criandomalvas Tinta Roja

Prosa poética. Por más que te empeñes, de amor no se muere.


Poetry Alles öffentlich.
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El otoño de las palabras.

Reproches.


Yo solo sé de lo que toco y cuando no lo toco, al poco se me olvida. Así que no le pidas peras al olmo y deja que siga en la inopia.

Mejor pasar desapercibido en este bosque de alcornoques, que acabar siendo leña en el fuego.

Es cierto que tengo miedo, miedo de alzar la voz y quedarme solo en el consistorio, cargando con el oprobio de sus reproches.

Todo un derroche el esfuerzo de transigir con el dedo en la nariz. Que esta perdiz está podrida, todos lo saben, más a ver quien es el perro que le ladra a su amo y no espera a cambio recibir un palo.

Hay que ser más que pedante para autoproclamarse caballero andante, ansiar zanjar disputas y deshacer entuertos, ganar batallas después de muerto y acabar de leyenda en los libros de texto.

En esta, mi isla, no tengo galgo que me ladre, ni rocín flaco, ni otra tinta que la propia sangre. Escribir es morir y cada palabra duele cuando ni el eco te las devuelve.

El que quiera un santo que lo busque en otro lugar, que yo me marcho bien lejos mientras aun me quede tiempo de huir. No he de cargar con esa cruz, mejor me lavo las manos como Pilatos.

Llamadme rancio, no me importa, tildarme de cobarde, es lo que soy, pero no apeléis a una compasión de la que carezco.




El peregrino.

¿Qué mejor lecho que el suelo?

Como techo el cielo, de las estrellas el brillo,

el reflejo de la luna en el río.

Y a los que me llaman mendigo, les digo:

¿cómo sentirme pobre siendo todo esto mío?

Por la noche me acunan los grillos,

me despiertan con sus trinos alondras, jilgueros, pardillos.

Al alba re emprendo el camino aun somnoliento,

que la vida es sueño

y fue nuestro idilio estando dormido.

No más vagar por tabernas persiguiendo sombras,

relatando historias para anodinos oídos,

cambiando mi vergüenza por vino.

Complacidos, tan pronto me lanzan monedas

como me arrojan fuera,

y de esta manera es como emboto mi mala conciencia.

No entiendo que la vida es sueño

y que fue nuestro idilio estando dormido.

Abortos son mis palabras

pues quedó mi lengua roma, mi ingenio en coma

y de mi estéril garganta nacen los versos ya viejos.

Sigo buscándote con la ilusión de un niño.

Ese es todo mi empeño, aun sabiendo que la vida es sueño

y que fue nuestro idilio estando dormido.

Me despierte de este sumiso letargo la muerte,

si ya no he de volver a verte.

No quiero recordar de tus mejillas el tacto,

de tu pecho el calor, la humedad de tus labios.

No acepto que de ellos nunca fui dueño,

que la vida es sueño,

y que fue nuestro idilio estando dormido.




La mala semilla.


No es por timidez que soy reacio a recibir aplausos pues aprendí yo solo a frotarme el lomo para que otros no me pasen por la espalda la mano, fingiendo palmada lo que en realidad es puñalada.
Recelad de los aduladores, se lleven las flores a engalanar los traidores la reja de sus balcones y así todos sepan donde moran, los que en mala hora, me regalaron la oreja con baldías promesas.
La culpa fue mía por creer sus mentiras. ¿Pero qué es la vida si no ilusiones?
Ver solo dones cuando la miras y pensar que es sincera su risa.
Mí único crimen fue ser un necio, desconocer que el precio a pagar por soñar que amaba, es aferrarse a la almohada en un lecho vacío.

Y como la espiga de trigo dobla el espinazo bajo el peso de su propia semilla, así me humilla lo sembrado a mi paso.
Ahora que ya nadie llama a mi puerta, me marcho, me llevo conmigo el fracaso.



Otoño.


No me calma la sed beber de tus lágrimas, me daña la espalda soportar la carga de tu silencio. Sentirme un necio, cuando al llegar a casa, sobre la mesa me encuentro las frases ya hechas, en la sartén los reproches y la pasión en la nevera.
Una pena que sobre la tierra hayan mas tontos que locos, no recuperar un poco de la maliciosa inocencia de cuando niño.
Nada te pido, nada me dices y las perdices pululan felices sin temer acabar de menú.
Tú y yo, codo con codo y sin embargo tan solos. Fue de otro modo en la plenitud del verano, pero llegó el otoño que lo pudre todo.



De amor no se muere.


Sus razones tendrán los poetas para tanta alegoría, tanta metáfora idiota que no son otra cosa que palabras vestidas de forma fina para disfrazar las mentiras y que luzcan bonitas.
La reina de corazones era María Antonieta en la corte de los Soles.
En su país de la maravillas, inmadura y consentida, sentó por fin la cabeza bajo la guillotina.
Enterarse del odio de todo un pueblo en el último momento da miedo, más cuando comprendes que no podrás lucir de nuevo un sombrero.

Esa es la hoja que mata sin llevar escritas palabras, que por más lo repitas en ridículas rimas, a ver si de una vez comprendes, que si bien es verdad que a veces duele, de amor, de amor no se muere.

Le habló Dios a Juana en su consabido tono redentor y la arengó a que tomase las armas.
Ahí tenemos a la doncella guerrera blandiendo el acero, para acabar luego rustiéndose al fuego.
Es la hoguera la que quema, si está bien provista de leña y por más que insistas en tus tontorronas estrofas, por mucho que me hables de la muerte no me convences.

El amor no te consume hasta solo dejar cenizas, a ver si por fin entiendes, que si bien es verdad que a veces hiere, de amor, de amor no se muere.

Ahora puedes marchar llevándote las flores, olvidar mí nombre y dormir por las noches. No te aflija la culpa de forma estúpida, que ya he dejado claro que en esto de los afectos, con todas sus ventajas y sus defectos, unas veces se gana, otras se pierde, pero por mas que te empeñes... de amor, de amor no se muere.




Bostezos.


Uno dijo hace tiempo que la vida es sueño. Otros aseguran que es la muerte el sueño eterno. Así no hay quien se aclare de quien está vivo, quien muerto y el que solo está durmiendo.
Lo único cierto es que perdemos el tiempo soñando, eso nos priva del descanso que necesitamos y acabamos caminando sonámbulos, buscando bajo las sábanas unas respuestas que no encontramos ni solos ni acompañados.
Ya me he cansado de chuparme el dedo y no conseguir pasar página.
Me voy a la cama, ya veré mañana si me he muerto o si sigo soñando despierto.




Un árbol seco.


Poca la sombra que ofrece un árbol seco y en el hueco no corre la savia. Tan solo las termitas lo irritan, lo devoran.
Enfermo, echa de menos un brote verde pero solo es un tronco vacío, indefenso ante el fuego.


Amnesia.

Hace frío y apenas me quedan recuerdos que lanzar al fuego.
Desperdigadas por el suelo, nostalgias, sentimientos pretéritos evocadores de tiempos mejores. Los recojo, sonrío… y los quemo.
Busco en los bolsillos, por si por algún des zurcido se deslizó la esperanza.
Solo encuentro el dolor, pero el dolor no arde y la llama se extingue.
Nada me queda por lanzar a la hoguera.

Sé que no existe el destino, que elegimos el camino y el mio me ha traído a este mausoleo vacío. De nuevo el desierto helado. Cuando mañana despierte, ya no desprenderán ningún calor las cenizas. Imposible reconocer en ellas tu voz, tu vitalidad, tu sonrisa.
Habrá vencido el olvido.


Haciendo camino.


Buscando la senda de la enmienda, caminando descalzo sobre piedras y en la linde del camino, entre “peros”, me desespero mientras las zarzas
me rasgan las piernas.

Que poco se avanza con semejante carga. Me dijiste “te quiero, pero…” y nos vimos en el entierro de nuestro neonato romance.

Fuera de mi alcance, qué lejos quedan los versos del poeta “metete tu amor por donde te quepa”. Y fue por la brecha abierta en mi pecho por donde entró todo el desprecio para quedarse sin pagar peaje.

Con lo sencillo que parece poner un pie delante y después el otro, y en mitad del campo... ¿que pinta un semáforo en rojo?
Me detengo para dejar que pase el tiempo, aprovecho para recobrar el aliento mientras contemplo como lo que siento se marchita.

Deshoje la margarita, “no me quiere” y la flor al contrario que tú nunca miente. Sigue caliente la herida, noto como palpita pero ya no es a tu son.
Bombea el corazón y se extiende la ponzoña, ya tan solo queda la carroña en mitad de la carretera, aplastada por un camión mi ilusión.

No seas “ñoño” me digo y prosigo, que el disco hace un buen rato que se puso verde y como dijo otro poeta, uno que de verdad escribe lo que siente:

“caminante no hay camino,
se hace camino al andar”

y aunque duela decirlo, que continuar es dejarte atrás, mejor aprender de lo recorrido y empezar a olvidar.


Te soñé conmigo.



Te soñé en primavera y eras rocío,aroma a romero, a espliego, a tomillo.Entre los campos de trigo,te soñé conmigo.
Te soñé cercana, dulce fragancia de canela en rama.Yo era tierra baldía que espera la lluvia,con el mismo deseo con el que las mareas anhelan besar la arena y llevarla consigo.

Te soñé conmigo.

Te soñé a mi lado y también soñabas,pero llegó la mañana y al despertar ya no estabas. Entonces te añoré.

Te añoré como el solitario añora un amigo,como el mendigo unas monedas,como quien tiene frío y no encuentra consuelo, luz ni abrigo,en el brillo de la estrellas.
Entonces te esperé,te esperé sin reproches,llevando en la mano un ramo de buenas razones.

Y así, esperando, llegó el verano.

Té soñé entonces siendo un pájaro,migrando hacia el sur, volando a tu lado.Mi sueño era un lienzo,donde se mezclaba el verde del mar con el azul del cielo.
Pero tanto hace que llevo esperando,que no reparé en el hecho de que me hice viejo,y es tan largo el trecho que nos separa,que mis alas cansadas
no soportaron del tiempo el peso y acabé cayendo rendido al vacío.

Te soñé conmigo.

Soñé durante el otoño marchito,soñé que no estabas conmigo.
Te soñé distante, etérea y difusa, te soñé confusa, te soñé muy lejos.

Te soñé y eras nieve cubriendo las cimas,tan pura y a la vez tan fría. Temí que llegase el día,que el sol derritiera tu recuerdo. Miedo de que acabe el invierno,de que al llegar la primavera de nuevo,

deje de soñar contigo.



Sobre la corteza.


Sobre la corteza de un árbol joven, he grabado tu nombre. No por más noble, es la madera del roble menos efímera. Elegí una encina para portar la herida de esas siete letras.
¡Qué mil años viva! Se adentren profundas las raíces, que arraiguen con fuerza en la tierra, para soportar el peso de estos que son mis lamentos.
Y cuando se pierda el recuerdo, cuando crea que ya nada queda de lo que siento, regresaré a estos campos, ahora ya viejo, para verme en el espejo de su corteza y tener la certeza de que no fue un sueño.



Palabras sobre la arena.


Escribo sobre la arena, poco importa que lo borren las olas.
Breve instante dura el mensaje, que a modo de herida quedó en la tierra.
Si no se comparte no es más que polvo, y el viento se lo lleva.
En algún lugar olvide cincel y martillo, me basta el dedo, para dibujar los surcos que dan forma a las palabras.
No me importa que no perduren en el tiempo, que no permanezcan eternas grabadas en piedra. A nadie interesan, nadie las lee, en nadie dejan huella.
Escribo sobre la arena mis inquietudes y al subir la marea, nada queda,
el mar las secuestra.





Fin.



Si hay algo peor que no ser eso sin duda es haber sido.
Haber sido el centro de tu universo, el punto de apoyo donde hacer palanca y mover el mundo.
El suspiro que escapa sin motivo aparente, el hierro candente, el fuego en el cuerpo, la marca del deseo.
El broche de oro al terminar la noche, el lamento, el pañuelo, el reencuentro, el reproche.
Tu secreto a voces…el silencio.
Haber sido el amor más absurdo, ni el más bello ni el más puro, el nuestro.
Por más que lo intento no olvido, aun habiendo dejado de ser, todo lo que fui para ti, todo lo que podía haber sido.



Soñador.

Pobre naufrago,
deja de soñar y descansa.
Tu balsa hace aguas
y aun le cantas baladas
a la mar salada.
Si no sabes nadar. ¿Qué harás?
Cuando se te trague la mar.

Pobre mendigo,
deja de soñar y descansa.
No es moneda el cariño
que se reciba por pena
y aun así te empeñas
en llorarle a las viejas
a los pies de la iglesia.

Pobre bufón,
deja de soñar y descansa.
Buscando el calor de la grada
serán tu mortaja sus carcajadas.
Que tú no cantas, ni bailas,
ni lloras, ni mamas
y no tienes más gracia
que tu propia desgracia.

Pobre soñador,
deja de llorar y descansa.




He venido por tí.


Ahora lo sé, sé que no por dejar abierta la ventana ha de entrar la luna a meterse en mi cama. Voy a regresar a casa, a la casa de mis nostalgias, al tiempo en el que el amor andaba en pañales y apenas balbuceaba unas palabras de forma insegura.

Regresaré a buscarte en la certeza de que no estarás allí, sabiendo que tú tienes tu propio hogar muy lejos de mis recuerdos.




Lo que me gusta, lo que me excita.


Me gustan los altibajos, los saltos al vacío, los finales sin moraleja, trepar la reja con nocturnidad y alevosía. Trepanar las conciencias. Robarle al reloj horas de sueño, el pelo laceo muy largo y negro.
Los acentos transoceánicos, melosos y suaves.
Me gustan los días ociosos, fichar al final de la jornada. Los ojos grandes a través de cristales. Las mañanas sin hacer nada, las noches cargadas de alcohol y sueño.
Los sueños etéreos, los finales húmedos, un atardecer sereno.
Me gusta la juventud que inquieta a las mentes confusas.
Los que rehúsan lo establecido y detestan el pan comido.
Las causas perdidas, ganar de farol, perder con una buena mano.
Me gusta el cielo nublado, buscar cobijo en tus brazos.
Que todos piensen que soy malo, que los ignores y me beses.
Me gusta llenar espacios en blanco, incongruencias escritas sobre miedos y dudas.
Eres tú quien me gusta.





Mentiras.


Palabras sin peso, vacías

que transporta el viento al desierto

dónde no germinan y se olvidan.

¡Mentiras!

Que corrompen el verso, las rimas,

que llevando mi nombre

no siento mías.

Palabras hermosas,

pero sin vida.





Errante.


Si he de navegar a traves de tus tormentas

como un tahur al capricho de la fortuna...

Cómo no he hundirme

en el abismo de mis temores,

si al respirar de mis labios

en lugar de exhalar huracanes

solo siento la calma en tu pecho.

Cómo he de perderme en tus ojos,

si al mirarme en ellos te encuentro

allende de otros mares más lejanos.

Si cuando tomo tus manos están frías,

tus mejillas pálidas y tu sonrisa vacía.

Si he de navegar a traves de tus tormentas

quiero naufragar a lo grande

lo mismo que el holandés errante

en el Cabo de Buena Esperanza.



La reina de corazones.


Has de elegir entre la razón y el valor si te has de sentar a jugar en esta mesa y si vas de farol lo he de leer en tu cara. De ser así no me hagas perder el tiempo que es solo eso, mi tiempo, lo que te has llevar por paga.

La apuesta es a todo o nada, no te distraigas, perder o ganar depende de los pequeños detalles y si sabes jugar tus cartas...¿Quién sabe..? Lo mismo ganas.

Pero si eres de esos que hacen trampas, de los que se guardan un as en la manga y esperan que no me de cuenta, ten por seguro que has de perder la mano, con todos sus dedos.

No tengas prisa por ver mis cartas que yo apuesto de corazón y será una sonrisa la que me delate.



Delirio etílico.


Y si me lo preguntas, ahora que apenas puedo separar los párpados de las pestañas. Ahora que no distingo el suelo del cielo. Ahora que mi espíritu canta pero las palabras suenan trémulas e en mi garganta. Ahora que me hice amigo de todos pero las piernas a duras penas aguantan el peso de mi soledad... Te diré que el amor es como el vino.

Los hay que te impregnan el paladar con su dulzura, que discurren por el gaznate suaves. Su simple olor es el acicate que te invita a inundarte, a naufragar en sus efluvios, Esos, amiga mía, esos que parecen amor puro, esos que sin darte cuenta te calientan las orejas, que son como melaza, que de tan dulces empalagan. Esos, amiga mía, esos son son los peores.

Los hay que son vinagre, que te queman las entrañas y sin saber el porqué los tomas eres incapaz de dejarlos. Esos, que se beben de un trago cerrando los ojos, que de tan malos se te encoge el estómago... Esos, amiga mía, esos también son los peores.

Los hay que se sorben del vaso despacio, otros de la bota directos a la gola sin dejar que pase el aire. Los hay que envejecen tanto en barrica que ya no te atreves a catarlos por miedo a que te defrauden.

Haberlos los hay blancos, los hay tintos, efervescentes o afrutados... más, amiga mía, no dudes nunca en que todos son malos y que sé de lo que hablo.

Desde mi primer trago he probado tantos por olvidar al primero que ya no me importan las resacas y si he de votar por alguien, votaré por bríos que mañana al despertar saldré de nuevo a buscarlo en otro vaso por más que duela.

Hazme caso, amiga mía, si te ofrecen beber de él primero mojate un poco los labios, que no te engañe su aroma cuando tu nariz se meta en la copa. Toma un sorbo, haz gárgaras y escúpelo bien lejos. De esta forma podrás probarlos sin miedo y reirte de todos ellos.



¿Me quiere, no me quiere?


Él hablaba de amor sin importarle el dolor que la flor sintiera. La despojó de sus ropas y en cada pétalo que arrancaba con violencia le preguntaba con insistencia si ella lo correspondía.

Al no llegar una respuesta continuó rasgando las prendas. ¿Me quieres o no me quieres?

Margarita lloraba, pero él no escuchaba sus ruegos. Su conciencia había muerto y su corazón estaba en silencio.

Al verse desnuda sintió vergüenza. Trémula y pálida, ahogando el llanto, desangrándose por el tallo sesgado de una inocencia perdida. En su último aliento al carecer de espinas le escupió veneno.

Ni perdono ni olvido, que este cuerpo ahora es tierra baldía, solo la ira y la inquina hacia vos germina como la mala yerba.

Si alguna vez os he amado más que a la vida fue ayer. Más hoy solo siento odio, pues lo que de buen grado os hubiera dado vos lo habéis tomado por la fuerza.

Margarita cerró los ojos, quedó desnuda en las manos de aquel cobarde.

Su último pétalo cayó al suelo. Rojo sangre sobre blanco.

No, no os amo.



Palabras prestadas.


Yo no sé como hacer para cantar

debajo de tu ventana

pues de tan pobre he nacido sin voz

y he de tomar las palabras prestadas.

Aunque me llamen ladrón

de versos y tonadas

de ingenua, no es mala la intención

si de corazón las regalas.


He crecido entre libros y de cada uno de ellos he tomado un poco.

Aprendí a ver más allá de una nariz, a profesar admiración por Cyrano y llevado de su mano a sentir el desarraigo de no ser amado.

Más yo no gozo de su corazón generoso y rozo lo vil en este engaño, pues, dónde no alcanza mi ingenio me valgo de argucias para robar un aplauso.

He aprendido, de Góngora y de Quevedo, de su continuo duelo, que puede ser tan cruenta como la más feroz de las batallas una humilde pluma, cuando está ungida en talento.

Palabras afiladas como dagas hirientes, certeras estocadas que a veces duelen, menos por la ofensa que profieren, que por lo sutil de su veneno.

Yo, que a falta de amigos, aprendí de niño a jugar con las palabras, sé bien del daño que estas provocan en boca, de quien la tiene llena de moscas por no saber mantenerla cerrada.

Presa ha estado mi lengua durante décadas, atrapada tras los dientes que pretos rechinaban de rabia. Estridente silencio de mi desarraigo.

He aprendido del Quijote que soñar solo te trae golpes y desamparo, más mejor soñar que despertar a la muerte de una vida de esclavo.


No, yo no sé como hacer para cantar

debajo de tu ventana.

No, yo no sé cómo lidiar,

como vencer a esos que os cortejan

pues mi única riqueza está en estas manos,

manos que arrendo por unas monedas,

monedas que vuelan rehogadas en vino

y mientras lucho contra mis propios molinos

pasa otra noche en la ausencia de tu cariño.



Veneno.


Unos os dirán que aman con el corazón, como si la razón se encontrara oculta en nuestro interior, a salvo de una perspicaz mirada.

Otros aseguran que aman con todo el alma, hallando la calma en esa mentira. Sibilina argucia de los que exigen la fe para no tener que entregar a cambio nada.

Más yo sólo se amar con locura, pues es en mi cabeza dónde os llevo presa.

Reo, a la vez que carcelero, no es mi deseo libraros de ese yugo, aun sabiendo que soy solo parte de un nada, que no dispongo de la llave que abre la puerta de vuestra aceptación.

Solo soy un hombre felpudo, de los de "quiso y no pudo" y anduvo entre bostezos, perdiendo por el camino el tiempo de sus bolsillos.

¿Dónde quedó la primavera? ¿Dónde el tiempo en el que aun seguía cuerdo, lejos de este mal sueño que es no saber amaros sin haceros daño?

He estado demasiado tiempo lejos de los cerezos en flor y ahora el amor es un extraño que a veces se cuela en mis sueños y os trae de regreso. Pero no puedo reconocer en ellos tu rostro, no alcanzo a encontrar tus manos y con el canto del gallo te desvaneces.

Tanto he dicho que lo siento, para luego dejarlo de pie, que ahora nadie me cree cuando aseguro que aun respiro de tus labios.

No temáis, creedme cuando os digo que no hay mayor castigo que vivir en la ausencia de vuestra estima, que solo seremos libres cuando os deje marchar y que hay solo un modo de hacerlo.

Es por ello que os pido me deis muerte, que agarréis el cuchillo con ambas manos y lo hundáis con fuerza en este corazón que no os ama. Rasgad las carnes en busca de ese alma de la que todos hablan, de hallarla, veréis que sangra veneno.

Solo fue un sueño, y ya que vos no me ama, sentid al menos piedad. ¡Clavad el puñal sin más demora! Que ya es la hora de despertar.



Los nada.


¿Dónde me he perdido que a lo acontecido no encuentro el sentido? ¿Dónde dejé la cabeza? ¿En el embravecido mar durante la tormenta? Me arrastraron los cantos de sirena y lo que pensé que eran riquezas no son más que monedas manchadas de lodo. ¿De qué otro modo se puede llegar a un lugar tan extraño? Tantas preguntas... A buen seguro que me volví loco y como el Quijote veo gigantes donde solo hay molinos. ¿Pero entonces...? ¿Entonces por qué es tan real el dolor de este niño? Tanto que puedo sentir como sus lágrimas me mojan la espalda. Peor que los huesos molidos, que la quemazón de los moratones, es el nudo que se me formó en el estómago y me impide seguir teniendo hambre de esta vida. Como la espiga de trigo, que dobla el espinazo bajo el peso de su propia semilla, así me humilla lo sembrado a mi paso. Los que, como yo, nacieron sin un pan bajo el brazo, que llegaron al mundo como los burros a solo recibir palos, no pueden permitirse la soberbia y mucho menos el orgullo.



22. Mai 2020 15:51:24 0 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Das Ende

Über den Autor

Tinta Roja ¿A qué viene todo este teatro? No expondré el por qué, el cómo ni el cuándo. Condenado de antemano por juez y jurado, me voy caminando despacio hacia el árbol del ahorcado. Mira el verdugo la hora y comprueba la soga, que corra el nudo en lugar del aire. Se hizo tarde y el tiempo apremia por silenciar mi lengua. Y ahora ya sin discurso, ni me reinvento ni me reescribo, solo me repito. Y si me arrepiento de algo, es de no haber gritado más alto.

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