lola_pop Escritora Lola

Lola topa de forma inesperada con el chico que marcó su ideal de amor. Cambiado, distinto, pero en esencia el Mario del que aún sigue enamorada, 14 años después del terrible adiós. Lola tiene la obligación de compartir tiempo y espacio a solas con Mario, sabiendo que no resistirse a ese adonis pone en riesgo su matrimonio con Gero. Y tú, ¿trabajarías con el seductor cliente que paga el proyecto en el que trabajas, como le ocurre a Lola? ¿Aún sabiendo que el cliente es en realidad a quien amas y deseas de forma incontrolable? REGISTRADO EN EL REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL. EL PLAGIO O LA NO MENCIÓN DE LA AUTORA, SERÁ JUDICIALIZADO. CONTINUA CON "DESPIERTA TUS SENTIDOS (2)". ¡Lolitos y Lolitas! Os cuento... En 2015 quise abrirme a nuevos horizontes. Coincidía con la oleada del éxito de ventas de libros que apoyaban historias en las que un hombre frío, poderoso, egocéntrico, conocía a una chica inocente, virginal, dulce, pánfila, que no sabe de la vida. Estudié, por aquel entonces, sexología, especialidad en terapia de pareja. Y me pregunté: ¿Por qué el sexo tiene que girar en torno a los hombres? ¿Por qué el sexo cura traumas de hombres con carencias afectivas? ¿Por qué las mujeres de esas historias esperan siempre dispuestas a ese supuesto portento de hombre? Y decidí escribir esta novela. Lola padece vaginismo por causas psicológicas. ¿Tiene solución si te pasa lo mismo que a ella? Claro. Recuperar su líbido, su deseo. Recuperarse a ella.


Romantik Chick-lit Nur für über 18-Jährige.

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CAPÍTULO 1

14 años atrás. Julio del año 2001

Una semana y media después de la llegada a Madrid...

- Narra Mario -

El doctor entra en la consulta, a paso lento, concentrado en recolocar las hojas de mi historial médico.

Pelo canoso. Metro noventa. Encorvado en la parte más alta de la espalda. Arrugas adueñándose de su rostro. Ojos oscuros.

- Ya tengo los resultados de las pruebas - pronuncia en un tono de voz ronco. Desabrocha uno de los botones de su bata blanca antes de poner el culo en la butaca de piel. Se hace el interesante jugando con el miedo de papá y mamá.

La carpeta tiene un grosor de 6 centímetros. Me han hecho tantas pruebas en estos últimos años, que creo haber donado mi cuerpo a la ciencia.

Han manoseado cada parte de mi cuerpo. Me han buscado el alma a través de todos esos escáneres del hospital.

Encerrado en habitaciones frías, de paredes blancas y de luces que destellan a gran intensidad, cerraba los ojos y contaba los segundos.

Toda clase de médicos esperando dar con el problema que dejaba a aquel chico de 13 años con el alma rota.

Hasta que uno de los médicos de Barcelona empezó a analizar mi cerebro y mis conexiones neuronales. Le pareció lo suficientemente interesante como para estudiarme día tras día.

El doctor Pelayo invadió mi cabeza con neuroestimuladores. Luego me dejaba solo en la sala, sin pronunciar una sola palabra sobre a dónde iba o qué iba a pasarme.

Jamás escuché su voz. Esperaba su llegada, estirando en una camilla de acero, prácticamente desnudo, tiritando de frío, cerrando los ojos con fuerza para que la luz no me dejara ciego.

Deseaban con todas mis fuerzas que diese con la verdad antes de convertirme en una cobaya.

- Justo lo que imaginaba - retuerce el gesto al ver todas esas cosas apuntadas en la hoja de color amarillento.

Lo que lee sobre mí no le gusta. A mí tampoco me gustan los médicos.

- Señores Vila Font, los resultados de las pruebas son significativos. Por eso les he mandado venir lo antes posible.

- Doctor, díganos la verdad. Sin miedo. ¿Cómo está nuestro hijo? - se apresura papá.

- No tenga miedo a ser directo, doctor. Me incorporo como enfermera en este hospital, justo en dos semanas. Entenderé el diagnóstico.

- La Verdad es lo único que tengo - nos encara con el ceño fruncido y cruzándose de brazos a la altura del torso.

- No lo hemos podido hacer peor - susurra papá.

- Mario lleva demasiados días sin comer, sin dormir, sin moverse de la cama. Ahora mismo los resultados apuntan a una pérdida de peso severa, una deshidratación que puede afectar a su sistema renal, el nivel de cansancio afecta a su coordinación motora. Tiene heridas y llagas de estar postrado en cama y también por la falta de aseo - miro mi antebrazo, donde tengo algunas de las ampollas que no quieren cicatrizar -. Es una situación demasiado delicada, porque no se trata solo de una alteración física, sino también psíquica. Por lo que veo en el informe del doctor Pelayo - revisa de nuevo los informes médicos de aquel obseso con mi cerebro -. Mario no padece solo heridas evidentes y demostrables a simple vista. Me ha hecho ponerme en alerta que, a sus 16 años, presente un cuadro de trastorno depresivo bastante grave, diagnosticados los primeros síntomas cuando tan solo tenía 13 años.

Mamá se aguanta la respiración al escuchar el diagnóstico que conoce a la perfección.

La historia se repite.

- Mario nos está escuchando perfectamente. ¿Quieren que salga fue...?

- No - interrumpe mamá -. Queremos que Mario escuche todo. Así nos lo recomendó el anterior médico que lo trató. El doctor Pelayo es un magnífico y reconocido especialista en neurología, en Barcelona.

- ¿Le explico que a pesar de no mover un músculo, no emitir ningún ruido, ni tampoco erguirse en la silla, ni mirar al frente, Mario está siendo muy consciente de lo que hablamos?

- Lo sabemos - insiste mamá.

- Nuestras voces le llegan como cuando alguien tiene taponados los oídos, pero comprende perfectamente que está en una situación muy crítica. Aún es un crío para asumir su diagnóstico.

- Enmudeció y se comportó igual la última vez. El doctor Pelayo nos aconsejó que fuese consciente de ello - aclara papá.

Mis ganas de estar solo, de llorar, de romper todo lo que hay en la habitación, de gritarle a quién se acercase a tocarme, me invaden por dentro.

Mi estúpido hermano mayor solía llamarme monstruo cuando me lanzaba sobre él para romperle la cara a puñetazos. En más de una ocasión, sentía gusto al dar contra la carne de sus mejillas, clavar mis nudillos en su mandíbula, ver el color lila de su cara al aguantarse la respiración tras el dolor de mis golpes.

- El psiquiatra que estuvo tratándolo en varias sesiones, valoró en su momento que podían darle el alta debido a su evolución.

- Doctor, vaya el grano. El diagnóstico ya lo sabemos - se molesta papá, harto de lo que le costaba llevarme a aquel hospital.

Mamá besa mi hombro, entre sollozos, suplicándome en un solo gesto para que vuelva en sí.

Me da igual que sienta lastima por mí. Me da igual que piense que soy el peor hijo que jamás pudieron tener.

Mentirosa. Falsa. Ella, la enfermera, me dejó en manos de todos esos médicos que me trataban como si fuese un experimento. No entró ni una sola vez a cogerme de la mano mientras me hacían pruebas. Ni una.

- ¿Por qué ha empezado todo el problema, señor Vila?

- Mario acaba de pasar por una situación delicada. Hemos tenido que venir a Madrid por mi traslado laboral y...

- Solo hemos tenido un mes para preparar el cambio - mamá interrumpe la falsa culpabilidad de papá.

- El resto de la familia se ha adaptado, a pesar de que no ha sido fácil el cambio - sigue el cabeza de familia -. Desde que salimos de Barcelona, la cosa ha ido a peor. Sus hermanos se han puesto manos a la obra, pero Mario no ha podido con la situación y se ha venido abajo completamente - se frota la nuca, agotado y cansado de contar siempre los detalles -. El camión de la mudanza ha perdido las cosas que eran de Mario. Sus recuerdos. Todo. No ha ayudado mucho a que se sienta bien aquí en Madrid.

- No te olvides de Lola - susurra mamá, mirándome el perfil -. Dile lo de Lola.

Su nombre me para la respiración.

Mis ojos se humedecen solo con recordar su cara, su voz, su olor.

- Sí, perdón - carraspea papá, bajando por la garganta su intento de lloro -. Mi hijo salió del pozo en el que estaba metido a los 13 años, cuando aún visitaba al doctor Vélez, porque conoció a una muy buena amiga en el colegio.

-Mi Lola - insiste mamá, entre sollozos.

- Entonces, fue cuando Mario evolucionó a mejor. Esa chica dejó que otros no le hicieran tanto daño en el colegio. Lo protegió de personas horribles que lo hundieron en ese terrible pozo al que ha vuelto a caer ahora.

- No sé a dónde quieren llegar con esto. Eso son cosas de patio de colegio, señor Vila.

- No ha parado de-de-de decirnos que le hemos quitado lo más importante en su vida. Tenía un enganche descomunal con esa chica.

- Está enamorado de ella - aclara mamá -. Con toda su alma. La quiere de verdad.

Y cae una lágrima por mi mejilla al ponerle nombre a este terrible sentimiento que me está matando por dentro.

Mamá pasa el reverso de su mano por mi mejilla, llevándose el rastro de la lágrima. Pero, cae otra lágrima por mi otra mejilla que no alcanza ver desde su posición.

- Quizás no fuimos conscientes de lo mucho que dependía de ella y, ahora, no tenerla, ha hecho que se hunda en la miseria.

- Me da miedo que mi hijo haga una locura, doctor - lloriquea mamá.

- Comprendo - asiente, mirándome con superioridad. Me juzga. Lo sé.

- Casi prefería cuando nos gritaba, insultaba o daba golpes a las paredes. Ahora, mi hijo es como si no hubiera nacido. Es como... No sé... No puedo sentirlo aunque esté a mi lado. Tengo la sensación que no quiere existir en este mundo - narra papá.

Mamá deja caer su cabeza al frente y llora, entrecortando su respiración.

Otra lágrima cae por mis mejillas. Solo una de ellas acaba sobre el pulgar de mi mano derecha, cuando encuentra el fin de su recorrido por mi quijada.

- Señores Vila Font - suspira el doctor, harto de lo que cree es una exageración adolescente -. Mario va a necesitar el apoyo de la familia. Todos, en casa, necesitan comprender la situación de Mario y empezar a tratarlo como si no tuviese un trastorno depresivo. De eso se puede encargar usted, que es enfermera - mamá asiente, aún en un mar de lágrimas -. Por supuesto, no dejarlo solo bajo ningún concepto - no lo miro a los ojos, pero noto su mirada invasiva hacia mí. Sé bien que intenta leerme la mente -. Lamentablemente, va a tener que cerrar una puerta y abrir otra, para hacer una vida plena. Eso quiere decir que, por mi experiencia en estos casos, el psicólogo probablemente les pedirá que rompa con cualquier lazo que le mantenga ligado a Barcelona. Eso incluye a Lola.

- ¿Cómo? ¿Cómo dice? ¿Romper con los lazos? - atropella las palabras, mamá.

- Intuyo que el vínculo que tiene con ella le está destrozando su autonomía. Tiene que pasar página o acabará peor de cómo empezó a sus 13 años. Mario es una persona dependiente emocionalmente. Se agarra a la seguridad que le aportan otras personas para poder sobrevivir en el mundo. Eso hace que cuando esas personas no le apoyan, se debilita y cae al pozo oscuro en el que cree que merece vivir.

- ¿Y cómo hacemos para que salga de ese pozo sin olvidar a esa chica? - pregunta mamá, desesperada -. Estamos dispuestos a hacer lo que sea. ¡Lo que sea!

- Lola no es solo amor para Mario. Digamos que es su estabilidad emocional. Lo mantiene en pie. Esto es algo así como un castillo de naipes, que cuando quitas la pieza de la base, hace que se caiga todo el castillo.

- Hijo... - susurra mamá al escucharme romper un gruñido en la garganta. Aprieto mis puños contra la tela del pantalón. Mamá reposa su mano encima del puño -. Calma, cariño... Respira...

- No más personas como Lola en la vida de Mario - insiste el doctor -. Barcelona tiene que ser un recuerdo bonito, no un trauma que siga en él, de por vida.

- Esta semana van a ins-ins-instalarnos el te-te-teléfono. Mario iba a llamar a Lola. Iba-iba-iba a explicarle todo y...

- Se lo prometimos desde que subimos al coche - suplica mamá.

- Señora Font, si siguen en contacto Lola y Mario, él no levantará cabeza. Ahora no está preparado para esa conversación. No superará el escucharla. Va a ser peor. Van a tener que ingresarlo, ¿de acuerdo?

- Deje que haga esa llamada, doctor.

- Llevamos días esperando que vengan los técnicos de la compañía de telefonos, ¿verdad, José?

- Sí, así es. Mario va a ser el primero en llamar.

- Les digo que no - alza la voz, dando muestras de su enfado -. Tiene que crecer solo. Recuperar su autoestima. Lo quieran ver o no, su hijo puede acabar en la peor de las decisiones, si no es capaz de sobrevivir solo. Y no queremos que se deje abandonar hasta que acabe marchándose de este mundo.

Mamá se lleva las manos a la boca, asustada.

No tengo fuerzas para ir a por ese doctor. Apalearlo como un saco de boxeo.

- Pero la chica estará igual que él - insiste papá.

- Señor Vila, ¿no me he explicado con claridad? - interrumpe el doctor, más tajante y alzando más la voz -. Lola es un apéndice de Mario. Y así lo será cada persona que él le asigne esa responsabilidad. No es sano mantener una relación basada en la necesidad extrema de tenerse.

- Pero es amor. No sé... No tiene nada de malo estar enamorado, digo yo - insiste papá.

- ¿Quién es el médico aquí?

- Usted, claro. Pero...

- Bien - interrumpe el doctor, mucho más déspota -. No hay más que discutir. Si no quieren tomar medidas, no se molesten en volver a pedir ayuda.

El doctor busca en uno de los cajones que tiene a su izquierda y saca un bloc de notas. Lo suelta encima de la mesa, de muy mala gana. Empieza a escribir como si le faltase tiempo.

- Lola espera la llamada - susurra mamá, para que solo escuche papá -. La conozco. Tiene que hablar con ella. La necesita.

- Hagamos caso al experto - baja también la voz -. No pueden seguir en contacto.

- Esperemos a ver qué dice el psicólogo.

- Dirá lo mismo.

- Lola es buena chica.

- Lo sé. Pero lo está matando en vida. Vigilemos que no contacte con ella.

- Hijo... Lo siento mucho. Lo siento mucho... - solloza mamá, apoyando su cabeza en mi hombro.

- Doctor, ¿va a medicar a Mario? Verá... Es que no tuvimos muy buena experiencia la última vez. Acabamos retirándole los fármacos.

- No. No será necesario, señor Vila - el experto corta la hoja y se la ofrece a papá -. Tienen que pedir hora al psicólogo. Cuando salgan, pidan cita de urgencia. Si quiere, señora Font, puede hablar con el psicólogo, una vez se incorpore al hospital.

- Cariño, todo va a salir bien. No voy a dejarte solo - sigue susurrándome mamá.

- Mario aún no está preparado para conducir su vida solo. Su apoyo va a ser fundamental.

- Gracias, doctor.

- Y a usted la veo por aquí, en el hospital - le canturrea a mamá, en un tono falso y forzado -. Espero sea una buena futura enfermera. No se deje llevar tanto por lo emocional. Se lo aconsejo.

21. Mai 2020 15:21:23 4 Bericht Einbetten Follow einer Story
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Angélica Plaza Angélica Plaza
Excelente comienzo

  • Aina Flores Hidalgo Aina Flores Hidalgo
    Muchisimas gracias por tus palabras. Es un capítulo muy decisivo en toda la novela. Sin duda, marca los acontecimientos que vienen después. 2 weeks ago
Om Garcia Om Garcia
Me gustó mucho ese primer capítulo. Supongo que Mario está casi en estado vegetativo, lo cuál le impide moverse y por tanto se llena de heridas en la piel. Muy duro para los padres, pero más duro por él, y a ese doctor que pareciera no tener ni un céntimo de corazón.
June 01, 2020, 18:14

  • Escritora Lola Escritora Lola
    No tanto como estado vegetativo, pero muy muy afectado y en malas condiciones. Como se trata de una secuencia del año 2001, la psicología clínica y la medicina ha cambiado mucho, por suerte. A ver los siguientes capítulos qué te parecen. June 01, 2020, 18:18
~

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