tabathadeafrodita Tabatha Afrodita

Scarlette es la más hermosa de su país y su belleza sólo puede ser comparada con su vanidad, sin embargo, su posición se ve amenazada cuando la belleza está estrechamente relacionada con la fertilidad y ella no ha podido embarazarse. Ella está decidida a defender su puesto como la más hermosa esforzándose por seducir a su esposo, quien dejó de mostrar interés apenas se casaron. En su desesperación, quizá tenga que recurrir a otros hombres para lograr embarazarse, sin embargo, se dará cuenta que cuando uno juega con fuego, se quema.


Erotik Nur für über 18-Jährige.

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Capricho de ser la más bella

Mi nombre es Scarlette Adamas, hija del Marqués de Lotus, quien me entregó a un hombre que no conocía para poder conseguir mejores relaciones públicas que lo ayudaran a regodearse con la clase más alta del país y así poder mejorar sus negocios. Tal actitud de mis padres no es de extrañar, pues tanto la realeza como la nobleza no pierden oportunidad para mejorar sus estatus con amistades mejores posicionadas y afianzan relaciones con matrimonios, cuya pareja, rara vez tienen algo en común. Mi matrimonio no es la excepción, aunque debo admitir que hay un detalle inesperado en el que mi esposo y yo compartimos gustos.


Nos casamos cuando yo recién cumplí diecinueve años, una edad poco común para contraer matrimonio en mi país, pues las chicas de dieciocho años suelen estar ya casadas y con su primer hijo en brazos, pero el afán de mi padre por entregarme al mejor postor, hizo que mi matrimonio se retrasara y no porque se me despreciara. Verán, debo decir, y sin vergüenza a admitir mi falta de modestia, que soy la mujer más hermosa de toda la ciudad, sino es que de todo el país y no es que sea una idea mía, sino que no hay persona que no haya alagado o envidiado mi precioso parecer. Incluso, me han comparado con Blancanieves con mi cabello tan negro como el ébano, mi piel blanca y suave como la nieve y mis labios rojos como la sangre. Oír tal comparación me satisface, porque pueden deleitar sus ojos cuando me ven y yo alimento mi ego, pero ciertamente no tengo nada de ese carácter afable del personaje de cuento.


Desde muy joven pude darme cuenta de ese deleite que provocaba en los que me veían y aprendí a usar mi belleza como una herramienta para conseguir algunos caprichos, pues mi madre, Prudencia, no se alejaba de mi para darme lecciones de comportamiento pero ahora, estando casada, he tenido más libertad de usar mi buen ver y mis movimientos gráciles para lo que me proponga.


Con tal apariencia, pretendientes nunca me faltaron y tuve a muchos hombres poderosos suplicando por mi mano pero mi padre, consiente de mi belleza, esperó por el Príncipe Heredero, quien se encontraba estudiando en el extranjero, esperando que él quedara prendado de mí y así casarnos pero como dije, las cosas no pasaron como él lo planeo, pues el Rey le arregló un matrimonio político con una Princesa del país vecino y como todos los matrimonios de este tipo, no había forma de librarse de él, mucho menos cuando la paz y la guerra dependían de él, así que mi oportunidad de volver una Princesa se esfumó.


La mejor opción que mi padre encontró, fue entregarme al Archiduque de Orchidaceae, primo hermano del Príncipe Heredero. Fue así que pasé de ser la hija de un simple Marqués a la esposa de un hombre de la alta nobleza.


Acostumbrada a la admiración y las miradas de deseos de los hombres, esperaba que en mi matrimonio, mi esposo se volviera loco por mí para poder manejarlo a mi antojo sin las restricciones de mi madre, sin embargo, así como con mi padre, las cosas no salieron como yo esperaba.


Eder, mi esposo, es mayor que yo por ocho años y recuerdo muy bien cómo peleaba por mi atención junto al resto de mis pretendientes, tampoco puedo olvidar los lujosos regalos que me ofreció ni las caricias indiscretas que osó hacerme cuando mi chaperona se distraía. Tales acciones alimentaron mi deseo por vivir la noche de bodas, pues he de admitir que en secreto, solía robar algunas novelas prohibidas de la oficina de mi padre, las cuales alimentaron mi curiosidad y deseo por vivir ese momento del que se prohíbe hablar. Sin embargo, una vez casados me sentí decepcionada y engañada por todos esos autores que hablaban del sexo como el mayor de los placeres en el mundo, además que él dejó de mostrar interés en mí, por lo menos en lo privado, algo que hirió mi orgullo y vanidad.


Sobre mi esposo y lo que siento por él no hay mucho que decir pues a pesar de llevar un año juntos, hemos convivido más estando en público que cuando estamos en casa para mantener en alto nuestra reputación. Quizá por ello es que no puedo decir demasiado sobre su personalidad más allá de que es muy buen actor ya que todos creen que me ama con locura y que no puede vivir sin mí y también sé de él que le gusta pasar horas en la biblioteca, su oficina, haciendo negocios o en las salas de juego, en especial con un amigo suyo llamado Derian.


No puedo decir que fui engañada respecto al matrimonio, pues aunque la gente no deja de decir que el matrimonio debe ser por amor y que Eder me llenaba de palabras dulces para cortejarme, mi mayor ejemplo sobre lo que es un matrimonio fue el de mis padres, quienes frente a mí, no escondían el hecho de que se odiaban y al mismos tiempo fui testigo de cómo fingían en público para verse como una pareja ideal.


Gracias al ejemplo de mis padres, sin mencionar al de mis abuelos, el amor siempre fue para mí una fantasía comparable a Santa Claus. Si me casé, fue porque sin importar quién fuera el novio mis padres me obligarían a aceptarlo si a ellos les convenía. Tampoco consideré escapar, pues mi padre no perdió el tiempo en mostrarme los barrios más pobres de la capital cuando sangré por primera vez para que tuviera conciencia de dónde podría terminar si no cuidaba mi reputación o si me encaprichaba con un hombre cualquiera.


Pese a todo ello, tenía insatisfacción con mi matrimonio, en primer lugar por la decepción del sexo, el cual, a mi parecer, poco tiene de satisfactorio y que viendo la atención que los hombres me ponían en mi soltería —y aún lo hacen pero de forma más discreta— esperaba que pudiera manejar a mi marido a placer. Tampoco puedo decir que sea desafortunada, aunque no me alabe y adore en lo privado, difícilmente me niega mis caprichos, pero no estoy satisfecha con su falta de atención a mi belleza.


Creo ya he hablado mucho de mi pasado, quisiera mencionar mi presente, donde lo más relevante es que tengo un problema muy grande, pues como ya mencioné, la edad a la que contraje nupcias resulta avanzada para lo usual y si de por sí ya me veo mal frente a la gente al no tener un bebé, ahora que ha pasado un año desde mi boda, el que no esté embarazada me deja en una muy mala situación, algo que no puedo permitir si quiero mantener mi posición envidiable.


Un día, tras un chequeo del médico por sospechas de embarazo que resultaron negativas, fui a revisar mis helechos en las vitrinas de mi habitación privada mientras meditaba, sin embargo, antes de poder producir cualquier idea, una de las sirvientas llamó a la puerta.


—¿Señora?


—No me interrumpan—ordené.

—Lo siento señora, pero tiene una visita —contestó la criada sin atreverse a entrar a mi habitación privada— Su tarjeta dice que es la Duquesa de Prímula.


Apenas oí el nombre y supe de inmediato que se trataba de mi mejor amiga Epona Perlae, quién hacía un año, pocos días después de mi boda, ella se marchó a la propiedad de su marido y se fue de mala gana, fue el Duque quien decidió que debían vivir en sus tierras alejados de la ciudad y ella no pudo hacer nada para convencerlo de quedarse. Había estado intercambiando cartas con ella, pero ahora estaba sorprendida porque él no había mencionada nada sobre venir a la ciudad.


—Hazla pasar aquí —ordené a la criada y oí sus pasos alejarse mientras revisaba mi apariencia para verme impecable cuando mi amiga me viera.


—Vaya que no has cambiado en nada querida —dijo mi amiga al verme y nos saludamos efusivamente, claro, dentro del protocolo.


—¡Qué alegría verte! ¿Por qué no me avisaste antes que venías?


—Quise darte una sorpresa, además de que tampoco fue algo planeado —sonrió ella.


—Trae té y galletas —ordené a la criada que nos miró parada desde la entrada y se precipitó a seguir mi orden cuando la oyó. Apenas pronuncié mis palabras, regresé la mirada a mi amiga de apenas un año más que yo— ¿Cómo es eso de que no fue planeado? —pregunté curiosa— Pero vamos querida, siéntate y cuéntamelo todo.


Ambas tomamos asiento en los sillones una frente a la otra mientras reíamos divertidas de vernos.


—No hay mucho qué contar, es sólo que mi padre se ha puesto enfermo y vine tan rápido como pude junto a mi marido, sin embargo, cuando llegamos, resultó que había sido mal diagnosticado y sólo había tenido un resfrío.


—¿Y no te avisaron tus padres en algún mensaje de camino aquí?


—Si, pero no he dicho nada a mi esposo porque quería venir a la ciudad. ¿Sabes? No importaba cuántas veces se lo pidiera, él simplemente no aceptaba que viniéramos, pero no se pudo negar cuando supo que mi padre estaba grave.


—¿Y ya se ha enterado que está bien?


—Por supuesto, lo primero que hicimos fue ir a casa de mis padres y se ha puesto de mal humor, ahora ha arreglado todo para que nos vayamos en una semana. El muy egoísta habría preparado todo para irnos hoy mismo, pero es que ya no soporta seguir sentado en el carruaje y ha accedido a descansar del viaje antes de volver.


—Pobre de ti amiga mía, qué marido tan desconsiderado tienes. Debiera aprender del mío que me da cualquier cosa que le pido —dije presumiendo.


—Cualquier cosa menos un hijo —me devolvió la burla— ¿O serás tú la que no quiere dárselo?


Sé que dije que ella era mi mejor amiga, pero habría que aclarar que en realidad no tengo amigas. Ser deseada por los hombres y envidiada por las mujeres ha resultado en crearme enemistades, por ejemplo, antes de casarme, todas las mujeres arriba de mi inventaban chismes alrededor de mi cuando los hombres de su interés o sus maridos demostraban interés en mí, o bien, llegaron a hacerme trastadas en las reuniones. Ahora que tengo un estatus más elevado, ellas no se atreven a atacarme directamente y algunas de ellas vienen de lambisconas esperando que interceda por ellas en los negocios de sus maridos o que les comparta mis lujos.


Epona, por otro lado, siempre ha sido amable y considerada conmigo, aunque no por ello ha detenido su lengua. Supe desde muy temprana nuestra amistad, que ella suponía que mi belleza me podría llevar a un buen estatus y sus buenas maneras conmigo eran con el fin de obtener ventaja cuando lo consiguiera. No le reprocho, quizá en su lugar habría hecho lo mismo y no niego que me divierte hablar con ella, pero si la conservo es porque así como ella saca ventaja de mí, yo lo hago con ella, pues me mantiene informada de los planes de aquellas que intentan hacerme daño.


—No sé exactamente qué es lo que pasa, pero de una cosa si estoy segura —dije frustrada, pues lo que iba a contarle era algo que había oído— Eder sabe que él es el problema y quiere echarme la culpa.


—¿Cómo sabes eso?


—Hace tres días, cuando Eder recibió a su amigo extranjero, los oí hablar por accidente. No escuché toda la conversación pero puedo citarte lo que me hizo enterarme de la verdad —le explicaba a Epona para luego tomar una postura con la que buscaba imitar a mi marido— “No puedo darle un hijo, pero necesito un heredero. Pienso adoptar a un huérfano y decir que es un bastardo mío al que quiero reconocer”


Sé que Epona no duda en cotillear sobre mí con otras mujeres pero así como les pasa información de mí, ella me da información de las demás y por lo que puedo ver, yo tengo mejor cuidado respecto a lo que le informo que las ingenuas que la creen su amiga. Es por eso que me decidí a hablarle de esto, pues si bien no me es conveniente que hablen de mi esposo y yo, motivo por el que no le he contado de la falta de interés que tiene mi marido en mí, decidí contarle esta información porque si mi esposo ya planea señalarme con el problema de todo, entonces yo filtraría un poco de esta información para que la gente dudara de él. Así por lo menos podría actuar como una víctima.


—No puedo creer que haya dicho eso.


—Pues lo dijo, lo he oído yo misma y no sabes la indignación que ello me causa —dije molesta— Y lo peor de todo es que no dudo que querrá que yo críe a su supuesto bastardo.


—Sí, sin duda te lo pedirá —aseguró Epona mostrando su desagrado a la idea— Pero no podrás oponerte si te marca como la infértil.


—Lo sé. Ahora sólo puedo pensar en buscar una solución a esto antes de que siquiera lo insinúe frene a la gente.


—Pero ya lo ha hecho frente al Conde.


—Es por ello que me urge una solución, no sé qué tan discreto sea ese hombre y necesito quedar embarazada lo antes posible.


—Te sugeriría que no dejes salir a tu esposo de la habitación hasta que quedes embarazada, pero con tu belleza, imagino que no te ha de dejar descansar —echó a reír pero pude notar que quería oírme decir lo contrario, sin embargo, por mi propia vanidad y para mantener mi imagen de mujer deseada, mentí.


—No tienes ni idea, estos días he podido descansar porque tenía sospecha de embarazo y me procuraba, pero ahora que el doctor nos ha informado que no es así, no me dejará dormir hasta próximos días.


—Sí, ya lo suponía —contestó con una sonrisa forzada que denotaba su desagrado por mi respuesta— Pero aún tienes una opción.


Sugirió en un tono que no me inspiraba confianza, pero decidí seguirle el juego para averiguar qué pretendía.


—¿Cuál?


—Podrías buscar quién te haga el favor —bajó la voz al decirlo.


—¡¿De qué estás hablando?! —exclamé indignada.


—Bueno querida, es obvio que voluntarios no te faltarán y si es tu marido el del problema, bastará con ayuda de alguien más para que quedes en cinta.


—¡No digas tonterías! Jamás podría hacer eso —repliqué molesta— Además olvidas que él se daría cuenta.


—Ya que tiene la seguridad de que él no puede darte hijos, si, seguro que sabrá lo que hiciste, pero dudo mucho que quiera delatarte porque él necesita un heredero y mientras nadie sepa que es de otro, su reputación no será afectada en comparación a su plan de traer un falso bastardo.


—Aún si es así no me atrevería a hacerlo—respondí con énfasis en mi negativa— No me place la idea de estar con otro.


—Bueno querida, ha sido sólo una sugerencia, yo ni siquiera podría decirte si sería capaz de llevarla a cabo estando en tu lugar, pero si ya has descartado esa opción, sólo te queda la suerte o aceptar una culpa que no es tuya.


—Le apostaré a la suerte, nunca me ha fallado —dije con tono presuntuoso.


Hablamos unos minutos más sobre otros temas y acordando reunirnos para cenar al siguiente día, ella se fue. Sin embargo, a su partida, su sugerencia de buscar a otro no dejó mi cabeza pues aunque yo había demostrado mi desprecio por la idea, lo había hecho para no darle motivos a Epona para hablar cosas terribles de mí; desde que hizo esa sugerencia era evidente que era lo que buscaba, ya que usualmente se sugieren remedios caseros cuando una pareja tiene problemas de concepción —algo que yo ya había probado sin éxito— y ella ni siquiera lo mencionó.


Pensar en estar con otro hombre para quedar embarazada había cruzado mi cabeza cuando oí las palabras del doctor en negativa a mi embarazo, pero la razón por la cual ni siquiera lo había considerado de forma seria, era porque no podía quitarme la imagen de la miseria del lugar donde mi padre me había llevado. Si por un error o coincidencia llegaban a enterarse de ese tipo de indiscreción, terminaría en aquél miserable lugar sí mi esposo así lo disponía. Quizá podría tener oportunidad de perdón si mis encantos funcionaran con él, pero era obvio que él no estaba interesado en mí.


Tampoco podía aceptar que él manchara mi imagen a favor de él, especialmente cuando yo no tenía culpa alguna de lo que ocurría. Para mí, mi belleza y que el resto del mundo la reconociera era lo más importante y por desgracia, parte de esa belleza ideal estaba en el poder concebir. Además, una vez más pensaba en mi orgullo y vanidad lastimados por su falta de interés, pues aunque ahora que conocía el sexo me parecía insignificante, no podía quitarme de la cabeza que el deseo de un hombre era el mayor alago a la apariencia de una mujer.


Para el final del día decidí hacer un último esfuerzo por seducirlo sin siquiera pensar en qué haría si volvía a fallar, pues mi orgullo y vanidad no estaban dispuestos a doblegarse. Sin embargo, cuando más motivada me sentía, me enteré de algo que cambió todo mi panorama.

29. Mai 2020 05:00:08 3 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Visha Luria Visha Luria
Hola me encanta tu novela, estoy al pendiente de los capítulos. Espero con ansia cada uno. Gracias por escribir!
Angélica Plaza Angélica Plaza
Excelente comienzo
May 29, 2020, 17:24

  • Tabatha Afrodita Tabatha Afrodita
    Hola, me alegra saber que pienses así y prometo que el siguiente capítulo se pondrá más interesante :D May 30, 2020, 09:53
~

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