Las crónicas del desamor. Follow einem Blog

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Zayda Ruz
La “Fandanguera (por bailar Fandango –danza típica de Veracruz-)” solían decirle a una muchacha. Las voces dicen que vivía triste y sola, cuentan que un día partió lejos siguiendo un sueño, susurran que luego de un tiempo, al volver, era más gris que antes. No volvió a bailar en los patios del molino, no cantó de nuevo las canciones rancheras. Vivió con la pena de un amor que no tendría nunca, aplastada por el sueño que la dejó rota y tirada. Es la historia, el relato de su peor recuerdo.
Nicht überprüfte Geschichte

#amor #sentido #vida
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Ella.

Era alguien sin nombre. Se sentía tan vacía, a veces tenía que pintarse los cielos. 

Su historia no es increíble y tampoco es de tinta rosa, pero es una historia diferente al resto porqué es lo único que ella sabe, porqué es lo único de lo que en su vida ella está segura con certeza.

La “Fandanguera” le decían, la verdad es que no sé de dónde proviene ella. Solía andar en las calles, vagando con el pelo bien peinado y los zapatos viejos. Le gustaban los vestidos de holán, de colores amarillos; no era una belleza pero ordinariamente, así siendo ella, no podía sentirse mal.

Se describe así:

“Mi canto no es de soprano y mucho menos de contralto, aquí soy sólo un alma con una voz propia, cantándole a un sueño del que estoy enamorada”.

Su corazón ha estado triste desde hace tanto, ni ella recuerda. Pero piensa en irse, y es lo único que su mente tiene escrito. 

Luego de un tanto corrió, tampoco sé a qué lugar, pero corrió tanto que dejó de ver el sitio de donde se había ido. 

Los huapangos y las cumbias. A ella le rondaban muy de vez en vez por la cabeza; sus labios se abrieron para no cerrarse nunca, y te digo en voz baja que, en este lugar nuevo su voz aún se escucha. 

Tantos ojos la admiraban, pero si tú la vieras, dirías que no es ella la misma de quien se habla. Algunos de los la que la vieron cuentan que sonreía, afirmaban que en la muchacha de ambarino nunca había habido tristeza.

Su luz resplandeció por años, de entre esos me sé lo bueno, hubo años color dorado que aun contempla en sus sueños pero a los que jamás regresará ni por llorar un rato.

Y es que ahí fue donde le conoció. Él no es cualquier fulano, pero hasta cuando yo le pienso los ojos se me van en llanto. El dolor no existe sólo. Contarte la historia sería lastimarte y esa es una de las pocas que yo no relato tan fácil, por eso no hablaré a detalle, creo que sólo valdría la pena decirte, quizá contarte, lo que logró: ella amo con todo lo que tenía, con todo lo que ella era, aunque no sabía amar. 

Amó cada día que le vio a los ojos, sin saber que estaba amando, sin saber que se perdía. Le quiso por las mañanas, por las tardes y por las noches, le quiso a cada minuto, cuando salía el sol y cuando la luna brillaba; le quiso como nunca la habían querido a ella.

Cuando él la veía cantar, los ojos ajenos sabían que no había otra respuesta que no fuera su sonrisa. Estuvo acostumbrado a no ser libre, encadenado a sus propios anhelos. Ni siquiera ella pudo dejarlo suelto. No es que no fuera suficiente, la cosa es que él, ese fulano sin nombre, no podía querer a nadie porque él mismo realmente no era nadie. No sabía querer y tampoco pudo aprenderlo a su lado, jamás fue real. Así se quedó perdido.

Y sin querer te he dicho las cosas tristes, te he hablado de él aunque el corazón me duele. Me duele su lamentable historia, su decadente vida, la vana gloria que no llegó ni a él ni a ella en los años que han seguido existiendo. Se separaron para ir por caminos distintos, para vivir vidas que no los hacen felices.

Él, quién no era nadie, fue olvidado por el mundo. Ella, regresó a su lugar, aquel del que tanto tiempo había estado lejos, dejó su voz y su corazón enterrados en donde le había conocido. Los ojos curiosos continuaban viendo su sonrisa, no sabían que ella partiría, no sabían que su voz viviría como un eco de recuerdos. 

Ya no estaba, el amanecer no iluminó su piel almendra en esa parte de la Tierra. Llegó a las calles de ahí, de no sé dónde, a las calles que habían visto sus pequeños pasos afligidos irse hace un tiempo atrás. Los que la veían volver podían reconocerle, decían que era un alma rota que jamás vieron feliz. Ellos no sabían su historia, ellos no sabrían la historia nunca. 

Su garganta no volvió a pronunciar palabra. La mujer que en su juventud vistió de amarillo, ahora usa puros vestidos rasgados, umbríos, sin luz. Sus ojos dejaron de mirar al cielo, agachó la cabeza para disque continuar. Dejó de peinar sus cabellos, poco a poco, uno a uno iban cayendo, la abandonaban. 

Hoy, camina por las calles de un sitio viejo, viviendo allá donde el tiempo se detuvo, dónde los años no corren. Existe a duras penas; no entiendo cómo ha podido, supongo que es fuerte y sin querer a pesar de estar tan desgastada. Creo también que es su castigo, creo que son las consecuencias, es el resultado de haber querido, de haber tratado, de haber intentado ser feliz.

Nadie más sabe, sólo yo entiendo. Ese que el mundo olvidó aún está vivo, se quedó dentro de ella. Carga con dos conciencias, carga con dos penares; y es que ella dejó su corazón junto al cuerpo de él, pero la esencia de aquel hombre cautivó tanto su ser que fue lo que ella trajo de aquellos rumbos, fue lo que se quedó en el lugar que ocupa en el cuerpo un corazón. 

En su memoria siguen rondando las enmarañadas imágenes de una carita color marfil. El amor no existe sólo. De esta historia sé bien dos cosas: ella aún lo ama, ella aun lo piensa. 

Con cada lluvia aún espera que venga ese, que aquel le traiga su corazón de vuelta y que se lleve su conciencia, que le arrebate la esencia que le dejó al partir. Y es que de eso, de ese amor, de esa parte de la vida es de lo único de lo que en su vida ella está segura con certeza.

5. Juli 2018 04:22:31 0 Bericht Einbetten 0
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