respondió aunque ella estaba segura de lo que decía, Susan había comenzado a llorar cuando la camándula fue extraída.

—Iré a hacerle algunos análisis, regresaré luego.

—Espera, termina lo de la carta dental, por favor. Yo me haré cargo de esto.

—De acuerdo, voy enseguida.

Jaime abandonó la sala y la mirada de Rosario se dirigió a Susan, aun podía escucharle llorar.

—No puedo introducir esto de nuevo a tu garganta, debe ser importante para ti. La dejaré aquí —dijo, colocando la camándula sobre su pecho, envuelta con una gasa estéril—, nadie podrá quitártela, ahora estás a salvo.

Los susurros que Rosario escuchaba, provenientes del cuerpo, se calmaron, Susan había dejado de llorar. Pánico, era lo que aquellos lamentos le transmitían a la doctora, debió ser lo que Susan sentía en todo momento durante su cautiverio. Rosario fue al otro lado de la sala para preparar el equipo para la autopsia, el procedimiento podría aclarar sus dudas y ayudar a resolver el caso, así que la doctora se encontraba en un estado de concentración total, sin embargo, ese estado no duro mucho, las luces de todo el instituto se apagaron de repente, el sistema de emergencias tardó un par de segundos en encender las luminarias auxiliares, tenues y amarillentas que no ayudaban en nada a mantener la calma, pero que eran útiles en cualquier caso.

Rosario se sintió aturdida, los cambios bruscos en la iluminación siempre le causaron problemas, cuando sus ojos se habituaron a la punumbra y alzó la mirada, observó con horror a un ser de silueta oscura cerca del cuerpo de Susan. La respiración de la doctora era superficial y acelerada, la sorpresa de ver dicho espectro la descompensó por completo. Pudo contemplar que no se trataba de alguien, sino de una cosa que se escapaba a su comprensión: una masa de pestilentes moscas que revoloteaban con violencia alrededor de sí mismas, el zumbido de estas fue aumentando hasta ser insoportable. Antes de reaccionar y pedir ayuda, aquella masa de moscas intentó acercarse a Susan, no obstante, se detuvo antes de tocarla, en ese momento la energía eléctrica regresó y gracias a la claridad cegadora que vino con esta, las moscas que parecían temerle a la luz se dispersaron, saliendo todas a la vez por una ventana que se rompió en mil pedazos.

—¡Qué carajos fue eso! —gritó Jaime desde la puerta.

Rosario había caído de espaldas, estaba atónita.

—Un animal... creo que un mapache o algo así, intentó entrar, pero se asustó —mintió—, ¿tenemos ventanas de repuesto?

—Supongo que sí, en la mañana vendré a arreglar... —la mirada de Rosario bastó para entender que debía solucionar lo de la ventana de inmediato— pero, lo haré ahora mismo, iré por la escalera —agregó Jaime.

—Gracias, me eres de mucha ayuda...

Las palabras de Rosario fueron acompañadas de una sonrisa forzada, preocupar a Jaime por algo que ni siquiera ella podría explicar no era una opción, nunca lo había sido. Debió sentarse y lo hizo cerca del cuerpo de Susan. La vio largo rato esperando que dijera algo, más solo hubo silencio. El rostro de la doctora, entristecido, reflejaba su estado de ánimo.

Jaime no tardó en regresar y colocar las ventanas de repuesto.

—Te ves mal, ¿sucede algo?

El joven interceptó a la doctora de camino a la oficina, debían pasar los datos obtenidos al sistema.

—Estoy bien, solo me sentí mareada por un momento.

—A veces tu mirada se pone sombría, sobre todo en estos casos...

—¿Acaso no es obvio? Compadezco a las personas que mueren de una forma tan cruel, eso es todo —respondió sin voltear a ver a Jaime.

—Supongo que es normal, yo...

Antes de poder continuar, el intercomunicador emitió un sonido extraño seguido de ruido blanco, ambos quedaron paralizados a la espera de entender lo que sucedía.

—¡Necesito ayuda en la entrada!

Un grito lleno de desesperación se escuchó en todo el instituto, venía de la recepción. Rosario y Jaime no perdieron tiempo, corriendo en esa dirección de inmediato.

—¡Rodríguez! —gritó Jaime, fue el primero en llegar.

Un hombre se revolcaba en el suelo cubierto de moscas.

—¡Qué carajos! —Rosario observó aquello con horror a su arribo, aunque mantuvo la compostura y fue por un extintor—, ¡cierre los ojos, esto debe servir!

La ráfaga de espuma funcionó, haciendo que gran parte de las moscas cayeran al suelo incapacitadas para volar, el resto bastó con que Rodríguez se quitara el uniforme que vestía, quedando con solo con sus pantalones. Las moscas, más grandes de lo habitual, producían aún en su estado un zumbido ensordecedor.

—Las sacaré, ese sonido me volverá loco —dijo Jaime tomando una escoba del cuarto de limpieza, arrastrando a los insectos y a la ropa del agente de seguridad hacia afuera del edificio.

El zumbido desapareció, pero por apenas unos segundos.

Mosca tras mosca empezaron a aparecer de la nada, intentaban entrar, sin embargo, el cristal de las puertas y ventanas se lo impedía. En unos instantes fue imposible ver hacia el exterior, las moscas lo cubrían todo. Rosario recordó lo visto antes en la sala de autopsias.

«Esta será una noche larga», pensó, antes de ir a cerciorarse que todas las ventanas estuvieran cerradas.

1. Juni 2020 16:47:18 12 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Cami Bengoa Cami Bengoa
Excelente comienzo, Balta!! Como siempre tus historias me atrapan desde el principio, mucha tensión, suspenso y misterio, ademas de esta escena tan terrible sobre la manera en la que encontraron el cadever. Y el personaje de la protagonista me agrada demasiado, con este sexto sentido que tiene, creo que es muy util para el rubro de trabajo que tiene
EMYLED 👸 EMYLED 👸
#CadenaDeLectura Me pareció buenísimo eso de que la forense escuche a la difunta. Ya con eso me ganó, me encantan ese tipo de historias y escribes muy bien 👍🏼
Helena Nin Helena Nin
Me encanto, sigue así.
Baltasar  Montenegro Baltasar Montenegro
Ya en el primer capítulo incluiste situaciones atrapantes junto a una narración para nada agotadora, sabiendo aprovechar creo yo el espacio cerrado para un encuentro sobrenatural inesperado. Like!
Francisco Rivera Francisco Rivera
Amigo Baltazar y la narración en puntos de aproximación en sobrenatural que se disfruta por la solvencia adquirida, el ritmo a lo tuyo que es cumplida expectación y ese suspenso en lo inmediato, que todo lector agradece... ¿Qué sobreviene?... Un gusto leerte, ¡Felicidades!
June 05, 2020, 00:05

Sebastian Silvestri Sebastian Silvestri
Me atrevo a decir que de todo lo que te he leído (y ha sido mucho) es la historia con el comienzo más fuerte. Dejaste las expectativas muy altas!!
June 04, 2020, 19:36

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Espero poder cumplir esas expectativas, me esforzaré el doble. June 05, 2020, 00:30
Luca Domina Luca Domina
Genial, Balta! Excelentes descripciones y muy ameno de leer. Comenzamos con un cadáver y terminamos con algo mucho más oscuro al parecer. Me gustó, ya quiero saber lo que sucede después! Abrazo, compa!!
June 01, 2020, 23:40

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Gracias, Luca, siempre me anima encontrarte en los comentarios. June 05, 2020, 00:32
Flor Aquileia Flor Aquileia
Bravo!!!! me encantò el comienzo de esa historia que contiene uno de mis temas favoritos. Ya se puede sentir lo que vendrà, mucho terror nos espera :D
June 01, 2020, 17:27

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    ¡Amiga! Gracias por el comentario y la reseña! June 05, 2020, 00:32
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